domingo, 25 de mayo de 2014

A veces, solo a veces...

Todos nos sentimos derrotad@s alguna vez, Probablemente ahora más que nunca, al comprobar que aquello a lo que llamamos 'progreso' ('evolución' para los darwinistas), se ha revelado como una publicitaria cortina de humo de la que, realmente, no hemos participado. Una cortina, por otra parte, ya conocida por las antiguas civilizaciones (māyā/hinduismo o 'velo de Isis'/Egipto) que la denominaron 'ilusión'.

Si lo piensas bien, si te vuelves cartesiano por un instante y piensas dos veces lo que ibas a decir, es decir 'reflexionas', te darás cuenta de que aquello que se siente derrotado no eres tu, sino tus pensamientos. Tuyos porque los pensabas tu, pero una posesión a fin de cuentas. Igual que cuando sientes dolor, dices 'me duele aquí o allí' estás describiendo el lugar en donde a ti te duele. Un lugar que es tuyo,...luego, no eres tu. Y todas las posesiones son tuyas hasta que decides que dejen de serlo...

Cuando hasta un simple comentario escuchado se convierte en fuente de ira y cualquier desdén sufrido en algo apabullantemente pesado, hay que reconocer que ha llegado el momento de hacer revisión de daños. Es el momento de examinar (no analizar, ojo) qué heridas abiertas olvidadas, congeladas/cristalizadas, por el desmemoriado ego reclaman de una vez por todas ser observadas, dolidas y amablemente suturadas.

Y este es el momento y el lugar. Estés donde estés, sea cual sea la edad que refleje el documento que las autoridades competentes (menuda vaguedad) hayan ideado para que tu identidad sea fehacientemente acreditada (menudo dislate, convengamos), aqui y ahora es el lugar y el tiempo de hacer balance de existencias, inventario de lo que sirve y lo que no sirve, de los lastres acumulados que precisan ser liberados. Te lo debes. Tu vales. Yo valgo. Todos valemos. Siempre hemos valido. Tan solo lo habíamos olvidado...

Cuando escuchas que no es bueno acumular rencor asientes y te vuelves inmediatamente el más enconado apóstol de la no violencia. Eso sucede, claro está, hasta que algo te saca inesperadamente de tus casillas y todo tu castillo de naipes se derrumba.

Ser honesto con uno mismo es, no resignarse, sino aceptar que la ira sigue siendo una asignatura pendiente. No con tu presente, sino con tu pasado. Y 'regresar' a él no es retroceder, sino un ejercicio de higiene emocional. Una higiene que sin duda incomoda sobremanera a quienes hacen apología del progreso, a quienes juzgan las debilidades ajenas, y viven alimentando frenéticamente la euforia del mañana, en la inconsciente esperanza de poder huir de la insoportable levedad de su hiriente presente, en la ilusión por cambiar su destino. Pero no se dan cuenta de que el mañana ya es hoy. Hoy, el mañana de ayer...y no lo están viviendo tal como se prometieron, como te prometieron, de acuerdo a sus prometidos principios. Y eso sucede porque siempre están viviendo de proyectos, proyectando ideas colosales, ideas mastodónticas, desconectadas de la realidad, planes que nunca terminan de plasmarse porque...al destino que aguan siempre se obstina en cojear. A la mesa ideal acaba siempre faltándole una pata. Una pata sin la que todas las ilusiones, legítimas sin duda, se desvanecen. Una pata que permanece oculta de los flashes, arrinconada en sótano donde habitan los atemorizantes fantasmas del pasado. Es ese recurso creativo que necesitas para que todos tus proyectos puedan plasmarse. Un recurso que, para tu sosiego, está escondido en un lugar/tiempo perfectamente accesible, sin necesidad del permiso de ninguna autoridad externa. En ese íntimo baúl de los recuerdos olvidados, habita tu niño/niña interior, el único faro con el que puedes contar y en el que estás destinado a convertirte.

"A veces, sólo a veces

hay instantes en que...

Retirarse no es rendirse,

ni discrepar es agredir.

A veces, atreverse a dudar

no es veleidad

ni variar el rumbo hipocresía

como tampoco permitir

que algo se derrumbe

implica desear destruirlo.

Hay momento en que estar a solas

no es misantropía,

ni el silencio no tener qué decir.

