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martes, 3 de enero de 2012

Reconciliación


Realmente hace falta mucha fe en el ser humano para no dejarse llevar por la desesperación y la rabia que toda la violencia, injusticia y carencia están generando en este mundo.


Generaciones han pasado y lo que sentimos ahora mismo no solo se sintió igualmente entonces (La invasión de Polonia, Hiroshima, bombardeos sobre Dresde, etc.)  Siendo ya vox populi que Pearl Harbour fue la maquinada excusa deseada por .....para que la entonces todavía escéptica opinión pública estadounidense diera carta blanca a su presidente Franklin D. Roosevelt para que los 'salvadores del mundo' (EEUU) accedieran al la escena bélica de la 2ª Guerra Mundial con la intención de librarnos del horror nazi/nipón. Sabemos que desde entonces los gobiernos de la 'policía global' –Washington y Londres– han asfaltado la ruta para que las corporaciones transnacionales (Cargill, Petroleras, farmacéuticas…) esquilmen los recursos propios de cada nación y globalicen la miseria no dejando que crezca la hierba por donde pasan, bla, bla, bla…

Yo también he pasado por la fase de la rabia y la desesperación. Y sabes tan bien como yo que enfrascarse y enredarse en poner el foco en aquellos a los que llamamos corruptos y en el odio a los tiranos en ningún momento de la historia ha llevado a ninguna parte. ¿Qué trajo la revolución de 1917? ¿Acaso más libertad? ¿Y la revolución Francesa? Robespierre y Murat, los jacobinos que, aprovechando la ira del pueblo, cortaron cabezas a diestro y siniestro, no solo entre la nobleza, sino incluso entre la misma población que había salido a las barricadas, niños, enfermos, convirtiéndose en uno de los mayores genocidios que la historia recuerda. No en vano lo llamaron 'El Terror'. Obviamente, a todo eso le siguió el 'glorioso' imperio, a las órdenes del entronado megalómano Bonaparte.

Y sin embargo, sentir desprecio por Truman, Pinochet, Bush, Saddam Hussein, Bin Laden,  y toda esa larga lista de aquellos que han ocupado fraudulenta o democráticamente algún cargo de poder, ni a ti, ni a mi nos 'sirve' de nada. De hecho solo nos envenena la sangre. Ellos estaban allí porque nosotros (nuestros ancestros) por activa o por pasiva les hemos cedido la poltrona. El mismo Hitler, recuérdalo, llegó al poder tras unas elecciones democráticas. 

Alimentar la rabia es probablemente el mejor salvoconducto para autogenerarse un tumor. ¿Y qué haríamos en el mundo sin ti? Tu eres una potencial fuente de inspiración y amor si lo deseas. Tu sabes perfectamente que la negatividad no se arregla con más negatividad. Tienes rabia. Lo entiendo. ¿Estás enfadado? Estar enfadado y escupir a diestro y siniestro es tan solo una opción. 'Tener la razón' no ha demostrado ser un seguro para nada. Y sin embargo nos empecinamos en seguir combatiendo por tales o cuales ideales. Probablemente este mundo esté tan lleno de mierda debido a que todos nos empeñamos en adherirnos a cualquiera de los bandos que afirman tener la razón y luchan por ella. Me dirás que qué alternativa hay frente a esto. ¿quedarse de brazos cruzados y no 'hacer nada' entre tanta injusticia?

Mi tía, que murió hace un año, rezaba todos los días. Rezaba por sus sobrinos, porque encontrasen un trabajo, porque no se divorciaran, por que no hubiese guerras, porque nos tocase la lotería. Ignoro si sus oraciones han tenido efecto. Ella sabrá allá donde esté ahora. Lo cierto es que, a pesar de sus miedos, inseguridades cada segundo que dedicada a pedir por los demás era un segundo que no malgastaba jodiendo a los que tenía cerca. Invirtiendo esos sagrados minutos de su vida a creer en esa utopía, sin apenas darse cuenta, se convertía en ese minúsculo grano de arena capaz de cambiar el mundo rezando.

