miércoles, 27 de marzo de 2013

Matar para conseguir amor

http://alma.arte.tv/es/webdoc/


”El motor de la violencia es el odio, que los padres han sembrado en el corazón de sus hijos. Los golpes que los niños ven caer como lluvia sobre sus madres, el machismo, el alcoholismo, el incesto. Todas esas vivencias han creado una energía negativa enorme y precoz. Están enojados con todo el mundo y necesitan pelear. La pandilla es como un país de las maravillas, que les brinda la oportunidad de descargar toda esa ira : puedes hacer lo que te da la gana, obtener lo que nunca nadie te ha dado”
Juan Carlos Molina, psicólogo.


“Cuando mi padre volvía a casa, siempre teníamos miedo de que llegara borracho o drogado. Y como siempre, todos teníamos derecho a una paliza. Yo solo tenía 4 años cuando nos abandonó. Nunca volvimos a tener noticias suyas. No lo echo extraño, ni tampoco lo quiero, por todo el daño que nos ha hecho.Creo que mi mamá se quedo muy afectada por toda la violencia que ha sufrido y por la situación económica en la que vivimos. Tengo 13 años y apenas he ido dos años en la escuela. Me gustaría tanto que me tomara en sus brazos, que me besara en lugar de gritarme y pegarme. A veces le digo: “Mamá, dame un beso”, pero ella me contesta que no soy más que un maleducado. Es verdad que últimamente me he vuelto un poco rebelde, por eso ella, a veces, me echa de casa diciendo que soy como mi padre y que no quiere volver a verme. Y en la calle están las pandillas…”
Jacobo C., 13 años.

lunes, 25 de marzo de 2013

Ligero de equipaje

 Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


Antonio Machado. Campos de Castilla

Bailamos?

domingo, 24 de marzo de 2013

¿De qué tienes miedo?

¿Recuerdas el cuento sufí acerca del Visir que huía de la muerte y acaba encontrándola en Samarkanda? Nunca como ahora ese cuento es susceptible de ser aplicado ¿Tienes miedo a perder algo (una relación personal, un trabajo, un estatus...) ¿miedo a un corralito?
Ama todo lo que se te cruce por tu camino. La vida viene a nosotros ahora con más intensidad si cabe que nunca para que la amemos. Todo el potencial inmanente de amor sin barreras de que somos portadores está viendo reclamada su aparición. Es éste un tiempo de confraternización inaplazable. Ya no hay más tiempo para dejar el amor para mañana. Hoy, aquí, ahora, cada instante es una oportunidad para reconciliarte con tu eterna esencia. Las defensas ya no tienen ningún sentido, pues ya no hay seguridades que garantizar. El acartonado escenario se derrumba y eres testigo de excepción, ya sea desde tu paz y tranquilidad interna o desde la atenazante ansiedad. 4500 millones de años te contemplan desde el momento del Big Bang.
No huyas de tu miedo. No tiene sentido negar todo el abanico de emociones que contienes, salvo para seguir aplazando el incontenible clamor que pugna desde tu interior por ser escuchado.

Todos tus pequeños yoes se visten de gala para la gran celebración: tu despertar a la consciencia de tu eternidad en tanto que chispa de divinidad, sin principio ni fin. También tu eres el camino, la verdad y la vida, parte indisoluble de todo lo creado. Indesctructible en esencia. Pacífico por naturaleza. Amoroso por antonomasia.

lunes, 18 de marzo de 2013

La verdad os hará libres (III)

Cuando tantas almas creen todavía que la solución al despropósito en que ha consistido el Cristianismo desde Constantino pasa por una persona –llámese Benedicto o Francisco– es por lo menos aconsejable hacer re-visión de la institución papal y de los pilares que supuestamente la cimientan. Aunque claro, si indagas más allá de lo atrevido vas a darte de bruces con un terreno infestado de medias verdades y en muchos casos de flagrantes mentiras. Como que Pedro, el pescador que negó al rabí tres veces la misma noche, nunca fue Papa; que tal cargo tiene un orígen político, pues Jesucristo nunca nombró a Simón Pedro su delegado/heredero en la Tierra; que 'El Cristo' no nació el 25 de Diciembre, pues ésta es la fecha de una celebración pagana romana; que la palabra Vaticano proviene del latín vaticinius (vaticinio, hechizería); que la construcción del templo de San Pedro y de paso la acumulación del extenso Patrimonio de la organización religiosa fue financiado con el dinero obtenido por la venta de las indulgencias papales. Indulgencias (bulas) "necesarias" para reducir el tiempo de espera en el Purgatorio. Han tenido que pasar 600 años para que el "Santo Padre" de turno, entonces Joseph Ratzinger, retracte este dogma de fe y diga que «el Purgatorio no es exactamente un lugar que pueda buscarse en los mapas o en Google Earth, sino más bien un “fuego interior” destinado a purificar a los pecadores que no hubiesen conseguido entrada directa al Paraíso.» A eso se le llama una excelente y muy inteligente estrategia para adaptarse a los tiempos...
Francisco desea y prometer una iglesia para los pobres. Un propósito que se antoja tan alejado de la realidad como que Barack Obama cumpla su promesa electoral de 2009 de desmantelar la prisión de Guantánamo. Medias verdades o flagrantes mentiras. Todo, con tal de seguir aferrados al poder, al control mediático sobre las ignorantes mentes de los sumisos corderos. Y es que las indulgencias hoy en día se conceden a cambio de la fidelidad a los medios de (in)comunicación de masas que demuestre la población sentada frente a sus televisores. Ya no sorprende la desorbitada cobertura que conceden los medios –supuestamente laicos– a la elección del heredero al trono de Pedro.Es mucha basura inteligentemente perfumada como para creer que un solo hombre, por humilde que aparente ser su actitud, va siquiera a devolverle la dignidad que nunca ostentó a una institución que está viciada desde su mismo advenimiento. No estaría de más que el Vaticano abra una investigación seria acerca de la misteriosa muerte de Juan Pablo I, acaecida 33 días después de su nombramiento...aunque, claro, eso equivaldría a pedir a la administración estadounidense que desclasifique la verdad tras los autoatentados del 11 de septiembre, o de la connivencia de la administración Roosevelt con el hundimiento de la flota amarrada en Pearl Harbour en diciembre de 1941; o de la trama verdadera tras el magnicidio de JFK, o del affair Roswell. Y la lista de 'banderas falsas' sigue...
No obstante lo dicho, la apostasía radical, la que pretendiendo cortar por lo sano, "mata" al mensajero, repudia consecuentemente el mensaje original (sin duda desvirtuado por el decapitado mensajero), corre el serio riesgo de convertirse en un remedio peor que la enfermedad abominada. Son éstos tiempos confusos, de aparente caos estructural en todos los órdenes. Paradójica y afortunadamente, muchas preguntas que han pugnado durante decenas (sino cientos) de años por obtener respuestas creíbles a cuestiones cruciales están aflorando inconteniblemente, y obteniendo en muchos casos finalmente respuesta. Y una de estas Preguntas esenciales es, cómo no, «¿Son Cristo y Cristianismo –al igual que amigo y amiguismo, socio y socialismo o capital y capitalismo– términos no solo incompatibles sino directamente antagonistas?».
"Cosas veredes, Sancho, que non crederes" (Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha)





