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lunes, 21 de abril de 2014

Sueños y pesadillas

"¿Qué significa soñar? Te lo diré. Significa que el sistema límbico*  se halla procesando activamente los sentimientos** Lo hace también de día, durante la vigilia, cuando nuestros sentimientos entran en juego (felicidad o tristeza básicamente). Es solo que durante la noche el sistema revisa los sentimientos no integrados (no sentidos) desde nuestro pasado haciendo lo que su naturaleza le impulsa a hacer ¿que comprendamos el sueño? No. Que integremos el sentimiento censurado, desintegrado de nuestra realidad. Si alguien nos acusa falsamente de algo y decidimos reaccionar/contratacar externamente ante esa agresión (ya sea juzgando/condenando al agresor con argumentos similares, ya sea riéndonos públicamente de nosotros mismos) lo que estamos haciendo es restarle importancia a la herida de que hemos sido objeto. Todo con el propósito de mantenernos 'fuertes' e incólumes, de que quede bien claro de que nadie va a conseguir desestabilizarnos. Lo que ocurre es que toda re-acción, en tanto que sucede, significa una necesidad de defensa. Quien tiene sus sentimientos integrados no precisa de ninguna estrategia para mantenerlos protegidos. Cada vez que disuadimos a nuestro cerebro límbico en su tarea de procesar los sentimientos que afloran, estamos dejando una herida abierta que negamos ver. Estamos perpetuando un irresponsable atentado hacia nuestra integridad, nuestra dignidad. Una herida que nos exigirá permanente anestesia, como ese perro del que se huye y al que en la huida hay que distraer con golosinas para que no nos alcance. Sucede que el perro tiene por meta mordernos si no lo miramos a la cara.
El sistema límbico trabaja arduamente por la noche. Busca en nuestro archivo histórico aquellos eventos en los que estuvieron involucrados nuestros sentimientos. Y se remonta hasta momentos en que los traumas sentimentales (heridas) no pudieron ser integrados (suturados/cerrados) debido a que éramos demasiado jóvenes y frágiles, incluso en etapas preverbales de nuestra existencia. Etapas en las que no pudimos acudir a un sistema defensivo (intelecto) con el que comprender y contextualizar la agresión. El sistema límbico se zambulle de noche, mientras 'duerme' la razón (neo-cortex), a tientas en un mar de sensaciones vagas y de incomodidad. Sensaciones que emergen al responder al llamado del cerebro límbico que acude, cual caballero a su doncella retenida en su torre, a su rescate, a su sanación.
El cortex provee las imágenes y los pensamientos desde el presente. Y el límbico las utiliza para montar un storyboard, una secuencia que de coherencia al sentimiento, que 'ilumine' el descenso a los infiernos que constituye toda pesadilla. Eso es lo que hace el Dr. Janov en su terapia. 
Los procesos del sueño ponen al descubierto el sendero evolutivo que debe ser desandado en el transcurso de la terapia. No acude directamente al pasado emocional. No fuerza la conexión con el dolor acumulado, sino que  se sirve del anclaje del paciente en el presente y se enfoca en la hoja de ruta que delatan sus sentimientos.

* nota: recuerda tenemos tres cerebros en uno: 1. Encéfalo (cerebro reptil); 2. cerebro límbico (sistema nervioso simpático y parasimpático); y 3. Cortex cerebral (cerebro cognitivo), aparecidos evolutivamente por este orden.
** ya escribí aquí con anterioridad acerca de los sentimientos y las emociones. Desde ahí el mismo cerebro límbico guía al terapeuta en el descenso del paciente hacia las profundidades de su memoria. Las ideas, los pensamientos, las creencias van al encuentro de su hacedor, allí/cuando el sentimiento fue cimentado.

