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martes, 7 de febrero de 2012

Papa, tengo miedo

 

Recomiendo escuchar simultáneamente el audio propuesto.

Hace una semana íbamos una mañana mi hija de seis años y yo de camino al colegio. Mientras conducía por la sinuosa carretera que bordea la sierra iniciamos el siguiente diálogo.

- Papá...

- Dime.

- ¿Existen los terremotos?.

- Sí.

-Yo no quiero que haya ningún terremoto aquí. Tengo miedo.

- ¿De dónde has sacado esa idea?- le pregunté.

- Silvia me ha dicho que estamos en alerta naranja y que va a haber un terremoto pronto.

Silvia es una compañera de clase, famosa -como buen libra- por su maravillosa capacidad comunicativa y dotes de persuasión, aunque a veces –sin darse cuenta por supuesto– eso le conduce a pisar terrenos pantanosos...

 - Verás, te voy a hacer una pregunta, Martina. ¿Verdad que nunca has visto un terremoto aquí?

- No. 

 - Ahora contéstame a esta pregunta por favor: Antes de que Silvia te dijera eso, ¿Tu tenías miedo a los terremotos?

-No. Había visto un trozo de una película de un terremoto con vosotros, pero para mi solo era una película. Cuando Silvia me ha dicho eso, entonces me he asustado.

 Ya hemos aclarado algo. El miedo es algo que, proceda de donde proceda, está originado en el exterior. Que se instale o no en nuestra mente, depende de nosotros, de nuestra permeabilidad. Somos dueños o esclavos de nuestros pensamientos en la medida que somos respectivamente conscientes o inconscientes ( ignorantes) de su procedencia. Los niños somos muy permeables al impacto de los decretos generados en pensamientos de miedo.

 - Entonces, estarás de acuerdo en que el miedo que tienes 'te lo ha dado' Silvia contándote lo que ha dicho.

- Sí.

- Muy bien. ¿Verdad que lo que tu quieres es no tener miedo a los terremotos? ¿Verdad que lo que quieres en realidad es sacarte esa idea, ese pensamiento, 'de la cabeza'?

- Sí, Papá, eso es.

- Bien. Papá te va a ayudar a dejar atrás el miedo. Cierra los ojos. Vamos a darle a ese pensamiento feo, tu miedo a los terremotos, la forma de araña peluda [esa es la fobia atávica de mi hija y de muchos niños, ¿cuál es la tuya?] Imagínate ahora que hay una araña peluda en tu habitación y que no recuerdas cuando ni cómo entró.

- Sí, Papá.

- ¿Verdad, mi amor, que todo lo que se ha metido en tu habitación, y no te gusta, puedes conseguir sacarlo? 

- Sí, pero si tu y mama me ayudais...

- Sí. Lo comprendo. Te ayudamos. Todos los padres ayudan a sus hijos al principio, para que un día sepan ayudar a los suyos o a otros niños. Conseguir hacer las cosas por uno mismo es muy divertido, pero más divertido es enseñar a otros...Verás, en realidad la araña está más asustada de ti que tu de ella...

-¿De verdad?

- Sí. Por eso se esconde en las esquinas oscuras de tu habitación. No 'piensa' en morderte o picarte. Simplemente en esconderse.

-¿Por qué?

- Hay personas que cuando ven una araña o cualquier otro insecto, no se les ocurre otra cosa que tratar de cazarlas. Los hay que incluso tratan de matarlas. Verás, igual que tu, la araña es capaz de sentir tu miedo. Y tu miedo le asusta. Sabe que una persona asustada es peligrosa porque es impredecible. Sabe que el miedo, [y no el odio], es lo opuesto al amor. Ella quisiera sentir tu amor, es decir, tener confianza en ti. Por eso, de vez en cuando, sale para descubrir si puede confiar en ti. Pero si siente que le tienes miedo al final no tendrá más remedio que atacarte. En realidad lo haría para defenderse. Lo hicieron sus padres y abuelos. A eso lo llaman los adultos “instinto de supervivencia.” 

Vamos a ver...Busca una bolsita de tela en tu imaginación. La primera que te venga a la mente. Ahora cierra los ojos y dile a la araña que puede salir, que no tenga miedo porque tu no le tienes miedo y por lo tanto no le vas a hacer daño. Venga, yo te ayudo.