Estaba la madre dolorosa

Todo esto pasará. Un día esta pesadilla será historia. Quedará registrado en los anales. Un día podremos observar este desconcierto desde la distancia. Y eso sucederá. Porque somos eternos. Las experiencias traumáticas se convierten en recuerdos que o bien se integran en la parte consciente de la mente o se eluden postergando la ascensión vibracional.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Los niños no lloran

"El sadomasoquismo fomenta la buena comunicación en la pareja".

Una periodista británica, que prefiere esconderse tras el seudónimo de Sophie Morgan, acaba de publicar su primera novela, Diario de una sumisa (Grijalbo), basada en sus propias vivencias sadomasoquistas. El libro, que de momento está arrasando en Reino Unido (sus derechos de traducción se han vendido a quince países y ya cuenta con segunda parte) relata cómo uno de los partenaires asume el "poder" frente al otro, todo ello con la finalidad darse recíprocamente placer mutuo. "Esto puede involucrar ser atado, humillado, y hasta sentir dolor (del que se licúa placer. todo ello se decide " consensuadamente" entre los dos miembros de la pareja."

(El texto completo lo hallarás aquí)

Existe el riesgo de que se oficialice la confusión. La sumisión, cualquiera que sea la máscara tras la que se reprima, está arraigada en un trauma pasado no integrado. Arthur Janov, en su reciente libro "Life before birth" ubica esa confusión en la etapa de la primera infancia (incluso más allá de ella, en la misma etapa intrauterina, aduciendo que la etapa de la gestación puede no haber sido, para la gran mayoría de las personas, el lecho de rosas que imaginamos).

- ¿Cómo se convirtió usted en una sumisa?- Recuerdo que desde que era joven me sentía fascinada por la gente atada – no era un sentimiento sexual, pero me despertaba mucho interés-. Cuando me hice más mayor empecé a darme cuenta de que podía ser también un elemento sexual – empecé a experimentar con uno de mis primeros novios y esto me introdujo en la D/S. Extracto de la entrevista a Sophie Morgan

Haber logrado sobrevivir a la hipoxia (incluso anoxia), es decir, la carencia de oxígeno experimentada durante la gestación como consecuencia de una (inevitable?) merma en la provisión de oxígeno en...

1) el caudal sanguíneo (una madre fumadora o desnutrida -debido a una dieta de adelgazamiento por no soportar verse gorda o como consecuencia de vivir una guerra muy de cerca, por poner dos ejemplos)

2) durante el proceso del parto, como consecuencia de la lucha titánica por desenredarse del cordón umbilical (de ahí las conocidas palmaditas en el trasero para inducir a la respiración al neonato que no respira de forma autónoma al nacer)

...conduce, según Mr. Janov, al inconsciente arraigo y despliegue de un abanico de compulsiones o estrategias neuróticas de supervivencia. Estrategias conductuales que conducen al individuo a manipular las circunstancias, interactivas con su entorno, para que éstas se amolden a las expectativas de satisfacción inmediata (intereses), expectativas que la personalidad va a desplegar a lo largo de toda la vida. Haber estado al borde de la muerte en una etapa tan frágil de la existencia como es la primera infancia y haber sobrevivido al envite de atravesar una pelvis generalmente poco dilatada ha conducido a generaciones enteras a desarrollar la creencia que la misma existencia está sustentada en el esfuerzo, en la lucha. Lo que sucede es que el propio cuerpo queda involucrado en la batalla. Y la tensión (stress) forzoso que permanentemente se despliega por mantener el control de cualquier situación pasa factura, en forma de patologías incontrolables, todas ellas arraigadas, repito, en el inconsciente, que oscilan entre enfermedades socialmente abominadas (epilepsia) hasta actitudes dementes como la sumisión.

