viernes, 31 de mayo de 2013

lunes, 27 de mayo de 2013

La meta: la intuición (I)

 

Ese exceso de emociones desubicadas 'que no corresponden en determinados momentos y lugares' no es sino el llamado de atención de esa parte de nosotros a la que Carl Jung llamó 'el niño interno', ese niño/a cuyo miedo mutó en enfado. Enfado que el narcisismo irresuelto decidió rentabilizar desde la tiranía emocional de las pasiones. A los pragmáticos habitantes del hemisferio norte les pasó lo contrario (mejor dicho, huyeron en dirección opuesta): el calcificante y pragmático intelecto. Y ahí estamos. Intelectuales contra emotivos enzarzados en una frenética danza sin tregua. La solución? Está claro que es el equilibrio entre los dos hemisferios cerebrales. El camino para lograrlo: exorcizar el miedo inoculado a vivir. Regresar a la 'escena del crimen'. (eso, claro está, si recuerdas/intuyes que hubo tal crimen y deseas aceptarlo)
–¿Y cómo conseguir el exorcismo?
–Buena pregunta, pequeño saltamontes. El mero hecho que te cuestiones eso ya es el primer paso en la senda de su consecución. Quiere decir que das por asumido que un exorcismo, es decir, una catarsis debe tener lugar. Una sacudida no para sojuzgar, incriminar, estigmatizar...) sino que saque A LA LUZ lo que ha estado oculto en la oscuridad. Meter el dedo en una llaga duele. De igual modo es desagradable meterse el dedo en la glotis para provocar un vómito. Pero ¿acaso no es más incómodo condenar a perpetuidad la sensación de náusea, provocada por la sustancia tóxica que el organismo necesita expulsar? Esa náusea no es sino el sufrimiento que la humanidad arrastra desde tiempos inmemoriales. Y la catarsis necesaria para la sanación es la teraapia de choque de la que inevitablemente nos hemos hecho acreedores a base de postergar las periódicas visitas y mantenimientos (exámenes de consciencia) mentales. Como esos criminales que se hastían de ser más inteligentes que sus perseguidores, cuando la mentira nunca ha sido cuestionada, ella misma se encarga de quitarse la máscara para buscar lo que persigue: ser reconocida. Aquí están los cuatro jinetes de los tiempos de la revelación, lo queramos ver o no, desatados y campando a sus anchas desprovistos de la corrección con la que antes iban ataviados. Una hipócrita corrección de la que el inconsciente colectivo se está desembarazando, como si de una fiebre contenida se tratara. Síntoma de que el fin del reinado de la mentira se ha agotado.

Estamos siendo ayudados desde instancias de calado más vasto del que podamos imaginar desde la miníscula óptica de nuestras atrofiadas mentes. La ayuda está. La única responsabilidad que nos atañe radica en tomar las riendas de nuestras mentes. Y para eso hay que desalojar al único intruso capaz de generar toda la confusión en la que estamos sumidos, el acomodado invasor que mantiene okupada la sagrada cabina de mando la herramienta desde donde se opera con discernimiento. Y este okupa es el ego, el pretencioso y narcisista ego, la suma de nuestros pequeños yoes, nuestras personalidades. Su ocaso está teniendo lugar ahora. No tenía por qué ser de este modo, pero está visto que tenemos afición por las transiciones precipitadas.

 

sábado, 25 de mayo de 2013

Evasión o victoria

Muchos recordamos aquella legendaria película, con aquel extenso elenco de estrellas consagradas en el firmamento de Hollywood, en la que un grupo de prisioneros del bando 'aliado', durante la llamada Segunda Guerra Mundial', en el transcurso de un encuentro de fútbol contra sus captores, se debaten ante la disyuntiva de escapar del campo de concentración de prisioneros nazi en el que se hallan confinados, o permanecer para buscar algo más que la victoria deportiva. Finalmente optan por esta última alternativa.

