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jueves, 19 de diciembre de 2013

El Gran Despertar

El símbolo de la Navidad para todos es una estrella. Una luz en la oscuridad.
Una luz que no está fuera de ti, sino que refulge en tu cielo interno, en el de cada uno de nosotros. Cada año se presenta con el ánimo intacto de ser reconocida. Es una señal de que la hora crística ha llegado.

Cristo llega sin exigir nada. No le exige a nadie ningún tipo de sacrificio. En su presencia, la misma idea de sacrificio deja de tener sentido, puesto que Cristo es el Anfitrión de Dios. No tienes más que invitar – eso hacen los anfitriones, no?– a Aquél que ya se encuentra ahí. Ningún pensamiento ajeno a esta unión puede sobrevivir en Su Presencia. El amor tiene que ser total para que se le pueda dar la bienvenida.
Ningún temor puede asaltar al Anfitrión que le abre los brazos a Dios en la hora de Cristo, pues el Anfitrión es tan santo como la Perfecta inocencia a la que protege y que le envuelve.

Esta Navidad haz algo radicalmente revolucionario: entrégale al Espíritu Santo todo lo que te hiere. Todo aquello de lo que has tratado largamente de desembarazarte, pero que finalmente no pudiste por menos que utilizar como arma contra tu entorno. Permítete ser sanado completamente de tu propia beligerancia para que puedas unirte a Él en la curación. Celebremos juntos nuestra liberación liberando a TODO EL MUNDO junto con nosotros. Inclúyelo todo pues la liberación es total. Y cuándo la hayas aceptado junto conmigo, la darás junto conmigo. Es así de sencillo. Entrega todo lo que te pesa. Todo dolor, sacrificio o pequeñez desaparecerá de nuestra relación, que es tan pura y poderosa como la relación que tenemos con nuestro Padre. Todo el dolor que traigas ante mi presencia desaparecerá.

Una vez te has liberado del dolor, el sacrificio se torna inconcebible, ya no tiene razón de ser. Y allí donde ya no hay sacrificio, ya sabes, allí está el amor.

Tu crees que el sacrificio es amor, pero déjame decirte que el sacrificio es precisamente lo que te ha alejado del amor. Pues el sacrificio conlleva y arrastra la culpabilidad (habilidad para culpar) del mismo modo que el amor brinda paz. La culpabilidad es la condición que faculta al sacrificio, de la misma manera que la paz es la condición que te permite tomar consciencia y recordar tu eterna relación con Dios. Mediante la culpabilidad le has apartado a Él y al resto de sus hijos –tus hermanos– de ti mismo. Te has excluido de ellos. Mediante la paz los invitas de nuevo. Al darte cuenta de que ellos son parte de la fraternidad a la que perteneces, ellos acuden donde tu les pides que estén. Ese es su gran anhelo. Tan solo tienes que tomar consciencia.

Aquello que apartas de ti mismo parece temible. Temes la venganza, pues te crees culpable del dolor y miedo ajeno. No lo eres. Nadie lo es desde el momento que el miedo solo se instala allí donde se desvanece la fe, donde desfallece la paciencia y la tolerancia. Tratas de deshacerte de aquello que, disfrazado de violencia, emana miedo en los demás sin darte cuenta de que, en realidad, huyes de ti mismo. ¿Quién puede afirmar estar en paz consigo mismo y a la vez percibirse a si mismo como despreciable? Ciertamente nadie. ¿Quién puede resolver el dilema interno de escoger entre el cielo o el infierno, expulsando al cielo tras haberle dotado de los atributos del mismo infierno, sin acabar sintiéndose solo e incompleto?

Mientras percibas al cuerpo como tu única realidad no dejarás de concebirte como un ser solitario y desposeído. Y te percibirás, cómo no, como una víctima del sacrificio, al que paradójicamente veneras. Consecuentemente creerás justificable sacrificar a otros. Pues ¿quién podría en verdad rechazar al Cielo y a su Creador sin experimentar una sensación de sacrificio y de pérdida?
Sentirse privado de algo engendra ataque, pues crees que el ataque es justificable. Solo ataca quien se considera privado de amor. Mientras prefieras conservar la privación, asociarás contraataque con salvación y el amor se te aventurará sacrificado. Y así, creyendo que buscas amor, en realidad buscas sacrificio. Y por supuesto lo encuentras. Mas no encuentras amor. Es imposible negar lo que es el amor y al mismo tiempo reconocerlo. El amor reside en aquello de lo que te desprendiste. Lo que mantienes alejado encierra todo el significado del universo. Lo que prefieres conservar, aquello a lo que te aferras por mucho que te demuestre estar fundamentado en el permanente sacrificio, sin embargo, es lo que no tiene significado. Estar sin Dios es carecer de significado. Cuando las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, allí hay paz. El Príncipe de la Paz nació y se hizo hombre para re-establecer la condición del amor, enseñando que la comunicación prospera y continúa sin interrupción aunque el cuerpo sea destruido y sus funciones interrumpidas. Siempre y cuando no veas al cuerpo como el medio indispensable para la comunicación. Y si entiendes esta lección te darás cuenta de que sacrificar el cuerpo no es sacrificar nada y que la comunicación, propia de la mente, nunca puede ser sacrificada. ¿Dónde está entonces el sacrificio? Nací para enseñar la lección de que el sacrificio no está en ninguna parte y de que el amor está en todas partes, es decir en todo. Esta lección, dos mil años después, todavía está siendo aprendida y quiero enseñarla a todos mis hermanos. Donde hay acuerdo hay comunicación, y la comunicación lo abarca todo y en la paz que restablece el amor viene por su propia voluntad.
No permitas que la desesperanza opaque la alegría de la Navidad pues la hora de Cristo carece de sentido si no va acompañada de alegría. Rescata la alegría pues está en ti. Entrégame todo lo que la tapa y te ayudaré a reactivarla. Unámonos en la celebración de la paz, no exigiéndole a nadie ningún sacrificio, es decir nada que vaya contra la voluntad. Ausencia de sacrificio no significa ausencia de entusiasmo. Ofréceme en el pesebre de esta Navidad el amor que yo te ofrezco. ¿Qué podría hacernos más felices, no que lo tenemos todo, sino que no carecemos de nada? Ese es el mensaje de la hora de Cristo. Todos esperan, anhelan ese mensaje. ¿Te atreves a ser mi mensajero? Yo te lo doy para que tu lo puedas repercutir y se lo devuelvas al padre, que me lo dio a mi. Él se une a nosotros para celebrar la creación de Su Hijo.
Dios le da las gracias al santo anfitrión que desee recibirle y le permita entrar y morar allí donde Él desea estar. Al tu darle la bienvenida, él te acoge en si mismo, pues al darle la bienvenida le devuelves lo que te ha dado. Abrirle las puertas es abrir las puertas al recuerdo de la única relación que por siempre tuviste y por la eternidad querrás conservar.
Esta es la temporada en que se celebra mi nacimiento en el mundo. Mas no sabes cómo celebrarlo. Ni siquiera sabes si deseas celebrarlo. Deja que el Espíritu Santo te enseñe, y déjame celebrar ahora tu nacimiento a través de Él. El único regalo que puedes ofrecerme es el que yo te hice cuando nací. Libérame permitiendo que yo te libere. Celebremos la hora de Cristo juntos, tal como debe ser una celebración con significado. Verme a mi es verme en todo el mundo y ofrecerles a todos el regalo que me ofreces a mi. Si me ofreces sacrificio me lo exiges a mi también, y yo soy tan incapaz de aceptar sacrificios como lo es Dios. cualquier sacrificio es una limitación a la generosidad. Y esa limitación rechaza el regalo que yo te ofrezco. Nací con el solo propósito de dar el regalo de la Unidad.
En esta época pronto dará comienzo un nuevo año. Tengo absoluta confianza en que lograrás todo lo que te propongas hacer. Nada te ha de faltar. Tu voluntad será completar, no destruir. Dile a tu hermano:
"Te entrego al Espíritu Santo como parte de mi mismo. Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mi mismo. En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que mos hemos de liberar juntos."
De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad. Es mucho lo que aún nos queda por hacer, y llevamos mucho retraso. Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar – por tanto tiempo vacante– en el Gran Despertar. Haz que este año un año diferente al hacer que todo sea lo mismo, igual, uno con todos y todos con uno. Y permite que todas tus relaciones te sean santificadas. Esta es nuestra voluntad. Amén.
A Course in Miracles - un curso de Milagros.

viernes, 13 de diciembre de 2013

El poder del amor

Adivina adivinanza. No es un concepto, pero todos hablan de él. No es una cláusula pero sin él no hay contratos (reconócelo, de ningún tipo, no tan solo matrimoniales). No es una emoción pero todas las películas en cierta medida se basan en él. No es tangible pero genera frutos pues sin él nada de lo que es...sería. ¿Qué es? ¿Qué es el amor?, te dices. ¿Generosidad? ¿Altruismo? ¿Compasión? ¿Respeto? ¿Confianza? ¿paciencia? ¿tolerancia? ¿Aceptación? ¿Todo eso y más? ¿Acaso lo es todo?

Los mismos que nunca te dieron ni una sola muestra de todas esas virtudes son los mismos que te han reprochado no tenerlas, quienes te han enseñado a buscar el amor, a perseguirlo. Incluso te dijeron que tuvieras esperanza, te enseñaron a rezar por él, a esperarlo... Pero nunca llega.

