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viernes, 5 de octubre de 2012

¿Vives o sobrevives?

- Dices que no estás a la defensiva.
- Cierto. Todo está controlado.
- Aha, prueba inequívoca de que estás a la defensiva.
- Cómo?!
- ¿Qué hay que controlar si de nada necesitas defenderte?

Estás a la defensiva y la prueba es que lo has negado. No estaría ahora mismo tocándote una fibra 'sensible' si mi afirmación fuese falsa. No te inquietes. Esto no es una encerrona. Es tan solo una invitación a que te permitas aceptar que te has pasado la vida defendiéndote porque 'crees' fervientemente que NADIE te va a contener si te derrumbas. Nadie en tu entorno ha demostrado tener los huevos para ser compasivo testigo de tu derrumbe emocional. Y si ha habido alguien que ha aparentado estar capacitado para acompañarte en tu catarsis, al final siempre ha dado muestras de un incómodo narcisismo. Por eso haces alarde de tu autonomía. Detestas a los quejicas hasta el extremo que los eliminarías del mapa. Te alteran los llantos de los niños porque te recuerdan a tu propia infancia. Reprimes (juzgas, condenas, limitas...) cualquier demostración de fragilidad para evitar que los reclamos de los desamparados retumben en tus oídos hasta el extremo de sacarte de quicio. "Hazte más fuerte. Hazte un hombre", te hartaste de escuchar hasta la saciedad...delirantes mandatos para quien ya es Hombre de pleno derecho por el mero hecho de haber incursionado en la experiencia humana, de haber nacido.


Pre-sumes, pre-dices, pre-meditas, pre-textas, y sobretodo pre-SIENTES. Lo haces permanentemente. Vas por la vida demostrando en lugar de mostrar.
Por la forma en que tienen lugar los acontecimientos, presientes que algo se va a terminar y te pre-vienes. Algo te dice que algo complicado está por comenzar...algo va a ir mal. No recuerdas dónde se fundamenta este pre-sentimiento. Pero lo cierto es que necesitas bien poco para blindarte. Cuando presientes, te pones en guardia, a la defensiva. No permitiendo que el sanador dolor invada todas tus células. Has aprendido a ser autónomo/a, a valerte por ti mismo/a. Nunca nadie te ayudó. Debiste aprender a confiar solo en ti mismo. Pero esa actitud tiene un lado oscuro: No vives...sobrevives.
Presentir no es más que la acostumbrada vía para perpetuar el sufrimiento. Presentir es cultivar y blindar creencias. El deporte de moda desde que disponemos de neocórtex es pensar.
- No! Ayer presentí que quedaríamos campeones en el torneo de golf que organicé. Y ganamos. Y no me ha dolido nada. Ya ves...
- Obviamente que no te ha dolido ganar. Tampoco le ha dolido a tu ego inflado comprobar que tu vaticinio se había cumplido. Lo que te ha dolido, aunque tu ego consiga, de momento, disimularlo muy bien, es que la victoria no haya sido suficientemente difundida por los medios a los que eres tan adicto. O que a tu mujer le traiga sin cuidado que ganes o pierdas. O que tu padre todavía opine que podrías haberlo hecho mejor. El objetivo era, no te engañes, obtener reconocimiento de él. La meta: que te sonría y te diga "muy bien, te quiero, hijo". Pero el eco que esperas nunca obtiene el esperado retorno. Tu gran tragedia es no poder compartir las mieles de tus conquistas y victorias...En la cúspide de la pirámide estás sólo.

Por supuesto que sabías de antemano que sería así. Cuando obtuviste la re-acción de tu padre, ya estabas teniendo otro presentimiento.
- Ah sí? cual?
- Presentías que para tu padre tu "victoria" no iba a ser suficiente, que tendría algún "pero" que argumentar. Han sido muchos años de desengaños como para que nada te venga de nuevo. Así que, haciendo gala de tu lema favorito: "hombre precavido vale por dos", decidiste protegerte del seguro batacazo (frustración=dolor) y te adelantaste a los acontecimientos: decidiste juzgarte a ti mismo con premeditación.
- Ah sí? Cómo?
- Convenciéndote (vaya delirio, verdad?) de que "no ha sido una victoria suficientemente convincente". Adelantarte al juicio externo imponiéndotelo a ti mismo ha sido la forma de evitar afrontar la realidad, el hecho de que nunca fuiste amado. Así te aseguras de no quedar a merced de la realidad: el silencio, la desidia, la ignorancia. Todo con tal de que el silencio externo no te aturda. La contrapartida es acumular un insano caudal de culpabilidad que sistémicamente necesitas liberar. Y lo has hecho juzgando y condenando a los que dependen de ti, en tu entorno más cercano (hijos, empleados,...), a todos tus subordinados.

(...silencio.)

A la larga, presentir –esperar– siempre causa dolor. Curiosamente la esperanza es lo que alientan las religiones, las mismas bajo cuyo paraguas crecieron tus antepasados.