La sumisión, llevada incluso hasta límites sadomasoquistas, está obteniendo una creciente carta de aceptación gracias a libros dementes como los de la srta. Morgan, convirtiendo al sadomasoquismo en una opción postiza e inconscientemente escogida en el terreno sexual destinada a obtener la sensación efímera de placer que, de otro modo, seguramente no llega. La diferencia estriba en el grado de aceptación social que obtenga la adhesión a dicha creencia. Y esa aceptación viene inevitablemente inflada por la influencia que todavía ejercen los medios de masas en el inconsciente colectivo (que no es sino la suma de las consciencias individuales). Medios que no son intrumentos de libertad sino negocios estrictamente lucrativos, dirigidos y gestionados por mentes que no apelan en esencia a la famosa libertad de prensa, sino al subliminal control de la población por mecio de la manipulación y tergiversación de los mensajes (El poder absoluto corrompe absolutamente).

Llego de Francia donde leo un artículo en Libération, a colación del estreno de la película "The Sessions" donde se afirma que, al igual que en los EEUU, también en Francia se ha institucionalizado el derecho de las personas con minusvalías físicas y psíquicas a recibir placer sexual por parte de un asistente social que facilite (via masturbación) dicha satisfacción. Decir que el placer sexual es un derecho inalienable podría entroncar con los postulados freudianos acerca de los complejos no resueltos de Edipo y Electra. Hoy sabemos que cualquier tipo de adicción (y toda adicción es de por si incontrolable) está íntimamente arraigada, tanto para el hombre como para la mujer, en la denodada lucha por sentir un placer que retrotraiga al que obtienen los bebés en contacto físico con la madre, un placer íntimamente ligado al instinto de supervivencia. Una lucha que los occidentales hemos propulsado desde el intelecto, dando prioridad en nuestra ancestral huida del dolor, al desarrollo del hemisferio izquierdo y censurando el derecho. "Los niños no lloran!" (Las mujeres sí pueden –por eso son más longevas– y esa es una prerrogativa o statuquo que las mismas mujeres se han preocupado de sostener).

Las dificultades en el parto de los homínidos llegan, recordémoslo, con el advenimiento del Homo Sapiens Sapiens, una especie más inteligente (gracias a la incrementada volumetría craneal). Una especie que camina erguida, pero cuyos recién nacidos pierden autonomía en virtud de lo "inacabados" que están tras el parto y lo dependientes que quedan de la atención de su madre durante los tres y siete primeros años de vida. Una dependencia/necesidad soslayada a todas luces en el contexto de las sociedades "desarrolladas" (un concepto éste altamente revisable) a duras penas resuelta por la vía de la compensación: el desarrollo mental, en detrimento creciente de la empatía emocional. Hoy somos testigos del fracaso de esta huída.

"Nunca es (parece) más oscura la noche que en los instantes previos al amanecer" (anónimo)

martes, 12 de marzo de 2013

Relaciones sanadoras


Jeshua canalizado por Pamela Kribbe
2013 – www.jeshua.net
Traducción del inglés por Sandra Gusella

