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martes, 24 de febrero de 2015

Chispa de luz


Ahora que está tan en boga hablar de vida en otros planetas, imagínate que decidiéramos ir a experimentar la vida en otro mundo y que una de las condiciones fuese inocularnos la creencia, falsa convendrían los autores de la idea, de que allí no hay oxígeno, por lo que habría que llevar trajes presurizados y escafandras que obviamente nos reducirían la movilidad. Nos acostumbraríamos, durante un tiempo. Incluso llegaríamos a creer que el traje es parte indisolublemente nuestra. Creeríamos que si el traje se estropea desaparecemos. Competiríamos por quien tiene el traje más avanzado, etc. Hasta que un día alguien, venido de la Tierra para resintonizarnos, se quitaría la escafandra y nos dijera que 'miráramos dentro'...demostrando (milagrosamente dirían algunos) que es falso que no hay oxígeno. Muchos, amnésicos de remate sin duda, lo tomarían por loco (si no es borrado previamente del mapa por quienes 'saben' de la mentira pero la ocultan convenientemente a sus intereses: del miedo).
Todos sentimos miedo cuando algo parece amenazarnos, cuando lo que habitualmente era fuente de 'seguridad' se torna amenazante. Los miedos, las fobias que nos atenazan en la vida son perfectamente acordes con el umbral de dolor al que haya tenido que enfrentarse uno en la vida. Por peculiar y personal que creas que es tu fobia todo se reduce al miedo a la carencia, al abandono, a no tener lo suficiente. La claustrofobia está, por ejemplo, íntimamente ligada a la situación límite de anoxia (falta de oxígeno) experimentada durante el parto, atravesando el canal uterino. Es un instante que puede ser eternizantemente doloroso si la dosis de epidural que recibió tu madre fue tal que sus musculatura quedó inhabilitada para ayudarte a 'atravesar el túnel'.
Todos los miedos se fundamentan en el rechazo a volver a vivir una situación dolorosa que ya se ha vivido con anterioridad. No se tiene miedo a los perros si nunca te han mordido...
¿Significa eso que nunca más creerás en el amor entre un hombre y una mujer si de niña un hombre abusó de tu libertad sexual? ¿Estás condenado a 'tener miedo' por el resto de la eternidad? Porque esa es otra: si crees que no hay nada más después de la 'muerte', ¿de qué tener miedo? ¿para qué enfadarse?. Enfadarse, dejarse arrastrar por la cólera, no es más que un estadio previo al pánico ante la inminencia del regreso a un recuerdo anclado en la memoria censurada, al canal uterino. Y un ascensor averiado desata fácilmente ese recuerdo inconsciente. También lo hace una situación de carencia financiera. Recuerdo el caso, consignado por la prensa nacional, de un epiléptico detenido por pinchar sistemáticamente los neumáticos de los vehículos de su vecindario. Una vez interrogado, el individuo en cuestión afirmó que su propósito era liberar el exceso de aire contenido el las ruedas. Un psiquiatra lúcido (lamentablemente son la excepción) descubrió que paranoia estaba íntimamente vinculada al trauma de ahogamiento vivido durante su nacimiento.
El Doctor Arthur Janov descubrió en 1970 en el transcurso de una de sus sesiones grupales con sus pacientes, lo que acabaría acuñando como GRITO PRIMAL. Desde entonces en su clínica se ha dedicado a ayudar a 'desatascar los nudos' emocionales que sus pacientes no han podido enfrentar en soledad (la soledad de un parto abrumadamente doloroso), frente a los que se vieron impotentes.

La lucha extenuante por salir al mundo y liberarse de un ahorcamiento casi fatal con el cordón umbilical conduce a dos modus vivendi, dos formas paradigmáticas de enfrentar la experiencia vital: lucha o derrota. Los primeros pertenecen a ese grupo de humanos 'hechos a si mismos', fieles servidores del progreso a toda costa. Rehuyen los sentimientos. No les verás desfallecer (salvo cuando finalmente sufren un ictus cerebral o un infarto de miocardio). A menudo hablan de que 'no hay que perder el norte'. Idolatran al norte con todas sus connotaciones. Y detestan las actitudes sumisas (sin embargo por paradójico que sea, siempre se emparejan con personas 'depresivas'. Los extremos siempre se tocan…
Lo segundos por el contrario, ya lo habrás deducido, son los depresivos, aquellos que se resignaron. Aquellos para los que el canal uterino supuso una situación irremontable, aunque finalmente sobrevivieron al trauma, optan por sobrevivir victimizándose (y obviamente aprendiendo a extraer jugo de ese papel autoimpuesto).
Todos son víctimas de su doloroso tránsito. Quien tuvo un parto fácil, sencillo, envuelto de amor, sosiego, calor, sonrisas, palabras bonitas, música agradable, agua tibia, inmediatamente en contacto con la piel de mamá y los latidos de su familiar corazón, no tiene nada que temer a la vida. Vivir es para ellos lo que debería ser para todos: una experiencia fascinante.
No hay nada que temer salvo a revivir el dolor. Pero el dolor no mata. Nadie ha muerto de dolor. Sí, sin embargo, de evitarlo. Esa es es el lastran esfuerzo, la mortal lucha por huir de la escena del 'crimen', la única y verdadera muerte. Dicen muchos que temen a la muerte. En realidad temen volver a vivir el dolor del nacimiento. La muerte como la conocemos en realidad es puro placer, es precisamente eso que experimentamos cuando vemos a un recién nacido.