Tienes pereza a ponerte en contacto con el dolor (que es el origen del perpetuo sufrimiento)

-¿qué más da? Dolor y sufrimiento es lo mismo.
- Sufrir es lo que hacemos permanentemente como consecuencia de huir del dolor. Es la suma de todos los momentos de frustración por no conseguir que nuestras dementes expectativas (ser el mejor vendedor, ser el mejor administrador, ser el más atractivo, el más inteligente, ser el mejor atleta, ser buen hijo/hija....) obtengan la esperada "recompensa". Expectativas que nos autoimponemos para demostrar a mamá y papá que podemos ser aquello en lo que querían que nos convirtiéramos.

 Vivir es como pasarse 50, 80 ó 90 años en la sala de espera del dentista. Tratamos de distraernos del miedo que creemos/pensamos que produce el tratamiento. Sabemos, internamente, que es necesario ir al dentista, pero tratamos de posponerlo todo lo posible con excusas, pereza, distracciones...Dios es como ese dentista amoroso que se sonríe observando todos los aplazamientos que hacemos a las citas que nos ha concertado. El sufrimiento es lo que nos imponemos sin saberlo mientras tratamos de distraer el dolor. Sufrimiento es lo que sucede cuando padeces el síndrome de abstinencia ante la ausencia del azúcar. Sufrimiento es tener que buscar una nueva excusa creible (!) para que el dentista nos aplace de nuevo el tratamiento. Tenemos miedo (pánico) a lo que hemos oído o nos han contado (y nos hemos creido) que es el dolor. Pensamos que el dolor es insoportable. Que no sobreviviremos a él. Por eso huimos de él. Huimos aumentando la dosis de Prozac o el límite de la tarjeta de crédito...postergar el dolor, en la creencia que le dams esquinazo cuando, pobres ignorantes, lo llevamos atado con un elástico irrompible. Eso es lo que provoca sufrimiento. Igual que sufre el guerrero, embutido dentro de su armadura, presa del miedo al dolor que las heridas que le produzca el supuesto ataque de un enemigo en la batalla diaria por la supervivencia.

Despertar a esa locura es toda tu responsabilidad en esta vida. Estás capacitado para regresar –y vas a regresar– al momento en que te bifurcaste, el momento en que estabas desprovisto de miedo, al momento en que no había más que gozo y alegría.

 Eres un ser eterno. Eres amor. Todo lo demás es irrelevante, adyacente, la vestimenta con la que te has revestido para explorar los mundos grávidos y densos. Ahora llega el momento de hacer revisión de daños. El momento de contactar con tu Esencia multidimensional. Una vez que tus estrategias defensivas "te abandonan" (y eso es precísamente lo que nos está sucediendo en esta coyuntura), una vez has pasado por el ineludible tratamiento, sin la anestesia acostumbrada, es cuando acabas renaciendo de tus cenizas, cual Ave Fenix.

Te amo, lo siento.

Perdóname. Gracias.



miércoles, 3 de octubre de 2012

George Kavassilas (IV)

¿De qué tienes miedo? ¿A la soledad? ¿Al dolor?...¿Al futuro? ¿A qué no haya nada después de la muerte? ¿A la muerte misma? Es curioso como nos asustan cosas que desconocemos. Desconocemos lo que es la nada, el vacío y sin embargo lo tememos igual que temíamos a los seguramente más reales fantasmas y monstruos que habitaban en nuestros armarios de pequeños. No recordamos haber muerto previamente y nos angustia "pensar" en ello...Sin embargo, todos aquellos que afirman haber tenido experiencias post mortem y haber 'regresado', afirman unánimemente que la muerte no es eso que creemos. Que lo que hay más allá es puro amor, la paz más allá de cualquier descripción.
Buscamos denodadamente compañía para huir de la soledad, del silencio. Y probablemente lo hacemos porque fuimos forzados a experimentar abandono y menosprecio en las etapas más frágiles de nuestra existencia, esa fase tan incipiente de nuestra vida, que comprende la gestación en el útero materno y la infancia y que precisa de la necesaria contención y aprecio. No es de extrañar que la soledad y el silencio nos den vértigo, pues nos recuerdan desmesuradamente a ese abandono inicial tan prematuramente padecido y todavía no asimilado...

Y sin embargo todo aquél que ha tenido forzosamente que atravesar un periodo de soledad, afirma ya no temerla más. No es tan fiero el lobo de la introspección cuando hemos incursionado en su guarida. Para contactar con el tesoro interno al que indefectiblemente conduce la escalera descendente del silencio, es necesario acallar todo el ensordecedor ruido ocupacional del que nos hemos rodeado en nuestra huida...la huida inconsciente del abandono forzadamente padecido. No nos lo merecíamos...pero así ha funcionado este mundo hasta ahora.

Huimos de (e incluso llegamos a atacar) todo lo que desconocemos y consecuente consideramos amenazante. Ingerimos anestésicos de toda índole, los que nos receta los llamados doctos y los que nos sugiere el circo mediático, para no sentir dolor. Decimos que nos da miedo (nos aterra) sufrir. Sin embargo, en nuestra anestesiada huida del doloroso escenario, grabado a fuego en el sótano de nuestro inconsciente, hacemos, por paradójioco que suene, precisamente eso que detestamos: sufrir.