Queridos amigos,
Soy Jeshua. Os saludo a todos con sinceridad. Estoy aquí con mi corazón pleno. Quiero compartir este instante con vosotros, porque sois mis hermanos y hermanas y siento una profunda afinidad con vosotros. No soy ni superior ni más que vosotros. Somos uno.
Juntos nos embarcamos en la odisea de plantar la semilla de la energía Crística en la Tierra, una semilla que con el tiempo lentamente crecería y brotaría a una flor totalmente madura. En esta precisa y actual época en la Tierra culmina este viaje. Es el momento en el cual muchas semillas comienzan a desarrollarse, y de muchas maneras vosotros sois las flores en ciernes. Juntos formamos una unidad, un colectivo de almas que se dedican al advenimiento de una nueva conciencia. No me veáis, pues, ya más como a un maestro por encima de vosotros tal como se os ha enseñado equivocadamente, sino como a un amigo que os sostiene de la mano y quiere compartir con vosotros su amor, porque yo os amo profundamente.
Deseáis intensamente el amor pues os es íntimamente familiar. Lo buscan en las relaciones con los demás, y también a través de la reconexión con lo divino. Pero en verdad lo que estáis reclamando yace dentro de vosotros mismos; es vuestra propia naturaleza divina, la parte de vosotros que es UNA con la alegría y el amor incondicional. Cuando lográis experimentar esta parte vuestra, sentís como un "volver al hogar". En esos instantes todo lo demás en vuestras vidas se vuelve fácil, liviano y alegre. Sois uno con vosotros mismos y no necesitáis nada externo para sentirse bien. Una sensación de segura y confiada autonomía os invade. Sois una unidad por vosotros mismos – y aun así sentís una conexión con todo lo demás de un modo íntimo y profundo.
Lo que es paradójico acerca de las relaciones es que vosotros sólo podéis estar íntimamente conectados con otra persona si sois capaces de abrazar la unidad dentro de vosotros mismos. Si estáis listos para aceptaros, con las cargas del pasado, con vuestros altibajos. Solo entonces hay espacio para otra persona integrada con su individualidad única. Es entonces cuando ya no están utilizando a la otra persona para volver al Hogar, sino que compartís el Hogar que lleváis dentro de vuestro corazón con la otra persona. Esta clase de relación pasa a ser una celebración conjunta, un verdadero compartir, y es una relación en todos los sentidos sanadora. Y ya puede tratarse de una relación con una pareja, con un amigo, o un hijo; no hay ninguna diferencia esencial. Sin embargo, las relaciones que llamáis amorosas – relaciones de pareja – son las relaciones que más demandan de vosotros. Os rozan profundamente y agitan profundas emociones, porque en ellas parece sostenerse la promesa de regreso al Hogar como ninguna otra relación lo hace.
Antes de hablar acerca de las relaciones amorosas, quisiera recordaros que el Hogar que anheláis, esa unidad original de la cual nacísteis como un alma, no está lejos. Se decir que es en el reino del tiempo desde el que fue hace muchísimo tiempo iniciásteis vuestra partida, simbólicamente hablando, el Paraíso. Cuando tomásteis vuestro propio camino como un “alma encarnada en un cuerpo”, eligísteis ateneros periódicamente a una cierta forma (especie, raza, sexo...) en la cual manifestaros y desade la que someteros a experiencias, visitando diferentes lugares en el universo.
Cuando nacísteis como un alma individual y emprendísteis vuestro viaje, renunciásteis a esa unidad original, la cual podéis imaginar como ese cálido manto de luz y amor tan familiar para vosotros. Una unidad donde siempre sentíais la presencia segura de un Padre-Madre-Dios. Nunca teníais miedo de estar solos o de ser rechazados porque eso no era concebible en dicho estado. Conectad con eso porque en verdad así fue. Estos conceptos que llamáis “negativos” ni siquiera estaban en vuestra comprensión, y sin embargo un poder arquetípico estaba trabajando en Dios, quien os dio a luz desde el útero de esta unidad Padre-Madre-Dios.
¿Cuál fue el propósito de ese nacimiento? Simplemente ¡El que todos pudiérais llegar a ser dioses independientes! El que vosotros mismos pudiérais convertiros a su vez en el punto de partida de una Fuente Padre-Madre-Dios de calidez y amor desde la cual una infinidad de seres fuesen creados, igual que vosotros lo fuisteis, y emergiesen. 
Pero la despedida, en "el comienzo de los tiempos" llegó a vosotros como una conmoción. Os dísteis cuenta de que separaros de la unidad para verdaderamente experimentar el proceso de evolución implicaba "olvidar" todo lo conocido de antemano. Comprendísteis que sólo podíais separaros de la unidad primordial y seguir vuestro propio camino como un alma individual desde un estado amnésico. Solo así pudísteis familiaarizaros con el miedo, experimentar la desolación, el abandono y la oscuridad de no saber y no comprender que sucedía y cuál era vuestro destino. Sin embargo la semilla del retorno estaba protegida en vuestro interior. Muchos autores lo han relatado en forma de cuentos como Hansel y Gretel [Hermanos Grimm] para que vuestra memoria tuviera el abono resonante.
Vosotros todavía arrastráis esa experiencia original de desconectada desolación y soledad, la cual puede resurgir muy fácil y fuertemente en el terreno de las relaciones amorosas. Pero antes de abordar esas relaciones, quiero recordaros que tenéis la posibilidad de experimentar esa conexión primordial en todo momento. Cuando dormís sin sueños, vosotros abandonáis vuestro cuerpo físico y os conectáis con la fuente más profunda de la cual provenís, con Dios, si así queréis llamarlo, o con vuestro núcleo más profundo: esa parte vuestra que nunca dejó el Paraíso y aún permanece ahí. En eso consiste que seáis multidimensionales. Y aunque eso sucedió hace miles de millones de años, la unidad aún yace dentro de vosotros, como una llama inextinguible; es una parte inalienable de vuestra conciencia. Durante la noche, si vuestra mente no está demasiado activa y os permitís rendiros al sueño y, con ello, a los reinos no físicos a los que entráis, entonces, a medida que dejáis vuestro cuerpo, asimiláis esa Fuente y de este modo refrescáis vuestra memoria, que también vive en vuestras células. También en vuestra vida diaria de vigilia, podéis establecer la conexión con esta realidad del espíritu divino, de la cual sois, repito, una parte íntima. Volviéndoos muy serenos, podéis sentir esa presencia aquí y ahora. Os invito a sentir cómo todos juntos, como si de una gran esfera multipoliédrica y multifacética que en definitiva es, todos nosotros aportamos nuestra intransferible peculiaridad constituyendo una parte de ese rostro original de Dios.
Imaginad que en el medio de vuestro pecho, en vuestro chacra del corazón, hay un cristal brillante, hermoso. Imaginadlo ahí y sentid su poder: un cristal puro, claro en el cual todas las caras simultáneamente reflejan vuestras numerosas experiencias a lo largo de todas vuestras vidas. Este corazón de cristal también está conectado con todo lo que os rodea. Los sentimientos que recibís de los demás pueden ser reflejados por este cristal, y así, al comprender sus estados de ánimos y emociones a través del cristal, llegáis a amar a toda la diversidad que os rodea. Desde este corazón de cristal comprendéis las experiencias de los demás: sus penas y decepciones se vuelven claras a vuestros ojos.
Este corazón de cristal está conectado a los corazones de todos los seres vivos, porque todos somos uno. Y sin embargo vosotros también podéis sentir que este corazón, que portáis en vuestro pecho, os pertenece: es vuestro corazón del alma. Sentid cómo ambos aspectos caminan juntos...Están conectados a nivel del corazón – un campo horizontal que os conecta con todo lo que está vivo – de tal modo que no se concibe ya la separación.

Sin embargo vosotros TAMBIÉN sois “uno”, en el sentido de que sois vosotros, y que nadie más es exactamente como ustedes. La unidad es diversa. Sois un ser individual y hay una línea vertical que os conecta directamente con vuestra Fuente, con Dios. Estáis en este cuerpo físico, el cual es el so-portador de vuestro corazón, vuestra propia pieza de la conciencia de Dios.
Sentid la inmensidad de este cristal: la conciencia infinita que os pertenece y aun así puede ir a donde quiera. No está atada a este cuerpo, aunque ahora está en este cuerpo, temporalmente, pero es una energía tan vasta que finalmente no está atada, como no puede estarlo, a ninguna forma. Vosotros sois esta conciencia; os habéis traído una pieza de la fábrica divina del Padre-Madre-Dios con vosotros, aquí a la Tierra. No sois una fracción de la totalidad sino que estáis enteros y completos dentro de vosotros mismos. Sois los guardianes de este corazón de cristal. Recordad esto, mientras ahora examinamos el tema de las relaciones amorosas.

