A tu ser interno, a tu niñ@ herid@: «Seas quien seas, hagas lo que hagas, estés donde estés, eres mi hermano. Te amo y te doy las gracias por estar aquí y ahora, en este tiempo y espacio, compartiendo tu presencia conmigo. Discúlpame si alguna vez hice algo que te ofendió. No sabía lo que hacía. Te creía una amenaza y me defendí. Estaba confundido. Comprendo tu sufrimiento pues es el mío. Es perfectamente legítimo. No deseo arrastrar ya ninguna culpa así que, de todo corazón, te pido perdón...me dis-culpo. Me quiero. Y me siento dichoso por ello. Y quiero compartirlo contigo.
Yo soy tu y tu eres yo. Ambos somos Uno con todo. Siempre fue así, es así y así será. Los espejismos se desvanecen. El dolor, sentido, se transmuta. Ya no hay sufrimiento. El mundo que percibi con mis sentidos no tiene significado. Me entrego a la Verdad que trasciende las narcisistas expectativas de mis egos. Ya no necesito. Tan solo amor. Hallo paz y sosiego en mi consciente presencia. Yo Soy libre. Soy libre. Soy libre. Nada me detiene. Todo lo puedo. Gracias. Gracias. Gracias. Amén.
Si lo meditas bien, este mundo es bastante absurdo. Hasta demente. La decepción lo impregna todo. Gente defraudada con sus vidas, mirando permanentemente con nostalgia a épocas pasadas, en las que todo estaba por hacer, en que el término 'fracaso' no figuraba en nuestro diccionario. Todo era posible. Y sin embargo, los sueños parecieron esfumarse...
Donde quiera que vayas encuentras conversaciones en las que o bien algo está siendo puesto en tela de juicio y reclamado, o bien alguien se está vanagloriando de alguna gesta. En ambos casos se trata de inflar el ego, de obtener la atención del entorno. «yo soy tal (profesión) yo hago tal cosa, mi familia es de tal sitio, en mi familia lo hacemos así, no deberías hacer esto, yo, yo, yo...».
Cuando la exposición personal es patente y recurrente nos hallamos inequívocamente frente a un mundo lleno a rebosar de expectativas no satisfechas. Tenemos expectativas de hallar un contexto, una situación, donde expresar y dar rienda suelta a nuestros SENTIMIENTOS. Sabes muy bien lo que son los sentimientos...De no ser manifestados, éstos, reprimidos, acaban acumulándose en la olla a presión de la parte inconsciente de la mente. Y ya sabemos que las ollas que cocinan (piensan) rápido necesitan ser liberadas de las presión que acumulan. Si la conexión con la verdadera libertad no sucede, la presión se transmuta en un concierto inacabable de reproches.
Dije 'la parte' de la mente, luego...la mente está 'partida'. Si te dejas llevar por este razonamiento, conectarás con la entrada de la cueva, la fuente de todos los conflictos, la escisión operada en tu mente.
-¿En mi mente?
- Sí, en tu mente. Es éste un mundo colmado hasta los bordes de necesidades no saciadas. Un mundo de egos narcisistas, incapaces de ofrecer nada desinteresadamente, tan ocupados como están tratando de otorgarse valor en la hoguera de vanidades de este mundo. Un mundo donde los 'Edipos' y las 'Electras' no consiguen superar el estadio de la necesidad afectiva primigenia, no logran ser sublimados, es decir trascendidos. Sí, ya sé que estás cansad@ de oir hablar de traumas de infancia...Sabes que no todo fue 'bien' en tu infancia, pero has decidido 'pasar página'. Y no creas que no te doy la razón. El progreso pide soltar...Avanzar implica dejar atrás. La cuestión es 'qué' dejar atrás. Conectar con ese 'qué' y permitir que los sentimientos reprimidos asociados se expresen.
Siempre he dicho que vivir es como una gran comida. Está el entrante, el plato principal y el postre. El postre del menú de esta vida es ese dulce 'pasar página', el perdón en forma de todas esas técnicas de reconcilación con uno mismo y con el mundo (ho'ponopono, EFT, Rebirthing, Gestalt, etc...). Pero para probar las mieles del postre, hay que haber saboreado el amargo segundo plato y el picante entrante. Todo sabores que son necesario experimentar.
