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lunes, 11 de agosto de 2014

El origen del miedo (I)

Quizá creamos que la fuente de toda disputa este plano/Planeta entre facciones opuestas se debe al interés de unos, más privilegiados materialmente, por dominar a otros menos favorecidos, o al menos para perpetuar cualquier desigualdad ya existente. Pero eso no dejaría de ser una perspectiva un tanto maniquea, en cuya adhesión se ha fundamentado la llamada lucha de clases, aceptada desde el advenimiento del marxismo. En el fondo esta lucha estaba destinada a perpetuar precísamente las desigualdades que afirmaba combatir. Para que alguien necesite someter a otro, es preciso que esa intención esté arraigada en la desconfianza. Y quien desconfía de alguien, necesita fabricar argumentos sostenibles mediáticamente con los que sustentar sus ocultas y verdaderas acciones dominadoras.

Detrás de la falta de confianza se esconde ineludiblemente el secretismo, la tendencia planificada a ocultar algo cuyo alumbramiento desestabilizaría el statu quo imperante.

Cuando sientes confianza en alguien todos los acuerdos son posibles, pero si hay desconfianza puedes apostar la vida a que alguna de las partes (si no ambas) tiene algo que ocultar. Y quien algo oculta siente vergüenza, habitualmente maquillada con los ropajes del orgullo, ese recurrente comodín al que nos hemos acostumbrado a apelar cuando nos sentimos entre la espada y la pared.

Hay muchas emociones involucradas en la olla diaria de la convivencia, y la madre de todas ellas, la raíz que engloba todos los ocultamientos y censuras, la que no entiende de razonamientos o análisis es una y muy clara: el miedo. Pero ¿Miedo a qué?

Ya sé, dirás que no tienes miedo. Y mentirás. Y agradecerás que te llame mentiroso porque es mejor que llamarte psicópata. Todos tenemos miedo. Si no seríamos unos alegres suicidas (por no hablar del dolor que probablemente ocasionaríamos al exponer a seres queridos a situaciones de riesgo real). Pero hay dos tipos de miedo. El miedo a lo conocido, mejor dicho lo recordado/consciente y el miedo a lo olvidado/inconsciente. La diferencia entre ambos es básicamente una. El miedo a lo que conoces no "desata" tu violencia. Esa respuesta es solo propia de quien no comprende algo y reacciona con lo último que le queda, como los gatos acorralados.

El miedo ante el riesgo conocido, ergo asumible, te permite adaptarte a las circunstancias. Es un mecanismo que alerta acerca de las amenazas reales, poniendo automáticamente en marcha un mecanismo propicio de supervivencia ("el cielo se oscurece y se avecina un vendaval=me refugio"; "un virus irrumpe en mi aparato digestivo=relajo mi dieta y permito que mi sistema inmunológico se ponga en funcionamiento sin obstaculizarlo", etc...). Si estás convaleciente, no tienes miedo, simplemente estás tomando medidas para reajustar tu cuerpo físico al entorno.

Pero hay un miedo que derriba, en lugar de fortalecer, tus defensas naturales. El miedo a lo desconocido, mejor dicho, a lo olvidado, pues nada es desconocido, tan solo vamos recordando, poco a poco, lo que siempre hemos sabido pero una vez "decidimos" olvidar...)

El miedo a lo olvidado es muy poderoso y se nutre de todas las pequeñas circunstancias que la vida te presenta. ¿Pero por qué se nutre? ¿Por qué necesita crecer? Muy sencillo, porque en un nivel profundo de tu psiquis deseas reactivar tu memoria. El miedo a lo desconocido es un mecanismo natural para adquirir conocimiento. Un mecanismo que acepta el riesgo en su decidida búsqueda de pistas en el camino, símbolos que despejen la confusión inicial y rescaten el "recuerdo madre", un episodio o conjunto de ellos que son responsables de la activación de la sensación de desamparo que inunda la cotidiana exstencia. Por paradójico que suene (y por mucho que nos inflemos a azúcares refinados y alcohol (via habitual de escape de las personas depresivas) o a alimentos con exceso de sodio (propio de las personas coléricas), en el fondo no queremos olvidar sino recordar.