No estás condenado al miedo. Por descabellado que suene, tener miedo es una opción una elección.
La vida es un proceso expansivo. Eres una chispa de la eterna luz que todo lo impregna. Sólo el miedo puede ensombrecer esa realidad. Y tener miedo es una decisión voluntaria fruto del regalo más grande que te ha sido concedido: el libre albedrío. El miedo es la opción que escogiste, que escogimos todos, experimentar. Esencialmente miedo a vivir.

martes, 7 de febrero de 2012

Papa, tengo miedo

 

Recomiendo escuchar simultáneamente el audio propuesto.

Hace una semana íbamos una mañana mi hija de seis años y yo de camino al colegio. Mientras conducía por la sinuosa carretera que bordea la sierra iniciamos el siguiente diálogo.

Papá...

- Dime.

- ¿Existen los terremotos?.

- Sí.

-Yo no quiero que haya ningún terremoto aquí. Tengo miedo.

- ¿De dónde has sacado esa idea?- le pregunté.

- Silvia me ha dicho que estamos en alerta naranja y que va a haber un terremoto pronto.

Silvia es una compañera de clase, famosa -como buen libra- por su maravillosa capacidad comunicativa y dotes de persuasión, aunque a veces –sin darse cuenta por supuesto– eso le conduce a pisar terrenos pantanosos...

 - Verás, te voy a hacer una pregunta, Martina. ¿Verdad que nunca has visto un terremoto aquí?

- No. 

 - Ahora contéstame a esta pregunta por favor: Antes de que Silvia te dijera eso, ¿Tu tenías miedo a los terremotos?

-No. Había visto un trozo de una película de un terremoto con vosotros, pero para mi solo era una película. Cuando Silvia me ha dicho eso, entonces me he asustado.

 Ya hemos aclarado algo. El miedo es algo que, proceda de donde proceda, está originado en el exterior. Que se instale o no en nuestra mente, depende de nosotros, de nuestra permeabilidad. Somos dueños o esclavos de nuestros pensamientos en la medida que somos respectivamente conscientes o inconscientes ( ignorantes) de su procedencia. Los niños somos muy permeables al impacto de los decretos generados en pensamientos de miedo.

 - Entonces, estarás de acuerdo en que el miedo que tienes 'te lo ha dado' Silvia contándote lo que ha dicho.

- Sí.

- Muy bien. ¿Verdad que lo que tu quieres es no tener miedo a los terremotos? ¿Verdad que lo que quieres en realidad es sacarte esa idea, ese pensamiento, 'de la cabeza'?

- Sí, Papá, eso es.

- Bien. Papá te va a ayudar a dejar atrás el miedo. Cierra los ojos. Vamos a darle a ese pensamiento feo, tu miedo a los terremotos, la forma de araña peluda [esa es la fobia atávica de mi hija y de muchos niños, ¿cuál es la tuya?] Imagínate ahora que hay una araña peluda en tu habitación y que no recuerdas cuando ni cómo entró.

- Sí, Papá.

- ¿Verdad, mi amor, que todo lo que se ha metido en tu habitación, y no te gusta, puedes conseguir sacarlo? 

- Sí, pero si tu y mama me ayudais...

- Sí. Lo comprendo. Te ayudamos. Todos los padres ayudan a sus hijos al principio, para que un día sepan ayudar a los suyos o a otros niños. Conseguir hacer las cosas por uno mismo es muy divertido, pero más divertido es enseñar a otros...Verás, en realidad la araña está más asustada de ti que tu de ella...

-¿De verdad?

- Sí. Por eso se esconde en las esquinas oscuras de tu habitación. No 'piensa' en morderte o picarte. Simplemente en esconderse.

-¿Por qué?

- Hay personas que cuando ven una araña o cualquier otro insecto, no se les ocurre otra cosa que tratar de cazarlas. Los hay que incluso tratan de matarlas. Verás, igual que tu, la araña es capaz de sentir tu miedo. Y tu miedo le asusta. Sabe que una persona asustada es peligrosa porque es impredecible. Sabe que el miedo, [y no el odio], es lo opuesto al amor. Ella quisiera sentir tu amor, es decir, tener confianza en ti. Por eso, de vez en cuando, sale para descubrir si puede confiar en ti. Pero si siente que le tienes miedo al final no tendrá más remedio que atacarte. En realidad lo haría para defenderse. Lo hicieron sus padres y abuelos. A eso lo llaman los adultos “instinto de supervivencia.” 

Vamos a ver...Busca una bolsita de tela en tu imaginación. La primera que te venga a la mente. Ahora cierra los ojos y dile a la araña que puede salir, que no tenga miedo porque tu no le tienes miedo y por lo tanto no le vas a hacer daño. Venga, yo te ayudo.

Durante dos minutos estuvimos visualizando a la araña asomando primero sus patas y luego saliendo tranquilamente de su escondrijo.