Hoy me decía Carmen que tiene un conflicto con una amiga de la que trata de separarse, y trata de perdonarla, pero la rabia se interpone insistentemente. Le da vergüenza reconocerlo porque ella misma es terapeuta emocional. Vergüenza reconocer que tiene pendiente una cuenta con su propia integridad, herida solo ella sabe cuando. Vergüenza de verse expuesta al ridículo. ¿Y qué es el ridículo? ¿Acaso la fealdad solo está en los ojos del observador?
Una herida abierta una llaga que no consigue cicatrizar, y en la que sus 'enemigos' actuales insisten en meter el dedo. Y ella, claro, re-acciona. Acción-reacción, ojo por ojo, el cuento de nunca acabar, la pescadilla que se muerde la cola...lo que hemos tenido hasta ahora. Pero lo nuestro, como decía Machado, es pasar...
Experimentamos un mundo atascado en un mar de emociones, reprimdas o desatadas, arraigadas en recuerdos inconscientes de un pasado doloroso. Cuanto más se desea huir de él más se adhiere a la deriva cotidiana, como un polizón, un intruso que nos gobierna desde los 'bajos fondos' enfrascándonos en una permanente batalla por reclamar la integridad mancillada, blandiendo la espada de orgullo, todo ello en la sufriente búsqueda de anestésicos que distraigan el dolor, que lo mantengan alejado. «¿Me dolerá, doctor?» ¿Por qué esa exigencia en soslayar el dolor? ¿Simplemente por evitarlo? ¿Cuando empezamos a huir del dolor? ¿Cuando empezó el dolor a ser algo censurable?
No es raro que fallemos al transmitir esperanza a los que cumplen con el ciclo regenerador y 'llegan después' de nosotros. Los que llevamos aquí suficiente tiempo deseamos hallar consuelo, redención.
Es como si nos hubiéramos pasado años tratando de encontrar la llave del baúl de la paz, y cuando más afanados estamos tratando de discernir qué llave es la que destapa la felicidad merecida, es decir, el sucedáneo que aplaque el sufrimiento, aparecen los hijos en nuestras vidas y reclaman tomar el testigo de esa búsqueda (si no tienes hijos, entonces el hijo eres tu) Tan enfrascados nos encuentran, no obstante, desenredando ansiosamente el nudo del paquete que esconde nuestro regalo, buscando por todas partes algo que calme al incómodo sufrimiento. El sufrimiento de la frenética búsqueda por buscar afuera algo que siga manteniendo reprimido el dolor. El insoportablemente doloroso recuerdo de no haber sido aceptados -ergo amados- simplemente por lo que éramos/somos. Tan sumergidos en una deriva egoísta inconsciente -que no pudo ser vivida y trascendida en el estadio edípico que lo precisaba- que no nos percatamos de la imperativa responsabilidad de convertirnos en los garantes de la felicidad de aquellos que representan a las futuras generaciones, el trampolín -y no la prisión- para los que toman el testigo y encarnan nuestro propio futuro.
Pero descuida, no te preocupes. Ellos lo saben. Igual que lo sabías tu. Nada es azaroso. Tus hijos son criaturas del cielo, hijos de Dios como tu, tan solo que más conectados con la energía de las fuente original de la que procedemos. Ellos vinieron para conectarte con tu libertad. Pero para eso van a tener que sacarte de tus casillas, porque son las casillas las que te tienen esclavizado. Fuebel suyo un compromiso desinteresado y amoroso. Como lo fue el tuyo. Porque tu provienes de allí de donde proceden los niños, de donde proceden las almas. Quizá no entiendas todavía que un hijo es un maestro que enseña sin reparos la verdadera clave de la felicidad: ser uno mismo. Los hijos nos enseñan a decir «no», «basta». Nos enseñan que lo imposible es posible si se hace con amor. Y amor es libertad sin cadenas para creer en lo imposible. El amor no es apego ni necesidad sino entrega desintesada, sin reclamos o precios ocultos, sin exigencias a posteriori. Amor es dar sin medida. Y eso es lo que los niños hacen, incluso cuando te parece que son tiranos. No estám sino poniendo contra las cuerdas a tu ego en la esperanza de que lo sueltes y te reconcilies con aquella parte de ti que sintoniza con ellos. Son honestos con su naturaleza y nos enseñan el camino de la redención, que no es otro que el de mirar de frente a los miedos y abrazarlos. Si el comportamiento de un niño te irrita harás bien en indagar en el trasfondo de tu incomodidad. Él está haciendo su trabajo...