Durante años soñé que los nazis me perseguían y no podía escapar. ¿El sentimiento? Desde muy pequeño mi padre era implacable conmigo en sus correctivos y no me daba ni un respiro: "Siéntate con la espalda recta", "no hables con voz nasal", "¿por qué estás ahí tumbado sin hacer nada productivo?" En el momento que sentí esos sentimientos de acoso, de ausencia de amor por su parte, la pesadilla cesó. Los nazis me perseguían en mis sueños, alguien trataba de hacerme daño, porque mis sentimientos lo hacían, buscando liberarse de su confinamiento en mi mente ignorante de ellos (inconsciente). No se trataba de los Nazis. Ellos solo eran un símbolo recurrente de la época (yo tenía apenas 8 años durante la 2ª Guerra Mundial). Para un niño de hoy quizá lo hubieran sido los terroristas islámicos (arquetipos violentos incrustados en el inconsciente de la sociedad estadounidense actual). Así es como desarrollamos símbolos oníricos. Es el mismo proceso. No supe que tras el símbolo (los nazis) se ocultaba mi padre porque mi sistema solo conocía los sentimientos, no la fuente/evento que los forjaba. Hasta que no hube desarrollado una corteza cerebral no pude saber qué era lo que iba mal.
Los sentimientos anteceden a la cognición por lo que esa memoria solo se puede registrar 'límbicamente'. Debemos tomar nota de esta evolución durante la terapia: Atender los sentimientos y su necesaria descarga emocional y luego comprender el contexto (y eventualmente perdonar).
Los traumas logran que distorsionemos (reprimamos) la realidad inasumible de nuestros sentimientos y al mismo tiempo nos proporcionan la clave para sanar: un sueño simbólico ("me persiguen los nazis") para reintegrarla. Volver a experimentar el dolor grabado y soltar la fuerza represora que nos protegía en un principio (pero que a la larga y de la mano del cerebro pensante/cognitivo se ha convertido en nuestro carcelero.."quién te querrá más que yo", "Aquí nunca te pasará nada"...) acaba por reducir la distorsión: se terminan las pesadillas y se da por terminada la asunción de ideas descabelladas acerca de la necesidad de asumir/contratar sistemas de protección respecto de amenazas infundadas. 

La neurosis es sistémica. No está determinada por el sueño. La arrastramos y no nos soltará hasta que le hagamos frente, la encaremos, la integremos...Entonces los pacientes tienen sueños más reales, lúcidos y abiertos.

Tengo pacientes pre-psicóticos que sueñan que están atrapados en una lavadora y que no pueden detenerla...O también: "Estoy en una cueva oscura y no encuentro una luz que me indique el camino de salida". Se trata de pacientes anegados en traumas acontecidos en etapas prematuras de la existencia, etapas pre-verbales, incluso intrauterinas. Sus manifestaciones son delirantes porque el recuerdo no puede ser explicado con palabras pues en el momento de acontecer el trauma no había palabras para explicarlo. A estos delirios los llamo 'de primera linea' pues se vinculan al primer cerebro, el encéfalo, el que gestiona estos recuerdos.

Los sueños de segunda linea son más intrincados y elaborados que los anteriores y tienen una estructura (relato) más coherente desde una perspectiva racional, digamos. Se sostienen con algunas palabras. Sin embargo son más difíciles de comprender porque su elaborada trama esconde 'mejor' (con más astucia) lo que ocultan. Por ejemplo: "Soñé que iba a ver a mi antiguo profesor e intentaba hablar con él, pero no había modo de que me comprendiera". El sentimiento real es: "Nunca pude acceder a mis padres ni conseguir que me comprendiesen."

En resumen, tener sueños no simbólicos es un buen índice de que un paciente se está recuperando. Lo corroboramos comprobando los signos vitales: niveles de cortisol, cambios conductuales y muchas otras medidas.

Nos sanamos sistémicamente."

Arthur Janov
Primal Center
Los Angeles, Ca. USA

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Depresión y TDA (II)

La depresión, tal como la comprendo a tenor de los múltiples casos que a lo largo de mi carrera profesional (45 años) he atendido, reclama una perspectiva empírica y no estadística. Se trata de querer saber, no de saber lo que quieres. Saberme ignorante desde los inicios me ha liberado de la losa de la carrera cognitiva por las medallas académicas, abriéndome las fronteras del dominio de lo desconocido para hacme permeable y adentrarme en el secreto mejor guardado que la psique tiene para ofrecer: los motivos ocultos de la depresión.

No hace mucho, me reuní con un nuevo grupo de pacientes depresivos bajo tratamiento. Su intención era compartir experiencias respecto del insoportable –aunque todavía ilocalizable– dolor que les rodeaba. A medida que empezaban a hablar y tratar de identificar ciertas tendencias conductuales incontrolables y síntomas asociados con sus sentimientos empezó a revelarse todo lo que todos ellos tenían en común. Observamos que todos coincidían en:

· ilocalizable sensación de sufrimiento constante.· patente dificultad para concentrarse.· extrema fatiga.· sensación de parálisis e inmovilidad acusadas.· sentimiento de derrota e impotencia para cambiar el curso de cualquier situación.· incapacidad para expresarse.· Falta de energía.· No me puedo mover, me siento atrapado en un negro abismo· No encuentro razones para seguir viviendo.· Me siento muerto por dentro, todo es monótono, aburrido.· Siento que nada va a cambiar· Hay algo que quiere salir.· Incapacidad para sentir placer.· Incapaz de tomar una decisión, ya sea para activar algo o para detenerlo.· me siento entumecido, mis movimientos son laboriosos.· recurrente pensamientos suicidas· Sensación de aislamiento· Como si estuviese cayendo en un aagujero negro.· No hay salida· Pesadez generalizada o falta de vida.· me cuesta esfuerzos respirar o tan solo levantar un brazo.· nada me interesa en el fondo· abandono, resignación, ganas de desistir de seguir viviendo.· ¿Cuál es el sentido de seguir viviendo? No quiero seguir así.

Arthur Janov
Reflexiones sobre la condición humana

Siendo honestos ¿Quién no ha padecido en algún grado y en ciertos momentos de la vida estos síntomas? ¿Alguien puede poner la mano en el fuego y afirmar que nunca –sobretodo al tratar de enfrentar situaciones dificultosas– ha pensado, aunque fuese por un instante, que quitarse la vida fuese una salida aceptable? La mayoría tenemos un 'censor interno', un sistema defensivo que nos dota de los recursos suficientes para abortar esa frustrante sensación de invalidez, de impotencia ante eventos que -creemos- nos van a sobrepasar si no los eludimos, permitiéndonos ver el lado luminoso de la vida y conservando la capacidad de empatía cuyo dolor que acarrean no va a ser asumible. Pero, admitámoslo, hay personas que experimentan todos estos síntomas de modo generalizado.

Aquello de lo que estos pacientes acababan describiendo las sensaciones propias del trauma del nacimiento, el común denominador de su experiencia común. Nadie les sugirió ni por asomo qué es lo que debían sentir (entre otras cosas porque no hubiéramos sabido qué sugerir...)

Todo lo que una persona sintió, en tal que recién nacido, durante su traumático nacimiento, se proyecta perfectamente en la descripción de su estado depresivo presente. Esto no lo digo para sembrar desesperanza sino justamente para lo contrario, para mostrar que es perfectamente comprensible y legítimo todo aquello que experimenta una persona depresiva. Que existe una base traumática para esta patología y que esta base puede ser sanada sin necesidad de recurrir a los electroshocks. Los traumas se registran inicialmente en el útero, luego durante el parto y consecuentemente, por supuesto, durante la infancia, formando parte todo ello de una cadena lógica de eslabones dramáticos que quedan codificados, registrados y almacenados en el sistema nervioso (amígdala asociada al sistema parasimpático) a la espera de ser bien decodificados y rescatados en el momento adecuado o bien enquistarse hasta sentenciar a muerte al cuerpo físico, incapaz ya de seguir soportando la dolorosa sensación de ahogo. Repito esto no es la descripción de una fatalidad, sino la clarificación de una sintomatología que merece ser abordada más humanamente. Una persona deprimida no es un desperdicio humano, a menos que así se considere sentenciada y su entorno familiar más íntimo dé su caso por perdido. Existe una cura para la depresión, pero sin duda exige de un compromiso por parte del paciente (y de sus familiares más cercanos si los hay) así como del terapeuta convencido para levantar las capas de dolor ocultas tras el miedo, el pánico, a vivir. El pánico grabado a fuego en el canal uterino quizá durante un alumbramiento dolorosa (traumática)mente prolongado. Superar el miedo, o derrotarlo como se suele decir, consiste en mirarlo de frente y abrazarlo cual niño/a asustado/a, ese niño interno que, asustado en la medida que su aterrizaje al mundo fue poco amable (y qué llegada lo fue completamente?). Todos aspiramos a cambiar la inercia de un mundo desalmado donde el amor está exclusiva y perversamente vinculado a la satisfacción de los instintos "placenteros", a aportar nuestro grano de arena para devolver a la humanidad a su estadio de inocencia, olvidado entre los brazos de Morfeo, en el que no existía culpa. Revertir la inercia de la máquina (matrix) involucra una gran responsabilidad. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero el esfuerzo –que no implica ningún sacrificio real, tan solo lo es para el ego– merece la pena.

martes, 27 de diciembre de 2011

La cura: unir los dos hemisferios (I)