Huir del miedo (negarlo) es la prueba de que lo "tenemos". Digamos que estamos programados para activar la solución aunque parezca que huimos de ella. El miedo a lo desconocido paraliza bien toda capacidad de respuesta (incluida la risa) o bien desata, como decimos, un frenético y desproporcionado despliegue de medios para impedir que tal amenaza fructifique. Temer a algo intangible (la suciedad doméstica, la inseguridad ciudadana, un atentado terrorista, el hambre, un meteorito, el alzheimer...), que en pura lógica no pone en peligro nuestra subsistencia ahora, es la prueba de que hubo una vez un evento, olvidado obviamente, que sacudió inesperadamente nuestra capacidad de salvaguarda. Un evento vinculado al abandono emocional, el confinamiento o abiertamente a una agresión física en una etapa de nuestra existencia lo suficientemente frágil como para no estar lo suficientemente provistos de las adecuadas defensas (la mayor de ellas precisamente la confianza). Una etapa que naturalmente ya habrás ubicado en el tiempo: la infancia.

 

domingo, 25 de mayo de 2014

A veces, solo a veces...

Todos nos sentimos derrotad@s alguna vez, Probablemente ahora más que nunca, al comprobar que aquello a lo que llamamos 'progreso' ('evolución' para los darwinistas), se ha revelado como una publicitaria cortina de humo de la que, realmente, no hemos participado. Una cortina, por otra parte, ya conocida por las antiguas civilizaciones (māyā/hinduismo o 'velo de Isis'/Egipto) que la denominaron 'ilusión'.

Si lo piensas bien, si te vuelves cartesiano por un instante y piensas dos veces lo que ibas a decir, es decir 'reflexionas', te darás cuenta de que aquello que se siente derrotado no eres tu, sino tus pensamientos. Tuyos porque los pensabas tu, pero una posesión a fin de cuentas. Igual que cuando sientes dolor, dices 'me duele aquí o allí' estás describiendo el lugar en donde a ti te duele. Un lugar que es tuyo,...luego, no eres tu. Y todas las posesiones son tuyas hasta que decides que dejen de serlo...

Cuando hasta un simple comentario escuchado se convierte en fuente de ira y cualquier desdén sufrido en algo apabullantemente pesado, hay que reconocer que ha llegado el momento de hacer revisión de daños. Es el momento de examinar (no analizar, ojo) qué heridas abiertas olvidadas, congeladas/cristalizadas, por el desmemoriado ego reclaman de una vez por todas ser observadas, dolidas y amablemente suturadas.

Y este es el momento y el lugar. Estés donde estés, sea cual sea la edad que refleje el documento que las autoridades competentes (menuda vaguedad) hayan ideado para que tu identidad sea fehacientemente acreditada (menudo dislate, convengamos), aqui y ahora es el lugar y el tiempo de hacer balance de existencias, inventario de lo que sirve y lo que no sirve, de los lastres acumulados que precisan ser liberados. Te lo debes. Tu vales. Yo valgo. Todos valemos. Siempre hemos valido. Tan solo lo habíamos olvidado...

Cuando escuchas que no es bueno acumular rencor asientes y te vuelves inmediatamente el más enconado apóstol de la no violencia. Eso sucede, claro está, hasta que algo te saca inesperadamente de tus casillas y todo tu castillo de naipes se derrumba.