Tal como está el mundo hoy (¿alguna vez estuvo 'mejor'?), puede que te invadan unas crecientes ganas de abandonar, de salirte por la tangente, directamente de huir. No diré de buscar evasión a toda costa porque la di-versión tal como la hemos concebido hasta hace muy poco ya no está al alcance de los bolsillos comunes como lo ha estado en el reciente pasado.  Una sensación de pesadez invade el ambiente, producto sin duda de una confusa sensación de estar caminando por una muy delgada linea, la que separa dos precipicios, los cíclicos estados de depresión y de rebelión. Oscilar entre el pasotismo (que, en el fondo no es sino una forma de manifiesta rebeldía) y el activismo militante y revolucionario, es el agitado viaje pendular que el ser humano desconectado de su eterna esencia ha transitado desde tiempos que ya no queremos recordar... ¿Cómo hemos llegado a este punto de desintegración? ¿Cómo puede ser que nosotros, lo humanos, estemos al mismo borde de la autoaniquilación y al mismo tiempo haya tantas voces que abogan y hasta claman por un re-ajuste, el famoso y tan cacareado 'reset'. Buscamos sacar la cabeza del lodo, experimentar cierta dosis de libertad y lo hacemos distrayéndonos compulsivamente con edulcorantes sucedáneos, que por momentos nos ofrecen una cierta sensación de vivir, de la desesperanza que nos embarga al observarnos testigos del ciclo de la vida, y no comprender el sentido a tanto dolor...¿Dejaremos un día de conformarnos con los sucedáneos e iremos a por la fuente?

El legendario Gilgamesh dedicó toda su vida, como tantos otros, a dar con la clave de la inmortalidad, un anhelo arraigado en algún recodo de nuestra memoria ancestral y que a veces aflora para sacudirnos de nuestra inconsciencia.
Todos hemos aprendido, gracias sin duda al advenimiento de la era digital, que el mundo posee una trastienda oscura desde la que se dirigen los hilos de las marionetas (incluidos nosotros mismos). La idea de que el mundo es un teatro no está tan lejos de ser incorporada en el nivel consciente de la mente humana. Todos sabemos ya que existen corporaciones supranacionales dirigidas por personas mentalmente trastornadas (ergo perversas) cuya meta es, no ya enriquecerse económicamente de forma ilícita (cuando el dinero no es ya una meta en si para quien conoce los trucos para fabricarlo de la nada, las motivaciones para seguir en el mundo pasan por el poder de controlar los destinos de los demás), sino incluso intervenir en la regulación de los niveles demográficos y densidades poblacionales.

http://actualidad.rt.com/video/actualidad/view/96083-europa-merkel-hollande-desempleo

 Llamamos a esto eugenesia. Cada cual tiene sus particulares ideas acerca de cómo y cuál debería ser la solución a tanta injusticia. Hoy mismo se manifiestan decenas de miles de personas en Australia contra Monsanto...Quien más quien menos tiene su particular agenda donde tiene apuntados los nombres de quienes habría que destituir, quiénes son los responsables de este delirante desajuste en lo que al reparto de los recursos naturales que la tierra dispensa generosamente, pero a la postre nadie sabe como llevar dichas ideas a la práctica. Y es que indefectiblemente siempre acaba saliendo a flote algún conflicto de orden interno, íntimo e inconfesable, que cercena las alas de la liberación. Pareciera que la Providencia se obstina en reflejarnos, (conflictos familiares en el ojo del huracán) las cuentas pendientes que tenemos con nuestro entorno más inmediato.
Pocos son los que comprendieron a lo largo de la historia (y se esforzaron en difundir) que la verdadera Libertad, la que se escribe con mayúsculas, consiste en la liberación de la mente, en bajarse del tren del enfrentamiento entre polos opuestos, en reconocer que el fin de la esclavitud consiste en abandonar la consola del juego de la dualidad a la que parecemos estar maniatados, y optar por una tercera vía, la de la integración de los opuestos. Abrazar las dicotomías, la redención tan buscada en el fin de la lucha, pareciera consistir en abrazarse a uno mismo con todas las contradicciones que arrastramos. Nuestra búsqueda por la perfección parece ser una huida del perdón por nosotros mismos. Ya sé, dirás, qué fácil de decir (y hasta suena muy bonito, así dicho), pero ¿qué es realmente abrazar los opuestos?. ¿Es posible estar en paz a pesar del caos reinante? Es el miedo finalmente un estado inevitable dadas las circunstancias o se trata de una emoción 'opcional', accesible solo desde el gobierno inconsciente del dolor por el abandono. Todos podemos optar entre entregarnos a la extraña sensación de creernos solos en el mundo o abrazar la inmanente certeza de que nunca caminamos solos, por mucho que las apariencias digan lo contrario.
Para trascender la danza febril entre los opuestos habrá, antes que nada, que re-conocer su influencia y luego integrarlos. La llamada ascensión consciencial implica hacer ese 'rewind' es decir volver a pisar todos y cada uno de los peldaños que generaron miedo y cuyo dolor asociado fue anestesiado, sintiendo el peculiar crujir de cada uno de ellos. Y hablamos de una escalera que no permite subir los peldaños de dos en dos. Nada se puede ocultar ya más. 
¿Y qué es integrar los opuestos sino 'tomar consciencia' de que el espiritu opositor, el enfado, la pertinaz beligerancia se hallan presentes en nuestra mente y de que su presencia se debe a nuestra creencia (y hasta devoción) en él? ¿Y no es cierto acaso que creamos todo aquello en lo que creemos? 