Durante dos minutos estuvimos visualizando a la araña asomando primero sus patas y luego saliendo tranquilamente de su escondrijo.

- ¿Ya la ves?, le dije

- Sí!

- Deja la bolsita en el suelo frente a ella, y dile que puede meterse ella misma en la bolsita, donde estará segura. Allí nadie la pisará.

- Ya está, Papá.

- Muy bien. Ahora la sacamos al bosque y la dejamos libre de ir donde quiera. Durante el ritual simbólico no pude evitar dejar caer una lágrima. El miedo de mi hija me conectó con su valiente misión de despertarme a mi de mis propios miedos. Le di las gracias, me disculpé y le dije «te quiero» desde el fondo de mi corazón.

Ese día, a diferencia de otros, habíamos llegado diez minutos antes a la escuela, así que antes de bajarnos del vehículo, le pedí que hiciera dos dibujos de una misma araña peluda. 

-No sé si me saldrán iguales...

- No es necesario. Basta que tu sepas que se trata de la misma araña.

Mientras ella hacía eso, buscando en la guantera del coche, encontré...dos bolsitas de tela!. Cuando hubo terminado le dije:

- Toma. Mete ahora uno de los dos dibujos en esta bolsita.

- Papá, es igual que la bolsita que imaginé! 'Coincidencias sincrónicas de la vida', me dije, mirándome en el espejo retrovisor.

- Fantástico. Ahora escucha esto. Cuando tengas un momento de tranquilidad, quizá durante la merienda, busca a Silvia con tu mirada. Cuando en la distancia vuestras miradas se encuentren, dile en silencio que le perdonas. Luego acércate a ella, dile que le quieres y entrégale esta bolsita con el dibujo. A continuación dile 'gracias'. 

- ¿Y ya está?

- Sí, cielo. 'Te perdono, te quiero, gracias'. Eso es todo por tu parte. Al principio quizá ella se extrañe y no comprenda. 

-¿Qué pasará entonces, Papá?

-Tu dibujo le hará sentir el mismo miedo que tu sentiste cuando te contó lo del terremoto. En realidad eso sucederá porque le recordará el miedo que le produjo la araña que un día, cuando era muy pequeña, apareció en su habitación. Para ella la araña peluda todavía sigue allí. Solo la vió una vez, pero fue suficiente, le bastó para asustarse. Pero como sus papás no le creían, o le quitaban importancia, tuvo que hacer un dibujo de la araña para no olvidarla y te lo dio a ti. Ella sabía que tu [y todos a los que les contó lo del terremoto y se asustaron] te lo quedarías. 

-¿Por qué, Papá?

-Todos olemos el miedo de los demás, pero los niños y los animales están más conectados con esa habilidad. Silvia olió que a ti también te daban miedo las arañas. Por tu forma de ser, se dio cuenta de que en tu dormitorio había una, por lo que intuyó que tu comprenderías su miedo. Era su forma decirte 'tengo miedo de las arañas y necesito compartirlo con alguien’. Lo que ella quería era saber si tu creerías su historia y sentirías lo mismo que ella. Buscaba a alguien que le consolara y ayudase a vencer su miedo, alguien capaz de ayudarle a sacar la araña de su dormitorio. No fue su intención asustarte. Es solo que se sentía sola con su miedo. No sabía lo que hacía. Por eso debes perdonarla.

- Ya entiendo. Cuando se dé cuenta de eso, ¿se pondrá un poco triste?

- Sí, mi amor. Pero las lágrimas le harán muy bien. Recuerda lo que Papá siempre te dice: «Para eso Dios nos dio las lágrimas» No temas su reacción. Cuando le des tu dibijo ella sabrá que eso significa que tu ya no tienes miedo a las arañas...puede que se enfade al sentirse de nuevo sola con su miedo, pero al final vendrá a disculparse, te pedirá perdón y te dará las gracias por haberle dado el dibujo. Entonces tu le recordarás que ya la perdonaste el día que le trajiste el dibujo. Aunque lo hayas dibujado tu, en realidad se lo estás 'devolviendo'.

-Es verdad. ¿Qué crees que pasará con la araña de su habitación, Papá?