Todas las parejas de Seres (independientemente del sexo físico de que estén revestidos sus miembros) responden indefectiblemente a patrones o roles internos polarizados. Yin/Yan, masculino/femenino, dominante/sumiso, progresista/conservador, intelectual/intuitivo, ideal/racional, lento/rápido, rígido/flexible…son roles en apariencia opuestos, a veces incluso hasta el punto de enfrentarse. Los opuestos no obstante, ya se sabe, se atraen por naturaleza. Y eso sucede en virtud de la pulsión que albergan ambas 'mitades' por hallar respuesta al misterio de su propia y hasta ahora ignota naturaleza. Ahí radica la necesidad de emparejarnos.
En la búsqueda de nuestro particular grial hemos tendido a darnos de bruces con el anhelado 'otro', experimentando lamentablemente siempre decepción ante unas expectativas nunca satisfechas, sin percatarnos de que su presencia constituye la incómoda lección de un inconsciente maestro, enviado por su/nuestra propia divinidad (que es la de todos) que, operando mágicamente como espejo, refleja aquellas de nuestras energías 'siniestras' de las que, desde el nivel inconsciente de nuestra mente (= sin darnos cuenta), hemos estado tratando de escapar. Tratar de huir de nuestro secretro más íntimo ha sido paradójicamente el motor que durante milenios nos ha posibilitado expandir y conquistar las fronteras del universo exterior conocido, perceptible por los sentidos físicos. El precio: la lucha entre los opuestos, la experiencia dualística...las guerras. Esta perpetua huída hacia adelante está próxima a concluir (si no es que ya ha concluido y lo que experimentamos es el epílogo de nuestra colectiva odisea). Una vez exhaustos de buscar afuera al culpable/solución a nuestra perpetua insatisfacción, el universo interno, aquél donde yace la paz que tanto hemos reclamado en los demás, es ahora más que nunca la dimensión que aguarda ser explorada.

Del mismo modo (como es arriba es abajo) ocurre con los hemisferios cerebrales. Cohabitan en un mismo cuerpo físico pero están alejados entre si por naturalezas dispares –y sin embargo complementarias. Como miembros de una pareja magnetizada conscientemente por los atractivos expuestos a la vista (conscientes) de ambos 'partenaires'  con los que satisfacer los sentidos físicos (y fruto de ello perpetuar genéticamente la especie) y por los inconscientes (ocultos a los cinco sentidos físicos) de los que obtener respuestas a las preguntas existenciales, los dos hemisferios del cerebro se comprometieron a convivir y extraer de la vida, en insoslayable sociedad, remembranzas de épocas y lugares lejanos en el tiempo y el espacio, experiencias de reconocimiento mutuo. Existe pues un constante flujo de información entre ambos hemisferios cerebrales en modo de recuerdos provenientes de los niveles profundos del lado derecho (femenino) contándole al izquierdo (masculino) sus pesares y tribulaciones, pero hasta la fecha éste no ha querido escuchar...remitámonos a los hechos:

Esposa (progresista/intuitiva/ideal/emotiva/confusa-creativa/rápida/plural/misteriosa-siniestra-oscura, temible izquierda…). Ha estado 'de hecho'.
– Escúchame querido, hay algo que me preocupa, algo que llevo tiempo sintiendo [teniendo ganas de] y debo decirte, algo que puede salvar nuestra convivencia y nuestras vidas…

Esposo (compañero/conservador/razonable/diestro-acertado-derecho/ intelectual/racional/pragmático/lento/singular…) Ha estado 'de derecho'.
– Ahora no, quizá más tarde. Ahora estoy ocupado.

Esposa
– No entiendes. Necesito comunicarte algo…y tú pareces tan...lejano. No me siento bienvenida. Algo nos pasa y no quieres verlo.

……

Casi todos sabemos que nuestro cerebro está compuesto de dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. Ambos son muy diferentes entre si. Se diría que son dos partes separadas de nosotros. Poseen sus propias y distintas  'personalidades' y funciones. Una está más abocada a los sentimientos humanos que la otra, tal como veremos.
Cuando no trabajan 'juntas' se produce un conflicto y tenemos problemas. Aunque suene algo apocalíptico decirlo, podemos, como consecuencia, enfermarnos a edades tempranas e incluso llegar a morir prematuramente. Una buena conexión entre ambos hemisferios salva vidas.  Ambos lados necesitan desesperadamente reconciliarse para poder fundamentar nuestra esencia humana. Y esto no es tan solo una aserción intelectual. Si no trabajan coordinadamente somos menos humanos, tal como mostraré en este artículo. Y en eso radica la cuestión fundamental: ser o no ser humanos. La pregunta es, ¿qué es lo que hace que ambos hemisferios cerebrales no trabajen conjuntamente en armonía? ¿Cómo conseguir que lo hagan? y ¿Cuáles son exactamente las atribuciones de cada hemisferio?