Sufrimiento y dolor. Dos conceptos no solo dispares sino justamente antagónicos, puesto que la adhesión a uno impide la experiencia simultánea del otro. Sufrir es la opción por la que optamos ante una disyuntiva inasumible desde la perspectiva racional (todavía no forjada en el momento del trauma). No es una decisión consciente, sino neurótica, tomada desde el cerebro límbico, esa parte de nuestro cerebro que decide qué creencia adoptar para atenuar o soportar una situación emocional límite. Optamos por la "patada a seguir", usando terminología de Rugby. Sufrir es, por usar un ejemplo, lo que hacemos desde que el dentista nos advierte de que nuestra boca precisa urgentemente de un tratamiento (si no queremos exponernos a una irreparable pérdida de los dientes) hasta que la enfermera, sonriente, menciona nuestro nombre, instantes previos a nuestra entrada en el quirófano. El tiempo transcurrido entre ambos instantes puede eternizarse, dependiendo de cuánto decidamos postergar lo inevitable. Dolor, por el contrario, es lo que sucede en el momento de la operación. Dura lo que dura. Ni más ni menos.

Cuando todo lo que tu y tus antepasados dábais por sentado se derrumba (y ese momento está cerca, si no es que ya ha tocado a tus puertas) es señal inequívoca de que el tiempo que te has estado concediendo para esquivar tu responsabilidad , y consecuentemente sufrir, ha concluido. El reloj de los ciclos a los que estás adherido a nivel celular, está poniéndose a cero. Te hallas ante la inevitable fase de revisión de todo lo que llevas huyendo...Una fase que todos, ineludiblemente todos, vamos a atravesar. Es el fin de la negación, el umbral de la aceptación.

Si te hallas en un momento de tu vida en el que estás buscando respuestas coherentes a tus preguntas existenciales (¿qué sentido tiene la vida? ¿a dónde vamos?...¿de dónde venimos? ¿quiénes somos?...)  bienvenido/a a la antesala de tu ascensión vibracional. Cuantas más preguntas te hagas más vivo/a estás, más abierto a conectar con las respuestas. Probable este video te dé algunas claves. Aparca al tirano que, reconócelo, "okupa" el sagrado espacio de tu mente y ríndete al ritmo de tu pulso, a los latidos de tu corazón, al curso imparable de la Creación de la que eres parte indiscutible e indisoluble. Solo una actitud así te permitirá escuchar a George Kavassilas con el corazón abierto. Solo así te resultará familiar (te resonará) su mensaje...


martes, 2 de octubre de 2012

Trascender la Matrix

DE nuevo Miguel Celades en una entrevista a Miyo que, como poco, no te dejará indiferente...

lunes, 1 de octubre de 2012

Una utopía...factible?

 

Ana (44):

«De novios éramos felices con vivir al día. No éramos responsables más que de nosotros mismos. Todo parecía muy sencillo. No teníamos miedo. Mejor dicho, lo disimulábamos bien. Éramos jóvenes. Teníamos 22 y 25 años. Pero pasaron 6 años y nuestra dependencia (y a veces devoción) del entorno familiar empezó a pasarnos factura. Nuestras madres empezaron a reclamarnos nietos. Nuestros padres nos sugirieron que sentáramos cabeza, 'Se te está pasando el arroz’, decían mis ‘amigas’ ya casadas…Prejuicios y frases hechas de los que todos hemos sido víctimas alguna vez en mayor o menos medida. Supongo que las convenciones sociales que inevitablemente todos heredamos de las generaciones precedentes nos fueron conduciendo hacia lo que, supusimos, era inevitable. Y lo aceptamos. En nuestro caso: la boda por el rito religioso (el credo concreto no viene al caso).

Jordi era un ‘bala perdida’, como decía su padre. Y en gran parte, a mi me atraía ese espíritu aventurero, su actitud rebelde y contestataria ante la vida, esa que yo hubiera querido tener (y no me atrevía a mostrar en mi casa). Y sin embargo yo, ahora lo confieso (aunque no me daba cuenta entonces), ya venía aleccionada desde casa. En palabras de mi madre –que yo misma adopté como mías– «ya verás, "entrará en cintura", el matrimonio siempre pone las cosas ‘en su sitio’», es decir, a gusto de mamá (y con el tiempo, también el mío).

Una vez casada, despertó del letargo mi personalidad oculta. Muté, sin muy bien percatarme de ello, de la princesa indefensa de cuento de hadas de la que se enamoró Jordi, a sargento mayor de artillería. Pensaba que si mi marido realmente me amaba se le revelaría desde el preciso instante de nuestra boda el don de la clarividencia, es decir, supuse, ingenua (y maquinadora) de mi, que él sabría automáticamente lo que yo pensaba y sentía en cada momento. Sabría qué hacer sin que yo tuviera que decirle nada.

¿Porque me fastidiaba tener que pedir, ya como esposa, lo que para mi era evidente: responsabilidad, compañerismo, lealtad…Esa era la cuestión. Una cuestión que estaba muy anclada en mi inconsciente. Me exigía esa idea. Una idea cuyo arraigo ahora empiezo a intuir. Algo me decía entonces que eso era lo que debía solicitar a cambio de compartir mi proyecto de vida exclusivamente con una persona. Supongo que, a fin de cuentas, mientras somos inconscientes no hacemos nada a cambio de nada. Parece nuestro sino como humanos.