Ya sé, hoy ha subido el recibo de la luz, o ayer deshauciaron a un vecino tuyo. O quizá apareció una nueva ley que te obliga a pagar un nuevo e 'injusto' impuesto caído del cielo. No sabes si el maíz o el arroz que comes es transgénico y te esta envenenando lentamente a ti y a tus hijos. Pero lo único cierto es que el amor, la paz que logres transmitir a aquellos que dependen de tu potencial equilibrio (y hablo de los hijos) es el único legado que vas a dejar en herencia cuando tu cuerpo físico se haya agotado y decidas regresar al dominio intemporal del que procedes. Tu paz es el único germen de cuyo cuyo contagio se van a beneficiar las generaciones que nos sucederán (de las que formaremos parte nosotros mismos). Para poder amar con la mirada infinitamente tolerante de Buda, de Jesús o de cualquiera que haya comprendido e integrado la vasta naturaleza de la experiencia humana, hay que integrar el pasado del que llevamos huyendo en frenética carrera. 

Las emociones, está claro, han gobernado al hemisferio sur del planeta. Y la rigidez mental (pragmatismo intelectual) gobierna a las sociedades septentrionales. 'El sur también existe' ha sido un reclamo hecho desde los ciudadanos del norte atosigados por la máquina mental que busca la productividad. Y a su vez el norte ha sido anhelado y hasta idolatrado por todos los que quisieron huir (y quizá lo lograron) del pantano de emociones en el que nacieron. Examinemos nuestras conciencias. ¿Huída o lucha? ¿Nos evadimos o combatimos las injusticias? Esas han sido hasta ahora las alternativas polarizadas que hemos barajado. Tesis y antítesis. La sintesis es el camino de la sanación, el equilibrio. La pregunta es: ¿deseas el equilibrio, o te conformas con el estado de caos que impregna tu mente? ¿deseas la salud o te has acostumbrado tanto a estar renqueante (y a sobrevivir exprimiendo tu papel de víctima) que prefieres dejar pasar el tren del nuevo curso?

sábado, 4 de mayo de 2013

Hijos del rigor

Y ahora que ha llegado lo que nunca imaginamos que llegaría ¿qué hacemos? Y si hay alguna acción que se pueda emprender, ¿por dónde empezamos?.Quiero decir ¿hay que hacer algo verdaderamente? me refiero a combatir, a luchar, ya sabes, la sempiterna rebeldía que Sampedros, Chomskys y demás apóstoles de la indignación, dicen hay que abanderarNadie sabe contestar...Todo el mundo ha perdido el norte (¿alguna vez lo tuvimos?)