Echemos un vistazo a cada lado del cerebro y veamos cómo actúan:

EL HEMISFERIO DERECHO

Ante todo, deberíamos saber (y ya está demostrado empíricamente) que el lado derecho fue el primero en aparecer. Es esencial y primordial en todos los sentidos. Es el hemisferio que 'siente'. Ayuda a almacenar antiguos recuerdos emocionales en su esfera de dominio. Absorbe y registra nuestros traumas más tempranos acaecidos durante la gestación in utero
Nuestras experiencias vitales tempranas no estuvieron rodeadas de palabras ni estuvieron envueltas en escenas con cuyo 'recuerdo' consciente pudiésemos revivirlas. Todo lo que hay allí son sensaciones y…consecuentemente sentimientos. El cerebro derecho tiene la responsabilidad clave de integrar ambos hemisferios, pero no puede hacerlo solo. Necesita de un compañero. Veremos de quien se trata. Clara y definidamente el hemisferio derecho es más 'humano'. Cuida de la vida y de los sentimientos. Es más sensible, compasivo y cuidadoso, capaz de captar matices, la honestidad y detectar la falta de sinceridad pues funciona desde la intuición, cualidades éstas que han sido históricamente vinculadas a la mujer. Ahora sabemos que todos los humanos, hombres y mujeres, tenemos acceso a esa área. Y estamos accediendo. A regañadientes, sin duda.

El hemisferio cerebral derecho es flexible y prefiere un abanico de opciones entre las que escoger. No es de extrañar que muchos de quienes hayan 'sido bendecidos' con un accidente cerebrovascular (apoplejía, ictus…) habitualmente en el hemisferio izquierdo y lo han sobrevivido, hayan visto incrementada notablemente su capacidad creativa [el cerebro derecho controla la parte izquierda del cuerpo y viceversa]. Muchos de mis pacientes, tras haber sido expuestos al dolor experimentado en la parte derecha de su cuerpo, han descubierto unos talentos artísticos innatos tras la terapia. Los sentimientos están pues íntimamente ligados a la creatividad.

Una de las razones por las que el hemisferio derecho es inherentemente flexible es porque está mejor 'mielinado' ya desde una etapa temprana. Es decir, está cubierto de una funda más gruesa de mielina (una proteína fosfolipídica) que rodea con su 'grasa' a las células nerviosas ayudándoles en la transferencia de información de unas a otras. El hemisferio derecho está mejor capacitado para informar al Neocórtex acerca de qué información, incluida la concerniente al dolor, se conserva en niveles profundos. Hay sin duda mucho todavía por debatir acerca de este asunto, pero las investigaciones van indefectiblemente por este camino.

El hemisferio derecho es musical, comprende el tono, el matiz, las sutilezas de los sonidos. Es por ello que todo terapeuta que se precie (y aprecie su profesión) necesita ser consciente y sensible al cambio de tono en la voz del paciente pues éste ofrece un 'subtexto', una sutil información acerca de lo que está sintiendo el paciente y que es incapaz de transmitir verbalmente. El tono delata, pues, al cerebro derecho: mientras que el cerebro izquierdo parlotea incesantemente con sofisticadas y grandilocuentes palabras y expresiones tratando de analizar y dar vueltas (intelectualizar) a conceptos en la creencia de que la comprensión analítica procura la paz que tanto anhela, como terapeutas debemos captar la presión ejercida en el lado derecho por medio del torrente de palabras que usa el paciente desde su lado izquierdo. Si el paciente se halla saturado de sentimientos no expresados, las  palabras se precipitarán urgentemente una sobre otra, viéndose como escupidas. El nivel de represión es así directamente proporcional al caudal verbal manifestado. Un ligero bamboleo en la garganta delata que los sentimientos están ahí, listos para ser expulsados. 

MI mujer, por ejemplo, 'experta' en contener emociones, se derrumba cada vez que escucha a Nino Bravo…Su padre desapareció de su vida sin motivo coherente para una niña de 9 años. La ruptura continua sin ser asimilada.



La música nos ayuda a tratar a los pacientes. Facilita que las escenas y los sentimientos claves emerjan de su 'cueva'. La música evoca un momento especial en sus vidas. Se trata del hemisferio derecho expresándose, su ser emocional (lo que Gustav Jung denominó el 'niño interno'). Y cuando los pacientes evocan escenas y eventos a veces les pedimos que canten una canción que está sonando en el reproductor o la radio, hasta que los sentimientos afloran. Estamos entonces concediendo la palabra al cerebro derecho. A este respecto existe un asunto respeto a las frecuencias de afinación, afirmándose que en 1991 fueron modificadas (de 432 Hz a 440 Hz) eliminándose mucha resonancia y "aplanándose" la música (curiosamente desde la aparición de la MTV). Más aquí...