El otro día nuestra hija nos dijo:«os imagináis un mundo donde los hijos mandaran sobre los padres?». Por un instante se me ocurrió que eso quizá fuese la solución a tanto desatino en un mundo gobernado y reglamentado por adultos. Mi hija, afortunadamente consiguió sacarme de mi transitoria confusión:«sería un lío de mundo. Todo estaría al revés», dijo. «Los padres tienen que proteger a los hijos y decirles lo que pueden hacer y lo que no. No al revés.» Juro que me dijo eso (aunque ahora ya ni se acuerde...).
La Era de Acuario ya está manifestándose. El fin del secretismo, de la tiranía de unos pocos y el renacimiento de la libertad individual piden paso. Es un clamor que crece com la espuma. Es un espacio/tiempo glorioso éste que elegimos vivir aquí en la Tierra. El curso de la historia no puede detenerse. Las camisas de fuerza están rompiendo sus costuras. Gracias a Dios existe una lógica a todo el aparente caos.
Un mundo rebosante de necesidades insatisfechas tiene como consecuencia la inversión de roles, donde los hijos se vuelcan en el bienestar de sus padres. Padres que, ya fuese por tiranía o victimismo, se habían convertido en un obstáculo para el normal desarrollo de sus hijos y consecuentemente de la especie. Padres que aun siguen anclados en su propio pasado, reclamando -violenta o victimistamente- la satisfacción de la necesidad de contacto. Utilizando a sus hijos como conejillos de indias. No debemos olvidar nuestra responsabilidad en el orden más amplio de los acontecimientos. No debemos olvidar...
Eres un ser eterno. La vigencia de este escenario (tiempo/espacio) se termina. Otro ciclo comienza. Abre tu corazón alnrecuerdo de tu naturaleza eterna. El sueñonestá concluyendo...¿Estás listo para el despertar?
Nos está pasando a todos. El momento en que dejase de tener sentido todo aquello a lo que tu, yo y nuestros ancestros le habíamos dado un sentido. En realidad nunca comprendimos nada, porque todo era incomprensible. Sistemas económicos que colapsan bajo el peso de la voracidad con que han sido implementados, comunidad científica ermética y endiosada en sus inamovibles postulados, sistemas educativos de una rigidez pseudo-carcelaria, gobiernos y monarquías desconectados de las verdaderas necesidades de libertad de sus ciudadanos y súbditos, cúpulas eclesiásticas desfasadas de la realidad aperturista que clama al cielo, padres abusando de sus hijos física o mentalmente, o ignorándolos por completo...
Personalmente crecí en una familia en la que se respiraba un aroma de resentimiento. En la tuya pasaba lo mismo. Lo sé. Había ciertos miembros contra los que se abrigaba un resentimiento oscuro por que se decía que habían hecho cosas muy feas. Personas que habían provocado disgustos que llevaban enquistados en el árbol genealógico durante tres generaciones que yo recuerde. Y era necesario para mantener el sistema apuntalado, que todo tuviera una explicación. Los 'malos' eran los que siempre fastidiaban, y los buenos, los que siempre hacían 'el bien' a los demás, los que siempre miraban por los demás, los que anteponían el beneficio ajeno al propio. Curiosamente la gente etiquetada de 'buena' era la que siempre estaba enferma o la que se moría antes, comúnmente de algún tipo de cáncer. Los 'malvados', los egoístas, aquellos que hacían 'cosas malas' eran los que parecían inmunes a los virus, los que nunca se ponían enfermos. Un tío mio hizo un desfalco en una empresa de mi abuelo. Robó, decían, a su padre y se fue a otro país. Curiosamente era el 'elegido', el ojito derecho de su madre, el que debía tomar las riendas de la enpresa familiar. El resentimiento ha ido devorando al resto de la familia. Sin embargo él está ahí, después de ochenta y cinco años sobre la tierra. Que le quiten lo bailado...