Cuando os 'enamoráis' de otra persona, a menudo vivís una experiencia intensa de encanto al comienzo de la relación. Como si algo se abriera dentro de vosotros, algo que estuvo mucho tiempo escondido y que sólo puede ser descubierto por la mirada de ese otro. 

Las demás personas (especialmente vuestros progenitores) no parecen ver ese “algo” dentro de vosotros, pero vuestro ser amado despierta la belleza desnuda de quienes sois. Regresa entonces vuestra pasión y entusiasmo por la vida, os sentís vistos y amados, y vais raudos a experimentar vuestra propia profundidad – vuestra maravilla. Eso es lo que experimentáis y significa la infatuación. Y aunque parece más tener que ver con el otro, en realidad tiene que ver con vosotros, con lo que el otro evoca dentro de vosotros, lo cual es delicioso, ¡un milagro! Sólo entonces parecéis estar despiertos y sentir cuánto tenéis para dar y cuánto podéis ser amados.
En ese momento, las personas usualmente se intoxican con la admiración y la maravilla de esta infatuación que experimentan, y buscan atarse ciegamente a la persona que despertó este sentimiento dentro de ellos en la convicción de que sin esa persona esa sensación se desvanece. Sentís (sentísteis) que ella –o él– tiene la “varita mágica” que obra milagros en sus manos, y lo que al comienzo llevó a una revelación, y a un sentimiento amoroso hacia vosotros mismos tanto como hacia el otro, gradualmente se pierde. Es lo que tiene enfocarse en el otro.
Comienza entonces una batalla con el otro. Querríais poseer la parte de ellos que os hace sentir tan bien. Y el "otro" a menudo hace lo mismo con vosotros, y ambos os váis confundiendo inmensamente por esta lucha de tirar de la cuerda. De esta manera, lo más elevado que podéis daros uno al otro finalmente saca lo más bajo: los celos, la dependencia y las luchas de poder. Ésta es una caída extremadamente dolorosa que casi todos habéis experimentado en la vida en mayor o menor medida. ¿Cómo sucede esta caída?

Conviven dos partes dentro de vosotros. Por un lado, en ese corazón de cristal que describí, hay un amor en vosotros perfectamente capaz de ver al otro (él/ella) exactamente como es, y que puede experimentar la belleza que hay ahí. Desde este espacio en vuestro corazón, podéis acceder a una conexión constante y equilibrada el uno con el otro, en la cual reconozcáis lo divino en cada uno y en la cual además no pierden de vista lo humano en cada uno. Permitir al otro sentir su dolor, su desconfianza, sus decepciones y su resistencia. Sin juzgar ni tratar de disuadir.
Por otro lado, en vuestro vientre hay otra energía en juego, algo que puede ser muy fuerte, una fuerza destructiva en la infatuación. Yo llamo a esta energía el niño interior abandonado, quien porta consigo un dolor muy fuerte y profundo, un dolor que se retrotrae hasta ese dolor original del nacimiento cósmico del que hablé anteriormente, el dolor de dejar la unidad Padre-Madre-Dios. Este niño también aflora cuando os enamoráis, y este niño/a tiene muchas emociones contenidas capacitadas para oscurecer vuestro corazón. Estas emociones pueden envolver al corazón de cristal y nublar el hecho de que vosotros sois la fuente de la delicia y dicha que experimentásteis en las etapas iniciales del amor romántico. Esos sentimientos tenían que ver con vosotros y el espacio que os dísteis, un espacio que fue posible gracias el otro...y sin embargo tiene que ver con vosotros. La realidad está sembrada de paradojas.
Sin embargo, ese niño interno, dolido y que reclama atención, el amor, y el reconocimiento que perdió hace tanto tiempo, puede sentirse tentado de tomar por cuello a su pareja; quiere agarrarse a toda costa a esa tabla de salvación para obtener externamente lo que por sí mismo no consigue generar.  De este modo, el niño y el corazón de cristal pueden acabar en dos lados opuestos, enfrentados. Lo que al principio parecía ser muy hermoso, se vuelve una relación destructiva donde van a pelear el uno con el otro y a entrar en una lucha que nadie quería, pero que parece condenada a tener lugar...

En el momento en que la magia amenaza con desaparecer, podéis llegar a desesperaros. A toda costa queréis aferraros a vuestra pareja, en realidad a la sensación de seguridad y amor absoluto experimentada en el principio con esa persona. Vais a pelear para agarraros de ellos, y vuestros viejos dolores, vuestras emociones de ira, de miedo al abandono, incluso odio, pueden entrar en jugo. Incluso entonces es muy difícil soltar a la otra persona, porque estáis sujetos al recuerdo de cuán bueno fue cuando todo estaba en armonía. Es cuando aflora el resentimiento.
En esta etapa es muy importante que sepáis cuándo soltar. En el momento en que sentís que vuestra relación entra en una espiral descendente, y que vais a acusaros y a culparos mutuamente el uno al otro, es momento de dar un paso atrás. Podéis haceros tanto daño el uno al otro...Y eso solo puede ser precisamente porque llegásteis a las profundidades del uno al otro. Y ese dolor es difícil de curar a menos que se tome distancia...