- Después de haber llorado, ella cogerá tu dibujo y en vez de tratar de dárselo a otro niño, se lo llevará muy decidida a sus padres y se lo dará. [entre tu y yo, quizá pase un tiempo hasta que eso suceda. Cuando ella ya no les necesite para sobrevivir...cuando sea independiente, pero esto no necesitas contárselo ahora a tu hij@]

- Será su forma de decirles que tuvo miedo, ¿verdad?

- Sí, eso es. Entonces sus papás comprenderán...

-¿Qué, Papá?

- Recordarán y se darán cuenta de que fueron ellos quienes, inconscientemente, metieron la araña peluda en la habitación de Silvia. 

Verás, igual que tu un día serás madre –si así lo deseas– todos los padres también un día fuimos niños...Y también nos dieron miedo las arañas. En los dormitorios de la mamá y el papá de Silvia también había una araña. Al poco de nacer y entrar en su nueva habitación, la vieron y trataron de contárselo a sus propios padres, ya sabes, los abuelos de Silvia. Como era la primera hija ellos buscaron por todas partes. Removieron toda la habitación haciendo mucho ruido. La pusieron patas arriba con tal de dar con «ese bicho que tanto asusta a nuestra niña». Pero no la encontraban. Cuando ya se dieron por vencidos, agotados, entonces les dijeron a sus respectivos hijos que sin duda tan solo se había tratado de una pesadilla, y que lo mejor era que en adelante olvidasen, que así desaparecerían las pesadillas. Los papás de Silvia intentaron advertir a sus propios padres más veces, pero pronto se vieron obligados a resignarse...Sabían que no les iban a creer. Cada vez se sentían más incomprendidos. Incluso quizá se sintieron objeto de burlas. Los adultos hacen chistes y se burlan de otras personas, incluso de sus propios hijos, para olvidarse de las burlas que ellos mismos sufrieron de pequeños. Ahora, además de seguir teniendo miedo, ellos estaban enfadados. Su papá quizá más que su mamá. En definitiva, no les escucharon.

Un día los papás de Silvia se fueron de sus respectivas casas, igual que mamá y yo lo hicimos, para formar un nuevo y propio hogar en el que tu pudieras vivir.

-¿Que pasó con la araña que había en sus habitaciones, Papá?

-Cada uno se llevó esa araña consigo. Tambien se llevaron su enfado. No pudieron evitarlo. Preferían eso a dejar la araña en la casa de sus padres.

- ¿Por qué?

- Por que tenían miedo a la reacción de sus papás, los abuelos de Silvia, cuando la encontrasen. Pensaban que, aunque no la hubiesen visto antes, tarde o temprano acabarían por descubrir a la araña y entonces o bien se asustarían –y quizá por eso se enfermasen (lo cual a ellos les pondría muy tristes y les haría sentirse culpables)– o bien se enfadarían con ellos por haberla dejado en su habitación, al irse de casa, sin avisarles, creyendo que sus hijos querían asustarles. 

-Pero eso no es verdad. Les habían avisado varias veces...

-Es cierto. Pero no les creyeron. No habían conseguido verla porque la araña, al ver sus formas bruscas, temió que quisieran hacerle daño por lo que se escondió donde no pudieran encontrarla. Los adultos se suelen comportar de esa manera porque tienen miedo, aunque rara vez lo reconozcan.

Cuando nació Silvia, las dos arañas se escondieron en su habitación. Sabían que la habitación de un niño siempre era el mejor sitio para ser encontradas, reconocidas y abrazadas. Se hicieron tan amigas la una de la otra que parecían una sola. De hecho Silvia creía que solo había una araña en su dormitorio porque nunca salían juntas de su escondite sino una vez cada una.

Ahora no debes preocuparte. Cuando Silvia les dé tu dibujo a sus padres, ellos normalmente se pondrán tristes un rato. Luego los tres juntos le dirán a la araña que puede salir de su escondite sin miedo, que no le harán daño. Igual que hemos hecho tu y yo ahora. A continuación verán como la araña en realidad eran dos, una de su papá y otra de su mamá. Los tres juntos dejarán a las dos arañas libres en el bosque. Finalmente consolarán a Silvia de su miedo y se disculparán por haber traído sus propias arañas a la familia. 

- Y Silvia ya no tendrá más miedo a los terremotos...

- Eso es. Entonces Silvia les recordará que ya les perdonó cuando les trajo el dibujo.

-¿Que harán sus papás entonces con el dibujo?