Todos sabemos que el rencor es perjudicial para la salud. Ya no hace falta que venga ningún chamán para contárnoslo. Te gustaría sacarte el rencor de encima. Quisieras ser capaz de amar desinteresadamente. Quisieras ser libre de ser tu mismo, de hacer lo que te plazca con tu vida. Sueñas con realizar tu sueño. Rebeca lo intentó, paraticipó incluso en proyectos sin ánimo de lucro, llegando a convencerse de que desapegarte del dinero era lo que le daria la felicidad. Vivió una infancia colmada de riquezas materiales pero lo esencial, el alimento para su alma, faltó.
Los hay que deciden vivir en la miseria. No solo la económica sino la moral, aferrados a su dignidad de honrada pobreza. Son los que van despotricando contra los ricos, contra los bancos, contra todos los que tengan lo que uno no tiene, sin pararse a pensar que quizá estén inconscientemente atribuyendo al dinero el origen de sus males, cuando quizá en realidad la energía pecuniaria esté pagando otros platos rotos...
Quizá sea cierto aquello de que el dinero no da la felicidad, pues los ricos tambien sufren...Puede que te sientas tentado de ridiculizar esta frase, pero lo cierto es que todos arrastramos una cruz, que tiene el potencial de convertirse en el mástil desde la que perdonar todas las afrentas y también desde el que ondear la bandera de la libertad.
El perdón, esa palabra tan recurrida pero que tan poco comprendemos. Perdonarnos a nosotros mismos por el resentimiento que hemos acumulado y que solo a nosotros ha dañado precisa de una honesta y sentida revisión de daños en nuestra verdadera sala de máquinas, nuestro cuerpo emocional. Exculparnos de todas las culpas, liberarnos de todas las etiquetas que nos han asignado ("eso es culpa tuya, fue culpa tuya, tu tienes la culpa...") y disculpar a todos los que hemos acusado en nuestra ignorancia, convirtiéndoles en chivos expiatorios de nuestro bagaje emocional reprimido. Algo que solo puedes hacer por ti mismo. Si sigues esperando que quien te hirió se disculpe, estás esperando en vano. Aunque lo hiciera, seguiría siendo responsabilidad tuya liberarte de la culpa con la que has cargado. Quien te hizo sentir como una mierda puede llegar a pedirte disculpas, pero solo perdonarle te liberará a ti. Porque una vez que dejas de considerarte culpable, automáticamente dejas de cargarle a alguien con el mochuelo. Inmediatamente aflora una energía sanadora. La responsabilidad: Hoy es el primer día del resto de mi vida. Hoy puedes hacer borrón y cuenta nueva. Todo lo pasado, una vez reconocido, sentido, aceptado y perdonado, puede ser soltado, como esa bola de hierro con la que iconográficamente asociamos a los presidiarios. Una vida libre. Todo a tu alrededor está siendo derribado. Todo lo que creías que duraría para siempre se desvanece, para dar paso a la realidad de tu eterna naturaleza. Es lo que eres lo que es eterno, no lo que haces o tienes.
Una gran fiesta está esperándonos a todos. Todo irá bien. Simplemente saca a la luz la basura que te viste obligad@ a acumular y deja que la energía sanadora del fuego purificador transmute el resentimiento en amor. No estás sol@. Nunca lo has estado.
En el fondo tenemos miedo a ser independientes. Nos da vértigo asumir la responsabilidad que supone tomar las riendas de la propia existencia. Preferimos seguir teniendo una diana a la que lanzar los dardos de nuestras frustraciones. Para muchos de nosotros es más cómodo estar permanentemente drogado con sucedáneos –o en todo caso enfadados cuando ya no podemos disponer del dinero con el que seguir distrayéndonos– que decidir descubrir que la vida puede ser vivida con alegría, que puede ser el regalo que en realidad es, en lugar del violento patio de colegio en el que lo hemos convertido. Nos a pereza asumir que nadie realmente tiene el poder para decidir sobre nuestra existencia.