Ser honesto con uno mismo es, no resignarse, sino aceptar que la ira sigue siendo una asignatura pendiente. No con tu presente, sino con tu pasado. Y 'regresar' a él no es retroceder, sino un ejercicio de higiene emocional. Una higiene que sin duda incomoda sobremanera a quienes hacen apología del progreso, a quienes juzgan las debilidades ajenas, y viven alimentando frenéticamente la euforia del mañana, en la inconsciente esperanza de poder huir de la insoportable levedad de su hiriente presente, en la ilusión por cambiar su destino. Pero no se dan cuenta de que el mañana ya es hoy. Hoy, el mañana de ayer...y no lo están viviendo tal como se prometieron, como te prometieron, de acuerdo a sus prometidos principios. Y eso sucede porque siempre están viviendo de proyectos, proyectando ideas colosales, ideas mastodónticas, desconectadas de la realidad, planes que nunca terminan de plasmarse porque...al destino que aguan siempre se obstina en cojear. A la mesa ideal acaba siempre faltándole una pata. Una pata sin la que todas las ilusiones, legítimas sin duda, se desvanecen. Una pata que permanece oculta de los flashes, arrinconada en sótano donde habitan los atemorizantes fantasmas del pasado. Es ese recurso creativo que necesitas para que todos tus proyectos puedan plasmarse. Un recurso que, para tu sosiego, está escondido en un lugar/tiempo perfectamente accesible, sin necesidad del permiso de ninguna autoridad externa. En ese íntimo baúl de los recuerdos olvidados, habita tu niño/niña interior, el único faro con el que puedes contar y en el que estás destinado a convertirte.

"A veces, sólo a veces

hay instantes en que...

Retirarse no es rendirse,

ni discrepar es agredir.

A veces, atreverse a dudar

no es veleidad

ni variar el rumbo hipocresía

como tampoco permitir

que algo se derrumbe

implica desear destruirlo.

Hay momento en que estar a solas

no es misantropía,

ni el silencio no tener qué decir.

Quedarse quieto no es por pereza,

ni cobardía es dejar de combatir.

Sumergirse no es ahogarse,

ni retrocedes para huir.

No se desciende trastabillando,

ni el cielo ganas por bien sufrir.

Ninguna condena es eterna,

ni por perdones vas a morir.

A veces, de vez en cuando...

Hace falta soltarse,

arriar las velas, abandonarse,

dejar que la corriente te lleve,

a la espera de que el viento cambie,

cerrar los ojos y enmudecer."

sábado, 10 de mayo de 2014

Mascarada

¿Juzgarías y condenarías a alguien en el transcurso de una fiesta de máscaras simplemente porque, habiendo acudido a la misma disfrazado de cazador –y tu de Caperucita Roja–, su personaje te incomodase e incluso atemorizase hasta el punto de verlo amenazante? Y si ya lo has hecho ¿no sería más cabal detenerte a recapacitar, reflexionar (recuerda «Cogito ergo sum...») y re-conocer que esos disfraces no eran sino las vestimentas de los personaje que ambos pretendíais parodiar cuando aceptásteis libremente la invitación de acudir a la fiesta? ¿No sería más sabio recordar (re-cordare/re-ligare=religion) que tras esas máscaras se halla/se oculta (te hallas/te ocultas) alguien que se vistió de tal guisa para acudir a la fiesta de la vida porque así lo deseaba, porque esas eran las convenciones mutuamente aceptadas? ¿No pensarías que su disfraz cumple un rol tan respetable como el tuyo, ambos libremente escogidos? En la variedad está el gusto, el disfrute, no? Y si alguien se enfada en el transcurso de la fiesta porque has manchado su disfraz por un descuido tuyo, ¿no lo disculparías por la reacción desproporcionada que pudiese tener? ¿te disculparías a ti por tu torpeza? Y si te irrita alevosamente el lenguaje que un invitado utiliza (que, al igual que tu, apropiadamente decidió utilizar para representar al personaje que LIBREMENTE ha escogido), ¿acaso no considerarías disculparle por las consecuencias que su exceso de elocuencia hubiesen tenido en tu sensibilidad particular? ¿No serías indulgente con él igual que contigo mismo por haber reaccionado airadamente y no haberle 'seguido el juego'?...