Todo lo que llega, por mucho que lo disimules, es insatisfactorio, sucedáneos insustanciales, tan solo migajas de instantes de éxtasis, de euforia, que se evaporan, dejándote más abandonado que antes de probarlos. Sin embargo te han dicho que eso sucede porque no lo ves bien, que el amor está en todas partes, que no estás mirando correctamente. O bien dicen que eres un insatisfecho, que no te contentas con nada, o bien que no insistes, QUE NO TE SACRIFICAS lo suficiente por él. En realidad te reprochan ambas cosas. En definitiva, que existe un problema (al que ellos, desde su prepotente y supuesta autoridad nunca han encontrado solución) y que el problema está en ti. Mejor dicho, te han encargado que les resuelvas el dilema que sus antepasados les plantearon.
Con un discurso te disuaden de hacer la guerra, y con el opuesto te enseñan a luchar por él. En todo caso la búsqueda es infructuosa. Lo fue para ellos y lo es para ti. Ningua victoria en batalla alguna te otorga los laureles del amor. Has aprendido que las guerras solo engendran más violencia. Toda esperanza parece resultar vana. Te alientan por supuesto a que lo fabriques, a que "hagas el amor", pero tu sabes, porque lo has constatado, que todo lo que haces siempre acaba deshaciéndose. Y eso sucede porque hacer amor es hacerse ilusiones. Y las ilusiones siempre tienen sabor amargo porque satisfacen los sentidos, y los sentidos, está demostrado, son efímeros, pues no hay cielo azul para los ciegos, ni perfume de lavanda para quien tiene el olfato atrofiado...ni placer sexual para quien teme ese placer.
Y sin embargo todos, incluso tú, tenemos la certeza de que el amor existe de que está en la esencia de todo. Se nos enseña que hallar su fuente es la panacea que concede la metamórfosis alquímica que lo cambiará todo (en eso estamos de acuerdo todos: todo necesita ser cambiado YA). ¿Todo? ¿qué es todo? Buscamos el amor horadando las raíces del árbol sin verlo en sus frutos, con los que comerciamos, los prostituimos en nuestra incansable (aunque extenuante) quimera. ¿Y si el amor no se esconde tras la lucha, tras el sacrificio?. ¿Cómo ganar es perspectiva, esa visión?
Yo te digo que tu tarea no es buscar el amor sino buscar y derribar las barreras (estructuras mentales, creencias) que has construido sin darte cuenta (inconscientemente) y que literalmente impiden que el amor acuda a tu encuentro, que lo veas.
El amor es poderoso. Pero nada puede si no le abres la puerta, si no te quitas las gafas protectoras. Es respetuoso para con tu ceguera, incluso para con tu recelo hacia él. Es paciente incluso con tu indolencia. El amor no te juzga, no te recrimina que no lo veas, igual que un padre no se enfadará con su hijo porque éste no lo reconozca.
Pero ¿qué es aquello que te distancia del amor? Dicen que es el miedo a amar. Increible ¿verdad? La mayor paradoja consiste en huir de algo que se anhela. Las verdades ofenden, decimos. ¿Qué otro obstáculo mayor que el miedo podría obrar la separación del mayor anhelo, el encuentro con la verdad? Y en tal caso, ¿por qué temes al amor? ¿Dónde se fundamentaría ese miedo? Algo sin duda traumático nos debe haberte acontecido para que hayamos interpretado que el amor es peligroso y hasta doloroso, incluso letal de necesidad.
Convengamos en que el amor no lucha ni es amenazante. Aceptemos esa hipótesis por un instante (a nada te compromete...¿o sí?) entonces debemos concluir que algo suplantó al amor, algo se hizo pasar por él y te defraudó. Sucedió sorpresivamente, sin darte tiempo a defenderte en un lugar/tiempo en el que carecías de las defensas que ahora sí tienes. Sea lo que fuere aquello que suplantó al amor, provocó en ti una reacción defensiva. Aprendiste a defenderte.
Si el amor fuese un Estado, quien suplantó su representación ante ti debe sin duda haber sido un embajador plenipotenciario, alguien dotado de las credenciales suficientes para simular proceder de ese estado, alguien que a la hora de la verdad, fue un doloroso fraude, "salió rana".
Tu reacción defensiva te haya llenado de escepticismo. Negaste el amor en ti. Sin embargo una pulsión ignota te empujó a continuar. Te dijiste, "voy a buscar eso que no recuerdo que llevo dentro (amor) en otra parte (ya que aquí –mis padres– no son reflejo de lo que intuyo que poseo)." Y te lanzaste a la expedición. Lo buscaste denodadamente. Por todas partes: maridos, esposas, profesiones, aficiones,.... Pero todo lo que hallaste fueron exploradores, huídos cada uno en busca de su particular Eldorado. No hallaste sino más embajadores defraudadores. Y claro, aprendiste a defraudar. ¿Qué otra cosa podías hacer? Incluso exacerbas tu violencia para justificar que eres violento.

Pero te garantizo que el amor sigue inalterado. Muy dentro de ti crees en el amor porque está ahí. Amor eres tu mismo, el mejor de sus embajadores. Revestido a tu pesar de una pesada losa: La culpa por creerte imperfecto, inmerecedor del amor. Descuida, no tienes la culpa. Ya sé que suena obvio. Parece fácil sentenciar que no eres culpable, pero tus actos delatan que no acabas de integrar esa verdad, que no re-conoces tu inocencia. Tu reacción es perfectamente natural. Está fundamentada en una base incontestable. Tuviste miedo. Aprendiste a temer. Te enseñaron a desconfiar. Los mismos que te enseñaron a confiarte.
No tengas miedo, te dijeron. Sé valiente. Ponle buena cara al mal tiempo. Sé fuerte. Ama lo que haces (en vez de buscar lo que amas) y encontrarás la respuesta. Y acabas creyendo que no tienes miedo. Pero, como toda creencia, es mentira en el fondo. Es falso que no tengas miedo. Les mientes a atodos, pero sobretodo te mientes a ti. Y esa mentira es un traje que reviste a tu miedo, lo protege, lo esconde, y al mismo tiempo...lo refuerza. Mentir respecto de tu miedo te distancia más, si cabe, del amor.

El poder de amar está en ti, pero solo lo testimoniarás cuando tu antagonista, tu miedo, deje de esconderse detrás de tu soberbia, esa arrogante –y a la vez frágil– barrera que construiste para evitar volver a ser defraudado.

Ahora ya sabes qué se interpone entre el amor y tu. Es el miedo ancestral a sentir dolor. Y el miedo te hace sufrir. Desaprende a mentir y reconcíliate con tu miedo sin juzgarlo. El amor está a la vuelta de la esquina, en los ojos de quienes consideras una amenaza para tu integridad. Ellos esperan que tu cambies para seguir tu ejemplo. La paz global nunca ha estado tan cerca. Y eso es porque las mentiras están cayendo como moscas. Una tras otra. Y tras ellas quedan expuestos los miedos. Y los miedos, desnudos de mentira, no tienen otra salida que abrazar el amor. Está pasando. Era cuestión de tiempo.
Eres amor. En eso convenimos. Atiende entonces a tu miedo. No temas, nadie te juzgará. Solo puedes juzgarte tu mismo y a estas alturas ya has descartado seguir haciéndolo. Escucha lo que tus miedos quieren contarte y permíteles que se expresen con libertad. Desatiende tus murallas defensivas y sube a la torre a rescatar a tu aterrada princesa, tu hemisferio derecho. y cásate con ella, tu media naranja, reconciliando los dos hemisferios y rehabilitando las sinapsis interrumpidas. Esa es tu verdadera fortaleza. En ello radica tu coraje y valentía.
El tiempo se detiene cuando te ocupas de tus sentimientos heridos. No hay tiempo que perder, sino tiempo que ganar. Te lo debes.

domingo, 8 de diciembre de 2013

2+2=5


Cogito ergo sum, la máxima con la que René Descartes acuñó su ya famoso "Je pense, donc je suis" traducido como "pienso, consecuentemente existo", podría adquirir un nuevo matiz si nos atrevemos a sustituir el verbo 'pensar' por el verbo 'reflexionar'.

Continuamente escucho y leo en entrevistas o en conversaciones privadas, que hay que pensar por uno mismo. Y estoy de acuerdo en que la meta de la mente es comunicar genuinamente sin 'interferencias' externas, dejando de comulgar con aquellas quijotescas ruedas de molino. Pero ¿en qué consiste verdaderamente "pensar por un mismo"? ¿Están las interferencias donde creemos que están, o están ubicadas en alguna otra parte (y tiempo)?

Reflexionar tiene mucho que ver con aplicarse la duda como método ante toda decisión tomada otrora de modo mecanizado, y ser capaz de replantearse acerca la autoría de los propios pensamientos. Reflexionar es ejercer la suficiente autoridad como para permitir que la intuitiva -e innata- capacidad de discernimiento (nada que ver con pensar, como verás), ese poder para 'ver' la realidad tras el muchas veces sutilmente distorsionante velo del intelecto. Reflexionar es 'pensar dos veces antes de abrir la boca y permitirle a la mente que se oxigene ante cualquier intento de 'tomar una decisión'. Reflexionar es permitir que la mente opere el ecuánime escrutinio sobre la batería de pensamientos y creencias que le asaltan. Esos pensamientos atosigantes que llevan abriéndose paso en nuestra mente, la mayoría de las veces a trompicones, como la tropa invasora que se instala a golpe de decreto. Y lo hacen siempre –afirma(mos)– "para nuestro bien".