Muchos piensan que ya no quedan hombres y mujeres valientes que se atrevan a parar los pies a los genocidas unidos. ¿Hace falta dar la vida por los valores que pretendemos salvaguardar (o mejor dicho restablecer) para nuestros hijos, es decir, para nosotros mismos en el futuro? Todos albergamos un héroe que anhela hacer frente a la tiranía y a los déspotas 'ya no tan ilustrados'. Lamentablemente ese arquetipo solo florece cuando nos quitan, como a los verdaderos patriotas, aquello que más amamos, la Libertad. O mejor dicho, cuando nos damos cuenta de que siempre hemos sido esclavos de nuestra propia 'forma de ser', nuestra perspectiva acerca de aquello que llamamos la vida.A veces me pregunto si esos que históricamente hemos convenido en llamar tiranos (Monarcas, Presidentes, Papas...) no estarán, acaso, interpretando un papel –inconsciente para ellos, por supuesto–cada vez más desquiciante al recortarnos aquellas libertades que consideramos fueron ganadas con esfuerzo por nuestros antepasados. Quizá en el papel que representan ahora, al 'forzar la máquina' de la amortización de la deuda, estén desatascando algo, dando un nuevo giro de tuerca, poniéndonos más si cabe 'contra las cuerdas', con la finalidad de extraer, por fin, de algunos de nosotros el valor suficiente para romper con la ignorancia asentada en el inconsciente colectivo respecto de nuestra verdadera esencia. Quizá estemos más cerca que nunca de presenciar el establecimiento de las bases de un nuevo sistema de convivencia basado en valores intemporales como la reciprocidad, la compasión, la fe, la armonía, el culto a la belleza, la tolerancia, la paciencia, el respecto, el valor, la valentía, la honradez y la alegría, en definitiva, para restablecer (reconquistar) un equilibrio que un día conocimos pero del que nos distanciamos y que debemos volver a ganarnos. Será cierto eso de que 'algo debe cambiar (drásticamente) para que todo pueda seguir siendo igual.' Está claro que esta óptica suena perversa si se observa desde un ángulo eugenista/genocida (Illuminati), pero esa sería la perspectiva de quien concibe la 'vida' como una frivolidad azarosa y el acontecer diario una suma encadenada de fatalidades y despropósitos. Pero para quien TODO acontecimiento esté ya en consonancia con un orden más 'elevado' de concepción, la llamada 'crisis' no será un mero acontecimiento aleatorio sino que tendrá un significado más épico en el contexto de un orden más vasto, uno que escapa a la comprensión de nuestros pequeños 'yoes', nuestros egos, pero que nuestros Seres Superiores, esa parte de nosotros que es inmutable y trascendente, abrazan desde su infinita naturaleza.Muchos nos identificamos con el personaje de William Wallace, el patriota escocés del siglo XIII (Braveheart). Su genuina y coherente valentía entronca con el arquetipo de heroe que todos, independientemente del sexo físico del que estemos revestidos, pero luchar por unos ideales y unos principios hasta el punto de dar la vida por ellos es algo que excede, con mucho, el nivel de entereza que requieren las circunstancias.El mismo Jesucristo, paradigma por excelencia de entrega personal por una causa fraterna dejó un novedoso testimonio para la época. Un testimonio de tolerancia, de comprensión, de amor por la misma humanidad, un legado (testamento) nuevo enfocado hacia el amor por todo semejante. ¿Somos nosotros los herederos de ese testigo que ahora nos toca enarbolar por nosotros mismos? ¿Es nuestra presencia en la Tierra, la tuya y la mía, ahora, la prueba de ese tan largamente anunciado segundo advenimiento de la energía de Cristo (crística)?

"Volveré y seré millones"

Quizá no sea necesario ya pagar con la vida por transmitir un mensaje de fraternidad. El purgatorio está aquí, en la experiencia kármika, en la Tierra, y parece ir íntimamente ligado a la hoja de ruta de los grandes personajes de la historia, estadistas y líderes, políticos o espirituales, que han arrastrado a la masa crítica necesaria que la humanidad ha precisado a lo largo de su historia para alcanzar este momento de 'despertar'...Muchos son los que injustamente permanecen prisioneros, acusados de crímenes inexistentes. Mumía, Leonard Peltier...combatientes de causas perseguidas que siguen luchando por un juicio justo. Con todos los respetos para ellos y con los mejores deseos de una pronta liberación de sus rejas físicas, quizá quién mejor ha comprendido dónde se halla la llave de la puerta que conduce a la meta de la paz tan deseada haya sido Nelson 'Madiba' Mandela, un rebelde reciclado a mensajero de la paz por via de la expiación personal en un centro penitenciario. Una pena expiatoria excesiva sin duda para un delito de rebeldía contra la tiranía. Mandela, un confraternizacor por excelencia, capaz de aglutinar y amparar a facciones enfrentadas bajo el estandarte de la reconciliación, nos enseñó (y será recordado por ello) que luchar por un ideal pasa por otras maneras. Me temo que un personaje de la talla de Madiba Mandela sea harto difícil de repetir en la apuntalada sociedad occidental de este inicio de milenio.