- ¿Ya la ves?, le dije

- Sí!

- Deja la bolsita en el suelo frente a ella, y dile que puede meterse ella misma en la bolsita, donde estará segura. Allí nadie la pisará.

- Ya está, Papá.

- Muy bien. Ahora la sacamos al bosque y la dejamos libre de ir donde quiera. Durante el ritual simbólico no pude evitar dejar caer una lágrima. El miedo de mi hija me conectó con su valiente misión de despertarme a mi de mis propios miedos. Le di las gracias, me disculpé y le dije «te quiero» desde el fondo de mi corazón.

Ese día, a diferencia de otros, habíamos llegado diez minutos antes a la escuela, así que antes de bajarnos del vehículo, le pedí que hiciera dos dibujos de una misma araña peluda. 

-No sé si me saldrán iguales...

- No es necesario. Basta que tu sepas que se trata de la misma araña.

Mientras ella hacía eso, buscando en la guantera del coche, encontré...dos bolsitas de tela!. Cuando hubo terminado le dije:

- Toma. Mete ahora uno de los dos dibujos en esta bolsita.

- Papá, es igual que la bolsita que imaginé! 'Coincidencias sincrónicas de la vida', me dije, mirándome en el espejo retrovisor.

- Fantástico. Ahora escucha esto. Cuando tengas un momento de tranquilidad, quizá durante la merienda, busca a Silvia con tu mirada. Cuando en la distancia vuestras miradas se encuentren, dile en silencio que le perdonas. Luego acércate a ella, dile que le quieres y entrégale esta bolsita con el dibujo. A continuación dile 'gracias'. 

- ¿Y ya está?

- Sí, cielo. 'Te perdono, te quiero, gracias'. Eso es todo por tu parte. Al principio quizá ella se extrañe y no comprenda. 

-¿Qué pasará entonces, Papá?

-Tu dibujo le hará sentir el mismo miedo que tu sentiste cuando te contó lo del terremoto. En realidad eso sucederá porque le recordará el miedo que le produjo la araña que un día, cuando era muy pequeña, apareció en su habitación. Para ella la araña peluda todavía sigue allí. Solo la vió una vez, pero fue suficiente, le bastó para asustarse. Pero como sus papás no le creían, o le quitaban importancia, tuvo que hacer un dibujo de la araña para no olvidarla y te lo dio a ti. Ella sabía que tu [y todos a los que les contó lo del terremoto y se asustaron] te lo quedarías

-¿Por qué, Papá?

-Todos olemos el miedo de los demás, pero los niños y los animales están más conectados con esa habilidad. Silvia olió que a ti también te daban miedo las arañas. Por tu forma de ser, se dio cuenta de que en tu dormitorio había una, por lo que intuyó que tu comprenderías su miedo. Era su forma decirte 'tengo miedo de las arañas y necesito compartirlo con alguien’. Lo que ella quería era saber si tu creerías su historia y sentirías lo mismo que ella. Buscaba a alguien que le consolara y ayudase a vencer su miedo, alguien capaz de ayudarle a sacar la araña de su dormitorioNo fue su intención asustarte. Es solo que se sentía sola con su miedo. No sabía lo que hacía. Por eso debes perdonarla.

- Ya entiendo. Cuando se dé cuenta de eso, ¿se pondrá un poco triste?

- Sí, mi amor. Pero las lágrimas le harán muy bien. Recuerda lo que Papá siempre te dice: «Para eso Dios nos dio las lágrimas» No temas su reacción. Cuando le des tu dibijo ella sabrá que eso significa que tu ya no tienes miedo a las arañas...puede que se enfade al sentirse de nuevo sola con su miedo, pero al final vendrá a disculparse, te pedirá perdón y te dará las gracias por haberle dado el dibujo. Entonces tu le recordarás que ya la perdonaste el día que le trajiste el dibujo. Aunque lo hayas dibujado tu, en realidad se lo estás 'devolviendo'.

-Es verdad. ¿Qué crees que pasará con la araña de su habitación, Papá?

- Después de haber llorado, ella cogerá tu dibujo y en vez de tratar de dárselo a otro niño, se lo llevará muy decidida a sus padres y se lo dará. [entre tu y yo, quizá pase un tiempo hasta que eso suceda. Cuando ella ya no les necesite para sobrevivir...cuando sea independiente, pero esto no necesitas contárselo ahora a tu hij@]

- Será su forma de decirles que tuvo miedo, ¿verdad?

- Sí, eso es. Entonces sus papás comprenderán...

-¿Qué, Papá?

- Recordarán y se darán cuenta de que fueron ellos quienes, inconscientemente, metieron la araña peluda en la habitación de Silvia. 

