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viernes, 8 de octubre de 2010

Hasta qué punto el mundo necesita una lavativa

El pasado domingo 3 de octubre, una columnista británica pro abortista causó la estupefacción de los contertulios discapacitados físicos en un debate televisado en la BBC tras haberse postulado con entusiasmo a favor de provocar la muerte por asfixia en los niños con padecimientos crónicos.

La mentada Virginia Ironside, titular de una columna de opinión en el periódico británico The Independent, apareció en vivo en el programa matinal del domingo argumentando que asesinar a nonatos con severas discapacidades posiblemente deba ser catalogado como un acto de compasión.

Hasta ahí la reacción se hacía esperar –no deja de ser un comentario al que, por desgracia, estamos ya demasiado acostumbrados a escuchar de boca de ciertas personas. Pero a los pocos segundos el resto de mujeres rápidamente reaccionó con horror tras escuchar de la propia Ironside, que ella no tendría ningún tipo de problema en ir más allá de la simple apología del aborto. “Si yo fuese la madre de un niño que sufre (por supuesto no lo es) intensa y profundamente, sería la primera en ponerle un almohadón en la cara (y presionar hasta terminar con su sufrimiento),” afirmó sin rubor la columnista. “Y lo repitiría con cualquier ser sufriente", manifestó, reafirmándose sin titubear en su postura al respecto.




Habiendo dejado, con sus palabras, literalmente boquiabiertas a las contertulias y hasta a la misma moderadora, la Sra. Ironside no satisfecha con su des-almado comentario va más allá afirmando categóricamente que no concibe que ninguna madre en esa tesitura pueda plantearse una alternativa distinta a la que ella propone:
"Estoy segura que cualquier buena madre, en el caso de que nada pudiese hacerse (médicamente) al respecto, actuaría de esta manera".

Decía el famoso cómico norteamericano Bob Hope, que "la persona que no tiene un corazón caritativo padece del peor de los males cardiacos."

Es a todas luces obvio que esta mujer, en su fuero interno, considera al sufrimiento como algo inhumano y antinatural. Algo que debe ser evitado a toda costa. Lejos de pretender emitir un juicio de valor sobre las declaraciones de la columnista de The Independent, es éste un buen punto de arranque para indagar acerca de las razones por las que alguien considere válida la opción de acabar de un plumazo con la vida de alguien, simplemente porque la considerada víctima sufre de una manera intensa. Quizá el punto de partida debería ser el origen de la razón del bajo umbral de tolerancia frente al sufrimiento de quienes, como esta columnista, son utilizados como inconscientes abanderados cobayas de la ética eugenista imperante.






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