Quedarse quieto no es por pereza,

ni cobardía es dejar de combatir.

Sumergirse no es ahogarse,

ni retrocedes para huir.

No se desciende trastabillando,

ni el cielo ganas por bien sufrir.

Ninguna condena es eterna,

ni por perdones vas a morir.

A veces, de vez en cuando...

Hace falta soltarse,

arriar las velas, abandonarse,

dejar que la corriente te lleve,

a la espera de que el viento cambie,

cerrar los ojos y enmudecer."

sábado, 10 de mayo de 2014

Mascarada

¿Juzgarías y condenarías a alguien en el transcurso de una fiesta de máscaras simplemente porque, habiendo acudido a la misma disfrazado de cazador –y tu de Caperucita Roja–, su personaje te incomodase e incluso atemorizase hasta el punto de verlo amenazante? Y si ya lo has hecho ¿no sería más cabal detenerte a recapacitar, reflexionar (recuerda «Cogito ergo sum...») y re-conocer que esos disfraces no eran sino las vestimentas de los personaje que ambos pretendíais parodiar cuando aceptásteis libremente la invitación de acudir a la fiesta? ¿No sería más sabio recordar (re-cordare/re-ligare=religion) que tras esas máscaras se halla/se oculta (te hallas/te ocultas) alguien que se vistió de tal guisa para acudir a la fiesta de la vida porque así lo deseaba, porque esas eran las convenciones mutuamente aceptadas? ¿No pensarías que su disfraz cumple un rol tan respetable como el tuyo, ambos libremente escogidos? En la variedad está el gusto, el disfrute, no? Y si alguien se enfada en el transcurso de la fiesta porque has manchado su disfraz por un descuido tuyo, ¿no lo disculparías por la reacción desproporcionada que pudiese tener? ¿te disculparías a ti por tu torpeza? Y si te irrita alevosamente el lenguaje que un invitado utiliza (que, al igual que tu, apropiadamente decidió utilizar para representar al personaje que LIBREMENTE ha escogido), ¿acaso no considerarías disculparle por las consecuencias que su exceso de elocuencia hubiesen tenido en tu sensibilidad particular? ¿No serías indulgente con él igual que contigo mismo por haber reaccionado airadamente y no haberle 'seguido el juego'?...

La esclavitud, ahora más que nunca, está en la mente de cada uno. Igual que la belleza está en los ojos de quien mira, también el juicio respecto de lo que crees justo o injusto, válido o inválido, bueno o malo tiene raíces en el subconsciente (memoria reprimida) de cada uno, es decir, en lo que es la única verdad, el AMOR, ¿Por qué el amor, que es verdad, permanece oculto, reprimido en los bajos fondos de nuestra memoria? ¿No será acaso que no queremos recordar? ¿Y no será que no queremos recordar porque el recuerdo despierta algo de lo que huimos? ¿Y de qué huimos sino de algo que nos atemorice, nos dé miedo, nos resulte insoportable de presenciar/atravesar, SENTIR...? ¿Y qué es eso sino el DOLOR?. 

Sucede que el subconsciente de cada uno de nosotros SE PARECE MUCHO porque las vivencias de cada uno son similares. No en vano hemos convivido durante muchas vidas en un mismo teatro. Y aunque éste haya estado formado por múltiples y distantes escenarios, en apariencia (cultura/creencias, idioma, raza, sexo,...) dispares, ciertamente se parecen mucho en lo esencial, no es cierto?…
Hablamos de ser libres y ciertamente hemos alcanzado hitos en nuestra conciencia al respecto (las mujeres saben mucho de esa lucha). Pero todos sabemos que existe una Libertad con mayúsculas, una que tod@s anhelamos más allá de los derechos y conquistas sociales alcanzadas. Una Libertad que no se alcanza batalllando en el sentido acostumbrado, sino tomando PERSPECTIVA respecto de la Realidad de nuestra Esencia, más allá de las condiciones de vida. Una perspectiva que solo se vislumbra cuando se es capaz de hacerse la pregunta clave: ¿Quién soy?...