La esclavitud, ahora más que nunca, está en la mente de cada uno. Igual que la belleza está en los ojos de quien mira, también el juicio respecto de lo que crees justo o injusto, válido o inválido, bueno o malo tiene raíces en el subconsciente (memoria reprimida) de cada uno, es decir, en lo que es la única verdad, el AMOR, ¿Por qué el amor, que es verdad, permanece oculto, reprimido en los bajos fondos de nuestra memoria? ¿No será acaso que no queremos recordar? ¿Y no será que no queremos recordar porque el recuerdo despierta algo de lo que huimos? ¿Y de qué huimos sino de algo que nos atemorice, nos dé miedo, nos resulte insoportable de presenciar/atravesar, SENTIR...? ¿Y qué es eso sino el DOLOR?. 

Sucede que el subconsciente de cada uno de nosotros SE PARECE MUCHO porque las vivencias de cada uno son similares. No en vano hemos convivido durante muchas vidas en un mismo teatro. Y aunque éste haya estado formado por múltiples y distantes escenarios, en apariencia (cultura/creencias, idioma, raza, sexo,...) dispares, ciertamente se parecen mucho en lo esencial, no es cierto?…
Hablamos de ser libres y ciertamente hemos alcanzado hitos en nuestra conciencia al respecto (las mujeres saben mucho de esa lucha). Pero todos sabemos que existe una Libertad con mayúsculas, una que tod@s anhelamos más allá de los derechos y conquistas sociales alcanzadas. Una Libertad que no se alcanza batalllando en el sentido acostumbrado, sino tomando PERSPECTIVA respecto de la Realidad de nuestra Esencia, más allá de las condiciones de vida. Una perspectiva que solo se vislumbra cuando se es capaz de hacerse la pregunta clave: ¿Quién soy?...

"Los importante es no dejar de hacerse preguntas"
(A. Einstein)

Eres Libre cuando SIENTES y consecuentemente SABES, que eres Hijo de una inteligencia creadora, fuente sin duda de todo lo que es. Una inteligencia que no puede tener principio ni fin, una inteligencia que SIEMPRE ha sabido, sabe y sabrá lo que es mejor para ti. Observa tu cuerpo: hay un orden orgánico, genético, innegable dentro de ti. Ni siquiera aquello a lo que tu llamas caos es independiente de ese orden. Como el efecto del batir de alas de la mariposa, nada es independiente, TODO (lo acepte o no tu ego) es INTERDEPENDIENTE. Como fue, ha sido, es y siempre será. No puede ser de otro modo...

No tienes que luchar para SER algo. Sí para PARECER algo. Ya eres perfecto tal como eres y por supuesto tal como has decidido mostrarte/enmascararte. Eres parte indisoluble de esa inteligencia creadora de la que procedes, es decir, que has participado de esa Creación por lo que eres co-creador de todo lo que te rodea y por supuesto de las circunstancias. Eso es lo que significa que eres Dios. Igual que un hijo comparte los genes de su padre y madre biológicos, también tu compartes la esencia de la inteligencia padre/madre de todo lo creado.
No eres esclavo sino de tu creencia en la esclavitud. Eres eterno. Cual turista comprometido con la preservación del entorno que visita, estás de paso por esta fabulosa experiencia en la que, tal juego de rol, tu mism@ decidiste enfrascarte. Tuya es la decisión de comprometerte a hacer de este espectáculo interactivo una experiencia amable. ¿Cómo ibas a echarte la culpa de algo que no es sino la consecuencia de tu libre decisión de experimentarte estando separado de tu naturaleza creadora?. No eres esclavo, eres LIBRE y nada, salvo tu propia convicción y testarudo apego/afección/afectividad respecto de tu reclusión, puede postergar tu despertar a la visión de lo que no tiene principio ni fin. No eres fruto de una circunstancia aleatoria. No estás aquí/ahora por azar. La cíclica fiesta de disfraces está siendo dada por concluida. El teatro precisa remodelación hasta el inicio de la próxima función.¿Oyes el aviso?