Os exhorto a atreveros entonces a dar un paso atrás cuando sintáis que estáis fuera de control, que estáis siendo arrastrados por emociones que os impiden acercaros a vuestra pareja con un corazón abierto. Pueden aflorar perfectamente sentimientos de un profundo miedo a ser abandonados, o justo lo opuesto: un miedo a quedar tan profundamente atrapados en alguien que os perdáis en eso. Puede haber otras emociones tales como la ira o los celos, pero lo que es importante es que os deis cuenta de cómo las emociones más intensas tienen que ver más con vosotros que con la misma relación. La relación dispara las emociones, pero ellas mismas se derivan de causas más profundas.
Lo que importa ahora es que os volquéis hacia el niño interior herido y abandonado que portáis en vuestro vientre (tercer chackra), el foco real de vuestro desequilibrio emocional. Hacer esto no es responsabilidad de vuestra pareja. Y tampoco sois responsables del niño interior de vuestra pareja. Hacer a alguien más responsable de vuestro dolor y esperar (sin duda inconscientemente) que ellos os sanen es una pulsión oculta de la que podéis ser esclavos y que lleva a una enorme confusión en las relaciones.
Entonces, ¿cómo detectar el momento en que una relación, que inicialmente fue una unión amorosa, está yendo mal y se está volviendo desequilibrada? En realidad, hay signos claros, y una de las formas de descubrirlo es hacer un ejercicio simbólico con vuestro niño interior.
Imaginad que en este momento estáis frente a vuestra pareja. Si actualmente no tenéis pareja podéis tomar a alguien que sea muy importante para vosotros. Permitid entonces que vuestro niño interior se coloque a vuestra izquierda. Simplemente visualizaos como un niño de alrededor de diez años de edad, y quedaos con ese niño a vuestra izquierda, frente a vuestra actual pareja. Ahora ved cómo responde el niño a vuestro ser querido. Observad la primer reacción de ese niño. Preguntadle al niño: “¿Qué te atrajo de él o de ella? ¿Qué encuentras tan irresistible en el/ella? ¿Qué fue lo que hizo mella en tu corazón, qué te fascinó? Y luego preguntadle: “¿Cómo te sientes ahora?”.
¿Le sucedió algo a esa cualidad original? ¿Aún puede el niño sentir ese amor? En una relación sanadora, esa cualidad, que solo el niño que portáis dentro puede identificar, aún está muy presente. Aún os alimenta, aún os abriga. Sin duda que vuestra pareja ha adquirido una forma más humana, revelando con los años sus propios problemas y altibajos emocionales. Sin embargo, algo de esa magia original aún está ahí, y debido a esa magia, los problemas pueden ser superados. Si notáis que la "auténtica magia" está ausente, si vuestro niño interior en realidad no se siente amado o se siente tratado injustamente, entonces está pasando algo que necesita vuestra atención. Tomaos el tiempo para descubrir esto con vuestro niño interior.
Para aclarar la situación, soltad la imagen del niño interior y ahora imaginad que estáis frente a vuestra pareja, la que 'elegísteis' y mirad cómo la energía de dar y recibir fluye entre vosotros. Primero, ved qué es lo que le dais al otro y sentidlo...No necesitáis expresarlo con palabras con tal de que genuinamente lo sintáis. Observad lo que fluye hacia vosotros desde el otro, y sentid cómo os sentís vosotros en este preciso momento. ¿Os sentís más energizados debido a este dar, o acaso os sentís vacíos y exhaustos? ¿Es inspirador dar, o quedáis agotados al hacerlo? Sostened honestamente ese primer sentimiento.
Tras observar lo que le dais al otro, observad la interacción inversa. ¿Qué es lo que recibís en realidad del otro? Tan sólo confíad en vuestro primer sentimiento a medida que viene a vosostros. ¿Se siente bien lo que recibís? ¿Hace que vuestro corazón se abra más? ¿Os sentís más felices con vosotros mismos como resultado de lo que recibís? La esencia de una relación sanadora es que el otro os de algo que genere alegría en vuestro corazón.
Finalmente, hay otro signo que revela una relación destructiva. Desde vuestro plexo solar – un lugar cerca de vuestro estómago – sentid una “cuerda” de energía que os conecta con el otro. Si sois sensibles, tal vez podáis experimentar esa cuerda. Quizá lo que estéis buscando sea el sentimiento de que necesitéis poseer al otro; ¿cunde el pánico en vuestro niño ante la idea de que el otro no esté ya más aquí?; ¿Hay algo que tira de la cuerda?. Si sentís eso, entonces eso es esencialmente una cuerda energética umbilical que los conecta con el otro, y que os inunda con el sentimiento de: “yo lo necesito, no puedo hacerlo sin él o ella”. Ese sentimiento de pánico os muestra que no operáis de forma independiente, o al menos pensáis que no sois capaces de hacer lo que sea sin el otro. Tal dependencia puede conducir (y conducirá) a una relación destructiva.
En una relación sanadora, es natural extrañarse mutuamente si de un modo u otro fuéseis separados. Es natural disfrutar y también, por lo tanto, añorar la compañía del otro. Podéis querer al otro, pero no necesitáis al otro cuando la relación es sanadora. Pero en una relación destructiva, hay en juego algo maligno, perverso. Subyace un sentimiento de que no podéis hacer lo que sea, o estar, sin el otro, que sois dependientes del otro para vuestro bienestar – ¡tal vez para vuestra propia subsistencia! – y esto sustancialmente os debilita. Hay un soterrado y profundo miedo a ser rechazado por el otro, y eso os hace sentir pequeños y constreñidos, y toda la relación ya no tiene ese espacio alegre y esa libertad que tenía al principio.
Tratad de sentir estas cosas por vosotros mismos, calmadamente, a vuestro propio modo. Y no tengaáis miedo de hacer espacio en la relación para permitiros sentir esta clase de cosas. Porque una vez que os halléis en una espiral negativa en una relación, a menudo es necesario que las personas se distancien una de otra, física y emocionalmente, para darse cuenta dónde está cada uno en el orden de la relación. En ese momento no suele ser especialmente útil tratar de hablar las cosas. Es necesario que vuestros campos energéticos primero se liberen de la dependencia el uno del otro para así ganar el espacio suficiente que os permita volver al centro de vuestro corazón de cristal. Desciended con vuestra consciencia dentro de ese hermoso cristal claro que es vuestra esencia. No dependáis de otros para experimentarlo en vosotros; está ahí para vosotros – siempre. Es el susurro de Dios que puede oír en el silencio.
Sentid entonces cómo, desde el cristal, irradiáis rayos de luz hacia el niño/a interno resentido en vosotros, que aún tiene dolor por sentir, y que aún está buscando fuera de si mismo la aceptación, el amor y la seguridad. Dejad que vuestros rayos de luz caigan sobre ese niño, y literalmente podéis ver que la luz del cristal parece anclarse al fluir más y más profundo hacia abajo hacia vuestro vientre y todo el camino hacia abajo a través de vuestras piernas hacia la Tierra.
Ésta es vuestra luz, ¡vuestra Luz del Alma única! Estáis aquí para experimentar esta luz en un cuerpo en la Tierra. Vuestra luz particular es única, es vuestra Luz de Ángel, y si permanecéis conectados a ella, entonces atraeréis relaciones amorosas y sanadoras a vuestra vida. No tenéis “necesidad” de otro sino auténticas ganas de compartir. Y además tampoco tenéis necesidad de perfeccionar al otro: alguien que finalmente os vea desde la perspectiva de vuestro deseo, y quien incondicionalmente os comprenda y os abrace del modo que vuestro niño quiere ser comprendido y abrazado. No se puede cambiar al otro.