Hablamos constantemente de poner límites a las actitudes demandantes y exigentes de los demás (sobretodo de los niños), pero pocos afrontan la única responsabilidad que nos atañe, la de establecer límites a nuestros propios pensamientos.
El título un tanto irreverente de este post tiene la intención de ayudarte a exponer a la luz del discernimiento muchos de los juicios a priori a los que de modo automatizado tienes tan acostumbrada a tu mente.
Lejos de suponer un problema, 'pensar diferente' es un ejercicio de salud mental que abre las compuertas de la libertad y consecuentemente de la empatía (y de todas sus derivaciones, solidaridad, compasión, tolerancia, paciencia...) ejercitando una gimnasia conciencial muy necesaria en estos tiempos mentalmente tan delirantes.

El único –y obvio– riesgo que se corre al bajarse del tren del pensamiento único es la marginación. Pero la marginación no debe ser un inconveniente para quien se sabe y se siente en armonía con la creación, parte indivisible de ella. Digamos que ser un outsider en este mundo es el mayor piropo que a uno le pueden hacer. Pero ser un outsider ha sido una losa muy pesada de sostener. Ha exigido un sacrificio muchas veces insoportable tratar de ser uno mismo y no morir en el intento.

Si sientes que no encajas del todo (o en absoluto) en el sistema imperante en este mundo, y no habiendo optado por combatirlo (haberlo hecho te conciliaría con el mismo sistema), no acabas sin embargo de sentirte a gusto atreviéndote precisamente a pensar diferente, si temes el juicio ajeno y la marginación, entonces quizá te interese lo que viene a continuación y he considerado oportuno traducir, para ti.

¿CÓMO NEGAR TUS SENTIMIENTOS Y ATRAER UNA MUERTE MÁS TEMPRANA?

«Juro que hago todo lo posible por mantenerme al margen de comentarios estúpidos, pero cuando el encuentro con la estupidez es inevitable y sobretodo proviene de una publicación científica, siento que debo dar un paso al frente y poner algunos puntos sobre las íes.

La revista Scentific American publicó en enero de este año 2013 un artículo referente a la cólera y la ansiedad, editado por psicólogos cognitivos (conductuales) en el que no se menciona ni por asomo la naturaleza de la ansiedad ni cómo tratarla, excepto por medio de un cambio de perspectiva mental respecto de las circunstancias que la han desencadenado.

Lo que se menciona allí es que no siempre podemos evitar lo que nos frustra, así que, para salir del envite, la solución ofrecida consiste en modificar el marco de la experiencia, observándola con "otros ojos". Pero mirar la escena frustrante con unas 'gafas protectoras' a los ojos, no es otra cosa que disuadirse (una vez más) de ver la realidad tal cual es. Y eso implica inevitablemente NEGAR NUESTROS SENTIMIENTOS.

 

Como vengo esgrimiendo desde hace ya cuarenta años, nuestra corteza prefrontal, aquella parte de nuestro cerebro que es evolutivamente más reciente y que atiende a funciones cognitivas propias y exclusivas del "hombre moderno", ha venido siendo utilizada, en general, no para lo que se supone que debería haber servido (discernir y ejercitar el sentido común) sino para suprimir nuestros sentimientos. ¿Cuál debía de haber sido su función en caso de que dicha corteza nueva hubiese surgido progresivamente y no abruptamente como fue en términos evolutivos? No lo sabemos. Lo cierto es que es muy probable que cuando los expertos dicen que usamos tan solo un 10% de nuestra capacidad cerebral se estén refiriendo precisamente a este uso defectuoso de nuestro Neocortex (o deberíamos decir abuso?). Y es que ya sea por defecto o por exceso, el cerebro cognitivo, esa herramienta sorpresivamente adquirida por nuestra entonces joven mente, se convirtió a su pesar en la herramienta supresora de las funciones preexistentes (sistema límbico) en nuestros antepasados más recientes (Australopitecus Afarensis) en la garganta de Olduvai, que gestionaban hasta entonces todo lo que había que administrar: los sentimientos.

 

Está claro que ninguna censura ha eliminado nunca nada. Y las causas de la ansiedad tampoco se eliminan censurando su manifestación. La censura solo opera una desconexión, vía represión, y con ello simplemente retrasa la liberación de lo que permanece oculto y pugna por salir a la superficie. La represión ha trabajado siempre en aras del 'progreso', la excusa perfecta para evitar que los incómodos sentimientos –lo único REAL que tenemos después de TODO– interfieran en los procesos racionales. Pero la desconexión, ya digo, no se puede eternizar. El vínculo entre la ansiedad y su origen puede ser temporalmente dañado y mermado, pero nunca extinguido. Esa es la gloria de nuestra naturaleza como humanos. La censura es la causa del sufrimiento.

 

Hay una huella original evolutiva insoslayable ya por más tiempo que clama por una sanación. Una huella ocasionante de la ansiedad presente, a la que está estrechamente vinculada. Se halla más allá del desencadenante coyuntural/actual de un enfado (aunque, repito, precisa de éste para aflorar) clama por ser reconocida y sentida, como esos muertos que manifiestan sus necesidades de reconocimento. Y ese clamor percutirá indefectiblemente hasta fomentar disfunciones en nuestro comportamiento y, si llega a ser necesario, incluso lesionará nuestros órganos vitales. Todo con tal de sacarnos de nuestra amnesia respecto de nuestra desconexión. Ni siquiera la negación intelectual puede detener esto.

 

Un reciente estudio llevado a cabo por departamento de Psicología de la Universidad de Columbus, Ohio, afirmó que existe un método sencillo para minimizar el enfado y la agresividad cuando hacen acto de presencia. Todo consiste en que cuando alguien te provoque des 'un paso atrás' y simules estar viendo la escena desde una distancia, como si te desdoblases, convirtiéndote en mero observador abandonando (?) la escena y el rol de participante en la situación estresante. A continuación dicho estudio propone que el sujeto, ubicado ya digo en un lugar imaginario distante, intente comprender sus sentimientos. Los investigadores llaman a esto "autodistanciamiento":

"El secreto consiste en evitar zambullirse en la propia rabia o cólera. En lugar de eso, adoptar un punto de vista más desapegado", afirmó Dominik Mischkowski, autor del estudio y alumno graduado en Psicología en la Ohio State University. "Lo peor que se puede hacer ante una situación de ansiedad/rabia inducida es lo que la mayoría de las personas hacen: intentar enfocarse en su dolor y sus sentimentos. Si te enfocas demasiado en tus sentimientos corres el serio riesgo de que el tiro te salga por la culata: se activarán los pensamientos agresivos en tu mente lo cual aumenta las probabilidades de que tu conducta sea agresiva.” afirmó Brad Bushman, coautor del estudio y profesor de comunicación y Psicología en la misma universidad.

 

Y yo digo, pero ¿qué tiene de malo dejar que afloren emociones agresivas?

Sin duda ese enfoque se arraiga en la incapacidad por parte del terapeuta cognitivo para hacer hacer frente a una catarsis 'descontrolada' sin caer en la tentación de prevenirla con medicación o de disuadirla con argumentos psicoanalíticos ("mira el lado bueno de la vida"). La agresividad (eso que algunos llaman las emociones malas) no es otra cosa que un "estallido de incomprensión" en el que se convierten los sentimientos cuando son repetidamente desconsiderados y consecuentemente reprimidos. La censura se opera en nosotros al percibirlos como amenazantes por el sistema, convertido en represor (al que ya pertenece Brad Bushman y a cuyos dominios está invitando el mismo Bushman a su alumno estrella). Eso es lo que quería decir cuando dije que el Neocórtex ha sido usado defectuosamente. Cuando se destina a reprimir no puede contribuir ni desarrollar sus funciones potenciales que permanecen latentes hasta que su manifestación sea solicitada...

 

Como vemos, la escolástica propone que mantengas tus sentimientos a buen recaudo, a una respetable distancia de seguridad, alentando con ello a las víctimas de episodios de ansiedad a que se conviertan en poco menos que robots. ¿En nombre de qué? ¿De la ciencia?

 

No es de extrañar que la generalizada paranoia de falta de seguridad se esté adueñando de este mundo. Y nos estamos convirtiendo en aquello que tanto juramos evitar. Lo que tememos es que nuestros herederos/subordinados (hijos, parejas, súbditos, fieles...) empiecen a "mear fuera del tiesto", como vulgarmente se dice. Estos pseudodoctos afirman que no es tan dificil ni dramático acostumbrarse a lo malo. Afirman que lo amenazante es aspirar a "lo bueno por conocer", y que tal actitud es precisamente lo que te enfermará. Más vale conocido es su motto. Llevo 40 años demostrando y publicando en mis libros que lo que sucede es precísamente lo contrario. Negar los sentimientos no solo enferma sino que acorta drásticamente la esperanza de vida. Es la incoherencia entre lo que realmente sientes y las actitudes (vía pensamientos represores) que tenemos lo que nos mata.

 

Los sentimientos son la esencia de la vida. ¿Por qué esa insistencia en no expresarlos?¿Qué sentido tiene negarlos? Ninguno, salvo que la negación tenga exactamente esa función: huir de ellos, en la creencia de que, puesto que nos remiten al dolor, son ajenos a nosotros y que consecuentemente están programados para aniquilarnos. Luego tenemos que reprimirlos. Es muy difícil desapegar a alguien de una creencia falsa, de una tal ideología ficticia, sin base real, cuya afiliación está sólidamente asentada (y ésta en particular lo está MUCHO) y defendida a capa y espada por sus fieles víctimas/esbirros quienes, aferradas a sus miedos, huyen en el fondo de una situación dolorosa, acaecida en el pasado, de la que creen que no pueden des-embarazarse...

 

Cualquier aborto (interrupción) lleva implícitas unas secuelas insoslayables. Unas huellas que sin embargo no tienen por qué enfermarmos...salvo que neguemos (intelectualmente) y reconocerlas/experimentarlas (emocionalmente).