jueves, 8 de mayo de 2014

Fin del combate

Atreverse a ser valiente, sin mirar atrás...Dicen que la duda es madre de la pereza e hija del miedo. Y claro que soltar el miedo conlleva a la felicidad. La cuestión para tantos apesadumbrados dubitativos es ¿cómo dejar de mirar atrás? ¿Por qué mirar atrás a pesar de todas las voces (progresistas por supuesto) insistentes en que la vía de la felicidad está en el mañana? De hecho ¿qué es realmente mirar atrás? ¿Por qué es algo tan aborrecible para las "fuerzas progresistas"? ¿Por qué incomodan tanto esas personas, generalmente ancianas ya (a pesar de la juventud que delatan sus documentos de identidad) que permanentemente viven recordando tiempos pasados? ¿a quiénes incomodan? ¿qué se halla verdaderamente tras la etiqueta "progresista" y "conservador"? Habrá que convenir que cuando se "mira atrás" es porque quien lo hace se siente a gusto recordando y quizá se albergan esperanzas de revivir pasados laureles u oropeles ya caducos...Se espera bien que:

-algo que fue, vuelva a ser.

-algo que no llegó a ser del todo, sea.

En todo caso son personas para los que la palabra "mañana" no existe en sus diccionarios.

Por otro lado está quien vive permanentemente en el mañana, planeando, siempre vaticinando futuras conquistas (sociales por supuesto) venideras glorias, parabienes por llegar, juzgando por supuesto el presente de caduco, y huyendo del pasado como de la misma peste. Son personas que esperan que (y se esfuerzan para que) lo que lamentablemente fue y, según ellos, nunca debiera haber sido...no vuelva a suceder.

Todos, independientemente del extremo al que basculen, esperan algo: Reverdecer a toda costa viejos laureles o...que no reverdezcan.

Por supuesto que están quienes te dirán que vaya estupidez tanto una tendencia como otra. Que ni ayer ni mañana. Que la verdadera inteligencia radica en vivir el aquí y ahora. Y ahí se plantan, sin darse cuenta de que ellos también huyen de ambos extremos creyendo estar experimentando el hoy desvinculado del ayer y del mañana.

Pero, ¿y si la verdadera paz radicase en incorporar ambos extremos en lugar de huir de ellos, en integrar polaridades en lugar de combatirlas?

lunes, 21 de abril de 2014

Sueños y pesadillas

"¿Qué significa soñar? Te lo diré. Significa que el sistema límbico*  se halla procesando activamente los sentimientos** Lo hace también de día, durante la vigilia, cuando nuestros sentimientos entran en juego (felicidad o tristeza básicamente). Es solo que durante la noche el sistema revisa los sentimientos no integrados (no sentidos) desde nuestro pasado haciendo lo que su naturaleza le impulsa a hacer ¿que comprendamos el sueño? No. Que integremos el sentimiento censurado, desintegrado de nuestra realidad. Si alguien nos acusa falsamente de algo y decidimos reaccionar/contratacar externamente ante esa agresión (ya sea juzgando/condenando al agresor con argumentos similares, ya sea riéndonos públicamente de nosotros mismos) lo que estamos haciendo es restarle importancia a la herida de que hemos sido objeto. Todo con el propósito de mantenernos 'fuertes' e incólumes, de que quede bien claro de que nadie va a conseguir desestabilizarnos. Lo que ocurre es que toda re-acción, en tanto que sucede, significa una necesidad de defensa. Quien tiene sus sentimientos integrados no precisa de ninguna estrategia para mantenerlos protegidos. Cada vez que disuadimos a nuestro cerebro límbico en su tarea de procesar los sentimientos que afloran, estamos dejando una herida abierta que negamos ver. Estamos perpetuando un irresponsable atentado hacia nuestra integridad, nuestra dignidad. Una herida que nos exigirá permanente anestesia, como ese perro del que se huye y al que en la huida hay que distraer con golosinas para que no nos alcance. Sucede que el perro tiene por meta mordernos si no lo miramos a la cara.
El sistema límbico trabaja arduamente por la noche. Busca en nuestro archivo histórico aquellos eventos en los que estuvieron involucrados nuestros sentimientos. Y se remonta hasta momentos en que los traumas sentimentales (heridas) no pudieron ser integrados (suturados/cerrados) debido a que éramos demasiado jóvenes y frágiles, incluso en etapas preverbales de nuestra existencia. Etapas en las que no pudimos acudir a un sistema defensivo (intelecto) con el que comprender y contextualizar la agresión. El sistema límbico se zambulle de noche, mientras 'duerme' la razón (neo-cortex), a tientas en un mar de sensaciones vagas y de incomodidad. Sensaciones que emergen al responder al llamado del cerebro límbico que acude, cual caballero a su doncella retenida en su torre, a su rescate, a su sanación.
El cortex provee las imágenes y los pensamientos desde el presente. Y el límbico las utiliza para montar un storyboard, una secuencia que de coherencia al sentimiento, que 'ilumine' el descenso a los infiernos que constituye toda pesadilla. Eso es lo que hace el Dr. Janov en su terapia. 
Los procesos del sueño ponen al descubierto el sendero evolutivo que debe ser desandado en el transcurso de la terapia. No acude directamente al pasado emocional. No fuerza la conexión con el dolor acumulado, sino que  se sirve del anclaje del paciente en el presente y se enfoca en la hoja de ruta que delatan sus sentimientos.