He de reconocer que, durante el noviazgo me ‘disfracé’, que usé estratégicamente mis ‘armas de mujer’, sin darme del todo cuenta, para seducirlo y atraer su atención, sacándolo de las garras de mis potenciales ‘competidoras’. Sabía lo que quería y fui a por ello (es decir, a por él). Y el precio fue alto: dejar de ser fiel a mi misma.

Me enamoré de la imagen idealizada que yo me había hecho de él, de su 'forma de ser', de su personalidad, esa que –ahora lo sé– él mismo había 'vendido' tan bien durante esos años. Lo cierto es que él atesoraba todas las virtudes –y defectos– de mi padre. Simplemente yo no quería verlos.

Una vez casados –ahora lo sé– mis expectativas, mis infantiles necesidades no satisfechas en la infancia, encontraron un terreno abonado para seguir reclamando atención. Buscando a mi padre, el presente me estaba presentando una factura más antigua…el plato frío de lentejas que siempre había ido aplazando. Secretamente estaba buscando un hombre que igualara el atractivo de mi padre pero también alguien a quien reclamarle todas las faltas y ausencias de mi progenitor. Alguien al que, ahora sí (me decía), poder 'cambiar' y esculpir a mi gusto. Ahora, 20 años después, me he dado cuenta, tras un par de años de terapia, de que estaba tratando de resolver lo que Freud llamó el 'complejo de Electra'. Pasé, pues, de creer que podría, una vez casados, 'domesticarlo', a frustrarme y llegar incluso a persuadirme de que él probablemente ni siquiera me amó antes de casarnos (al menos no como yo esperaba).

Las frustraciones de Jordi también estaban secuestradas por su pasado irresuelto.

Curiosamente mi ‘Donjuán’ de juventud prematrimonial se había revelado, en la nueva intimidad conyugal, como un ‘mudo lleno de inseguridades’. El fútbol, en su caso, había pasado de ser la espontánea y genuina pasión dominical de un soltero atractivamente irreverente y contestatario, a convertirse en una vía de escape donde ahogar la frustración de la insatisfactoria vida de pareja que compartía conmigo. Estaba lleno de miedos, a los que yo, por supuesto, contribuí con mis reproches y mis silencios, con mi resentimiento. Y era a mi a quien temía. Como esposa suya yo había tomado el relevo de su madre, mi suegra, esa mujer a la que tanto íntimamente me parecía yo. Mi 'forma de ser' encajaba en el carácter de mi suegra. Él sublimó ese miedo con sus crecientes ausencias a reuniones de amigos, etc…precísamente tal como su propio padre había hecho veinte años atrás. Otros se dan a la bebida…a mi no me consolaba.

A los 3 años de matrimonio me empecé a desenamorar y a sentirme frustrada, condenada a una vida de infelicidad con alguien que no respondía a mis esquemas previstos. Durante esa época pude haber tenido alguna aventura. Ocasiones no me faltaron. Pero he de decir que yo, como la mayoría de mujeres, considero el diálogo como una parte activa muy importante de la relación a la hora de buscar la resolución de los conflictos de pareja. Y estaba convencida de que podía salvar mi matrimonio. Al principio fue por orgullo, pero con los meses me percaté de que poniéndome esa meta podía salvarme a mi misma...El camino, ahora puedo decirlo, fue comprenderle. Llegué a la conclusión de que él, a pesar de todas sus frustraciones, en lo más profundo de su ser –aunque no fuese entonces consciente– realmente deseaba compartir su vida conmigo. Y lo hacia lo mejor que podía, a pesar de que para mi no había sido suficiente. Comprendiéndole a él me comprendí a mi misma.

No negaré que estuvimos muy cerca de divorciarnos. De hecho estuvimos separados una temporada hasta que, como fruto de una terapia de pareja continuada (a la que nos comprometimos los dos a petición desesperada de nuestro hijo mayor) nos dimos cuenta de que podíamos reconciliarnos, no ya solo por el bien de nuestros hijos, sino incluso por el nuestro propio. No todo estaba perdido. No era necesario tirarlo todo al cubo de la basura.

La clave estuvo en que ambos nos dimos cuenta con una sorprendente sincronicidad, que no podíamos seguir arrastrando –y cargando sobre el otro– nuestras personales y narcisistas expectativas vitales. Nos dimos cuenta, cada uno por su lado, de que nuestras frustraciones personales estaban arraigadas en el doble fondo herméticamente cerrado y oculto, hasta entonces , de nuestra amnésica y personal memoria, en nuestra mente subconsciente. Trasfondos dolorosos reprimidos de cuya limpieza era responsable cada uno por su cuenta.

Nos dimos cuenta de que vivir en pareja podía convertirse en la auténtica relación de complicidad que todas las mujeres (y muchos hombres!) soñamos, una relación con la que también poder crecer personalmente. Supimos que era posible amarnos. Cuando tomé conciencia de esto mi mente empezó a girar 180 grados y a reacomodarse…Empecé a darme cuenta de que muchas de mis expectativas no solo habían estado fuera de su alcance, sino que ningún hombre me las hubiera nunca podido satisfacer. Nadie salvo quizá...yo misma. La clave estaba en mi mente, en asumir mi gobierno sobre ella y destronar a la saboteadora interna que me había fabricado a mi medida. Darme cuenta de eso no fue nada fácil. Lo aseguro.