La mente necesita pasar por un proceso de desintoxicación. Y las circunstancias están ofreciendo ese proceso a nuestras mentes, que necesita desparasitarse de la tiránica okupación del ego, ese intruso al que nos vimos obligados a entregar las llaves de nuestro discernimiento, el timón de nuestra nave, para poder anclarnos en este delirante mundo. Un ego asustado, aferrado a sus miedos, al que solo puede arrinconar el poder del amor, el perdón y el consuelo, únicas herramientas que no pueden ser usadas como armas.
Y tu posees esas herramientas. Dios, que te creó, te las dio. Nadie te las puede quitar. Tan solo puedes decidir continuar amnésico ante ellas. Solo el bien absoluto, es decir, la verdad tras la ficción, es real. Y tu sabes que eres etern@. Muy en el fondo sabes que esta vida solo es una excursión en la continua escalada de crecimiento que como ser espiritual, has ido experimentando durante eones. Que este mundo solo es una parada, una escuela dotada de una diversidad de experiencias sin parangón (Muchas de ellas sin duda muy difíciles de digerir).
"Nos espera un futuro prometedor y glorioso. Tenemos un futuro com especie y cada uno de nosotros es una chispa de eternidad, presta a reunirse con el resto de sus hermanos y asumir el lugar que por derecho nos corresponde en la comunidad estelar." Sgt. Major Robert Dean.
Parte 2 de 6
Especialmente interesantes las velaciones que hace Bob Dean ( a la dcha. Con camisa azul) a partir del minuto 03:30. Como siempre, yendo más allá de las infantiles preguntas de Kerry Cassidy, nos da un esperanzador avance del futuro que aguarda a la Humanidad, sin obviar, por supuesto, el riesgo derivado de nuestra propia deriva autodestructiva, de la que se hace especial eco Clifford Stone.
Su aborde espiritual del controvertido tema de la intervención en la especie humana, constituye un soplo de aire fresco, un rayo de esperanza para la raza humana, que está atravesando unos momentos críticos y dramáticos en su evolución, tratando de liberarse del yugo heredado de grupos manipuladores dentro de los grupos de razas espiritual y tecnológicamente más avanzadas que la nuestra que han ejercido un control sobre su 'rebaño'. Los mismos que no solo nos hicieron a su imagen y semejanza sino que han intervenido permanentemente en el destino del Homo Sapiens. Un Homo Sapiens que se halla en la frontera entre la adoescencia y la madurez espiritual, sin duda capacitado ya para compartir su futuro de igual a igal con el resto de hermanos de la Galaxia.
Este es un post solo para escépticos (Así que puedes seguir leyendo...)
Solo crees lo que ves con tus ojos, escuchas con tus oidos, tocas con tu cuerpo, hueles con tu olfato y saboreas con tu gusto. Básicamente solo te fias de tus cinco sentidos. A eso lo llamas ser razonable. Sin embargo sabes que existe el sonido a pesar de que haya personas que no lo puedan oir. Sabes que el cielo es azul aunque haya gente que no lo pueda ver. Conoces el sabor de una fresa aunque haya gente que tenga las papilas gustativas atrofiadas. Convendrás pues que los sentidos físicos tienen una fiabilidad relativa, verdad?
Que algo sea relativo obedece a la óptica desde la que es percibido. Si te pones unas gafas azules lo verás todo azul. Si vives encerrado en una habitación oscura nunca sabrás lo que es la luz del Sol. Es más, si naciste en una habitación oscura y nunca has salido de ella, juzgarás de locos a quienes te hablen de que existe un astro que emite luz naturalmente. Y sin embargo el Sol existe. No solo no es relativo, es una realidad incontestable.
-ya, pero yo no vivo, ni he nacido, en una habitación oscura.
-¿Estás seguro?
-¿Qué quieres decir?
-Hasta que Nicolás Copérnico se atrevió en 1543 a publicar su teoría heliocéntrica (De Revolutionibus Orbium Coelestium), todo el mundo creía que la tierra era el centro del Universo. Nadie cuestionaba eso. ¿Qué diferencia hay con vivir en un habitación oscura?