Sin duda que hay muchos esquizofrénicos ocupando cargos de poder representativo, poder que probablemente no esté legitimado en las urnas. Representantes electos del pueblo que comercian con su cargo vendiendo sus votos en los foros de representación (Congreso, Senado) a cambio de beneficios materiales. Dementes en el poder ejecutivo que pasan sus mandatos 'mirando a otra parte', haciendo el juego a los falsimedios de desinformación, esos que son la voz de su amo en las alturas, a los que parar los pies no conduce a nada pues desde el momento en que ocupan su cargo, ya se está cocinando su reemplazo. Pero cuando hablo de ideales, me refiero a esas ideas platónicas acerca de la verdadera libertad, aquella que trasciende las prisiones físicas, la de tu mente liberándose de su propio tirano, el saboteador interno que a todos nos gobierna desde el doble fondo mental, el inconsciente. Aceptar que cada uno forma parte de ese sistema corrupto tan denostado, que todos hemos aportado, por acción u omisión nuestro granito de arena al confuso estado de cosas, es el necesario e inicial paso para obtener el legítimo acceso a la Libertad con mayúsculas.

Igual que tenemos poder para abusar de la oscuridad, igual tenemos el potencial para decantar nuestros pensamientos hacia el lado luminoso. La luz, una opción que nos queda por re-descubrir...Defender el territorio nacional, por ejemplo, algo que era incuestionable hasta hace pocas décadas, es una tarea cuya responsabilidad los individuos que nos creemos libres hemos aceptado delegar en los gobernantes, esos que a su vez han optado por contratar a psicópatas (mercenarios) profesionales, –o incluso droides de combate–que rinden y matan mejor). A base de delegar derechos que hemos acabado considerando obligaciones injustas hemos pasado a estar a merced de las veleidades de los representantes de nuestro poder soberano (recuerda que el pueblo, también eres tu). De poco sirve ya manifestarse, hacer huelgas, salvo para abanderar estrategia de marketing de las élites de la que ni siquiera somos conscientes. Me atrevería a sugerir que quizá la cúpula de la jerarquía piramidal de poder de este mundo, las 'élites' ocultas que dirigen los hilos de las marionetas 'electas' en comicios 'democráticos', esté jugando, en su 'tiránica e inhumana' deriva, un papel incluso inconsciente para ellas mismas. Forzando el ocaso, ya anunciado por diversas profecías (Armagh, Fátima, Nostradamus, Cayce, etc...) de las estructuras del sistema, quizá -por qué no- nos estén haciendo un favor. Un favor muy doloroso sin duda. El favor de parar las máquinas a un mecanismo un entramado de procedimientos burocráticos de interacción que se han quedado obsoletos para el nivel de despertar que los individuos estamos demostrando. Ellos, los patrocinadores de la tecnología efímera, los que acuñaron el término "obsolescencia programada", los que están dando una vuelta más (la definitiva?) a la tuerca del delirante nuevo orden mundial dictado desde esferas de dominio "above top secret", quizá sean los actores que interpreten el papel de malo en una película (plan) cuyo final es definitivamente feliz. Seguro que todo esto no tenía necesariamente por qué haber sucedido así. Sin duda que podríamos haber hecho una transición más armónica y progresiva a la gloria que nos aguarda y que está escrita en las estrellas, pero ¿será quizá necesario que todo esto esté pasando? Y no voy a decir más, para no ser tildado de fascista por quien no admita una perspectiva más...positiva. Tan solo abro un interrogante para salirme por la tangente del pensamiento universal.Quizá sea hora de que afrontemos la realidad de que nada es justo o injusto, sino el irremediable efecto de una causa de cuyos orígenes somos ignorantes, inconscientes (hasta que nuestras consiencias 'despiertan'). De hecho quizá sea ya hora de que nos planteemos discernir entre dolor y sufrimiento.