Desde entonces estamos renaciendo de nuestras personales y compartidas cenizas. No es fácil, lo garantizo, ser testigo de los vómitos emocionales de tu pareja, ni sobrellevar (y superar!) el miedo al ridículo ante ella, pero al menos estamos de acuerdo en que dejar de juzgarnos por nuestras debilidades y compartir las emociones, tal como nos prometimos en el altar, es el único camino para poder vivir en armonía y ser capaces de reirnos de nuestras vanidades cuando afloren. La alternativa a ello implicaba perpetuar la búsqueda infructuosa (y la lucha) allá donde fuésemos. Y eso era demasiado desgastante. Mejor optar por la libertad.

He descubierto el origen de mi narcisismo que me obligaba a pisar siempre a fondo el pedal de la exigencia y lo estoy exorcizando. Y me estoy perdonando por la insaciable autoexigencia que me impuse y que no dejaba que creciese la hierba allá por donde yo pasase. Levantar el pie del pedal ha repercutido sanamente en mi pareja que, debo decirlo, supo ver también en mi al espejo de su pasado y no huyó presa del pánico.

La sinceridad, sin duda, nos ha fortalecido. Afortunadamente nuestros hijos han sido testigos de nuestro esfuerzo personal por sanarnos. El patrón que ahora les ofrecemos es más sólido y estable. Lo han notado en todos los ámbitos (estudios, amistades, etc…). Ya no sentimos que el mundo está en perpetua deuda con nosotros. Hemos madurado y recuperado nuestra dignidad. Hemos atravesado un seismo que nos ha lanzado al vacío. Pero la crisis ha sido sanadora porque no hemos huido de ella. Derribadas nuestras máscaras hemos redescubierto el espíritu de aventura sin necesidad de cambiar de pareja. Más vale tarde que nunca…Es como si hubiéramos vuelto a casarnos, esta vez plenamente conscientes del paso que dábamos. De hecho hemos decidido volver a celebrar nuestro compromiso como si de un particular renacimiento se tratase. La ocasión, sin duda, lo merece.

Maria (59)] «Antes de casarme, pensaba que ser feliz significaba obtener aquello que uno quiere. He aprendido, después de treinta y siete años de matrimonio que ser feliz significa amar lo que la vida te presente en cada momento

viernes, 28 de septiembre de 2012

El fin de la hipocresía

En el umbral de una nueva era, en esta generalizada y forzosamente catárquica "lavativa" que nos está centrifugando y poniendo a todos y cada uno de nosotros en el lugar que nos corresponde, continuamos aferrándonos, aún al borde mismo del colapso, a nuestra desvirtuada convicción de imponer nuestra autoridad e incluso establecer límites punitivos a los niños. Tratar denodadamente de establecer fronteras ante los abusos externos, que ahora se revelan como intolerables, conlleva el riesgo de meter a los niños en el mismo saco de los egos ya forjados de los adultos.

Hablamos de la imperante necesidad de aplicar baremos de sostenibilidad en nuestro ecosistema cuando la realidad es que los mismos esquemas mentales que nos gobiernan y a los que nos hemos estado aferrando desde el inicio de la era industrial están colapsando calamitosamente. Y eso es gloriosamente debido a su endémica insostenibilidad. Sin amor nada es sostenible.

Padres y educadores intentando por todos los medios de poner límites a sus hijos y alumnos, tratando de inocular viejas y trasnochadas soluciones a retos interrelacionales nuevos. Un sistema educativo caduco, apuntalado por mentes anquilosadas en su costumbre de reprimir y reprimirse, tratando de contener a las nuevas e incontrolables oleadas de seres humanos, libres e íntegros, que están "aterrizando" en el planeta. Una libertad, la de nuestros hijos, que clama por tomar contacto con la nuestra propia para rescatarla. Pedíamos respuestas?...ahí lo tenemos. Que sepamos verlas, esa es otra cuestión...

Creemos que "creamos y traemos hijos al mundo". Nos decimos que así contribuimos a perpetuar la especie, cuando desde el primer día les aleccionamos respecto a cómo encajar en el delirante mundo que vana y orgullosamente hemos pensado. Oscilamos entre ponerles límites punitivos o no ponerles ningún límite, cuando lo cierto es que ellos son quienes nos están rescatando a nosotros de nuestro naufragio. Ellos son quienes están girando vigorosamente el calcetín de nuestros inflexibles principios.

¿Quieres poner fin a la hipocresía del sistema? Permite la llegada de un hijo en tu vida y atrévete a AMARLE sin (ponerle) límites. No es fácil. Es cierto. Pero tampoco es fácil, de entrada, atreverse a decirlo y proponerlo. Y muchos lo están haciendo, por mucho que sean tildados de locos.

Tenemos la insana costumbre de matar al mensajero cuando el mensaje nos incomoda. Estos tiempos harán historia desde una perspectiva más amplia, desde la macrovisión de la escena global de acontecimientos.