Verás, igual que tu un día serás madre –si así lo deseas– todos los padres también un día fuimos niños...Y también nos dieron miedo las arañas. En los dormitorios de la mamá y el papá de Silvia también había una araña. Al poco de nacer y entrar en su nueva habitación, la vieron y trataron de contárselo a sus propios padres, ya sabes, los abuelos de Silvia. Como era la primera hija ellos buscaron por todas partes. Removieron toda la habitación haciendo mucho ruido. La pusieron patas arriba con tal de dar con «ese bicho que tanto asusta a nuestra niña». Pero no la encontraban. Cuando ya se dieron por vencidos, agotados, entonces les dijeron a sus respectivos hijos que sin duda tan solo se había tratado de una pesadilla, y que lo mejor era que en adelante olvidasen, que así desaparecerían las pesadillas. Los papás de Silvia intentaron advertir a sus propios padres más veces, pero pronto se vieron obligados a resignarse...Sabían que no les iban a creer. Cada vez se sentían más incomprendidos. Incluso quizá se sintieron objeto de burlas. Los adultos hacen chistes y se burlan de otras personas, incluso de sus propios hijos, para olvidarse de las burlas que ellos mismos sufrieron de pequeños. Ahora, además de seguir teniendo miedo, ellos estaban enfadados. Su papá quizá más que su mamá. En definitiva, no les escucharon.

Un día los papás de Silvia se fueron de sus respectivas casas, igual que mamá y yo lo hicimos, para formar un nuevo y propio hogar en el que tu pudieras vivir.

-¿Que pasó con la araña que había en sus habitaciones, Papá?

-Cada uno se llevó esa araña consigo. Tambien se llevaron su enfado. No pudieron evitarlo. Preferían eso a dejar la araña en la casa de sus padres.

- ¿Por qué?

- Por que tenían miedo a la reacción de sus papás, los abuelos de Silvia, cuando la encontrasen. Pensaban que, aunque no la hubiesen visto antes, tarde o temprano acabarían por descubrir a la araña y entonces o bien se asustarían –y quizá por eso se enfermasen (lo cual a ellos les pondría muy tristes y les haría sentirse culpables)– o bien se enfadarían con ellos por haberla dejado en su habitación, al irse de casa, sin avisarles, creyendo que sus hijos querían asustarles. 

-Pero eso no es verdad. Les habían avisado varias veces...

-Es cierto. Pero no les creyeron. No habían conseguido verla porque la araña, al ver sus formas bruscas, temió que quisieran hacerle daño por lo que se escondió donde no pudieran encontrarla. Los adultos se suelen comportar de esa manera porque tienen miedo, aunque rara vez lo reconozcan.

Cuando nació Silvia, las dos arañas se escondieron en su habitación. Sabían que la habitación de un niño siempre era el mejor sitio para ser encontradas, reconocidas y abrazadas. Se hicieron tan amigas la una de la otra que parecían una sola. De hecho Silvia creía que solo había una araña en su dormitorio porque nunca salían juntas de su escondite sino una vez cada una.

Ahora no debes preocuparte. Cuando Silvia les dé tu dibujo a sus padres, ellos normalmente se pondrán tristes un rato. Luego los tres juntos le dirán a la araña que puede salir de su escondite sin miedo, que no le harán daño. Igual que hemos hecho tu y yo ahora. A continuación verán como la araña en realidad eran dos, una de su papá y otra de su mamá. Los tres juntos dejarán a las dos arañas libres en el bosque. Finalmente consolarán a Silvia de su miedo y se disculparán por haber traído sus propias arañas a la familia. 

- Y Silvia ya no tendrá más miedo a los terremotos...

- Eso es. Entonces Silvia les recordará que ya les perdonó cuando les trajo el dibujo.

-¿Que harán sus papás entonces con el dibujo?

Después de haberse secado todas las lágrimas por los recuerdos que tu dibujo les traiga, cada cual dibujará su propia araña (quizá sea una serpiente, o una rata...dependerá de qué forma le den a sus miedos) y se lo llevarán a sus propios padres, los abuelos de Silvia y les perdonarán.

- y ayudarán a las arañas a salir de su dormitorio.

- Eso es. Quedan muchos insectos escondidos por acompañar al bosque. A tu dibujo le queda una larga y bonita misión que realizar.

...

Quizá te preguntes qué hicimos con el otro dibujo que hizo mi hija (recuerda que le hice hacer dos)...eso mismo me preguntó ella. Le contesté que me lo llevaba de vuelta a casa. Que era para nosotros, sus padres. 

- Discúlpame y gracias, le dije, mientras se me escapaban dos lágrimas. Te quiero.

- Te quiero, Papá.

Me dio un beso y me sonrió con ternura. Supe entonces que había comprendido. Al llegar a casa, por la tarde, los tres juntos ayudamos a sacar a la araña de mamá de debajo de la cama y llevarla al bosque. Mágicamente no ha vuelto a mencionar el tema de los terremotos.

Y tu, ¿De qué tienes miedo? ¿Cuál es tu fobia atávica?

Dedicado a Rodrigo y a mis padres.

 Lars Quetglas. Derechos de reproducción impresa reservados. Agradecimientos especiales a Sonia. Si quieres compartir este cuento, no tendré inconveniente. Tan solo recuerda mencionar su origen. Gracias. He escrito un ensayo complementario a este relato, por si te interesa...