- Después de haberse secado todas las lágrimas por los recuerdos que tu dibujo les traiga, cada cual dibujará su propia araña (quizá sea una serpiente, o una rata...dependerá de qué forma le den a sus miedos) y se lo llevarán a sus propios padres, los abuelos de Silvia y les perdonarán.

- y ayudarán a las arañas a salir de su dormitorio.

- Eso es. Quedan muchos insectos escondidos por acompañar al bosque. A tu dibujo le queda una larga y bonita misión que realizar.

...

Quizá te preguntes qué hicimos con el otro dibujo que hizo mi hija (recuerda que le hice hacer dos)...eso mismo me preguntó ella. Le contesté que me lo llevaba de vuelta a casa. Que era para nosotros, sus padres. 

- Discúlpame y gracias, le dije, mientras se me escapaban dos lágrimas. Te quiero.

- Te quiero, Papá.

Me dio un beso y me sonrió con ternura. Supe entonces que había comprendido. Al llegar a casa, por la tarde, los tres juntos ayudamos a sacar a la araña de mamá de debajo de la cama y llevarla al bosque. Mágicamente no ha vuelto a mencionar el tema de los terremotos.

Y tu, ¿De qué tienes miedo? ¿Cuál es tu fobia atávica?

Dedicado a Rodrigo y a mis padres.

 Lars Quetglas. Derechos de reproducción impresa reservados. Agradecimientos especiales a Sonia. Si quieres compartir este cuento, no tendré inconveniente. Tan solo recuerda mencionar su origen. Gracias. He escrito un ensayo complementario a este relato, por si te interesa...

Si este relato te ha incomodado en alguna medida, antes de juzgarme o criticarme, quizá consideres oportuno mirar debajo de tu cama.

domingo, 29 de enero de 2012

Todo se transforma

 Diálogo entre docente y progenitor:

- los niños no es que consuman televisión, es que la engullen. El límite de atención frente a un dispositivo electrónico, argumentaba, está demostrado que no rebasa los 7 minutos. Mas allá de ese tiempo, todo lo demás es nocivo. Hay muchas cosas más interesantes que hacer que ver la televisión o jugar a los videojuegos.

- Estoy de acuerdo, ya te digo. De hecho Cervantes alertaba ya en el siglo XVI en El Quijote ante el exceso de lectura de novelas de caballería, un género literario, por lo demás, que sin duda hoy muchos exégetas compararían con la tan cacareada telebasura (curiosamente el 'tirant lo blanc' es considerada una obra cumbre de las letras catalanas, perdón, valencianas). Pero, verás...por mucho que yo considerase que ver 3 horas de televisión al día sea digamos que poco recomendable, lo cierto es que el juicio reprobatorio y censor no conduce a nada, salvo a un enconamiento mayor entre las partes. De hecho el problema radica en considerarse parte, cuando somos todo.

A parte de ser un artista consagrado en su género, admirado y detestado sin duda a partes iguales, Woody Allen ha conmovido con su cine a varias generaciones de personas, individuos que se han sentido identificados con los personajes y situaciones interpretados en sus películas, con su personal perspectiva de la realidad, su característico aborde de las relaciones interpersonales mientras pasaban horas en la oscuridad de una sala de cine. ¿Sabias que Woody Allen prácticamente paso su adolescencia interpretando monologos humoristicos, para sublimar los efectos de su sórdida infancia. Sin duda que de haber tenido acceso a la televisión, se hubiera visto abocado a ella. Sin embargo las condiciones de su entorno y la coyuntura histórica insoslayable encauzó su innata y pujante espiritu creativo por el camino del celuloide. A parte de estar reconocidamente considerado como el séptimo arte, el cine ha sido una herramienta con la que algunos hemos aprendido mucho sobre la vida. 

- Bueno, todos sabemos que Woody Allen es un neurótico, como lo era Hitchcock y tantos otros.