Pero sigamos. El cerebro derecho es, para bien y para mal, el que siente. Acumula en su buche toda la infelicidad presenciada en momentos de nuestra vida temprana, incluidos aquellos de la vida intrauterina: una madre gestante que abusa del alcohol, que se ciñe a una dieta estricta de adelgazamiento para mantener la forma con la que seguir sintiéndose atractiva y deseada por su pareja (en realidad aceptada/amada por papá), o que padece un trabajo estresante o los efectos de relación de pareja absorbente/exigente/sofocante/violenta/humillante, etc. El hemisferio derecho es el guardián de la traumática verdad de los estadios tempranos de nuestras vidas, la esponja responsable de absorber y contener las emociones, salvaguardándolas hasta que en un estadio más maduro de la existencia puedan (y deban) ser expresadas y así liberadas (sublimadas)

El cerebro derecho no puede mantener la atención enfocada en un solo acontecimiento, mientras que el izquierdo no solo puede sino que lo hace a la perfección. El hemisferio izquierdo está interesado en lo que está sucediendo precísamente aquí y ahora. El derecho mantiene una vigilancia más general.
En clase, durante el periodo escolar, los niños con un hemisferio derecho 'desatado' (los más intuitivos, sensibles, musicales, artistas...) son incapaces de enfocarse en los deberes ordenados por el profesor. Cuando una persona con un cerebro izquierdo 'defectuoso' (no operativo) entra en pánico el aprendizaje se bloquea. La ansiedad sofoca entonces los intentos del cerebro izquierdo por aprehender/asimilar nuevos conocimientos.

El hemisferio derecho está a menudo tan sobrecargado de sentimientos reprimidos –y experimenta el dolor de dicha represión– que se ve incapaz de prestar la adecuada atención al presente, al ahora. La razón es bien simple (y dramática): el pasado irresuelto reclama, también, atención. Y la atención solo puede estar puesta en el pasado o en el presente pero no en ambos simultáneamente.

Cuando el pasado (la memoria) está cargado de terror y ansiedad, los recuerdos se desvanecen (y ello se acentúa con la edad hasta degenerar en Alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos). No es casual que el hipocampo derecho sea el que gestione la memoria emocional y no el izquierdo. El derecho siempre percibe una perspectiva más amplia de los eventos y busca siempre patrones de comportamiento que encajen en ese todo. 

En el hemisferio derecho hay pobreza de detalle, algo que el izquierdo sabe proveer con soltura. Es más, el izquierdo adora los detalles, la visión microscópica. Al derecho no le molestes con detalles. Si la receta de la salsa dice 'poner dos cucharadas soperas', las personas derechocerebrales se quedan en blanco. Los pragmáticos cerebros izquierdos funcionan bien con órdenes concretas, con tareas mecánicas y repetitivas. El derecho funciona a base de impulsos intuitivos y acierta a base de adivinar/intuir. La precisión no es su fuerte. Ese lado intuitivo es necesario en una terapia de sentimientos, pero...un poco de ciencia también ayuda. No en vano, cada uno de nosotros posee ambos hemisferios y la meta consiste en congraciarlos.

Una cosa es que un paciente pueda explicar lo asustado que está durante todo el día, y otra cosa es que, yaciendo en el suelo, lo sienta y reviva el contexto pasado, algo que solo puede suceder cuando el pasado no está "resuelto" (integrado, sanado). El hemisferio izquierdo percibe terror vagamente, pero solo el derecho es capaz de abrir las puertas y acceder a ese terr-itorio, sintiéndolo con toda su fuerza. Cuando los sentimientos se filtran al cerebro izquierdo (gracias al acceso que brinda el cerebro derecho) puede llegar a experimentarse un ataque de pánico…síntoma de que el derecho se está entonces desamordazando, purgando. Dichos ataques no duran de promedio más de 10 minutos.

Todo lo concerniente a los traumas de la vida temprana se procesa pues en el hemisferio derecho, antes incluso de que haya madurado el cerebro izquierdo. Esas tempranas experiencias, repito, quedan grabadas en el sistema cerebral [que engloba ambos hemisferios]. Y puesto que la experiencia original no es verbal, debe ser revivida, para liberarla, de modo no-verbal también.