 

Los investigadores y estudiosos aplican vehementemente su intelecto hacia una meta concreta: deslegitimar los sentimientos. Y son capaces de argumentar lo indefendible debido precísamente a que ellos mismos están desconectados de sus sentimientos. Son dignos en verdad de compasión, puesto que ponen todas sus energías en erosionar su salud. Sin embargo su discurso no es inocuo. En lugar de cooperar en la sanación mental a la que se deben en virtud de su juramento hipocrático, están contribuyendo a enfermar a la población. Ahí radica el peligro de su discurso, que implica una responsabilidad sobre dichas consecuencias que tarde o temprano hay que acabar asumiendo.

 

¿Cuántas veces hemos oido, en un velatorio, a alguien decirle al pariente del fallecido que no llore? Que piense que ahora su abuela/madre/padre/hijo está bien, que ya no sufre. ¿para qué negar lo natural? Otras culturas (árabes,...) gestionan las emociones de forma más saludable, permitiéndose abiertamente la expresión de los sentimientos sin miedo a ser juzgados. Expresiones emocionales que por supuesto nos resultan embarazosas y hasta amenazantes en occidente. Y la tradición judeocristiana se ha encargado de inocular esa represión en el inconsciente colectivo. Los afroamericanos por ejemplo cantan y comen durante un entierro. Liberan expresándose. Sin embargo los herederos de la cristiandad aprendimos a compungirnos y reprimir las emociones, cualesquiera que sean. El drama de occidente es su desconexión sentimental. Nobleza, se dicen, obliga...

 

Llorar es tan esencial a la condición humana que aquellos que no pueden liberar completamente sus lágrimas están viéndose ya necesitados de acudir a terapias exclusivamente para aprender a llorar de modo que puedan obtener cierta liberación. Por supuesto que llorar no es una meta en si. Ese es sin duda el temor de quien conozca demasiado bien la naturaleza de las lágrimas de cocodrilo (lágrimas desconectadas del origen de la ansiedad que las provoca) por haberlas testimoniado, pero quien ha derramado lágrimas empáticas (con el niño eterno que porta en su interior, que a su vez es parte del niño global que simboliza a la especie humana en su conjunto) ningún temor debe albergar a quedar "atrapado" en la terapéutica fase del llanto. Ser humano es en definitiva estar conectado con la capacidad de sentir, conectado con los sentimientos...Sentir los agravios y manifestarse en consecuencia, aprendiendo a no maquillarlos con "sentido del humor" (mucho menos la venganza) nos hace más humanos. Solo quien sabe llorar con el alma es capaz de reir con sin necesidad de reirse de alguien.

 

Volver a ser humanos. Esa esa, esencialmente, nuestra misión en la Tierra. Nacer no para vencer sino para vivir. Hay un motivo para que los sentimientos existan. Y quien diga lo contrario falta a la verdad. La prueba es que, de ser prescindibles, las leyes de la evolución habrían eliminado los sentimientos.

Los sentimientos son manifiestos mecanismos de supervivencia tan importantes para la salud mental como lo es respirar, comer y beber para el cuerpo físico. Los sentimientos son ese chivato interno que nos informa íntima e intuitivamente de las intenciones de tal o cual persona por pocas que sean las referencias cognitivas de que dispongamos. Los sentimientos antecedieron a los pensamientos en el desarrollo evolutivo. ¿Qué más pruebas queremos?. Mucho antes de que aprendamos a pensar, los sentimientos ya nos informan del contexto y condiciones de vida a las que nos vamos a enfrentar. Son clave para la vida. Son la vida misma, esencialmente, éxtasis, belleza, amor.

 

Conectar con los sentimientos es la única llave para acceder a la capacidad reflexiva. Solo cuando con re-conocemos en nuestros sentimientos somos capaces de discernir lo real de lo falso. Solo cuando sentimos podemos PENSAR POR NOSOTROS MISMOS y apelar al equilibrio interno en el contexto del colectivo lodazal mental en que se ha convertido el escenario que compartimos y del que de otro modo seríamos fácil presa. Ahora y aquí, más que nunca si cabe, es imprescindible una masa crítica suficiente tenga libre acceso a su capacidad de discernimiento para operar la necesaria separación entre el grano de la paja, lo imprescindible de lo accesorio en la marea informativa con la que estamos siendo literalmente bombardeados.

 

Desconectarse de los sentimientos es, por contra, empezar a morir. Pero ¿Por qué huimos de nuestros sentimientos? ¿Por qué condenamos al ostracismo a una parte tan esencial de nuestra naturaleza? ¿Es simplemente porque habitan en un dominio no medible con los cinco sentidos físicos? Sin duda que las doctrinas (las religiosas sobretodo) y las formas de pensamiento tradicional heredadas han contribuido a marginar los sentimientos y quizá reducir su area de dominio exclusivamente a las mujeres en la convicción de que ellas los conocen son las naturales depositarias de su secreto. Pero esto ya es antiguo. Los hombres reclaman desde hace muchas décadas su admisión en el círculo de los sentimientos. Es más, no deberíamos ceñirnos al sexo físico. Los hemisferios cerebrales y no los sexos físicos de los que un ser humano está revestido coyunturalmente son las verdaderas mitades de la naranja mental, un fruto prohibido que clama por su reconocimiento e integración. Mentalmente somos más iguales, hombres y mujeres, de lo que se nos ha querido hacer comprender. Y en esta época de tantos cambios estamos convergiendo en lo esencial hasta límites insospechados por nuestros padres y abuelos.



 

 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Sobre el amor propio

Está claro que la sexualidad es el motor de los cuerpos físicos. Desde una flor hasta un dinosaurio. Sin sexo no hay reproducción y por tanto no hay vida a nivel celular. Otra cosa es que la vida solo involucre la materia física, aquella parte de nosotros a la que denominamos 'el cuerpo'. Quien pretenda discutir esto a estas alturas se verá enfrentado a un cuerpo de evidencias, incluso científicas, insoslayables.

Y sin embargo, siendo la sexualidad una parte tan inherente a nuestra naturaleza, sigue teñida de un halo de represión y vergüenza que merece un examen en profundidad. La cuestión es ¿dónde/cuándo se arraiga el tabú respecto de la sexualidad? ¿En qué etapa de su desarrollo empezó el hombre a considerar su sexualidad como algo sucio, algo de lo que debiera avergonzarse? ¿Qué fatalidad o trauma debió producirse para que lo natural pasara a formar parte de lo reprimido? Es obvio que al tratarse de un tabú colectivo, debemos apelar a un origen común a todos los seres humanos. Entonces, ¿qué trauma evolutivo acaeció como para que este método de interacción que involucra los mismos procesos reproductivos de la esoecie haya merecido ser escudriñado y enjuiciado ya sea desde la perspectiva inicial del puritanismo de los inicios de la era moderna (curiosamente coincidiendo con el advenimiento del cristianismo como doctrina generalizada en occidente) hasta las extravagantes apologías mediatizadas de que viene siendo objeto en los últimos 25 años? Cuando la carga de represión sexual se sacude com una salamandra de un extremo a otro tratando de sacudirse las doctrinas que desde ambos extremos del abanico conductual la maniatan, es momento de acudir al rescate del único instrumento que puede ofrecernos una clave coherente: la mente inconsciente.

 

 

Poca duda cabe hoy respecto de que la represión está íntimamente ligada a la intelectualidad, pues solo el hombre "moderno" y civilizado es capaz de reprimir y censurar sus instintos naturales. Solo la capacidad cognitiva ejerce de barrera activa para evitar que se manifieste natural-mente lo que no pertenece al dominio del raciocinio.
Quizá debamos remitirnos al mismo momento en que nuestros ancestros se vieron en la tesitura de recurrir a una hoja de parra para tapar sus vergüenzas, otrora consideradas naturales. Un instante evolutivo qu sin duda debe haber estado envuelto de drama y trauma.

 

Hoy sabemos que la aparición en la escena evolutiva del Homo Sapiens Sapiens supuso el pistoletazo de salida para la carrera competitiva que hemos testimoniado desde la segunda revolución industrial y que actualmente está mostrando su faceta más desalmada. El vertiginoso cambio "adámico" que supuso nuestro advenimiento como especie –y para cuyo salto evolutivo aún no se ha hallado el ansiado eslabón intermedio (para lamento de los darwinistas no lo hay)–, involucró, hoy lo sabemos, un aumento volumétrico de nuestra capacidad craneal desconocido hasta entonces en la Tierra. Hasta que esa 'intervención' se produjo disponíamos de un cerebro provisto de dos partes o peldaños: el cerebro reptiliano, cuyo estadio evolutivo nos emparenta insoslayablemente con las salamandras y los tiburones, y el cerebro límbico, vinculado a la empatía y los sentimientos por los seres de la propia especie y la descendencia más allá del instinto de perpetuación, propio de los mamíferos más evolucionados y de los primeros homínidos. Pero solo desde hace poco menos de medio millón de años disponemos también de corteza prefrontal, también llamada Neocórtex. 4500 millones de años nos separan de la creación de nuestro planeta y hace tan solo medio millón de ellos que tenemos la capacidad de pensar, la capacidad "heredada" (no desarrollada) de articular y codificar un tipo de lenguaje, oral y escrito. Nuestra gloria y...desgracia.

¿Es el Hombre de Cro Magnon el cénit evolutivo al que estamos 'destinados' a alcanzar como especie, o nos hallamos ahora acaso en el umbral de un nuevo salto evolutivo?