- ¿Te das cuenta del peligro que encierra el aire de suficiencia con que revistes tu dialéctica? ¿Conoces el significado del termino 'neurosis'? Si lo conocieras no lo habrías usado tan a la ligera. Todos somos neuróticos. Todos somos hijos abandonados. ¿Acaso no lo eres tu? ¿Careces de actitudes compulsivas, de comportamientos, actitudes o respuestas automatizadas? ¿No hay nada que te desquicie, ningún recuerdo que te entristezca hasta el punto de desear olvidarlo? ¿Nada de lo que quieras evadirte? ¿Siempre conservas la calma contra alumnos? ¿Nunca has perdido los estribos con ellos? ¿Tienes hijos? Personalmente puedo responder afirmativamente a todas las preguntas. Y me duele. Quien puede reconocer que, muy a su pesar, ha perdido alguna vez los estribos es alguien capaz de mostrar compasión por sus semejantes, es capaz de ponerse en su piel. ¿Serias capaz de ponerte en la del neurótico Woody Allen?. 

Los directores de cine no juzgan al mundo. Simplemente lo exponen a la luz publica según la óptica que su experiencia vital les ofrece,- y de paso convierten esa forma de expresión artística en su modo de vida, una forma digna de ganarse el sustento. A mi personalmente el cine de Woody Allen me ha despertado todo un abanico de sentimientos. Escenas como la que sigue me han provocado hilaridad en el pasado y han constituido una agradecida válvula de escape en la dolorosa existencia, pero ahora mismo me ayudan a reirme de mi mismo, al tiempo que me inspiran compasión por el género humano...


Hollywood, la meca del cine por excelencia, parece que se revela como un nido de manipuladores sionistas. Con todo, me gusta el cine. Igual que no juzgo a Picasso por haber manipulado a las mujeres que se cruzaron por su vida (quien fue victima de quien). Pintores, escultores, músicos, escritores, chefs de cocina y demás almas sensibles e intuitivas. Alexander Graham Bell, por ejemplo, dio con la invención del telefono como consecuencia de su desesperada -ergo neurótica- búsqueda de un modo de comunicarse con su madre que era sordomuda de nacimiento- hemos dado expresión a nuestro potencial creativo. Dicen que el ser humano extrae su potencial en situaciones límite. Esto está muy cerca de poder comprobarse de modo muy sublime en los años que se aproximan...

El fútbol, por ejemplo, ha ayudado indiscutiblemente a canalizar muchas emociones reprimidas desde las gradas. No las exorciza, pero sin duda ha sido la válvula de escape para muchas personas que han sublimado sus frustraciones particulares (enfrentamientos con su pareja, opresión laboral,...) evitandose  mucha más violencia doméstica de la que desgraciadamente aun sigue padeciendo el mundo.

Todos los que indagamos acerca del misterio de la existencia, nos hemos hecho - y seguimos haciendonos-preguntas veretiginosas. A veces hemos obtenido respuestas a dichas preguntas leyendo libros, otras asistiendo a conferencias, ponencias o charlas, otras viendo películas, es decir observando el mundo desde la particular perspectiva de las mentes creativas de sus autores y directores. Finalmente hemos concluido que las respuestas no estan sino en el interior. Creadores como Woody Allen, quien a su vez ha aprendido a vivir en el proceso creativo y a extraer de el un modo de ganarse la vida, han colaborado a pavimentar el camino del autoconocimiento. Crear resulta de un proceso de catarsis personal, que está arraigado en la necesidad de expresar la propia perspectiva de la vida, las emociones que se derivan de dicha experiencia. Es muy 'fácil' dictaminar lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo, calificar un proceder como adecuado o inadecuado. Nadie ostenta el hipotético rango para pontificar desde un púlpito sobre la idoneidad o no de tal o cual cosa. Y quien ha pretendido atribuirse ese estatus -las iglesias- ha sido para utilizarlo privilegiadamente y con infamia. Se atrevieron incluso a decir que nacíamos con una tara, un pecado original que debía ser perdonado por medio del bautismo. Delirante, verdad?

Que los niños pasan demasiado tiempo frente a la tele no es ni malo ni bueno. Simplemente sucede. Por mucho que desde la barrera se vean mas claras las cosas, lo cierto es que cada persona tiene que experimentar la existencia en el contexto que le toca vivir. Cada familia es un universo. Desear una pauta homogénea en el desarrollo infantil obedece, mucho me temo, a una necesidad de implantar un orden generalizado en un entorno considerado como desordenado, de otorgar estructura a una experiencia vital des estructurada y percibida como amenazante, en la infancia.

- Creo que te estas yendo por las ramas. Ver demasiada televisión no es bueno para el normal desarrollo de un niño. No hay que ser muy inteligente para extraer esa conclusión.