Si la experiencia traumática temprana estuvo acompañada de una presión arterial de 170 (sístole) y 115 (diástole), el recuerdo/revisión de dicha experiencia irá ineludiblemente ligado, por resonancia, a una subida de tensión igual. El sello emocional no miente. Está recordando a su manera, neurobiológicamente. No es una revisión consciente, analítica, sino ad libitum. Y cuando se revive el traumático proceso del nacimiento hay múltiples signos/constantes vitales que se disparan elevándose por encima de promedio. Ese es el modo en que un terapeuta debe verificar que el evento recordado fue o no real, la prueba de que el paciente no miente. Es por ello que ninguna terapia cognitiva (que tenga como base un proceso meramente intelectual de los recuerdos) servirá para este fin. Tiene que mediar un tipo diferente de lenguaje para conseguir que el paciente regrese conscientemente a la 'escena del crímen'. ¿Se podría regresar inconscientemente por medio de hipnosis inducida? Sí, pero el posterior despertar del paciente al inicial estado consciente de su mente en nada aporta a su salud mental, pues ningún recuerdo consciente permanece de su 'bajada a los infiernos', siendo el consciente y el inconsciente dos estados mentales incompatibles entre si. El consciente tiende a olvidar a su compañero de fatigas, el inconsciente. Y éste no ceja en su empeño de despertarle (de ahí que los hombres etiqueten a las mujeres de 'pesadas' (hinchabolas, como dicen los argentinos), Los 'beneficios', si es que realmente se les puede llamar así, de la hipnosis solo conciernen, en último término, al terapeuta, a los efectos de estudios estadísticos. Estudios que a su vez adulan al cerebro izquierdo de los lectores, quedando todo abandonado a un plano intelectual que en si no hace sino 'marear la perdiz' en lo que respecta al asunto emocional.




Ningún nivel de tejido cerebral puede hacer el trabajo de un nivel diferente de función cerebral (y los dos hemisferios son niveles diferentes). Es necesario conducir los dolientes sentimientos hasta el nivel en que ocurrieron y en el contexto cerebral (hemisferio) que los contienen. No podemos, repito, usar palabras para regresar a tiempos pre-verbales de la existencia. Este es el error básico que comete la Psicoterapia actual: los psicólogos cognitivos tratan de explicar y hacer comprender (forzar la asimilación) verbalmente lo que no puede ser comprendido racionalmente. Es como tratar de involucrar al sistema límbico en complejos problemas matemáticos. Esa no es su competencia. No es su trabajo. 

El evento censor, represor (el trauma) necesita ser revivido (no comprendido) finalmente sin palabras, pues las palabras no intervinieron en el evento que ocasionó la disfunción emocional que se refleja en el momento presente. Y puesto que no deben mediar palabras puedes tatarear/silbar, susurrar una melodía, hasta llegar allí. Esa es la razón por la que cantar detiene el tartamudeo. Cuando eliminamos las palabras de la ecuación, todo es más simple. El sistema educativo se resiste pero acabará por caer presa de su propia naturaleza amnésica-represora.

El colega más cercano del hipocampo derecho es la amígdala derecha, el agente del miedo y de los sentimientos profundos. La amígdala derecha es el órgano clave cuyo estímulo facilita el acceso al área límbica de los sentimientos, estando también involucrada en el proceso general del proceso emocional. Cuando un nivel de terror profundo aflora uniéndose a la emoción del miedo alojada en el sistema límbico puede producirse un ataque de pánico, como dije, totalmente descontrolado. 


Cuando la amígdala cerebral derecha está sobrecargada de sentimientos no expresados (lo sano y equilibrado en un ser humano es liberar periódicamente esa sobrecarga expresando espontáneamente los sentimientos: alegría, compasión, ternura, amor…), entonces se muestra inflamada, síntoma inequívoco de la urgencia de descargar su pesado y reprimido lastre. Recientes estudios indican que los bebés de madres deprimidas tienen amígdalas más grandes. Entre sus funciones, las amígdalas tienen la tarea de denunciar las amenazas que detecte en el entorno y envía señales de miedo para que el cerebro izquierdo (papá) pueda reaccionar apropiadamente...Lamentablemente una vez reprimido el mensajero (el miedo) estos bebés se convierten en adultos dotados de una hipersensibilidad a las amenazas. En casos extremos hallamos individuos paranoicos, es decir, personas que ven amenazas por todas partes. Esto es particularmente cierto en los adictos a fumar cannabis, para quienes las defensas del hemisferio derecho están hasta tal punto debilitadas por la marihuana que el izquierdo, masculino y racional se percibe amenazado. Una amenaza que obliga al cerebro izquierdo a producir extrañas ideas, esencialmente delirantes, paranoicas (el mundo se va a acabar...etc). Ideas asociadas a eventos presentes (amenazas terroristas, la caída de un meteorito...) que están fundamentadas en el miedo al derrumbe de las defensas acaecido en la infancia y a la consecuente creencia en que la expresión de los sentimientos suponga un debilitamiento del sistema, una amenaza para la existencia (etiquetada desde entonces como supervivencia). Hay que estar alerta –se dicen–hay peligro por todas partes. A medida que pasan los años esas ideas quedan fijadas, endurecidas e invulnerables. 