- ya, pero ahora eso ya es historia. La mentira se destapó. Asunto arreglado.
-¿Estas seguro de que no hay mas mentiras que puedan ser destapadas? La teoría planteada por Copérnico resultó haber sido ya planteada por Aristarco de Samos en 250 antes de Cristo. Eso significa que hace 2262 años en Grecia ya se contemplaba lo que Copérnico propondría en en s. XVI. No solo eso. En Irak se descubrieron registros cuneiformes que precisaban la existencia de urano, neptuno, planetas descubiertos, según la oficialidad actual, solamente en 1781 y 1846. La existencia del mismo Plutón ya era conocida por los sumerios (3800 a.C.), mucho antes de su (re) descubrimiento en 1930 a cargo de William Tombaugh. ¿Jamás se te ha ocurrido replantearte los postulados de la historia que aprendiste en las enciclopedias que tu padre te compró en fascículos, o la que tus infelices profesores robóticamente te inocularon? Sé razonable...
Hoy recibí un e-mail de una amiga de Australia. Había estado cenando con su amiga, quien había superado un tumor de mama. Este es el mensaje de esa mujer a todos y cada uno de nosotros. Lo comparto porque siento que tiene un valor profundo para todo el que quiera vivir su vida auténticamente. Os amo.
Mi mensaje a todo aquél que esté padeciendo una enfermedad física y a todos aquellos que en su entorno se vean colateralmente repercutidos es el siguiente: ámate incondicionalmente. Independientemente de cual sea la enfermedad que te esté afectando, de los tratamientos que escojas, sean naturales, holísticos o convencionales, de las personas de las que decidas rodearte, lo más importante es que escojas tratarte con amor en lugar de con temor. Siempre obsérvate completo/a y en perfecta salud.
Para ello vas a tener que observar detenidamente tus emergentes emociones y atenderlas. Un cuerpo enfermo de cáncer es una señal de socorro, un aviso de reclamo de atención a las emociones reprimidas, esas llamadas desde tu interior a las que debes atender sin demora. No lo pienses, ni siquiera trates de descubrir una lógica detrás de ello. No la hay. Las emociones simplemente no atienden a razones. Llora y grita si lo necesitas sin vergüenza, ¿De qué te sirve seguir tapándola con orgullo? ¿Por qué necesitas parecer perfecto/a? Ya lo eres expresando tus emociones. Para eso te dio Dios tus lágrimas. Sabía que llegaría el momento de usarlas. Reprimirlas es lo que te quita paz. Créeme, no importa lo que digan o piensen los demás. Ha llegado el momento de mandar a la mierda las opiniones y los consejos de los demás y atender tus sentimientos. Tan solo siéntelas y respétalas. Cualquiera que sea tu expresión emocional es perfectamente legítima. Quien te juzgue por ello se estará juzgando a si mismo. Quien sea testigo de ellas y se sienta amenazado hará bien en hacer examen de su propia consciencia. Todos somos espejos para todos.
Las emociones son el clamor de tu caudal de represión interna que solicita ser escuchado de una vez por todas. Y, por favor, no caigas en la tentadora oferta que nadie te haga de ponerlas al servicio de una causa, por solidaria que aparente ser. Son engaños para domesticarlas. Tus emociones son tuyas y de nadie más. Solo tu puedes sanarlas. Solo tu tienes el amor necesario para restablecer tu paz interna. Solo tu tienes la llave para tu libertad. Una libertad que trataste de esconder como si de un miembro apestoso de tu familia del que te avergonzases se tratara.
Hazlo así y cualquier decisión/acción que tomes, estará derivada de ese respeto por tu integridad emocional. Ama tu vida y tu salud. Todo lo demás son patrañas. No considerar la importancia y legitimidad de las emociones es lo que nos ha conducido secularmente por el camino del miedo. Miedo a que descubran que tienes miedo...y se sientan decepcionados de haber depositado su confianza en ti. O bien miedo a que descubran tus debilidades y decidan abusar de ti. Y el miedo al dolor ha sido la única semilla de todos los sufrimientos germinados, la fuente de cualquier enfermedad física.