 

A tenor de los conflictos que la sociedad de progreso ha testimoniado pararelamente a su desarrollo tecnológico, muchos se han preguntado si dicha 'ampliación de memoria' no fue acaso demasiado precipitada para el ritmo evolutivo que llevábamos, incompatible con la naturaleza más primitiva de nuestros ancestros, para una naturaleza instintiva cuya memoria anfibia sin duda permanece latente, pugnando por acomodarse, mal que bien, en una mente inesperadamente racional, impregnada de creencias. Un cerebro primitivo traumatizado por la injerencia sorpresiva y autoritaria del intelecto, que, reprimido por la cognición imperante, se refugió en el único lugar donde podía guarecerse y permanecer a salvo: el doble fondo de nuestra mente, el inconsciente...

Precipitada o no, lo cierto es que esa 'ampliación de memoria' tuvo efectivamente lugar y eso lejos de considerarse algo lamentable, podría ser observado a la luz con la que se observan los regalos.

 

¿Una teoría tirada de los cabellos? Todo esto fue extensamente ilustrado en la iconografía renacentista. No podemos esconder por más tiempo bajo el ala la verdad de los mensajes que llevan tanto tiempo reclamando un púlpito para manifestarse...


"Expulsión del Edén", de Miguel Ángel. Capilla Sixtina












Me voy a permitir apelar a la tradición judeocristiana sobre la que se fundamenta toda la sociedad occidental, pues si deseamos llegar al origen de cualquier conflicto sería ingenuo pasar por encima de un legado tan apabullante. Los registros bíblicos mencionan diferentes hitos de los que, por qué no, podríamos extraer las convenientes pistas para resolver el enigma planteado. Dicho esto, ¿acaso haber sido expulsados del Jardín del Edén (E·Din) por haber osado morder la fruta prohibida (¿el sexo, y consecuentemente nuestra capacidad reproductiva?), prerrogativa exclusiva de aquél Jehová que se hizo pasar por Dios hace 60.000 años, fue lo que inoculó en nuestras mentes la idea de culpabilidad? Estará ahí arraigado el llamado 'pecado original' en el que las jerarquías religiosas occidentales tratan de poner tanto énfasis y con el que mantener maniatado el libre albedrío que todo ser humano detenta? Es posible que estemos ante el cóctel perfecto para nuestra neurosis histórica. ¿La solución?

 

 

EL AMOR COMO SOLUCIÓN FINAL


Hace tiempo ya que afirmé que amarse a uno mismo es un oxímoron, es decir una entelequia autocontradictoria si se desconoce el significado del amor. O mejor dicho, si se pretende que el amor tenga un significado considerado inalcanzable.

¿Qué quiere decir amarse a uno mismo? No lo sabemos con certeza. Es una afirmación vaga, habitualmente difusa, esgrimida por los adeptos del NEW AGE, quienes queriendo poner a toda costa buena cara al mal tiempo (dolor), se aferran a una letanía, verídica sin duda, que rememora en la distancia un sentimiento, la certidumbre de saberse válido 'a pesar de todo'. Es un recuerdo de un mundo pacífico, un lugar y un tiempo donde uno siempre ha encajado, donde –y cuando– el esfuerzo por ser uno mismo no es concebible, donde vivir no supone sacrificio. La infancia de la humanidad concebida como el útero al que todos deseamos regresar para evitar haber nacido. Pero eso no es posible porque ninguna herida puede ser revertida (sí reprimida).

Si somos honestos reconoceremos que quererse a uno mismo nada tiene que ver con la capacidad de sentir amor en el presente (aquí/ahora). Y eso se debe a que una vez que has experimentado el desamor en la infancia (y si no tienes esa certeza este artículo no es para ti y más te vale que no sigas leyendo) ese sentimiento queda grabado a fuego. Aunque no lo desees, aunque no lo sepas, aunque abanderes el más fanático movimiento en favor de la paz (o contra la guerra, para el caso es lo mismo), llevas sintiéndote abandonado, des-amado. Arrastras un sentimiento vago de abandono, de desamor. Un recuerdo que trasciende tu presente existencia. Y ese sentimiento tan difícilmente ubicable y manifestable tiene sin embargo un poder devastador sobre tu cotidianeidad. Buscarás denodadamente saciar ese vacío de amor del que te sientes merecedor, como la pieza de un puzzle inconcluso que anda buscando donde encajar, dónde sentirse parte de un todo indisoluble, una suerte de simbiosis similar a la que experimentan mamá y bebé. O al menos la que deberían experimentar, si no fuera por el impacto de todos aquellos factores no genéticos que, desde el inevitable entorno, intervienen en el desarrollo de todo organismo.

O caes en la depresión, quedando a merced del sistema parasimpático, el que rige la decisión de desistir en el empeño de reencontrar ese amor, entendido como tu legítimo lugar en el mundo, o bien es el sistema nervioso simpático el que te atrapa, ese que atiende a razones de lucha, de combate. En el primer caso tendrás propensión a la hipotensión con las lipotimias acostumbradas de las que solo despertarás con un sobre de sal o a base de cafés por las mañanas, pues te costará levantarte por las mañanas y los dulces serán sin duda tu perdición. En el segundo el médico te quitará precisamente el café y la sal y difícilmente consigas conciliar más de 4 horas seguidas de sueño. ¿No es hora ya de echar un vistazo serio a esa reveladora dicotomía y diseccionarla?

Reconocerse descendiente de Adán, y aceptar sentirse profundamente des-amado no es un suicidio sino la pura realidad. El trauma del abandono paterno y la expulsión del Edén que a TODOS, independientemente de nuestro credo religioso presente, nos aconteció, dejó huellas que HOY y AQUÍ nos atenazan todavía. Cuslquier otra distinción va encaminada a distraer y edulcorar la atención de lo esencial.



Entre la comunidad New Age ha estado de moda apelar al amor propio, ámate a ti mismo, pero ¿cómo conseguirlo y no engañarse creyendo que estás en el camino?

Es bueno cuidarse a uno mismo. Detener actitudes autodestructivas perjudica. Pero abrazarse a uno mismo y darse palmaditas de autosuficiencia en la espalda es el recurso más evidente de la amnesia, el reverso de la misma moneda, es decir defender la pulsión de la mente inconsciente, destinada a edulcorarte la realidad de la frustración profunda.

El termino 'trauma' proviene del griego y significa herida. Y todo trauma tiene una base psíquica arraigada en la herida más grande que un ser vivo pueda padecer y soportar: la ausencia de amor.

Mientras que los instrumentos a través de los que se manifiesta (tabaco, alcohol, cocaína...) varían, la adicción (pulsión por obtener satisfacción) permanece.
Los terapeutas cognitivos saben de consciencia pero estan desnudos ante el vasto volúmen de información que esconde la parte sumergida del iceberg: la mente inconsciente. Por eso sus pacientes nunca mejoran. Simplemente se vuelven dependientes de la atención que reciben de sus terapeutas. En 70 años casi nada ha cambiado al respecto.

Ayuda sin duda descubrir que arrastramos por ejemplo una tendencia a apegarnos (enamorarte, idealizar, ...) a personas frías, calculadoras e incapaces de expresar sentimientos. Pero ignoramos que esa faceta que exhiben, y de la que te enamoras, es solo un caparazón que oculta aquello mismo de lo que tu huyes. Por eso se frustran muchas relaciones de pareja. Acaban descubriendo en, en los sótanos mentales de sus parejas, lo mismo de lo que huían. Saber que algo traumático sucedió ayuda, pero cualquier terapia cognitiva enfocada exclusivamente en un aquí/ahora desconectado del contexto más amplio, abstraído de la experiencia vital global –de la relatividad de un tiempo (4ª dimensión) que se estira como una goma de mascar habilitándonos el acceso a eventos irresueltos anclados en el tiempo–puede que nos ayude a comprender que hay personas o situaciones tóxicas que nos conviene evitar, pero esa terapia no puede ni rozar la pulsión inconsciente por magnetizar esas personas o situaciones tóxicas, la fuerza que te empuja a lanzarte a comer dulces cuando, habiendo hecho obedientemente caso a tu médico, has conseguido dejar de fumar.


Es la diferencia entre ayudar y curar. Si quieres ayudar a que alguien se evada de su crisis de pareja no necesitas indagar el porqué de tal crisis. Simplemente le lanzas un anzuelo disuasorio ("míralo así: te va muy bien en el trabajo. Ya encontrarás otra pareja"). Pero el inconsciente, lo sabes bien a estas alturas, nunca va a cesar en el empeño de dirigir tus pasos, pues es una fuerza oculta de la que no eres consciente...hasta que lo eres.

 

Sanarse implica una responsabilidad a la que no estás acostumbrado. De hecho rehuyes esa palabra porque la confundes con la culpabilidad. Te dices, "si soy responsable, soy culpable". Solución: "que nadie me endose la responsabilidad". Tu miedo inconsciente (no reconocido) al juicio externo ("parirás con dolor". "Ganarás tu pan con el sudor de tu frente") que tus genes arrastran (nada se crea ni se destruye, recuerda) te obstaculiza la comprensión de que responsabilidad solo significa eso, tener la habilidad innata de responder.


El inconsciente responde a una función: preservar la supervivencia. Pero eso es la cara de una moneda. El precio a pagar por sobrevivir es la represión. Y la represión es lo que mata inoculando en el cuerpo (somatizando) las verdades que se ocultan en el inconsciente. Y la verdad siempre duele afirma el refrán. La represión protege (da sensación de seguridad) pero acaba matando. Crea y destruye. Y hay un tiempo para todo. La represión tiene sin duda una faceta lúdico-optimista. Ser optimista implica desconocer, permanecer inconsciente de la situación real. Y el optimismo mata en tanto que se ocupa en negar el dolor, lo anestesia con estrategias disuasorias como el sentido del humor (nada que ver con e humor en si, que consiste en la capacidad estructurante de reirse de los delirios del ego) manteniendo vivo el sufrimiento (la negación del dolor).