"Los importante es no dejar de hacerse preguntas"
(A. Einstein)

Eres Libre cuando SIENTES y consecuentemente SABES, que eres Hijo de una inteligencia creadora, fuente sin duda de todo lo que es. Una inteligencia que no puede tener principio ni fin, una inteligencia que SIEMPRE ha sabido, sabe y sabrá lo que es mejor para ti. Observa tu cuerpo: hay un orden orgánico, genético, innegable dentro de ti. Ni siquiera aquello a lo que tu llamas caos es independiente de ese orden. Como el efecto del batir de alas de la mariposa, nada es independiente, TODO (lo acepte o no tu ego) es INTERDEPENDIENTE. Como fue, ha sido, es y siempre será. No puede ser de otro modo...

No tienes que luchar para SER algo. Sí para PARECER algo. Ya eres perfecto tal como eres y por supuesto tal como has decidido mostrarte/enmascararte. Eres parte indisoluble de esa inteligencia creadora de la que procedes, es decir, que has participado de esa Creación por lo que eres co-creador de todo lo que te rodea y por supuesto de las circunstancias. Eso es lo que significa que eres Dios. Igual que un hijo comparte los genes de su padre y madre biológicos, también tu compartes la esencia de la inteligencia padre/madre de todo lo creado.
No eres esclavo sino de tu creencia en la esclavitud. Eres eterno. Cual turista comprometido con la preservación del entorno que visita, estás de paso por esta fabulosa experiencia en la que, tal juego de rol, tu mism@ decidiste enfrascarte. Tuya es la decisión de comprometerte a hacer de este espectáculo interactivo una experiencia amable. ¿Cómo ibas a echarte la culpa de algo que no es sino la consecuencia de tu libre decisión de experimentarte estando separado de tu naturaleza creadora?. No eres esclavo, eres LIBRE y nada, salvo tu propia convicción y testarudo apego/afección/afectividad respecto de tu reclusión, puede postergar tu despertar a la visión de lo que no tiene principio ni fin. No eres fruto de una circunstancia aleatoria. No estás aquí/ahora por azar. La cíclica fiesta de disfraces está siendo dada por concluida. El teatro precisa remodelación hasta el inicio de la próxima función.¿Oyes el aviso?

jueves, 8 de mayo de 2014

Fin del combate

Atreverse a ser valiente, sin mirar atrás...Dicen que la duda es madre de la pereza e hija del miedo. Y claro que soltar el miedo conlleva a la felicidad. La cuestión para tantos apesadumbrados dubitativos es ¿cómo dejar de mirar atrás? ¿Por qué mirar atrás a pesar de todas las voces (progresistas por supuesto) insistentes en que la vía de la felicidad está en el mañana? De hecho ¿qué es realmente mirar atrás? ¿Por qué es algo tan aborrecible para las "fuerzas progresistas"? ¿Por qué incomodan tanto esas personas, generalmente ancianas ya (a pesar de la juventud que delatan sus documentos de identidad) que permanentemente viven recordando tiempos pasados? ¿a quiénes incomodan? ¿qué se halla verdaderamente tras la etiqueta "progresista" y "conservador"? Habrá que convenir que cuando se "mira atrás" es porque quien lo hace se siente a gusto recordando y quizá se albergan esperanzas de revivir pasados laureles u oropeles ya caducos...Se espera bien que:

-algo que fue, vuelva a ser.

-algo que no llegó a ser del todo, sea.

En todo caso son personas para los que la palabra "mañana" no existe en sus diccionarios.

Por otro lado está quien vive permanentemente en el mañana, planeando, siempre vaticinando futuras conquistas (sociales por supuesto) venideras glorias, parabienes por llegar, juzgando por supuesto el presente de caduco, y huyendo del pasado como de la misma peste. Son personas que esperan que (y se esfuerzan para que) lo que lamentablemente fue y, según ellos, nunca debiera haber sido...no vuelva a suceder.

Todos, independientemente del extremo al que basculen, esperan algo: Reverdecer a toda costa viejos laureles o...que no reverdezcan.

Por supuesto que están quienes te dirán que vaya estupidez tanto una tendencia como otra. Que ni ayer ni mañana. Que la verdadera inteligencia radica en vivir el aquí y ahora. Y ahí se plantan, sin darse cuenta de que ellos también huyen de ambos extremos creyendo estar experimentando el hoy desvinculado del ayer y del mañana.

Pero, ¿y si la verdadera paz radicase en incorporar ambos extremos en lugar de huir de ellos, en integrar polaridades en lugar de combatirlas?