Cuando te robaron la infancia, cuando tu dignidad ha sido abusada y consigues llegar a la vida adulta bien pertrechado con un manojo de personalidades antropo/egocéntricas, entonces tienes todos los números para que te pongan límites. Consecuentemente tendrás una incontenible pulsión a defenderte (agrediendo) de tu entorno del mismo modo y en similar medida a como fuiste abusado. Esta escuela de experimentación que llamamos "la vida", se autoregula (aunque nos parezca injusto) siempre del modo más conveniente para tu capacidad de asimilación. Y lo hace enfrentándote al dolor que tanto llevas tratando de negar, de reprimir. Y será así hasta que te des cuenta del dolor que tu propio narcisismo irresuelto ha generado en tu entorno. Y cuando eso suceda no podrás (no consentirás) seguir engañándote. Y pedirás que el liberador caos alcance hasta los más recónditos rincones de tu vergüenza, hasta sus últimas consecuencias, que salpique a toda la hipócrita y egoísta sociedad, hasta que toda la rabia que contienes salga de ti y quedes exhaust@ y purificad@, libre al fin de represión. Y entonces, y solo entonces, conectarás con tu espiritualidad. Sin esfuerzo. Solo entonces sentirás tu paz brotar de tu interior, donde siempre ha estado. "Verás" donde antes estabas ciego. Y podrás observarte con compasión y ver también compasivamente a tus confusos semejantes, perdidos en sus propias arenas movedizas emocionales. Verás a través de sus caparazones al niño y a la niña aterrorizad@s en su interior clamando por compasión y comprensión...suplicando amor. Sabrás que ellos y tu sois uno, esencialmente lo mismo. Y no te bastarán las lágrimas...Y tendrás la capacidad para pedirle perdón a tu niñ@ intern@, por tu ignorancia, por la pereza y protectora cobardía en las que nadaste. Y solo entonces recobrarás tu dignidad. Reverenciarás a cada una de las criaturas que salgan a tu encuentro, pájaros, hormigas, peces, perros, gatos, caballos, elefantes, plantas, montañas, lagos y océanos, y honrarás a tu hermano Sol, a tu hermana Luna, a todas las estrellas de la galaxia. Caerás de rodillas frente al espejo suplicando perdón por haber ignorado al ser herido que portas a rastras, a fiestas sórdidas y reuniones pobladas de complejos de edipo y electra sin resolver. Te disculparás ante tu cuerpo emocional, el que llevas negando desde Dios sabe cuando.

Y el mundo se te revelará entonces como el paraiso que siempre fue. Ya no te considerarás abandonado, porque recordarás que nunca caminaste esta travesía en solitario. Reconocerás a todos los ángeles abnegados y a sus huestes que te han acompañado a lo largo del camino. Reconocerás que hubo, hay y seguirá por siempre habiendo (siendo) compasión en cada uno de los rincones de la creación, pues todo está regido por la poderosa fuerza del amor. Entonces, amig@ mí@, ya no tendrás miedo, pues todo lo negado y que finalmente es abrazado, otorga la clave a la vida eterna.

 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Que la alegría sea tu guía


Myriam canalizada por Pamela Kribbe

Queridos amigos,

Yo soy Myriam y represento al aspecto femenino del ser Crístico.  Hoy os saludo a todos y quisiera permitiros participar de la alegría y la paz que está disponible para vosotros y que pertenece a la verdadera esencia de quienes sois. Vosotros no estáis aquí en este mundo para sufrir, para luchar ni meramente sobrevivir. Estáis aquí en la Tierra para tener alegría, para ser quiénes sois y para experimentar el milagro de eso. Sois hermosos tal como sois. No se necesita cambiar o  mejorar nada. No tenéis que convertiros en nada. No hace falta seguir luchando. Todo está bien. Permitid que esto llegue a vosotros.

La esencia de la creación es la alegría. La energía que lo es todo (a la que habéis convenido llamar Dios) no os creó por un propósito serio y duro de soportar. Ella os creó por la alegría y el placer de la exploración. Ella quería descubrir la vida a través de vosotros. Todos vosotros sois la expresión del amor y la alegría creativa de Dios, y es por eso que a vosotros se os permite experimentar eso, cada momento del día. Yo os invito a reconectaros a este flujo original de energía, la alegría de la creación de Dios, el cual fluye a través de cada uno de vosotros.

Vosotros tendéis a hacer la vida demasiado pesada y seria. Comprended aunque sea por un instante que no estáis aquí para alcanzar una meta, sino simplemente para ser vosotros mismos, incluyendo las partes vuestras percibidas como oscuras, vacilantes o atascadas. Sí, esas partes también son bienvenidas, son parte de la experiencia completa de la dualidad que es la vida como humanos, en todos sus aspectos. Confiad en que esto os conduce hacia algo hermoso, algo mágico, hacia un nuevo mundo. Siempre estáis moviéndoos y transformándoos. No hay un propósito fijo, un destino final. Estáis constantemente en el camino. Ahora disfrutad estando en el camino, disfrutad las corrientes cambiantes de la vida, y esa carga pesada se os descargará.