Ya sé, ahora me vas a juzgar de filosofar con la tragedia. Dirás que lo que hace falta es acción y menos palabrería. Y en esencia no discrepo. Pero quizá resulte que sufrir es algo que ya hemos estado haciendo en silencio y durante cientos de años, incluso durante esas lagunas pseudopacíficas que vulgarmente hemos llamado "tiempos de vacas gordas" y que...tampoco han sido tan felices como queremos recordar. Quizá el sufrimiento sea consecuencia de ese mismo "hacer", re-accionar, contra-atacar, defender, automático e irreflexivo, el tan re-vindicado mensaje de compromiso con el exterior que desde la cúspide de la pirámide 'arriba' se alienta, que desde la cabina mental de mando hemos accionado pretendiendo cambiar las cosas cuando en realidad no hacíamos sino empantanarnos más en nuestro dolor. Dolor por no saber quienes somos, a dónde vamos o de dónde venimos...Hay muchas vigas que revisar en los propios ojos antes que juzgar en los ajenos...

Quizá haya llegado el momento de replantearse la naturaleza misma de nuestros actos. Es decir, ¿desde qué intenciones reales nacen nuestros actos? ¿Somos verdaderamente dueños de ellos? ¿Acaso son nuestros actos quizá los palos de ciego que compulsiva y repetidamente (generación tras generación) hemos dado, imitando devotamente a nuestros ancestros, sin darnos cuenta (inconscientemente) por supuesto, buscando lo mismo que ellos, simplemente sentirnos reivindicados por medio del beneficio personal, a costa de taparnos los ojos a la realidad de la falta de solidaridad reinante en este mundo? ¿Y qué significa hacer sin darse cuenta? ¿Será verdad que de lo que se trata ahora, más que nunca, es de revisar el estado del centro de operaciones desde el que se han tomado las decisiones, es decir nuestra consciencia? ¿Y cuánto tiempo nos va a llevar? ¿Va a ser cierto eso de que creamos lo que creemos? Vaya, de repente pareciera que nos deslizamos sobre arenas más movedizas...aunque quizá estemos hablando de un terreno más firme que el de la ilusión experimentada hasta ahora. El estado de nuestra máquina de pensar es responsabilidad de cada uno. Pero como bien apuntó C. G. Jung, la suma de todos los estados de consciencia individuales alimentan ineludiblemente a un ente global que peligrosamente se convierte en más que la suma de todas las partes, ese al que se ha venido en llamar la consciencia colectiva.Ser tildado de inconsciente solía ser, y sigue siendo aunque ya sin duda en menor medida, considerado un insulto, un menosprecio hacia el destinatario de dicho calificativo. Un calificativo emitido sin duda también por otro inconscientes, que en esencia 'escuece' simplemente al ser pronunciado porque nos conecta con el vértigo de no saber qué estamos haciendo, de desconocer las motivaciones profundas detrás de cada acto...¿será cierto eso de que solo las verdades tienen el poder de ofender, de que solo ofenden los comentarios que osan destapar lo reprimido? ¿Y si las verdades ofenden, las mentiras adormecen?Pero entonces ¿de qué inconsciencia estamos hablando? ¿A qué ignorancia nos estamos refiriendo? Se trata simplemente del despertar a la realidad de las llamadas teorías conspirativas? Seamos realistas, ese despertar ya está en boca de todos. Quien más quien menos ha oido hablar de control mental y tiene una idea aproximada de qué es una operación e "bandera falsa" (otra cosa es que se conozcan los motivos ocultos) ¿Cuál sería el aprendizaje extraíble de saber que los rebeldes sirios, por ejemplo, son una panda de descerebrados, dementes alimentados por la CIA con drogas, dólares y promesas de estatus y poder político totalmente incumplibles? ¿A dónde nos conduce que se revele, como está sucediendo, que los verdaderos terroristas no son los presos ilegalmente detenidos en Guantánamo, que los reales instigadores del caos se esconden tras los lobbies petrolíferos, cancillerías gubernamentales, Palacios ducales o el mismo Vaticano ¿Despertar más indignación?Somos hijos del rigor heredado. Rigor que es hijo, en última instancia, al miedo a la vida misma. Y solo se puede temer algo que ha demostrado ser amenazante. Y ¿qué hemos hecho durante cientos (sino miles) de años frente a las amenaza sino permanecer en constante lucha, permanentemente a la defensiva? Luchar (defendernos) es lo que hemos hecho siempre, más o menos elegantemente. Nada nuevo bajo el sol...