* nota: recuerda tenemos tres cerebros en uno: 1. Encéfalo (cerebro reptil); 2. cerebro límbico (sistema nervioso simpático y parasimpático); y 3. Cortex cerebral (cerebro cognitivo), aparecidos evolutivamente por este orden.
** ya escribí aquí con anterioridad acerca de los sentimientos y las emociones. Desde ahí el mismo cerebro límbico guía al terapeuta en el descenso del paciente hacia las profundidades de su memoria. Las ideas, los pensamientos, las creencias van al encuentro de su hacedor, allí/cuando el sentimiento fue cimentado.

Durante años soñé que los nazis me perseguían y no podía escapar. ¿El sentimiento? Desde muy pequeño mi padre era implacable conmigo en sus correctivos y no me daba ni un respiro: "Siéntate con la espalda recta", "no hables con voz nasal", "¿por qué estás ahí tumbado sin hacer nada productivo?" En el momento que sentí esos sentimientos de acoso, de ausencia de amor por su parte, la pesadilla cesó. Los nazis me perseguían en mis sueños, alguien trataba de hacerme daño, porque mis sentimientos lo hacían, buscando liberarse de su confinamiento en mi mente ignorante de ellos (inconsciente). No se trataba de los Nazis. Ellos solo eran un símbolo recurrente de la época (yo tenía apenas 8 años durante la 2ª Guerra Mundial). Para un niño de hoy quizá lo hubieran sido los terroristas islámicos (arquetipos violentos incrustados en el inconsciente de la sociedad estadounidense actual). Así es como desarrollamos símbolos oníricos. Es el mismo proceso. No supe que tras el símbolo (los nazis) se ocultaba mi padre porque mi sistema solo conocía los sentimientos, no la fuente/evento que los forjaba. Hasta que no hube desarrollado una corteza cerebral no pude saber qué era lo que iba mal.
Los sentimientos anteceden a la cognición por lo que esa memoria solo se puede registrar 'límbicamente'. Debemos tomar nota de esta evolución durante la terapia: Atender los sentimientos y su necesaria descarga emocional y luego comprender el contexto (y eventualmente perdonar).
Los traumas logran que distorsionemos (reprimamos) la realidad inasumible de nuestros sentimientos y al mismo tiempo nos proporcionan la clave para sanar: un sueño simbólico ("me persiguen los nazis") para reintegrarla. Volver a experimentar el dolor grabado y soltar la fuerza represora que nos protegía en un principio (pero que a la larga y de la mano del cerebro pensante/cognitivo se ha convertido en nuestro carcelero.."quién te querrá más que yo", "Aquí nunca te pasará nada"...) acaba por reducir la distorsión: se terminan las pesadillas y se da por terminada la asunción de ideas descabelladas acerca de la necesidad de asumir/contratar sistemas de protección respecto de amenazas infundadas. 