El amor y la aceptación incondicional sólo están en vuestro propio corazón – por y para vosotros mismos. No carguéis a otro con esa responsabilidad. Ese amor incondicional es algo entre vosotros y vuestro Ser. Esto sólo podéis dároslo a vosotros mismos, y cuando lo hagáis, os volveréis una fuente de amor, un faro de compasión para los demás, porque entonces os habréis vuelto completa y verdaderamente honestos con vosotros mismos. Os amaréis a vosotros mismos, incluyendo a la parte oscura: ese niño/niña interno que a veces lucha por obtener atención y está atormentado.

Cuando os amáis a vosotros mismos, os resulta más fácil ver a la otra persona bajo una perspectiva real. Ya no tenéis que tomaros tan personalmente las ofensas o palabras hirientes que a veces él o ella dice o hace. Sus acciones o reacciones les pertenecen a ellos. Desde esa óptica se vuelve más fácil no responder emocionalmente a las actitudes del otro. La otra persona ya no es responsable de la salvación de vuestra alma – vosotros lo sois. Sois los maestros de vuestro mundo, de vuestra realidad.
Todos estáis en este camino de autorrealización, y ya estáis tocando a otras personas con vuestro corazón de cristal: os estáis dando chispas de amor y de esperanza. Os agradezco por venir a la Tierra en esta época, en este período de cambio y de transición. Estoy con vosotros y me preocupo por vosotros profundamente. Sois mis hermanos y hermanas, y os amo.

© Pamela Kribbe
Sitio en español:www.jeshua.net/esp

viernes, 8 de marzo de 2013

Funciones raras

Cada día experimento una incrementada sensación de irrenunciable compromiso para con mi entorno. ¿A ti no te pasa? Seguro que sí. Miras a los ojos de cualquier ser humano durante más de 3 segundos y sucede un milagro de comunicación no verbal. Una comunicación que trasciende las fronteras del intelecto. Una mirada profunda basta para comprender el verdadero calado de la realidad emocional de un semejante, de tu prójimo.
Convendremos en que estos son tiempos extraordinarios. Tiempos de profundos cambios estructurales. No me canso de repetirlo, a riesgo de parecer un disco rayado. Y cuando digo estructurales no me refiero a la debacle financiera que el mundo (solo el occidental?) está atravesando. Girar el calcetín es la metáfora que más se aproxima a lo que está sucediendo. Nunca más que antes es tiempo de compromiso, de involucrarse como parte de la solución. Y es que cuando despiertas y no cooperas en la medida de tu despertar corres el más que serio riesgo de convertirte en parte del problema. ¿Pero qué significa comprometerse?
El pasado sábado acudí a un centro en Palma de Mallorca para escuchar el discurso de Sergi Torres acerca de las relaciones paterno-filiales. Debo decir, de entrada, que respeto profundamente la valentía y el coraje de Sergi a la hora de enfrentar las multitudes. Yo mismo he padecido de enoclofobia en dosis incalculables y quizá nunca llegue a trascender completamente el vértigo que produce enfrentarse a una audiencia de más de seis personas (tampoco lo pretendo, lo cual no me convierte necesariamente en un ser asocial). Sin embargo convendremos en que vencer el miedo a las multitudes, si éste es (ha sido) atenazante, es una condición imprescindible para poder aportar el rayo de luz que este mundo precisa.
La charla en cuestión, que debía pivotar alrededor de las relaciones intergeneracionales (como si se tratase de un tema aislable y no la madre del cordero de todos los temas, verdad?) adquirió una gran dosis emotiva cuando, transcurrida ya el ecuador de la jornada, Victoria, una de las asistentes entre el público, se vio impulsada a confesar sorpresiva y públicamente haber sido víctima de una violación sexual (no aclaró si eso sucedió en su infancia o con posterioridad a esa etapa, ni quien fue el autor de dicha agresión sexual) y que el conflicto de la disfuncional relación que reconoció estar manteniendo con su hija (de ocho años), estaba arraigado en la base de esa sin duda terrible experiencia. La cuestión es que esa manifestación se desencadenó como consecuencia de mi intervención al respecto de un punto muy importante dentro del discurso de Torres: sentir las emociones.