Si este relato te ha incomodado en alguna medida, antes de juzgarme o criticarme, quizá consideres oportuno mirar debajo de tu cama.

sábado, 22 de octubre de 2011

existe un futuro

IsabelSi visitas la página de FORBES, donde aparecen los multimillonarios de cada país, y sumas el dinero de sus fortunas y lo divides entre la población mundial...verás que cada uno de TODOS los habitantes de la tierra, cada mujer, hombre y niño de todo el PLANETA recibiría más de UN MILLÓN DE DÓLARES si ese dinero se repartiera.

Algo anda muy mal, el planeta es rico (incluso más allá de esas fortunas) y ES DE TODOS
¿Cuándo dejamos que la familia humana se odiara y llegará a niveles de desigualdad, hambre y enfermedad tales?
Un abrazo

Respuesta: Todo lo que dices es un hecho constatable. Pocos tienen mucho y muchos tienen poco. La fórmula que propones parece la más equitativa sobre el papel, pero si has imaginado la viabilidad de ese reparto, verás que se antoja utópico. ¿De verdad crees que si de golpe toda la riqueza económica del mundo, atesorada ahora por una exigua élite, se repartiese equitativamente –y sin hipotecarios intereses– entre cada persona, algo cambiaría? ¿Crees que de repente el odio, el rencor, la furia, la frustración, el miedo, se disolverían de golpe y porrazo? ¿Crees que dejaría de haber especuladores? Pienso que el dinero no da el amor, sino al revés.  Sé que lo que voy a decir no es políticamente correcto, pero para que ese desequilibrio cambie, la mejor lección es el ejemplo que cada uno dé. Quiero decir, quien quiera respeto, que lo ofrezca. Si queremos solidaridad en el mundo, seamos solidarios, si queremos armonía y abundancia, ofrezcamos la parte que podamos dar de todo eso. 

Isabel: Ya pero yo ya pago mis impuestos. Creo que contribuyo sobradamente.

Respuesta: Le das al César lo que es del César porque de no hacerlo te atienes a sanciones fiscales. Lo haces porque es tu obligación. Es muy diferente a dar por amor. La única manera de devolver el equilibrio al mundo es dando auténticamente de nosotros. ¿Cuánto? Se dice que el 10% de todo lo generado debe ir a dar. En la medida que damos, así recibimos. Es una regla simple. El mundo no está mal repartido. Cada cual tiene lo que ha sembrado. Y cada cual tiene el potencial para recibir lo que considera que merece. No esperes que otros cambien. Cambia tú y sé el ejemplo que esperas de otros…
Pero claro, aquí entran en conflicto las emociones personales de cada uno. Si hemos vivido hasta ahora en un mundo sin amor, donde el dinero es un bien escaso que conviene mantener a buen recaudo...tendremos que reconocer que el camino se torció y habrá que 'desandar ese camino' para regresar al punto en que la ruta se bifurcó y experimentar el miedo...
–¿El miedo a qué?
– El miedo ante la disyuntiva que se nos presentó y el consecuente dolor por haber tenido que tomar el camino del resentimiento, la vergüenza, la culpa, la avaricia, etc…aleccionados por nuestro entorno más cercano. ¿Cuántas veces hemos pasado ante un mendigo o un aparcacoches que nos pedía una limosna y hemos hecho como si no viésemos? Todas esas actitudes mezquinas son las que debemos revisar. Permanecer ignorantes ante la inexcusable simbiosis de la que todos formamos inexcusable parte es lo que nos está poniendo a todos contra las cuerdas. Sobretodo es nuestra responsabilidad conectar con las emociones ocultas tras esa ignorancia. Una vex experimentadas esas emociones que acumulamos desde entonces y que nos sembraron, en adelante, el camino de desencuentros y conflictos –por no hablar de desequilibrios físicos (enfermedades, etc), seremos capaces de reescribir nuestro cuaderno de bitácora y mirar con optimismo y dignidad a nuestro futuro y el de las generaciones venideras. Los niños del mañana somos nosotros. Más nos vale tratarles con dignidad y respeto. Quien siembra vientos recoge tempestades. 

Vivir es reir y llorar. Cuando aceptemos que expresar las emociones acumuladas –y las que se presenten nuevas– es la salida del caos presente, dejaremos de exigir al mundo que cambie y que sea lo que esperamos de él. El mundo somos nosotros, todos y cada uno ha aportado con su granito de arena –que cada cual reflexione sobre ello– a la confusión de valores, a la censura de los sentimientos. Todos nos iremos un día de este mundo, para ir a otro. Dejaremos aquí nuestro cuerpo físico, lleno de cicatrices, pero nuestra mente nos acompañará y lo hará en el estado en que se halle en ese momento. Si está llena de miedo, nos llevaremos ese miedo con nosotros. Si está llena de amor, esa será nuestra cosecha.
Piensa globalmente. Actúa localmente. ¿Qué más localmente que tu propia conciencia?

Existe un futuro para todos. Un futuro lleno de paz, armonía, y equilibrio. Pero a ese mundo llegaremos con compasión por nosotros mismos y por los demás.
Paz a todos

lunes, 20 de junio de 2011

Sin miedo

"Para no tener miedo del presente hay que liberarse de los miedos del pasado".
C.G. Jung

martes, 25 de enero de 2011

Tengo miedo




¿Qué has sentido al ver este video?
¿acaso miedo? Fantástico. Eso significa que eres un ser humano.