Ahora os pido que me acompañéis en un viaje al pasado, al momento antes de que naciérais en la Tierra en este cuerpo. No dudéis de que esto es posible o no. Tan sólo viajad en vuestra imaginación. No importa si pensáis que lo estáis inventando. Confiad en vosotros mismos y permitíos sentir cómo una vez estuvísteis libres del cuerpo físico. Erais entonces independientes de la forma física, sintiéndoos infinitos. Todo era posible. La vida era mágica. Desde esta dimensión de gran libertad vosotros sentísteis un tirón procedente de la Tierra. 
Vuestra atención fue halada, desde todos los lugares, hacia este pequeño planeta con potenciales tan grandiosos; potenciales tanto de luz como de oscuridad, de amor y de miedo. Sentísteis un tirón. Os preguntásteis acerca de la naturaleza de la realidad existente allí y sentísteis que teníais algo que hacer al respecto. Sentísteis que había algo ahí que queríais experimentar.

Como un espíritu libre decidísteis lanzaros a la aventura y encarnaros en la Tierra. Sentid como incluso ahora, habiendo pasado por tantas experiencias en la Tierra, aún permanece esa sensación original de interés, de curiosidad y de atracción que una vez tuvísteis. Sentid cuán especial es el hecho de que estéis aquí ahora, que vuestra conciencia se haya limitado para poder ajustarse a un cuerpo terrestre con todas las limitaciones que eso conlleva, percibiendo la realidad a través de los sentidos físicos como la vista, el oído y el tacto. Este modo particular de percibir la realidad no es el modo natural; vuestra perspectiva original es mucho más amplia y menos limitada. Aún así elegísteis esta limitación porque algo increíblemente valioso iba a ser provisto ahí.

Vosotros estáis aquí, en la Tierra, para expresar la libertad y la magia de los reinos espirituales de los cuales procedéis. Estáis aquí para traerlos a la forma y la materia y dejarlos disponibles tanto para vosotros como para los demás. Sí, sois portadores de luz, donde la luz representa la libertad, la facilidad y la alegría. Y habéis estado en la Tierra anteriormente, con el mismo deseo e ímpetu de encender la luz de la creación aquí y esparcir alegría y conocimiento. Permitíos sentir esto otra vez. Sabed quiénes sois. No necesitáis ser o hacer algo especial aquí, no tenéis que lograr algo excepto recordar quiénes sois y permitir que la alegría os colme nuevamente. Ése es vuestro trabajo: regresar a vuestro estado original de admiración y alegría en medio de energías que parecen apuntar a una dirección totalmente diferente.

Sin embargo sucede que os habéis sentido presionados. La realidad de la Tierra, el modo en que la gente piensa y se relaciona, las creencias de la sociedad pueden sobrecargaros excesivamente y empaparos de una cierta amnesia durante un tiempo. Recordad que sois la divinidad hecha carne. La luz está fluyendo a través de vosotros ahora mismo, a través de vuestras manos, a través de vuestros ojos, sentidlo. Nunca os ha dejado, pero a todos se os dijo en algún momento de vuestra vida que esta luz no puede fluir libremente al descubierto. Habéis creido que teníais que esconderla y mantenerla adentro, por miedo a ser vistos como “diferentes”. El constreñimiento a ser normal, a encerrarse en lo que otras personas pudieran pensar de vosotros, ésa sea probablemente la peor prisión en la Tierra. No es estar en el cuerpo lo que os limita tanto. La verdadera limitación proviene de admitir las numerosas creencias pesadas y aprensivas de la sociedad y permitir que ella aminoren vuestro resplandor divino.

Mi deseo es mostraros un camino de salida, y la calve es: atreveos a recibir la alegría otra vez en vuestra vida, ¡sentid que es vuestro derecho de nacimiento! Es simplemente quienes sois, la alegría de Dios manifestada. Y para ser esto no necesitáis lograr nada, alcanzar ninguna meta, en el sentido mundano de la palabra. Tan solo necesitáis ser uno con quien sois. Necesitáis volver a sentir que estáis armonizados con lo que sois aquí y ahora. No hay nada que no podáis alcanzar, no hay nada que esté faltando. Abrazad la totalidad de quienes sois ahora, incluidos vuestros miedos, vuestros bloqueos emocionales, y al mismo tiempo, la sensación profunda de admiración y vitalidad en el fondo de vuestro ser. La vida misma fluye a través de vosotros y desea impartir en vosotros vuestros numerosos dones milagrosos. Habéis emprendido el viaje de la encarnación en este cuerpo, en esta sociedad, en esta dimensión material. Eso es suficiente. Naciendo en la Tierra en estos momentos ya habéis mostrado vuestro enorme coraje y fe. Ahora confíad en que se os permite recibir todo lo que necesitéis en vuestra vida. Sentid la pura alegría de estar en este momento. Permitíos relajaros en eso.

Imaginad que de ahora en adelante no hay nada que “debáis hacer” en vuestra vida. Si realmente os concedéis esa libertad, vuestras vidas fluirán consistentemente serenas y suaves. Yo entiendo que esto está en contra de mucho de lo que os han dicho vuestros padres, maestros, jefes, etcétera. La sociedad imparte en vosotros la idea de que tenéis que trabajar duro y diligentemente para desarrollar las destrezas y habilidades necesarias para arreglároslas en la vida. Os dice que os mantengáis pequeños y que os enfoquéis en lo que es posible –y ha sido posible anteriormente– antes que en lo que soñáis y esperáis. No sólo la sociedad os dice esto, incluso muchas enseñanzas espirituales tienen un punto de vista bastante estricto y disciplinario para alcanzar la iluminación.