No dejo de preguntarme quién está realmente tras este graffitti y de tantos otros similares. Alguien que se atreve a escribir esto es, de entrada, alguien que no debería albergar ningún miedo a represalias, que no debería temer hacerlo a la luz del día, máxime teniendo en cuenta que en virtud de los recortes no hay ya medios (ni interés?) para borrar todas las pintadas de este calibre que engalanan mi ciudad (y sin duda la tuya también). Es más, me atrevería a decir que el perfil de quien ha pintado esto (que sin duda no es ni el tuyo ni el mío) responde lógicamente a alguien lo suficientemente valiente para firmarlo e identificarse, capacitado para postular una alternativa creativa al estado de las cosas....O si no, no hacerlo. Los valientes no tiran la piedra y esconden la mano, no incitan anónimamente a la ira salvo que no sean eso...valientes; salvo que la autoría de esta pintada recaiga en cobardes, secuaces pagados del mismo sistema...en tu corazón está la respuesta. "La verdad os hará libres".

Igual que todos sabemos que vomitar del cuerpo una sustancia intrusa nociva (al que las náuseas vinculan) es el primer y necesario paso para restaurar la salud física, es tiempo ya de identificar y atender el epicentro de las somatizaciones, el miedo, padre de las servidumbres mentales heredadas (ira, vergüenza, celos, timidez, pereza...) que necesitamos evacuar. Se acerca el tiempo del no-tiempo, una dimensión donde invertir en destronar a la parte que nos corresponde (y que alimentamos) del Narcisismo colectivo irresuelto. Un ego colectivo que, en su desesperada huída de sus recuerdos de la infancia traumática, no hace en el fondo sino poner todo su esfuerzo en atraer tramas y conflictos. Conflictos (relaciones tempestuosas de pareja) a través de los que escenificar actos irresueltos de una prehistoria no solventada. Conflictos desde los que re-clamamos la 'justicia' no atendida en una etapa (infancia) no cerrada de la existencia.Es hora de atender a la infancia desatendida, fuente y el origen de todos nuestros desarreglos adultos. Hora de revisar y suturar las heridas del corazón, solución sintética, espacio de reconciliación entre la mente y los instintos; el único trampolín para nuestra supervivencia como especie. Tiempo de cortar con el abandono que ignominiosamente inoculamos a los niños (sin olvidar por supuesto al niño interno que fuimos y seguimos siendo), tiempo de invertir el foco de nuestra atención, de dejar de idolatrar con nostalgia a nuestros ancestros y de prestar ni más ni menos que la debida atención a quienes van a coger el testigo de la especie humana, los adultos del mañana, los niños de hoy.Tiempo de sonreir para todo el que se haya pasado la vida llorando. Tiempo para llorar para todo el que psicóticamente se haya visto obligado a reprimir las legítimas lágrimas ("los niños no lloran", "no seas marica", "compórtate como un hombre", etc...). Tiempo para dejar de pensar ansiosamente en lo que podría pasar y empezar a sentir lo que es... que es el motor para enderezar el rumbo de las actitudes colectivas de la humanidad. Tiempo para dejar de contar el tiempo. Tiempo para amar-se (aceptar-se, rendir-se) incluso en la misma adversidad. Estamos destinados a pervivir. Somos los hijos predilectos del cosmos porque tenemos la capacidad, el potencial para discernir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, entre la enfermedad y la salud, entre el miedo y el amor. Y todas las especies del planeta, los árboles y animales, los ecosistemas, nos observan con paciencia y ternura a la espera de que decidamos optar definitivamente por el amor."Dejar de luchar es empezar a...amar, es empezar a vivir".Gracias.