El cuerpo físico, con toda la majestuosidad de su diseño y dotado de unas terminaciones sensoriales (los 5 sentidos físicos) con las que percibir la materia física densa que te rodea en 'este' mundo, solo es la última frontera de tu territorio. Un territorio mucho más vasto que cualquier dimensión física que hayas conseguido nunca pesar o medir. Es la totalidad de tu territorio a la que debes considerar y respetar, si quieres permanecer entre nosotros y sanar la bendita, aunque transitoria, carcasa con la que te vistes. El miedo a los síntomas físicos y cualquier acción encaminada a escapar de la enfermedad es una falta de responsabilidad ante la llamada de atención que tu cuerpo emocional expresa por medio del desequilibrio físico.
En 'este' mundo estamos constantemente tratando de 'mejorarnos', como si fuesemos ordenadores que nunca estuviesen suficientemente bien actualizados. Tenemos una frenética pulsión a superarnos, a tratar de ser mejores. La pregunta es...¿Mejores para qué? ¿Para quién? ¿Cuándo y quien te instaló ese sistema operativo que permanentemente percibes como desfasado?
Me pasé la vida tratando de adaptarme a las neuróticas expectativas de otras personas, forjándome un papel en función de cuáles fuesen los deseos de aquellos que me rodeaban. Esas personas que solo pensaron en si mismas y que paradójicamente no dejaban de llamarme egoísta. Egoísta por tratar de ser tu mismo/a. Por lo general sus deseos no obedecían a planteamientos o creencias rígidas, sino que eran totalmente aleatorios, inconexos, regidos por una incomprensible doble moral, por lo que me forcé a desplegar ese papel en forma de una multiplicidad de personalidades: la sumisa, la pusilánime, la envidiosa, la controladora, en definitiva, Mis egos. Era mi forma de tratar de 'encajar' en las diferentes escenas que me ofrecían las personas de las que dependía. No me quedaba otra opción porque ni por asomo contemplaba la idea de independizarme de mis padres a los tres años. Mi dependencia de su amparo estaba grabada hasta la médula. La alternativa hubiese sido morirme. Y hubiera podido hacerlo...
Un hermano mío decidió no llegar a nacer. Ya en el vientre de mi madre sintió que lo que iba a encontrar ahí afuera iba a ser inasumible. Habíamos decidido anteriormente encontrarnos aquí, en el mismo entorno familar, con la promesa de sembrar e iluminar este mundo con la semilla que portábamos, el amor. Pero él no soportó la frecuencia de onda sintonizada. Desde entonces, él me ha acompañado cada día desde otro plano, desde una dimensión que no es medible con los dispositivos físicos de este mundo. Yo, por mi parte, en algún nivel, sin embargo decidí amoldarme a la demencia que me rodeaba, en la confianza de que acabaría sobreponiéndome a los obstáculos. Sabía que no sería fácil, que habría momentos muy dolorosos, sobretodo al principio, cuando más dependiente era, cuando más necesitaba sentirme aceptada, cuando mayor era la dedicación de ellos que precisaba para mi desarrollo.
No pudo ser. No importa. Estaba escrito que así sería. No sabían lo que hacían o dejaban de hacer. Por exceso de acción o por defecto de omisión, me obligaron a blindarme frente a la vida, a cerrarme a mi luz interna. Me grabé a fuego, en el doble fondo -subconsciente- de mi mente, que no me iba a permitir sentir el dolor que mató a mi hermano. Y desde entonces funcioné así, tratando a toda costa de evitar el dolor, esquivando ansiosamente las minas antipersona, básicamente 'abandono' –para no alargarme lo que fácilmente calificarías como retahila de reproches–, que fui detectando por mi camino. El precio fue desconectarme del sentir...la consecuencia fue desligarme de mi Ser, de mi territorio global, de mi ámbito eterno, la chispa espiritual de amor incondicional que SOY, he sido y siempre seré. Desconectarme del recuerdo de mi eternidad fue, poco a poco, alimentando mi creencia de que no era suficientemente buena, suficientemente válida, de que había algún fallo en mi, que desgraciadamente no podía detectar y consecuentemente reparar, un fallo que impedía que los demás me quisieran simplemente por lo que soy. Por momentos llegué a convertirme en un clon de ellos, en una reproducción de sus patrones. No me daba cuenta y estaba imitando las actitudes que yo tanto había padecido. Las personalidades que siempre dije que nunca tendría. No me daba cuenta de que cuando huyes de algo, ese algo te persigue desesperadamente tratando de hallar tu perdón. No era consciente. Hice daño y ahora...lo siento. Me hice daño a mi misma culpándome por ser tan imperfecta. Lo siento en lo más profundo del alma porque no era yo, sino mi ego, actuando, ejecutando las órdenes que yo misma, en un estado de demente desesperación le había dado ya ni me acuerdo cuando...obrando obedientemente para protegerme sin considerar a nadie más que a mi, como esos perros de presa que, entrenados para defender, atacan a cualquiera que asome la nariz por encima del vallado de tu propiedad. Su protección me esclavizó.