Sergi Torres, apóstol del momento presente, del Aquí y Ahora, y devoto discípulo, si se me permite decirlo así, de las tesis de Eckhart Tolle –y aparentemente también del chileno Claudio Naranjo–, había hecho previamente referencia a las funciones que cada uno desarrollamos en la vida y que son nuestra bandera, ese tipo de "habilidades" que desplegamos muchas veces a regañadientes y que constituyen nuestra inconsciente tarjeta de visita a los ojos de nuestro entorno más cercano (pareja, hijos, padres...) aquél que nos vivencia sin máscaras ni censura. Funciones tan peregrinas como la de tapador de frascos, o cerrador de puertas, o detector de manchas y olores, corrector gramatical, etc...de las que somos a la vez esclavos (en la medida en que no nos damos cuenta hasta que alguien nos pone el sanbenito) y nos enorgullecen (así era mi padre/madre y así soy yo) arraigándonos a la tra(d)ición, como si de un ardiente clavo se tratara...Él mismo describió las suyas (tapador de botes y detector de luces encendidas). A medida que mencionaba dichos ejemplos la exposición el ambiente iba impregnándose de una cierta irónica hilaridad, esa que tanto caracteriza las charlas que ocupan estos tópicos. Algunos fueron los que se atrevieron a reconocer las suyas, incluso hubo alguno que apeló a sus talentos "apacibles", por así decirlo, como cantar o pintar, equivocándose en su empeño. No. No era eso. Rafa, uno de los asistentes, se atrevió incluso a revelar públicamente uno de los rasgos de su carácter, concretamente el de la arrogancia, revelando así, una oculta necesidad de liberarse de un rasgo genuinamente incómodo para él y sin duda para los que íntimamente le rodean. No. Tampoco se trataba de hacer terapia grupal. Se trataba de sacar a la luz honestamente esas pulsiones que afloran de nuestro inconsciente, como impulsadas por un resorte de origenes ignotos, que nos obligan a actuar allí donde "otros no actuan". La funcion de detector de manchas fue particularmente notoria y comentada pues desconcertó a un sector de la audiencia (abrumadoramente femenina, todo hay que decirlo) que se hallaba en el lugar. Curiosamente fue la persona que erró previamente al mencionar su talento para la música como una de esas funciones raras, la misma que acertó, en mi opinión, a 'meter el dedo en la llaga' al revelar que las tareas del hogar no estaban en su casa todo lo equitativamente repartidas que en su fuero interno ella consideraba que era 'justo' que estuvieran. Curiosamente su pareja la acompañaba lo cual queda, todo hay que decirlo, en su descargo. Dicha intervención destapó algo que probablemente se salía del guión previsto por el mismo Torres y que era imperativo ubicar en el contexto de la charla. Y la tempestiva intervención de Victoria rompió afortunadamente la cansina deriva que tiñe la mayoría de los discursos sobre Consciencia transpersonal indefectiblemente. Era obvio que si la meta consistía en aceptar sin beligerancia el guión de la vida como la sagrada dádiva que desde nuestra propia divinidad nos hemos concedido, primero había que sentir y expresar la incomodidad de la realidad emocional incuestionable involucrada en la experiencia vital: el miedo al dolor, origen de todo el abanico de expresiones temerosas que nos acompañan a lo largo de muestra vida: vergüenza, timidez, celos, orgullo, avaricia...consecuencia de la desconfianza en el mismo proceso de la vida, desconfianza arraigada en etapas preverbales de la existencia (0-3 años y etapa intrauterina). Y Victoria expuso su herida en carne viva. Y lo hizo para poner las cartas boca arriba. Poner en práctica el sentir. Ese era su papel ante la audiencia congregada. Muchos se incomodaron. Otros se conmovieron. Que cada cual sondee en su particular caja de pandora el origen de impacto. Pero a nadie dejó indiferente. Torres hizo lo que pudo, en un contexto a todas luces inesperado para él (por mucha cintura psíquica que presuma tener) para tratar de demostrar la teoría del discurso del 'aquí/ahora' con un ejemplo sorpresivo, pero igual que el mismo Tolle, la "hora de la verdad" fue decepcionante. Estando a punto de caramelo para demostrar qué es realmente sentir, Victoria fue 'amorosamente disuadida' en su empeño de 'tocar fondo'. Cierto es que 150 testigos intimidan innegablemente a la hora de abandonarte a una catarsis emocional. Por un momento sentí el impulso de salir y darle el empujón que ella, en su fuero interno, reclamaba cual bostezo que se desencadena misteriosamente solo cuando alguien más bosteza. Pero temí que re-escenificar una violación, por sutil y subliminal que fuese el intento de ayudarle a revivenciar un instante doloroso de su pasado, reconectándola con una emoción atascada que pedía a gritos una revisión de daños, era pasarse de la raya, máxime teniendo en cuenta que el contexto era una charla y no una terapia de grupo. ¿Y si no había red?. Supongo que a fin de cuentas fue suficiente con haber dado pie a su reveladora historia. Su agradecimiento fue sintomático. La catarsis llegará. Es ley de vida. A todos nos llega el momento de hacer las paces con nosotros mismos. Y ese proceso en definitiva siempre sucede en la intimidad –lejos de los focos y taquígrafos intimidantes– que es donde las catarsis reveladoras deben tener lugar.