El inconsciente utiliza la neurosis como recurso lanzándonos a una carrera despiadada en pos de situaciones inicialmente placenteras que acaban revelándose conflictivas. Y lo hace para sacar a la superficie lo que ha permanecido oculto, para que lo resolvamos. Buscamos situaciones (relaciones) extremas cuando nuestra supervivencia estuvo envuelta de lucha. Buscamos un marido frío cuando tuvimos un padre frío y distante. Nos atrae lo conocido. Pero lo conocido oculta lo opuesto. No hay nada más frágil que un hombre distante, pues su frialdad es la prueba de una lucha interna por reprimir su fragilidad. Atraemos combate porque 'creemos' en la lucha como modo de resolver nuestro conflicto interno.


¿Por qué no vamos directamente en búsqueda del amor (personas amables, tolerantes, tiernas y generosas)? Porque el amor está envuelto de amenaza, pues las personas de las que más esperábamos amor (nuestros progenitores) fueron los que más nos decepcionaron. Esa es la amarga realidad ( o por lo menos una parte de ella). Y esa decepción (trauma) es mortal de necesidad a menos que...a menos que la olvidemos, en un baúl cerrado y tiremos la llave al fondo de un frío lago. Hecho esto, desde entonces sobreviviremos persiguiendo quimeras placenteras auque dentro de nuestra mente albergaremos la firme e nquebrantable creencia de que no merecemos el amor. Simplemente porque no lo recibimos cuando más lo necesitábamos. De ahí la adicción a las situaciones beligerantes, a los "amores conflictivos".


La solución que propongo: acompañarte a buscar la llave en el fondo de ese lago y monitorear la apertura del baúl donde se esconde el amenazante dolor. Esa es la clave para la sanación.


Arthur Janov, PhD

traducción: Lars Quetglas

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Depresión y TDA (I)

Los Centros de Prevención y Control de enfermedades han informado recientemente de un alarmante incremento del número de suicidios entre personas de mediana edad en los EEUU., especialmente hombres en la franja de 50 años que vieron incrementada en un 50% la tendencia entre 1999 y 2010 (MMWR, 2013). En total el suicidio ha sobrepasado a a los accidentes de tránsito como causa de muerte en los EEUU. En los países desarrollados, ahora mismo iguala los porcentajes de cáncer e infartos en la franja de edad 15-50. En el mundo entero el suicidio se está cobrando más vidas que las guerras, asesinatos y desastres naturales conjuntamente (Newsweek, 'La epidemia suicida', 2013). Y todavíaa los profesionales de la salud mental luchan por explicar las causas. En un artículo del NYT, expertos citaron múltiples factores, incluyendo la crisis económica, el incrementado acceso a drogas otrora ilegales. La causa real, no obstante, se les escapa porque estsá oculta en el pasado remoto de las víctimas.

La depresión ha sido considerada, incluso en círculos profesionales del academicismo psicológico, como una patología inclasificable, la más enigmática de las enfermedades mentales catalogadas. Hoy en día el tratamiento administrado más habitualmente a un deprimido es también el más sencillo y que requiere de menos esfuerzos: antidepresivos. Pero cuando ni las drogas sintéticas surten efecto ya, algunos psiquiatras están recurriendo a una antigua solución extraída de las mismas películas de terror: terapia de electroshock. Un tratamiento que está testimoniando un revival de su antaña aceptación en la comunidad terapéutica, aunque bajo un diferente apelativo: Terapia Electroconvulsiva (ECT), un procedimiento que administran algunas clínicas privadas amparadas bajo su prestigio. Nada nuevo bajo el sol en ese aspecto. Una técnica considerada eficaz y moderna que pretende reconectar circuitos neuronales interrumpidos o perturbados de modo rápido y aséptico similar a la intervención endoscópica. Mismo perro, distinto collar, como se suele decir.
Paralela y afortunadamente se atisban aires de cambio, y algunos líderes en el campo de la investigación reconocen que la Psicología en tanto que profesión médica, precisa de una revisión radical de sus postulados, un lavado integral. A este respecto, la División de Psicología Clínica de la Asociación Británica de Psicología (The British Psychological Association) declaró en un reciente simposio que seguir considerando que las enfermedades mentales tienen una causa estrictamente biológica era contraproducente. Que no existe evidencia científica en absoluto de que los actuales diagnósticos psiquiátricos tales como la esquizofrenia y el desorden bipolar sean válidos o ni siquiera útiles. "Muy al contrario, –declaró su portavoz– existe un aplastante volumen de evidencias que apuntan a que las patologías mentales están fundamentadas en una compleja mezcla de circunstancias psicológicas y sociológicas íntimamente intrincadas que impactaron en el paciente de modo traumático en un momento presuntamente muy inicial de su existencia. Para resumir: Abandono, pobreza, discriminación y abuso. Todo ello sazonado con la imposibilidad de asimilar el natural duelo que todo trauma requiere para su adecuada integración", afirmó la Dra. Lucy Johnstone, una psicóloga clínica que redactó el borrador de esta provocativa declaración. (Jamie Doward, The Observer, 12 de mayo de 2013).

Lo que yo vengo proponiendo es un cambio total de perspectiva no solo respecto del diagnóstico de estas aflicciones sino un cambio radical en su tratamiento. Necesitamos urgentemente reidear el marco de nuestro pensamiento al respecto y reconocer que la incógnita a desvelar en la ecuación es el "por qué". Sistemáticamente hemos escabullido el 'quid' de la cuestión fundamental ¿POR QUÉ se deprimen las personas? Es decir, ¿dónde y cuándo se origina la depresión?

Desde que publiqué por primera vez (1970) mi libro "El Grito Primal: la cura para la neurosis", su subtítulo fue sorprendentemente duramente criticado. Atreverme a utilizar el término 'cura' me valió muchos improperios de parte de colegas de la profesión, puesto que hasta la fecha NADIE había osado introducir esa palabra en la terminología psicológica. La Psicología hasta entonces nadaba en un mar de autosuficiencia intelectual que abastecía a los doctos de postulados distantemente protegidos del desinformado escrutinio público. Y es que hasta entonces se hacían terapias que no solo no podían curar, sino que para ser honestos ni siquiera se concebían para curar. Y cuando aparecí yo afirmando haber dado con la solución al dilema, se lanzaron contra mi yugular.
Sanación solo es un término ridículo y hasta ignominioso para quién nunca ha considerado que la sanación de un oaciente sea la meta en el terreno de las patologías mentales. En el nombre no solo de la Ciencia sino de la fraternidad no podemos seguir eludiendo ya la cura como meta, por esotérico o inabarcable que ese término nos suene. Apuntar a la utopía es la única vía para acabar encontrando solución a cualquier entelequia [recordemos que vulgarmente hemos otorgado a este término el significado de "inalcanzable" o sin sentido, pero etimilógicamente proviene del griego ἐντελέχεια (entelejeia), combinación de enteles (‘completo’), telos (‘fin’, ‘propósito’) y echein (‘tener’). La palabra fue creada por el mismo Aristóteles, siendo posible traducirla como ‘tener un fin en si mismo’].