Tienes miedo porque no comprendes. Porque desconoces. Eso es lo que les pasa a los niños. No comprenden las reacciones de los adultos, pero no pueden evitarlas, pues emocionalmente dependen –hasta los siete años al menos– de la expresión que dichos adultos den a sus propias emociones, es decir, del modo en que las gestionen. Temer a lo desconocido es consecuencia de haber estado expuesto, de niño, a las incomprensibles (y a veces aleatorias) reacciones que dichos adultos tuvieron frente a lo desconocido, lo nuevo.
Los adultos reaccionamos con miedo frente a lo que no comprendemos. Y los niños son entidades muy receptivas que se percatan al instante de las energías que amparan a sus adultos. Es por ello que los niños acaban por imitar nuestros patrones de conducta.

Ante el miedo –una emoción vertiginosa que nos impide desenvolvernos naturalmente y tomar decisiones conscientes– que surge frente a una nueva situación nunca antes vivenciada, decidimos optar por uno de estos dos modos de reaccionar y canalizar dicho miedo:


1. Nos abandonamos a dicha emoción. Ejemplo: "Sí, acepto que hay vida inteligente ahí afuera. Me lo han contado (o lo he visto). Además estoy convencido de que son malvados y quieren invadirnos, tal como dicen en la tele y en el cine. Son peligrosos y más poderosos que yo. Necesito sentirme protegido de lo desconocido, por eso milito en este o aquel partido político, Iglesia o teoría filosófica. Por eso me creo todo lo que dicen los telediarios. No me interesan las secciones de opinión de los periódicos. Me siento seguro cuando delego en otros mi responsabilidad frente a lo desconocido. Me he equivocado muchas veces en la vida. Me siento culpable y me lamento todavía de cosas (fracasos, etc.) que pasaron hace tiempo. Los perros me asustan y los agresivos me ladran por allí donde vaya. Incluso me han atacado alguna vez.
Y negaré cualquier argumento que pretenda hacerme ver otra cosa.

2. Negar que existe: Levantar una fortificación para pretender y convencerme de que no tengo miedo. Ejemplo: "Solo los cobardes tienen miedo. Los valientes no lloran. No existen los fantasmas, los demonios, los seres extraterrestres. No quiero comprender ni integrar la posibilidad de cualquier tipo de realidad que no pueda percibir con mis cinco sentidos. No hay más vida inteligente en el espacio que la conocida en la Tierra. Todo lo demás es ridículo. Yo no tengo ni miedo ni me siento culpable por nada. Punto. Y combatiré física o dialécticamente a todo el que trate de llevarme la contraria. Y ojo, que tengo un perro al que he entrenado para servir de protección a mi y a los mios. (Es más, trataré de convencer por todos los medios a mi alcance, que mi postura es la adecuada, y de paso me burlaré de todos los miedosos y cobardes, gente inferior que no sabe valerse por si misma y a la que acabo por considerar una lacra para el progreso humano."


Estas dos posturas, aparentemente antagonistas, no son sino complementarias. Aunque una niega a la otra, ambas tienen un común denominador: el miedo a lo desconocido.
Unos escapan de lo que no comprenden, desaprovechando la oportunidad que eso les ofrece para crecer y liberarse del temor. Los otros deciden sentirse embargados por el miedo y acaban convirtiéndolo en el motor de su vida. Lo necesitan para sobrevivir. Y en cierto modo les inhibe de la responsabilidad de tomar el timón de sus vidas, pues alimentar el paralizante victimismo, inhibe la responsabilidad frente a los eventos y la consecuente oportunidad de afrontarlos y crecer.

El miedo, al igual que cualquier otra energía generada y derivada por una agente o contingencia externa, si no es aceptado y como un perro, 'domesticado', acaba convirtiéndose en un tirano para quien se abandona a él y le permite regir sus destinos como un cruel dictador que no quiere ser, y obligando a los partisanos del segundo grupo, a crearse una adicción para mantenerlo a raya, al margen de la mente consciente.
Dependiendo del potencial de cada persona en función de su carta natal, uno puede tratar de sublimar el miedo entregándose febrilmente a su ocupación laboral, haciendo deporte de un modo ferozmente competitivo, zambulliéndose en prácticas sexuales sádicas o masoquistas o cayendo directamente en la adicción a sustancias que rebasen los efectos sedantes o estimulantes de las endorfinas o dopaminas, etc, según sea el caso.

En todo caso, sean las imágenes de este video, la violación de la intimidad sexual de un menor de edad, la pérdida de tu empleo o el colapso de sistema financiero mundial, el evento acontecido, es decir la realidad (acontecimiento, agente) que provoca el miedo seguirá existiendo. Y seguirá tocando, cada vez más insistentemente, a la puerta del afectado, clamando para que la emoción contenida que ese agente originó, sea integrada en la parte consciente de la mente de la víctima.

¿Vas a seguir escapando del miedo –huyendo de él o utilizándolo como tiránico alimento– o vas a enfrentar a la fiera y la vas a abrazar, como se abraza a un hijo rebelde drogodependiente que lo que grita en silencio es que simplemente lo quieran?