-¿Y que es 'normal' para ti? Te recuerdo que en la idea del desorden se hallan las raíces de los totalitarismos. Seguro que recuerdas que el fascismo tiene sus orígenes en la intolerancia ante la diversidad, considerada como anormal. Cuando somos intolerantes lo primero que hacemos es juzgar al otro por su aspecto, su comportamiento, sus costumbres. ¿Y por que somos intolerantes? Porque tenemos miedo. Tu que estudiaste antropología sabes que la evolución de los homínidos ha sido vertiginosa respecto al lento desarrollo que los homínidos venían observando desde su aparición hace un millón de años. Hace menos de 30 mil años que aparece sorpresivamente en escena el Homo Sapiens Sapiens, el hombre de Cro Magnon, un estadio evolutivo de la especie para el que Darwin no halló explicación. Se contentó con dictaminar que faltaba por encontrarse el eslabón perdido en dicha cadena. 

Hasta entonces, el estadio previo de la cadena evolutiva de los homínidos ( homo erectus?) utilizaba el miedo para protegerse de las inclemencias del tiempo o de los hipoteticos depredadores, asi como  para proveerse del sustento. Era un ser esencialmente intuitivo, sensorial y altamente conectado con los ritmos de la naturaleza. Desde que fuimos misteriosamente provistos de un neocortex y de una capacidad craneal mayor, pensar y estresarnos fueron uno. Los códigos que manejamos (circulación, lenguaje escrito, por no hablar de las nomenclaturas, abreviaturas, acrónimos...el impacto audio audiovisual que nos bombardea en los supermercados, en los escaparates...todo eso no hemos sido capaces de asimilarlo. Nuestra herencia ancestral tribal todavía tiene un fuerte arraigo en nuestras costumbres. Un semáforo en rojo o un cinturon de seguridad, continuan poniendo a prueba nuestro umbral de tolerancia frente al aparente sinsentido de la existencia.

¿Somos nosotros los que dejamos solos a los niños frente a ella? Si. Es un hecho que les abandonamos frente a los dispositivos electrónicos (ante los que se desenvuelven curiosamente con una pasmosa soltura). Y ahora viene la pregunta del millón de dólares...¿Lo hacemos porque no queremos estar con ellos, porque necesitamos hacer cualquier otra cosa más entretenida, porque cada vez que lo hemos intentado no hemos sabido por donde empezar?, ¿ Y que es el entretenimiento sino un sinónimo de distraccion? ¿nos avergüenza reconocer que hemos perdido conexión con nuestro niño interno, porque hemos olvidado como se divierte un niño? Si. ¿No sabemos estar con ellos porque no tuvimos la oportunidad de sentirnos queridos  de pequeños por nuestros padres o tutores, porque arrastramos un abandono del que no queremos hacernos cargo y que nos impide sintonizar con nuestra innata y alegre naturaleza juguetona? Si. ¿Y fuimos abandonados porque quienes supuestamente debían divertirse, entretenerse con nosotros estaban demasiado ocupados ya fuese tratando de buscar una neurótica ocupación, un frenetico entretenimiento con la que sentirse realizados, ya descansando del agotamiento que les producía un trabajo monótono. Una ocupacion laboral tediosa (o enfermizamente absorbente) de cuyos estresantes efectos necesitaban evadirse dedicando el poco tiempo libre que les quedaba a alguna afición o pasatiempo? ¿Era ese un pasatiempo (hobby, etc...) que quiza jamás compartían contigo -y si lo hacían no era sino para involucrarte en él hasta el extremo de inocularte la ansiedad y frenesí que dicha afición les generaba a ellos? Si. 

- Pero ¿No es esto una pescadilla que se muerde la cola?

-Si.

- Me estás poniendo nervioso.

- Eso es precisamente lo que pretendo.

- ¿Es éste un juego de locos?

- No. La locura es precisamente el estado mental en el que te has movido hasta que has tomado consciencia del infierno en el que ha consistido tu vida. ¿De que escapas al denostar la televisión con tanto fervor? ¿Acaso no huyes de un sistema social de cuya naturaleza asfixiante tienes perfecta consciencia? Si juzgas serás juzgado. Lo digo por experiencia. 

- yo tengo unos principios y me atengo a ellos.

- Quien necesita de unos principios es porque considera amenazante algo de lo que necesita defenderse. Y de la defensa al ataque media un suspiro. Y ¿Que es un juicio sino un ataque?