La neurosis es sistémica. No está determinada por el sueño. La arrastramos y no nos soltará hasta que le hagamos frente, la encaremos, la integremos...Entonces los pacientes tienen sueños más reales, lúcidos y abiertos.

Tengo pacientes pre-psicóticos que sueñan que están atrapados en una lavadora y que no pueden detenerla...O también: "Estoy en una cueva oscura y no encuentro una luz que me indique el camino de salida". Se trata de pacientes anegados en traumas acontecidos en etapas prematuras de la existencia, etapas pre-verbales, incluso intrauterinas. Sus manifestaciones son delirantes porque el recuerdo no puede ser explicado con palabras pues en el momento de acontecer el trauma no había palabras para explicarlo. A estos delirios los llamo 'de primera linea' pues se vinculan al primer cerebro, el encéfalo, el que gestiona estos recuerdos.

Los sueños de segunda linea son más intrincados y elaborados que los anteriores y tienen una estructura (relato) más coherente desde una perspectiva racional, digamos. Se sostienen con algunas palabras. Sin embargo son más difíciles de comprender porque su elaborada trama esconde 'mejor' (con más astucia) lo que ocultan. Por ejemplo: "Soñé que iba a ver a mi antiguo profesor e intentaba hablar con él, pero no había modo de que me comprendiera". El sentimiento real es: "Nunca pude acceder a mis padres ni conseguir que me comprendiesen."

En resumen, tener sueños no simbólicos es un buen índice de que un paciente se está recuperando. Lo corroboramos comprobando los signos vitales: niveles de cortisol, cambios conductuales y muchas otras medidas.

Nos sanamos sistémicamente."

Arthur Janov
Primal Center
Los Angeles, Ca. USA

domingo, 6 de abril de 2014

El origen de las emociones

 

Todo lo que necesito

Esta errabunda humanidad que entre todos conformamos (confío que hay otras menos primitivas) y que no deja de enjuiciarse se obstina en mantener vivo un eternizante debate entre las polaridades hasta el extremo de nutrirlo cuando, exhausto, el debate da muestras de fenecer. Un debate entorno a las fuerzas antagonistas (femenino/madre-padre/masculino) cuya danza ha gobernado, alternativa y cíclicamente, los procesos vitales sobre este planeta y sin cuyo roce este mundo literalmente no hubiera sido posible. No hace falta remitirse a los tópicos en materia de insultos (femenino/coñazo vs. masculino/cojonudo) para darse cuenta de que la dualidad se reviste de semánticas polarizantes muy arraigadas en la dialéctica cotidiana:

· diestro/positivo-siniestro/negativo
· conservador-progresista
· versátil/flexible-pragmático/obstinado
· intelectual/racional-ideal/intuitivo
· singular/individual-colectivo/plural
· fracción-entero
· disperso-conjunto
· divisorio-multiplicadora
· propiedad-alquiler
· acción-pasión
· sístole-diástole

...facetas de nuestra naturaleza aparentemente enfrentadas pero que en realidad corresponden a dos caras de una misma moneda. Dos caras simbólicas que representan claramente las dicotomías entre:
· Los dos hemisferios cerebrales/corticales, heredados cuando nuestros parientes homínidos más cercanos (homo erectus) mutaron a humanos (homo sapiens).
· Las dos caras de la Luna. Al igual que el reprimido hemisferio derecho/femenino reprimido por la sociedad patriarcal, también nuestro satélite orbita alrededor de la Tierra mostrándonos tan solo una cara visible y luminosa, quedando oculta otra a la vista. Una circunstancia que pronto va a ser 'corregida'.