Aceptar y manifestar elocuente (liberar) y conscientemente la emoción (el estallido de incomprensión) asociada al acontecimiento desencadenante, es esencial para descargar presión sobre el cuerpo emocional (alma) y evitar que las bajas frecuencias vibratorias que la contención de la emoción acarrea, repercutan en el cuerpo físico, debilitándolo y acortando una vida que podría prolongarse más allá de lo imaginable.

Aceptar las enfermedades tiene como finalidad evitar la negación, y la consecuente (e incomprensible para ella) batalla que por medio de la farmacopea se desencadena para restituir de forma ignorante la salud del cuerpo físico.

No somos tan solo un cuerpo físico. Esa es tan solo una sagrada vestimenta, necesaria para poder abrigar la presencia de una entidad espiritual, mucho más ingrávida y gentil, imperceptible a los burdos sentidos de esta dimensión espacio-temporal aquí en este planeta.

Os voy a poner un ejemplo. Imaginad a una mujer quien, en una vida previa, tuvo un marido que era totalmente posesivo y dominante. Durante un tiempo ella aceptó esta actitud de su marido en parte porque encontraba dicha actitud natural y seductora –probablemente porque su propio padre tenía ese carácter–, pero llegado un cierto punto ella experimenta un cambio de consciencia y decide que ya era suficiente y rompe la relación. Pero más tarde el marido, incapaz de soportar el abandono, se suicida. La mujer siente remordimientos. Cree que es culpable por lo sucedido. Se pregunta si acaso no debería ella haberle dado a él otra oportunidad. Ella acarrea este sentimiento de culpa durante el resto de su vida.

En otra vida ellos deciden volverse a encontrar, pues algo ha quedado pendiente de su vinculación que necesitan resolver para despedirse y seguir adelante. Se produce una singular atracción entre ellos. Al principio, el hombre es excepcionalmente encantador y ella es el centro de su atención. Él la adora. Los papeles de repiten. Comienzan una relación. A partir de entonces él se vuelve cada vez más celoso y posesivo. Él sospecha de adulterio por parte de ella. Ella se halla a sí misma en una disputa interior. Ella está enfadada y perturbada a causa de que él la acuse equivocadamente, pero ella también siente una extraña obligación a ser indulgente y a darle a él otra oportunidad. Él es un hombre herido, ella piensa, él no puede experimentar el temor a ser abandonado. Tal vez yo pueda ayudarle a superarlo. Ella justifica su comportamiento de este modo pero en realidad ella permite que sus límites personales sean violados. La relación afecta negativamente su autoestima.

La elección más liberadora para la mujer habría sido ahora aprovechar el reencuentro en esta vida y romper la relación para poder seguir su propio camino sin sentirse culpable. El dolor y miedo del marido no son de su responsabilidad. El dolor del marido y la sensación de culpa de ella los han llevado a una relación destructiva. Su relación ya estaba cargada emocionalmente a causa de una vida anterior. El significado del encuentro repetido es que la mujer debe aprender a dejar que las cosas prosigan sin sentimientos de culpa y que el hombre debe aprender a sostenerse por sus propios pies emocionalmente. Por lo tanto la única solución real es romper la relación. La solución para el karma de la mujer es finalmente soltar su sensación de culpa. El ‘error’ que ella comete en su vida anterior no fue que ella abandonó a su marido sino que ella se sintió responsable por su suicidio. La partida de su esposa en esta vida confrontaría al marido nuevamente con su propio dolor y temor y esto le ofrecería a él una nueva oportunidad de enfrentar estas emociones en lugar de escapar de ellas suicidándose.


Eres espíritu, eterno e intemporal espíritu, co-creador de toda la realidad que te rodea. Todo el caos mental que has padecido y el daño que fruto de ese caos te has infligido a ti y a los que te rodean, está muy próximo a terminar. Una justa y amorosa era de paz y armonía está tocando ya a las puertas de tu corazón. ¿Lo estás oyendo?

viernes, 20 de agosto de 2010

SIN MIEDO




Hace tiempo que sigo a Alex Jones en su web de infowars.
Si bien todo lo que dice es cierto, tengo la impresión de que, inconscientemente (quiero creer que es así), está dedicándose a extender el miedo. Sin darse cuenta, y probablemente con toda su mejor intención, está cayendo en la sutil trampa de convertirse en la herramienta del lado oscuro de la humanidad (Iluminati/Cabal/Thule/Bilderberg). Me explicaré. Aquellos que verdaderamente han constituido una verdadera amenaza para el poder que gobierna el mundo entre bastidores, han sido indefectiblemente borrados del mapa con una limpieza casi quirúrgica. Es decir que las circunstancias que rodearon sus muertes no han levantado serias sospechas. Pocos desgraciadamente creen que a John Lennon lo mató la CIA esclavizando mentalmente a un ya enajenado Mark D. Chapman. ¿Quién cuestiona a estas alturas que a Gandhi lo mató nadie más que un musulmán descontento, y no una agencia gubernamental secreta preocupada en que el mensaje del Mahatma pudiese calar en otros paises dominados por algún imperio? A JF Kennedy lo mató Lee H. Oswald, que a su vez fue asesinado por Jack Ruby, y no se hable más del asunto, verdad?