Imaginad que liberáis la verdadera idea de metas y logros. Imaginaos diciéndoos a vosotros mismos: Yo soy como soy, y estoy completamente conforme con lo que soy. ¡Qué liberación! Si podéis permitiros ser esto de forma relajada, las cosas comenzarán a fluir en vuestras vidas, y veréis que sucede exactamente lo opuesto a lo que la sociedad os dice que debéis esperar y que va a suceder. Las cosas comenzarán a sucederos sin tener que trabajar duro para eso. Si podéis ser uno con vosotros mismos y aceptar las cosas y las circunstancias tal como vienen, tal como son, invitaréis a que un flujo de paz os traiga milagros a vuestra vida. Al aceptaros tal como sois, estáis diciendo “si” a la vida, a estar aquí en la Tierra, y os permitís recibir todo lo que queráis simplemente por ser quienes sois, una parte indeleble de Dios, apreciada y amada incondicionalmente.

Si halláis esa paz en vuestro corazón y soltáis vuestras expectativas tensas y nerviosas, entonces permitís que la magia de la vida cuide de vosotros. Os rendís a su flujo y ritmo. Yo os digo, para comenzar a encontrar verdadera satisfacción en vuestra vida, para comenzar a encontrar el trabajo justo, la relación adecuada o la casa apropiada en la cual vivir, comenzad por permitiros experimentar alegría nuevamente. La simple alegría de ser, la alegría de ser vosotros, de existir. La espiritualidad está intimamente vinculada con la simplicidad y la facilidad. Se trata de sentir cómo un niño puede sentir, no pensar en el mañana, sino simplemente disfrutar el presente y hacer cualquier cosa que uno tenga ganas de hacer.

Yo sé que creéis que esto ya no es posible para un adulto. Eso es una tragedia. Hay tal tristeza en el hecho de que os hayáis sentido obligados a renunciar a vuestra parte más espontánea y despreocupada. Extendedle las manos al niño interior que ha preservado su espontaneidad para vosotros. Profundamente adentro, aún está ahí, el niño que quiere jugar y disfrutar, el niño que quiere explorar la vida y que confía en que todo va a estar bien. Este niño sabe que la Tierra es un lugar seguro para que os expreséis. Sentidlo y dejad que os hable otra vez. Escuchadlo. Tal vez quiera daros un mensaje ahora mismo. Si aún no sentís nada, eso está bien también. Lo que importa es que estéis deseando llegar hasta ese niño, que digáis sí al flujo interior de espontaneidad, a su inspiración del alma. Estáis llenos hasta el borde de ideas de que esto no es posible o deseable, de que tenéis que volcaros al exterior más que al interior para encontrar guía en vuestra vida. Pero no es así. La vida debe ser vivida según otros principios.

El verdadero poder creativo, realmente manifestando creaciones positivas en vuestra vida, siempre sucede desde un estado de simplicidad y holgura. Es precisamente cuando os sentís totalmente relajados y divinamente despreocupados acerca de las cosas, sin sentiros forzados a hacer o ser nada, que atraéis los cambios más positivos en vuestra vida. Si simplemente acariciárais vuestros sueños y deseos, y luego los soltárais como quien deja libre a una paloma después de haber curado sus alas heridas, y dejárais que las cosas sigan su curso, vuestra confianza hará que la paloma regrese a vosotros. Ni siquiera esperaréis que dichas circunstancias sucedan, ya que estaréis muy ocupados disfrutando de vosotros mismos en el presente. La vida es exquisitamente simple.

Nosotros estamos con vosotros y comprendemos muy bien por lo que estáis pasando. Os pedimos que confiéis en este mensaje y que tengáis fe en la benevolencia de la vida y en la alegría que fluye a través de cada ser vivo. Echadle una mirada a la naturaleza. Los animales, las plantas y las flores están todos inherentemente ajustados a la expresión de la belleza y la armonía. Ellos no dudan de si mismos. Ellos se valoran de un modo perfectamente natural y pacífico. Conectad con esa energía natural de validación y sabed que vosotros estáis contenidos dentro de esa misma red de vida. Estáis a salvo. Dios está justo aquí con vosotros, y nunca se irá de vuestro lado. Atreveos a confiar a la magia de la vida, la cual no es nada más que el flujo divino de vuestra propia alma, ¡y disfrutad!

Fe de erratas

Cuando editas entradas en un medio de acceso público, como lo es un weblog, existe el riesgo de que se cuele entre lineas una parte arrogante y sabionda de ti mismo. A lo largo de estos casi 5 años es probable que una parte de las entradas de este blog no hayan sido comunicadas desde el corazón, lamentablemente, sino desde la más que voluntariosa de las ignorancias. Confío, no obstante, en que tu discernimiento sabrá separar el grano de la paja.

Abrazos y bendiciones.