miércoles, 14 de junio de 2017

La Piscifactoría

-Caos en la política y en las finanzas mundiales, en la sociedad en general: expatriados y refugiados mendigando asilo. Mercenarios sicópatas aniquilando todo bicho viviente en rincones inhóspitos. Trabajadores con sueldos humillantes, jubilados estafados, disputas vergonzosas en las cámaras parlamentarias entre partidos políticos tratando de arrogarse el báculo de la justicia. Paraísos fiscales destapados. Y...al mismo tiempo, turistas de altísimo poder adquisitivo gastándose displicentemente 20 mil euros por alquilar 2 semanas una finca y un yate en una zona de confort en algún resort de lujo y alquilando vientres de mujeres de economía precaria para eviarse los inconvenientes del embarazo y hasta tener que convivir con una mujer. La polarización llevada al extremo. Más allá de que haya quien esté pescando en río revuelto ¿A qué responde este escenario tan grotescamente polarizado?
-A ver cómo te lo explico....Mira, ya que hablamos de pesca, Imagina que eres un pez. Un pez que ha nacido en cautividad, en una piscifactoría. Sus padres también nacieron allí. Y sus abuelos, etc...Ninguna generación de peces conoce en esa factoría la libertad, la vida en mar abierto. Pero hasta hace prácticamente nada creían que ser libres consistía en poder nadar entre las 4 paredes acristaladas de su acuario en el segmento asignado. Mientras tuviera una parcela para aletear y el dueño del acuario le diese de comer a la hora habitual todo estaba en orden...El que se portaba bien ascendía de rango y recibía doble ración a cambio de ayudar a los vigilantes a controlar a los peces contestatarios, inquietos...rebeldes. Pero resulta que todo negocio, mal que les pese a sus explotadores, igual que un día comenzó, también tiene su fin. Han pasado varios cientos de miles de años desde que se inició el juego...

Por encima de los explotadores de las piscifactorías están los propietarios del terreno, ausentes durante algunas generaciones aunque observadores en la distancia. Sus capataces tan solo cumplían esa función, vigilar al pescado, encargados de alimentarlo para que engorde. Sucede que a mayor tamaño también mayor conciencia. 
El Propietario del terreno ha detenido el cronómetro pues el tiempo de jugar a siervos y señores se ha acabado, y ha decretado que se abran las compuertas porque ya se acabó comer pescado. Los vigilantes se ven obligados (a regañadientes porque han sido muchas generaciones viviendo de su estatus dominador) a levantar las compuertas. Sucede que el ruido del oxidado mecanismo, al reactivarse (inversamente) tras siglos de desuso, atemoriza a los peces quienes creen, en su delirio, que ha llegado SU FIN, que van a ser devorados de golpe por una bestia marina desconocida. Como consecuencia de ese pensamiento se atrincheran al fondo de la piscina, reclamando más protección y recursos a sus vigilantes para mantener la empresa de sus controladores a flote. Pero el hecho es que el negocio se hunde irremisiblemente. En el interim, los vigilantes no están capacitados ni mucho menos para hacer pedagogía. Aunque la tuvieran no hay tiempo.
Solo serán libres los peces que se atrevan a soltar sus miedos, los que se atrevan a ver más allá de sus acostumbradas percepciones. No es fácil pues la costumbre a creer en los dictados de los vigilantes está muy arraigada. De entre los que ven la Realidad más allá de la ficción y se saben finalmente libres, los hay que abandonan el escenario entregados a su merecida libertad. Su tarea ha concluido. Otros han decidido quedarse y ayudar a los asustados a librarse de sus ataduras (apegos) a la esclavitud (de las que no son conscientes). Pondrán todo su esfuerzo en 'salvar' a cuantos más reticentes a sanarse sea posible antes de que la factoría se hunda en los abismos y el cronómetro sea puesto en marcha de nuevo. A riesgo de su propia integridad. No es la primera vez que sucede (ni será la última)

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