La eterna pugna de la coexistencia entre el bien y el mal que habita en cada un@ de nosotros no consigue no obstante opacar nuestro profundo anhelo de alcanzar la redención y la paz tras el sempiterno conflicto. Comprender que, víctimas de las circunstancias que nos hemos creado, la solución no pasa, como bien descubrió Mandela (tras su particular noche oscura del alma en su confinamiento de Robben Island) por derrotar al enemigo, sino que está en la síntesis/unión de los opuestos. Todas las legítimas batallas ya han sido batalladas. No hay ningún conflicto nuevo bajo el cielo. Muchas generaciones han nacido y muerto sin 'resolver' esencialmente sus disputas. No resta ya nada por lo que combatir, nada por lo que realmente luchar o defender o rescatar salvo la consciencia universal acerca de nuestra naturaleza. Comprender nuestro destino en un contexto más amplio que el de 'de la cuna a la sepultura'.

El debate acerca de nuestro origen y las causas de nuestra presencia sobre la faz de la Tierra ha conducido al enfrentamiento entre evolucionistas y creacionistas y todas sus ramificaciones político-religiosas. Un debate que ha empantanado la consciencia y que no puede seguir ya infectando la convivencia. El dolor es demasiado grande como para permitirnos el lujo de seguir intentando tener la razón incluso, en último término, acerca del misterio de la vida, pues éste probablemente nunca nos será revelado en su totalidad, ni falta que hace, verdad?.

Reemplaza en esta canción de Melody Gardot las palabras "Boys/Chicos" por "hemisferio izquierdo" y "chicas/girls" por "hemisferio derecho", y destaparás una importante clave. Es el amor, lo que pide definitivamente paso...

Boys like to think they can have it all
-Los chicos gustan de creer que lo pueden conseguir todo
Well they don't know they're still so small
-Me parece que no saben que en sus mentes son tan pequeños...
All that they see is live is opportunity
-Todo lo que ven es vida, oportunidad
Guys like to think they'll get any girl
-Los chicos gustan de pensar que pueden tener a cualquier chica
That just one look, one quick twirl
-Que tan solo una mirada, una pirueta
That these acts alone will buy him a way into my home
-que la mera comisión de estos actos les abrirán las puertas de mi casa
No well they don't know, no they don't know
-No, no saben, no saben...
All that I'm dreaming of
- todo en lo que estoy soñando
They don't know you know that they don't know
-No saben, ya sabes, no saben lo ignorantes que son
That all that I need is love
-No saben que todo lo que necesito es amor.
So much of these times have been physical
-Tantas veces le he dado importancia a lo físico
Well all the love now where'd it go?
- pero, ¿a dónde fue todo el amor?
Could it be my words are all together totally absurd
-Podría ser que mis palabras son en conjunto totalmente absurdas
All of the men I know laugh at me
- Todos los hombres de ríen de mi
They don't listen, they can't see
-No escuchan, no pueden ver,
I'm falling apart 'cause no one will acknowledge my heart
-que me estoy resquebrajando porque presta atención a mi corazón
No they don't know, no they don't know
-No, no saben,
All that I'm dreaming of
-todo aquello en lo que sueño
They don't know, you know that they don't know
- No saben, ¿entiendes?, que no saben
That all that I need is love
-que todo lo que necesito es amor
So I'll take my thoughts and just walk away
-Así que me iré con mis pensamientos a otra parte
Well I've said all that I can say
-Ya he dicho todo lo que podía decir
But I'm still dreaming of
-Pero todavía sueño
The day that I will find my love
-con el día en que encontraré mi amor



Afortunadamente las cosas están cambiando (no sin dolor) y la balanza otrora descompensada está recuperando su natural equilibrio. Aunque parezcamos navegar sobre las procelosas aguas del irremediable caos ("nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio" J.M. Serrat) toda crisis no es más que la antesala de un salto cualitativo vertiginoso hacia un nuevo escenario. La escuela de la vida renueva sus instalaciones para acoger a un número creciente de alumnos.