Nuestros hijos se obstinan a pesar de nuestras buenas intenciones, en no amoldarse al rigido esquema de vida en el que sin darnos cuenta tratamos de hacerles encajar. ¿No dejas de culparte por no haber materializado todos los sueños, todas las promesas que te hiciste en tu juventud? ¿Tratas de olvidar tu frustración  ahora con alguna adicción? ¿Tratas de abanderar alguna causa con la que redimirte de tus tormentosas frustraciones? ¿Tratas inconscientemente de proyectar en tus descendientes todas las expectativas frustradas con el firme propósito de que puedan acceder a aquello que consideras que injustamente se te negó? Quien ha estado permanentemente tratando de ofrecerles o concederles a sus hijos o sobrinos todo lo que no tuvieron no es muy diferentes de quien,  por el contrario, ha estado tratando de disuadirles - con mayor o menor fortuna y por supuesto que con toda la mejor intención del mundo- de experimentar todo lo que etiquetaron como corrupto, degradante o perverso. Ambos han huido de un esquema para construirse otro. El problema no es si los principios son buenos o malos. El problema son los principios, los anquilosasteis esquemas, los juicios sumarios, la inflexibilidad y la incapacidad para aceptar la diversidad, proceda de donde proceda.

¿Has descubierto que tus hijos también son secretamente adictos a huir de sus sentimientos? ¿Acaso tienes la vaga sensación de que escapando de unas doctrinas caducas has acabado construyendo las tuyas propias?¿Tienes el valor de reconocer que parapetandote tras los muros de la fortaleza de tus propios principios, es decir, huyendo de Guatemala, has ido a parar a Guatepeor? Si es así, Bienvenid@ al puerto de los afligidos y desconsolados. De aquí solo se zarpa rumbo a la aventura!  Cuando has tocado el fondo del estaque de tu insatisfacción -y solo entonces- es cuando ya solo te queda, cual Ave Fénix, renacer de tus cenizas.  Convendrás que para que eso suceda tiene que haber mediado previamente un fuego de cuyas brasas solo queden esas cenizas. Y el fuego, ya sabes, es considerado ancestralmente un agente purificador. Quema todos los adulterantes, aditivos, y demás energías saboteadoras a las que tanto te has aficionado. Sacudete la ignominiosa comodidad y la necesidad de seguridad y sube, liger@ de equipaje mental, a bordo de lo inesperado, el buque de la esperanza. Somos muchos los que estamos en el muelle de la tolerancia y la compasión, esperando al tren. Es tiempo de dejar de juzgar. Es tiempo de compasión, tiempo de aceptarnos unos a otros, de recordar y reconocer nuestra eterna e inmortal esencia. La preocupacion por el impacto de cualquier dispositivo electronico en la atencion de los niños, pasara. En el balance general, desde una perspectiva mas amplia, lo que importa, lo que queda es la energía que nos anima, el amor. Y ¿Qué es el amor sino compasión, comprensión y tolerancia? Si existe eso no hay nada que temer. Mas allá de los dementes juicios de valor emitidos por nuestros egos, está la inmutable naturaleza que compartimos y que es amor. Todo lo demás, ahora mas que nunca y a estas alturas, sobra. Con tolerancia todo lo demás es irrelevante. Nada se pierde. Todo se transforma.

 

 

miércoles, 27 de julio de 2011

Los niños aprenden (aprendimos) lo que ven (vimos)



Si un niño vive rodeado de crítica, aprende a condenar.
Si un niño vive rodeado de censura, aprende a ser temeroso.
Si un niño vive con hostilidad aprende a pelear.
Si un niño vive rodeado de burlas, aprende a ser tímido.
Si un niño vive con vergüenza aprende a sentirse culpable.

Por contra…

Si un niño vive con tolerancia aprende a ser paciente.
Si un niño aprende con apoyo, aprende a tener confianza.
Si un niño vive con elogios, aprende a apreciar.
Si un niño vive con justicia, aprende reciprocidad y a ser ecuánime.
Si un niño vive con seguridad aprende a confiar y tener fe.
Si un niño vive con aprobación aprende a amarse a si mismo.
Si un niño vive con atención aprende a ser considerado
Si un niño vive con aceptación y amistad, aprende a encontrar el amor en el mundo, aprende lo que es la libertad.

...