Si no apuntamos a la verdadera meta inmanente en nuestra profesión seguiríamos faltando a la parte más fundamental del juramento hipocrático al que nos debemos. Me atrevo a decir que la sanación es un estado que debe ser buscado, tanto por el terapeuta como obviamente por el mismo paciente, intrépidamente, con coraje y resolución, por mucho que el pensamiento colectivo desestime tal tarea. Se lo debemos a nuestros semejantes, esos millones de seres humanos que sufren de depresión sumidos en la desesperanza de hallar una salida a la sombría oscuridad en la que se refugian...y todo refugio implica en alguna medida una abstracción del consenso.
Pongamos que alguien no puede conciliar el sueño. Yo propongo que como profesionales apuntemos a atender al mismo periodo de gestación de dicho paciente y percatarnos de que allí se halla la clave del estrés presente del insomne, el mismo estrés que su madre gestante acarreó. Si tenemos dificultades para dormir ahora, es muy probable que nuestra madre padeciese de estrés durante el embarazo. Sea porque vivió en condiciones estresantes (guerra, de crisis económica, abandono de su pareja) o porque tomó demasiados estimulantes sintéticos (café, coca cola, anfetaminas, cocaína...) con los que disimular su tendencia depresiva, con los que 'olvidar' un trauma inasumible por SU consciencia. El resultado es el mismo. (¿A quién interesa en las altas esferas que el tráfico de estupefacientes mantenga su fluidez? Ese es un tema por supuesto de otro debate, pero intuimos que involucra a estamentos e instituciones de los que uno jamás hubiera sospechado...)
El organismo reacciona, indudablemente pues, frente al estrés. Y durante la gestación una madre, estresada debido a factores externos agresivos paradigmáticos, acaba ineludiblemente sembrando –por supuesto sin una intención consciente– tendencias depresivas en su feto. ¿Cómo? El feto reacciona frente a la sobreexcitación que involuntariamente la madre le está inoculando tratando por todos los medios de bloquear la funcionalidad de los suficientes puentes que protejan su poderoso, pero ciertamente vulnerable "Palacio de amor", reconvirtiéndolo en amurallado bastión. Y todo ya digo como consecuencia del inasumible estrés al que está siendo sometido. Poco a poco la mente, decantada hacia el hemisferio derecho se irá encerrando en su torre, a la espera del regreso del príncipe rescatador (un mito codificado en los cuentos infantiles de príncipes y princesas) que le ofrezca la necesaria contención para permitirse expresar los sentimientos contenidos que, en tal que no-nato, obviamente no puede expresar. Toda Princesa (hemisferio derecho), independientemente del sexo físico de que esté revestida anhela el equilibrio con su otra mitad, su "media naranja", es decir el hemisferio izquierdo errante y batallador, huido en combate en busca del dragón (circunstancias del entorno amenazante). Esta opción es también conocida como la solución escapista (imitativa) a la que atiende la testosterona ante el mismo impacto, devastador para ambos hemisferios en su germinal estadio evolutivo.
Las tendencias depresivas que se desprenden de tal epopeya, gestada in utero, pueden tener –y de hecho tendrán– en ambos casos repercusiones imperecederas, duraderas de por vida, si no son afrontadas y SANADAS. Esto es un hecho.
En un estudio de la Universidad de Tillburg (Hollanda) no publicado realizado sobre 40 niños de ocho años de edad a quienes se había administrado cortisol, o medicación similar, durante su gestación en el útero materno, reveló que se desenvolvían más dificultosamente de lo normal en índices clave de comportamiento social. Su Coeficiente de inteligencia era inferior e igualmente lo era su nivel de concentración y atención.
Cuando observamos a niños diagnosticados con Trastorno de Déficit de Atención (TDA) debemos prestar atención a este estudio. El déficit de atención es sobretodo, una distracción de los procesos cerebrales originado en impactos muy fuertes a edades muy tempranas procedentes de actitudes autolesivas de una madre sobreexcitada, una mujer que haya optado por la vía hipertensiva de supervivencia ante eventos inasumibles por su consciencia. Algo ciertamente lamentable. Sin embargo algo más lamentable sucede: esa hipertensión se repercute en el feto que recibe igualmente un impacto de sobreexcitación (anfetaminas, colas, cocaína, LSD) por vía sanguínea. hipertensión que va a sobreestimular al nuevo ser que se desarrolla en su vientre. La hiperactivación se registrará en el cerebro del feto.
¿Qué sucede? Al nacer no podrá enfocarse fácilmente en una cosa ya que hay demasiado "tráfico" en su cerebro. Esas tempranas experiencias tendrán, repito, una consecuencia de por vida. Un sello que nunca permanece inerte. No es inocuo. Se activa y reactiva detonado desde la mente inconsciente, incapacitándonos para relajarnos. Estos 40 niños fueron "programados" en la matriz materna para liberar más hormonas de estrés a lo largo de sus vidas. El estrés (del inglés stress, ‘tensión’) ya lo sabemos, es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.
Dicho estudio también reveló que el estrés materno sufrido entre la 12ª y 22ª semanas de gestación afectaba de modo clave a las funciones emocionales y cognitivas durante los 20 años siguientes de vida del neonato. Así que, en conclusión, la vida uterina es crítica para el resto de la vida y es la clave de tras la que se halla cualquier tendencia depresiva posterior. El estudio continua afirmando que "incrementados niveles de hormonas anti estrés en el útero materno juegan un papel mucho mayor del imaginado hasta ahora en el desarrollo de la patología mental."
El daño, que puede ser permanente, salvo que el futuro adulto decida reconocer su estado alterado (un peldaño de mérito sin duda), se revestirá en modo de alta presión sanguínea, tendencia a alteraciones cardíacas y, en mi opinión, al mismo Alzheimer.
Arthur Janov (blog)
Traducción: Lars Quetglas

¿Qué es un enfermo mental? Reconozcámoslo, ¿acaso no lo somos todos un poco? Nadie "se salva" de este calificativo en mayor o menor medida, salvo cuando se sana. No hay salvación sin sanación. Pero ¿salvación de qué? ¿Es posible un mundo con una mente colectiva equilibrada? Muchos se preguntarán si el equilibrio es algo deseable. En vista del gusto a los altibajos y al frenesí a los que muchos se han aficionado, podríamos afirmar que no todos desean ser salvos. La paz tan anhelada por unos, puede llegar a ser una amenaza para quien se mueve a gusto entre aguas turbulentas. A fin de cuentas este mundo da la impresión de caminar hacia un precipicio, un caos global. Pero créanme si les digo que esta percepción solo es válida para quienes permanecen escépticos ante la sanación como meta factible, para quienes no anhelan el sabor de las mieles de la Libertad. No importa. Estamos de camino hacia ello. Todos juntos. Todos los caminos, por tortuosos que parezcan, conducen indefectiblemente hacia una meta. Cualquier nudo tiene codificada la solución a su desenredo.

 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Reaglutinamiento

Esto es fácil decirlo y a la vez supone un gran esfuerzo.

Todos nos amamos. Simplemente estamos confundidos.
La verdad, hay que decirlo, es que somos amor. Y el amor es intemporal. Luego somos eternos. No es otra nuestra naturaleza. Ese es nuestro origen. Somos desinteresados. Basta recordar cómo éramos de niños–descartando todos los calificativos con los que nos etiquetaron. Simplemente lo hemos olvidado. La afición al sacrificio como una fatalidad inevitable y el miedo a SENTIR dolor nos ha forzado a estar huyendo, siempre evitando situaciones que creíamos serían insuperables.

Cuando uno se acostumbra a una deriva, por delirante que fuese en su inicio, siempre se acaba cayendo en una adicción a ella, hasta el punto de defender esa adicción a capa y espada, aún a sabiendas de que esa batalla defensiva-agresiva, nos erosiona (alimenta/aumenta la confusión). Paradójicamente huir de algo te pone en la senda de una espiral, ascendente siempre, que acaba conduciéndote al meollo de la fatalidad de la que huyes.  Huir de cualquier cosa conduce a ello mismo. Ese meollo es la crisis que estamos presenciando, cual desagüe de una bañera repleta de agua sucia que se fue enturbiando en el transcurso de siglos e incluso milenios. Una bañera que precisa ser desaguada para poder volver a ser llenada de agua limpia y transparente, que permita que luz la atraviese. La cuestión es que no somos los patitos que han flotado en el agua. Somos las moléculas del agua misma. La clave para iluminar la cueva de oscuridad en la que estamos escondidos es convertirse en linterna, en haz de luz. En amar la trama más que el desenlace.

El delirio que presenciamos en estos tiempos solo se comprende (y asimila) si aceptamos que hemos olvidado quienes somos, de dónde/cuándo procedemos, cuál es nuestra naturaleza. Y olvidar algo que se sabe solo es posible si aceptamos la idea de que voluntariamente decidimos aceptar ser anestesiados...
La amnesia ha sido el brebaje ineludible de una excursión programada desde instancias (dimensiones=tiempo/espacio) en las que la fuerza del amor no es algo cuestionable, igual que nadie cuestiona la energía que emana del Sol. Dimensiones a las que pertenecemos

Decidimos voluntariamente olvidar (dormirnos) que todos procedemos de una misma Fuente para así poder experimentar lo que es estar separados, dispersados (DIASporados) como los granos de un terrón de azúcar, que se separaron cuando éste, habiendo impactado brutalmente sobre una mesa, se 'des-integró' como tal.
Ahora estamos presenciando el reaglutinamiento del terrón. Una SISTOLE cósmica que lleva produciéndose desde prácticamente el inicio de la sociedad industrial y que ha alacanzado ya su cénit, circunstancia necesaria para dar por concluida la delirante huida de la Fuente.

Como granos de azúcar que, vencidos ante la soledad de la dispersión, decidieron liderar el reaglutinamiento organizando a los granos dispersos en comunidades, culturas y religiones aquellos que dirigen y lideran se aficionaron generacion tras generacion a su querencia por reorganizar el aglutinamiento, controlando el modo en que el resto de granos debían reagruparse.  Ejercer el poder absoluto desde la soledad de la cúspide de la pirámide conduce a la tiranía y contradice su misión inicial codificada en clave de amor. La tarea de liderar el reaglutinamiento paradójicamente confundió sus consciencias. De hecho, esos espabillati  están haciendo todo lo humanamente posible para que los granos que están regresando, se atasquen por el camino de vuelta a casa...

Muchos granos creerán que la alternativa a dicha obstaculización es presentar batalla. De hecho tal será la estrategia de los controladores. Antes que permitir que el rebaño abandone el redil desplegarán la estrategia final: denostar al propio sistema y presentarlo como apuntalado y vulnerable sugiriendo a los corderos la posibilidad de contribuir a derribarlo y crear de los escombros otro más justo. Pero recordar que el mismo pastoreo es una actividad reciente en nuestra existencia y que los pastores, fueron 'concebidos' para despertar en la consciencia de la especie humana la idea de la unificación, del origen UNO. Esa es la clave para salir de la espiral de delirio mental y aterrizar en tierra firme.