Es imposible mantener la mente aquietada y La Consciencia despejada si concentramos los esfuerzos en advertir acerca del daño que hace el aspartamo, etc. y nos creemos que por ser reporteros por un día estamos salvando al mundo. Nos empeñamos en asumir roles que no nos competen directamente y hacemos dejadez de funciones en asuntos de los que somos directamente responsables. El mundo al revés. Pero claro, hay tanta gente ávida de emociones vertiginosas. Es tanto el vacío existencial, que buscamos reconocimiento y chupar cámara a cualquier precio. Falta de perspectiva. Una lástima.

El Gobierno del mundo en la sombra hace décadas que quieren culminar unos planes eugenistas diseñados desde hace siglos. No podemos hacerles desistir de su empeño usando las mismas y viles armas que ellos manejan. Entre otras cosas porque eso mismo es lo que desean que hagamos. Que manifestemos nuestra ira contra ellos. Las monarquías, las religiones, los gobiernos y los medios de difusión/comunicación de masas han puesto todo su empeño en mantener confundido al hombre acerca de la verdadera naturaleza eterna del alma humana. Pero para lo que no están preparados es para hacer frente a la no-violencia. El equilibrio está entre no amotinarse y no doblegarse. Podrán tener nuestros cuerpos, pero nuestra conciencia es inalienable. Nuestros sueños no pueden manipularse.

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
Abraham Lincoln.

Nos hallamos, no en el inicio de una crisis, sino en el final de un ciclo de la humanidad, que traerá consigo el despertar inevitable de la Conciencia del sueño en que estaba sumida.
¿Asustarnos porque los edulcorantes son cancerígenos? Todos vamos a morir un día. Tarde o temprano. La cuestión es qué hacemos mientras estamos aquí. El miedo al cancer es el miedo a la muerte. Tomar conciencia de nuestra naturaleza eterna y de nuestra capacidad para manifestar la realidad que nos rodea en función del tipo de pensamientos que tengamos, es lo que nos liberará del yugo del karma. Somos infinitos en el espacio y eternos en el tiempo, y la única muerte que existe es la del cuerpo físico. Period (como dicen los anglosajones).

Más nos valdría erradicar energías como el miedo, la culpa, la frustración, etc. para que dejemos de transmitirlos de generación en generación. Para dejar el pasado tormentoso atrás debemos ser consciente de que ese pasado nos ha lastrado y conscientes de la medida en que lo ha hecho. Y eso no significa anclarse emocionalmente en el pasado. Para salir a flote es necesario tocar fondo desde donde impulsarse. Desgraciadamente preferimos convertirnos en reporteros del horror, antes que enfrentarnos con el origen de nuestras personales compulsiones y acciones inconscientes. ¿De qué nos servirá tener un huerto ecológico si perdemos la perspectiva de nuestro rol individual en un contexto más cósmico?
Y claro que me preocupa que se esté hablando de una nueva guerra contra Irán. Rezaré para aportar mi grano de arena para que eso no ocurra, aunque estoy convencido de que desde más altas esferas ya se está poniendo remedio a tanta barbarie. Si la integridad del planeta está en peligro, por la razón que sea, estoy seguro de que nuestros hermanos mayores en la Galaxia tienen previsto alguna solución al respecto. Donde no van a intervenir es en el curso de nuestras existencias particulares. Respetan enteramente algo que nosotros nos solemos pasar por el forro: el libre albedrío del otro.

Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno. Los lobos (paro, crisis, enfermedad, soledad,…) solo muerden a quien, consciente o inconscientemente, les teme.
Es tiempo de abrir los ojos e ir a la raíz de todas nuestras inquietudes como especie. Al fondo de la gruta donde se esconde la raíz de nuestros miedos.
Tiempo para bajar los brazos y rendirse al ritmo de la Creación, abandonando tanta infantil soberbia. Tiempo para deleitarse con las cosas pequeñas que hasta ahora sucedían sin que nos diéramos cuenta. Tiempo para dar gracias al Planeta por todo aquello que constantemente recibimos ( lluvia, sol, oxígeno, biodiversidad…) y por lo que nunca hemos tenido que dar nada a cambio. Tiempo para disculparse por todos los errores cometidos por acción u omisión. Disculparnos a todos lo que hemos herido y a nosotros mismos, por habernos permitido comportarnos de forma alienada. No somos violentos , y sin embargo tenemos actitudes violentas. No somos envidiosos, y sin embargo no nos alegramos por los éxitos de nuestros hermanos. No somos racistas pero nunca le compramos el delicioso pan ácimo a un musulmán.

Cada vez que me mandan un mensaje con algún archivo adjunto del tipo de Alex Jones, para que lo difunda suelo contestar que no puedo porque estoy ocupado tratando de asimilar esto:





La Tierra está despertando de un aceptado letargo. ¿Quién está preparado (sin miedo) para acompañarla en su ascenso vibracional a una nueva dimensión?
Nada va a volver a ser como antes. El telón está casi listo para ser levantado.
¿Suena enigmático?
Yo soy así.

Piensa globalmente, actúa localmente.

HOY POR TI
Tu tiempo es capital.