He tenido que llegar hasta el límite de ver deteriorada mi salud física para tomar consciencia de la necesidad de atender y escuchar a esa niña que forcé a prostituirse. Sí, ellos no me dieron otra opción, me pusieron contra las cuerdas, pero fui yo quien decidió plegarse. Y ese dolor, que entonces había bloqueado y negado a manifestar por pánico inminente -no ya a morirme sino a sentirlo- se transformó en un resentimiento que me condujo, lenta pero inexorablemente, hasta el cáncer de mama que tuve. Ahora soy yo quien va a restituir mi dignidad, recuperando la conexión con mi Ser superior, la sintonía con el amor del que todos provenimos. Por mucho que incomode, estoy recordando...me lo debo. Y curiosamente recuperar la memoria es lo que me está sanando.
Cuando iluminas la habitación de tus recuerdos tormentosos es cuando es capaz de verte como lo que eres de verdad, desprovisto de toda la mierda mental que sobra y que es heredada. En verdad os digo que todo lo que tenéis que hacer es SER vosotros mismos. Y eso implica aceptar la presencia del niño y niña internos, resentidos y la responsabilidad de amarlos hasta que confíen en vuestra incondicional y amorosa tutoría. Es la única forma de sublimar el resentimiento...abrazándolo, comprendiéndolo...dándole especio y tiempo para que se exprese y luego (y no antes) calmándolo.
No os creáis lo que los 'expertos' dicen acerca de la fatalidad del cáncer, de que hay una edad en que es estadísticamente inevitable. Ellos, pobres teóricos infelices, se basan en bases de cálculo fruto de estadísticas históricas. Todo lo que hace falta para romper los esquemas oficiales, todo lo que necesitas es recordar quien eres, recordar que eres un ser eterno y espiritual, vivenciando la experiencia de la individualidad desde la frontera (dimensión) más externa de tu terrotorio, el mundo de la materia densa, por medio de un cuerpo perfectamente adaptado a este 'entorno'.
No nos damos cuenta de que, en verdad, somos perfectos tal como somos. De que no hay nada que mejorar en la esencia. Y de que nuestra responsabilidad es obrar en consecuencia con ese giro copernicamo de perspectiva.
Todo lo que hacemos es ir experimentando dominios de conocimiento, rebasando fronteras de exploración, creando allí donde deseamos crear. Somos perfectos desde el nacimiento. Desde todos nuestros múltiples nacimientos. Poseemos un sistema inmunológico perfectamente dotado para interactuar con el entorno. Lo que lo debilita es nuestra desconexión con nuestra esencia intemporal, nuestra amnesia colectiva y consecuentemente el dolor que recíprocamente nos causamos al exigirnos metas dementes. La demencia está en los egos. Los fabricaste huyendo del dolor, y ellos, mientras les des créditos, son tus fieles esbirros, y tratarán por todos los medios de esquivar el dolor, ofreciéndote todo tipo de argumentos intelectuales con lis que ir barriendo la responsabilidad que AHORA tienes de recuperar el timón de tu nave. Ahora es el momento. Todo está conjuntado. Tu unico proposito es ser tu mismo. Respeta tus emergentes emociones y no enfermarás más, ni te privarás de quien realmente eres.