Quizá no te interesen lo más mínimo estas palabras y aceptaré que sea así. Pero con todos mis respetos y el afecto que me inspiras –que es mucho (a pesar de que no nos hayamos llegado a conocer en persona)–, te diré que las cosas sí están cambiando. 

A riesgo de (volver a ) repetirme, siento mi deber expresar lo que convencidamente siento que ha estado sucediendo. La prueba de que todo este caos nos está llevando a un estadio sublime como especie, de que estamos inmersos en un proceso de elevación y crecimiento moral sin parangón, es justamente el hecho de que cada día se manifieste un mayor grado de violencia, rabia, frustración, e injusticia y sinsentido en este mundo, y que paralelamente más almas estén despertando (aunque justamente son las que menos ruido hacen) a la consciencia de lo insostenible de esta dinámica de violencia, de la que todos hemos participado, a la que todos hemos nutrido en mayor o menor medida, desde nuestras particulares áreas de influencia, ninguna mayor o menor que la otra. Despertando a la realidad de que hemos sido los brillantes actores de un perfecto plan que está siendo dado por concluido. Hemos interpretado diversos papeles a lo largo de nuestras diversas encarnaciones. Tiranos, mendigos, mujeres, hombres, médicos, enfermos, todos los roles nos han ido como escogido anillo al dedo de nuestras necesidades expansivas. Ha sido tan genial el plan que nosotros mismos tramamos que incluso decidimos consensuadamente autoimponernos un velo de amnesia colectiva para permitir que la exploración se produjese con toda la pasión de que fuimos capaces: incertidumbre, miedo, soledad, abandono, frustración, etc. Emociones todas ellas que hemos sublimado 'huyendo hacia adelante', descubriendo nuevas fronteras. Obviamente nos hemos lastimado mutuamente…era inevitable, pero también nos proveímos de una regla de oro para provocar que el dolor infligido regresase a nosotros convirtiéndose en un glorioso boomerang que no nos permitiese salir impunes tras una afrenta ocasionada sin experimentar sus consecuencias empáticamente en nuestras propias carnes.

La espiral de aparente caos corre paralelamente al despertar del mundo que pisamos. La Tierra que nos alberga, como ente viviente y consciente, está sacudiéndose toda la carga negativa del enfrentamiento entre opuestos que ha hospedado durante cientos de miles de años. Ella misma aceptó y permitió albergarnos mientras batallábamos y discutíamos básicamente acerca de qué Dios era el verdadero. Hemos luchado y competido por ser los primeros en cualquier carrera. Hemos ganado y hemos perdido, hemos conocido la miseria y la riqueza. La Tierra nos ha permitido experimentar, sobre ella, el sufrimiento y la compasión. No existe forma más elevada de expresar los acontecimientos que por medio de una elegía. 

Como la gran Pacha Mama que es, esa madre que nos ha dado cobijo y amado incondicionalmente desde que aceptó acogernos como especie a nosotros y a todo ser vivo que puebla este planeta, la Tierra está dando por concluido su propio círculo kármico y despertando a una regeneración por la que cíclicamente ha pasado ¿Te suena esto demasiado esotérico? Respeto tu óptica pero si has leído hasta aquí, sin duda demuestras ser permeable al recuerdo. Nada de esto es nuevo. Es solo que el telón está cayendo. Pronto regresarás a tu camerino y todos los que aceptemos que esta realidad no ha sido sino una percepción ilusoria llena de simbolismos, nos felicitaremos por el camino recorrido y por las fronteras que en nuestra pugna por conocer nuestros origenes hemos expandido. A la espera de volver a decidir sumirnos, como cíclicamente está establecido, en una nueva aventura exploratoria.
Mientras tanto, aquí, envueltos en una montaña rusa de emociones, de escenarios dantescos inasimilables por cualquier ser mínimamente humano, nos queda poner en práctica nuestro potencial más sublime: amar y reconciliarnos.


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