Aceptar y perdonar es fácil cuando la consciencia de estar de regreso a la fuente de la que se procede está creciendo. Aceptación es traducido como resignación cuando la mente se ha aficionado a presentar batalla, cuando la supervivencia persiste en constituir el leit motiv de la existencia. No hay barreras ni obstáculos insalvables cuando la convicción de que todo es posible se instala. Y dicha convicción se alimenta día a día, creyendo en la realidad, inicialmente invisible a los ojos físicos, pero palpable para todo el que se reconecte con la fascinación por la novedad, por la gloria de la misma creación y el sentimiento de pertenencia inalienable a dicha creación. Una fascinación que solo testimoniamos en los niños y en los adultos que no se han desprendido del niño interior, que no lo han abandonado, entregado en depósito a cambio de un puesto de renombre, a cambio de aceptación externa. Y todo lo creado tiene un creador/creadora. Saberse creado y no necesitar cuestionar esa patente realidad coloca a uno en el trampolín de la misma creatividad. Y cuando la creatividad se enciende, ya no se puede detener el tren del despertar.
Es tiempo de regresar a la consigna y recuperar el niño y la niña que fuimos. Darle la mano y permitir que nos guíe en la nueva odisea.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El instante santo


Lo que voy a decir es una opinión muy personal y confío en que quien no la comparta simplemente dedicará su precioso tiempo a menesteres más fructíferos que el de rebatir mi discurso.
En estos tiempos de confusión y escándalos públicos generalizados estamos presenciando la revelación de un complot oscuro (todos los complots lo son) encaminado a asentar y fijar entre los hombres una ola de repulsa hacia el mismo género humano.
Muchos titulares en los medios de comunicación de masas obtienen, ahora que están tan de moda comentar las noticias públicamente, una avalancha de comentarios que reflejan una especie de misantropía congénita. Hacia eso acaban encaminándose indefectiblemente los comentarios no importa cuál sea la naturaleza de la noticia. Gente declarando, tarde o temprano y abiertamente, su convicción acerca de que los humanos somos algo así como un error de la naturaleza, que somos crueles y malvados y que mejor le iría en definitiva al planeta si desapareciéramos de su faz. 
Y aunque muchos de estos comentarios, los más elaborados y acérrimos, procedan de personal a sueldo del medio informativo en cuestión y obedezcan, por tanto, a los dictados de una agenda concreta (una estrategia para pescar más que nunca en rio revuelto), la mayoría de ellos procede de una inmensa masa que ya ha visto 'lavado su cerebro' por el éxito de dicha agenda. Un cerebro lobotomizado a base de culpabilidad.

Solo puede autoagredirse alguien –y llegar al extremo de denigrar a su propia especie– en el caso de que se considere sucio por defecto, un error, un producto trompicado del azar, portador de un 'pecado original' adherido hasta la médula, un fallo congénito del que nos contaron que solo puede uno ser redimido en el interior de una iglesia, con la intermediación de un hombre vestido de negro ante una pila bautismal en el interior de un confesionario. Afortunadamente esta escenografía va quedando ciertamente trasnochada. Sin embargo la culpabilidad persiste más allá de este sacramento por lo que precisa, dicen, de una cierta periodicidad (http://actualidad.rt.com/sociedad/view/112027-papa-francisco-confesar-pecador-misa)

No voy a ser ingenuo como para desvincular el sacramento de la confesión, ese examen de conciencia postulado por las jerarquías eclesiásticas, de la muy necesaria y profunda revisión de daños acumulados, pero es que la culpa va mucho más allá de testimoniar las actitudes reprobables de los semejantes o más propiamente de las incoherencias y contradicciones de uno mismo. Y la frustración para muchos por no conseguir salir del pozo de la miseria al no hallar el modo de detener esas actitudes autolesivas propias pese a todos los esfuerzos realizados en esa dirección puede acabar conduciendo, cuando los muros defensivos mentales (el intelecto) ya flaquean de tanto utilizarlos, a la misma esquizofrenia.

Dicen que si queremos desgranar la fuente de la confusión respecto de quienes somos, de cuál es la naturaleza ignota del sistema que opera en nuestras mentes, conviene dirigirnos hacia el epicentro de nuestras neurosis, el mismo instante en que empezamos a considerarnos una despreciable basura, una especie que ha pasado de considerarse hegemónica y autocomplaciente a literalmente prescindible entre todos los seres de la Creación. Debemos rascar en nuestro pasado como especie. 
Dirás que eso es un proceso tedioso que lleva tiempo. Pero eso solo es así si consideras que los cambios de consciencia requieren de eso...tiempo. Pero no es así necesariamente. Es tu mente la que decide eso.

Vayamos a ello. Mi opinión es que ese sutil y difícilmente reconocible sentimiento de culpabilidad no se generó en la infancia o incluso en nuestra vida intrauterina reciente. Allí ciertamente aconteció que vimos confirmado el dramático escenario. Fue hace muchas decenas de miles de años, en un momento emergente sin duda de nuestro pasado como especie, el instante en que el primer hombre (Homo Sapiens) padeció algo que hasta entonces desconocía, su primer trauma psicológico.

Hubo un momento, cuentan las sagradas escrituras, en que habiendo sido creados el hombre y la mujer, su Creador les invitó a su preciado jardín y les prometió abundancia (ergo, amor) con una condición (luego no era amor incondicional): les prohibió probar de los frutos de dos de los árboles que poblaban ese Edén... 

Pongamos que tal individuo existió, con o sin barba blanca, es lo dejo a tu imaginación. Sin duda ese ser (Dios) conocía esos frutos o por lo menos tenía experiencia de su disfrute. ¿Por qué se los negó al hombre? ¿A qué la exclusividad? ¿No los merecía? ¿Acaso consideraba que no estaba preparado para asimilar su alcance?. Lo que sí sabemos es que, establecido el límite, Dios se retiró, confiado.
Pero hete aquí que un ser retorcido (como solo una serpiente puede serlo) tentó al hombre y la mujer para que los hijos de Dios, cuentan las escrituras, contravinieran la orden de su padre, el mandato del 'dueño del Edén'. Adán y Eva cedieron a la 'tentación' de una serpiente y fueron, como consecuencia de ello, expulsados del Paraíso terrenal por haberse atrevido a probar uno de los dos frutos prohibidos el del 'árbol del conocimiento del bien y del mal'. 
Pero ¿qué mandato puede contener un castigo tan severo? ¿Qué consecuencias tan reprobables conllevó esa desobediencia como para que quien te ha creado pase a despreciarte y hasta expulsarte de su casa?¿Qué sucedió? Lo que sí sabemos es que Yahweh, tan benevolente y magnánimo anteriormente, habiendo sabido de la transgresión, montó en cólera. Algo hizo el hombre que no podía ser 'vuelto atrás'. Y estoy persuadido, tu también imagino, a descartar que ese fruto se hubiese tratado de una simple manzana (recuerdas el logo de Apple?). 

La manzana mordida podría ser un símbolo no de un pecado sino del acceso humano a una libertad inicialmente no consentida. El Génesis habría sido, pues, escrito de modo codificado, con un discurso encriptado, apto para mentes infantiles (=humanidad joven) para ser comprendido en la posteridad, ahora y aquí...
Lo único constatable es que la actitud del hombre condujo a una expulsión traumática. Y éste es el tema de este post. 

Desde que nos ocultamos la desnudez con hojas de parra firmadas por Armani o Carrefour (según convenga a nuestro presupuesto), censuramos y sobretodo condenamos nuestros naturales instintos. Nuestra sexualidad continua siendo un tabú. El disfrute del cuerpo no solo es íntimo sino que está cargado de una losa de culpabilidad que nadie acierta a ubicar...Una censura ancestral cuyo origen podría entroncar perfectamente con la escena traumática del Edén. De ser cierto, aquél 'dios' de los antiguos no nos habría creado inicialmente para que nos multiplicásemos y poblásemos el planeta, consecuencia, ésta, natural de haber mordido la fruta prohibida. De otro modo no se hubiera enfadado. La capacidad del hombre para reproducirse debe haber sido el inesperado motivo por el que los planes del creador 'fracasaran'. ¿Dónde encaja la serpiente en todo esto? ¿Es también un símbolo?




Nuestra herencia genética se pierde en la noche de los tiempos y los genes que se transmiten de padres a hijos están cargados de información en su mayor parte traumática de la que somos inconscientes, que no se borra simplemente con cirugía estética como pretenden muchos doctos. Desde entonces y aunque muchos se confiesen ateos, el hombre deja en herencia, generación tras generación, esa culpa por haber infringido la ley de Yahweh/Dios (o mejor dicho la de quien se hizo pasar por Dios) y nos arrastramos por la tierra pidiendo perdón (y hastiándonos de pedirlo) simplemente por existir.

Estoy convencido de que estamos ante un tiempo maravilloso, planeado desde instancias y dimensiones muy nuestras, propias de nuestra naturaleza multidimensional, muy apropiado para hacer revisión interna de daños. Las guerras nos han servido para defendernos de nosotros mismos hasta que simplemente dejan de servir porque dejan de tener sentido...Algo más vasto y desbordante precisa aquí y ahora ocupar ese puesto en nuestras mentes. Y no es cuestión de si ha de suceder o no. Sino de cuándo te resuena y se incorpora en tu mente. Ya está sucediendo. 

Es tu oportunidad de enlazar con tu/nuestra Fuente. Sin intermediarios. Es el instante santo. Saca tus antenas. Despliega tus alas.

...


«Cuando la pena cae sobre mi
el mundo deja ya de existir,
miro hacia atras y busco entre mis recuerdos.

Para encontrar la niña que fui
y algo de todo lo que perdí,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Sueño con noches brillantes al borde

de un mar de aguas claras y puras
y un aire cubierto de azahar.

Cada momento era especial,
días sin prisa, tardes de paz,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Yo quisiera volver a encontrar la pureza
nostalgia de tanta inocencia
que tan poco tiempo duró.
Con el veneno sobre mi piel,
frente a las sombras de la pared,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.
Y SI LAS LÁGRIMAS VUELVEN
ELLAS ME HARÁN MÁS FUERTE…
Yo quisiera volver a encontrar la pureza
nostalgia de tanta inocencia
que tan poco tiempo duró.
Cuando la pena cae sobre mi
quiero encontrar aquello que fui
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.»