Revista Science: "Cómo las madres tristes alteran el cerebro del niño". 22 Agosto de 2011).
La profunda depresión de una madre gestante opera un cambio en el cerebro del  bebé. No existen escenas o palabras para expresar esa alteración ni tan siquiera recordarla. El recuerdo es orgánico. Hay una etiqueta en él, una marca hecha por medio de un proceso conocido como metilación que etiqueta la experiencia y altera por consiguiente la manifestación de los genes, generando una influencia en el comportamiento. Los genes a menudo son interpretados erróneamente por parte del sistema nervioso, pero añadida la intervención del grupo químico metílico a las células, la marca queda grabada de por vida. La metilación crea por tanto un acontecimiento epigenético que cambia la forma en que los genes se van a desplegar, o por lo menos el modo en que el cerebro va a interpretar la información almacenada en esos genes. Cuando un gen cambia así 'su rostro', dicho cambio no siempre será reconocido. Este cambio no solo va a afectar al futuro comportamiento del individuo sino que puede incrementar la propensión de ciertas enfermedades graves, incluido el cáncer, a manifestarse. Estos traumas están fuertemenmte originados en el cerebro derecho. 
Durante la terapia, muchos psicólogos se dirigen al paciente y consiguen que les cuenten lo que le está molestando. Pero simplemente no lo sabe ("Doctor, no sé qué me pasa..."), obviamente porque el cerebro izquierdo no estaba al tanto en el momento de desencadenarse la fuente del malestar presente.

Como ya hemos dicho, el cerebro derecho no informa con palabras. Y sin embargo el paciente está deprimido, y no sabe por qué ni sabe cómo demonios salir de ese estado. Mientras tanto el acontecimiento está etiquetado a la espera de que se produzca el enlace, la 'conexión'. Hasta entonces el daño se estará produciendo. Solo una terapia sistémica y orgánica que pueda abordar eventos preverbales podrá cambiar las cosas y ayudar al paciente a que mejore. Y eso implica no usar por defecto el cerebro izquierdo para alcanzar esa meta.
El cerebro izquierdo se halla jerárquicamente en segunda posición. 

Hay suficiente información hoy en día respecto del stress que una mujer embarazada inocula en forma de hormonas a su criatura dentro de la placenta, hormonas as cuales impactan en el feto, quien padecerá desde ese momento, y quizá para toda la vida, los efectos del estrés de su madre, hasta que le llegue el turno de liberarse de ellas (si es que asume esa tarea de modo consciente).

Las estructuras/órganos (Hipocampo, amígdalas) que rigen el sistema límbico forman parte ineludible en la expresión de los sentimientos de nuestro Ser y son esenciales al tratar con las emociones. Debatir acerca del miedo concierne al cerebro izquierdo. Sentir el miedo es dominio exclusivo del cerebro derecho. 

Explicar un sentimiento sin manifestarlo no tiene significado alguno, tal como veremos. No cura NADA. Analizar el sentimiento DESPUÉS DE haber revivido el recuerdo almacenado es perfectamente válido y enriquecedor. El carro de la evolución tampoco precede al caballo que tira de él. Tal como el sistema dice: "A cada cual su turno. Cuida los modos: Los sentimientos van primero, los pensamientos y los análisis después".

Cuando el hemisferio derecho está saturado de sentimientos dolorosamente reprimidos, se torna imperiosamente incontenible. Necesita descargar. Es una ley física. Eso se muestra más tarde en la vida por medio de la incapacidad de realizar diversas tareas a la vez debido a que la gota del input entrante en el cerebro izquierdo simplemente hace colmar el vaso del espacio disponible. Es cuando el sujeto evita a toda costa asumir cualquier tarea que suponga el desborde del contenedor. El cerebro izquierdo no está seguro de por qué evita asumir dichas tareas y sin duda permanece en gran medida inconsciente de ello. Simplemente se dedica a interpretar un papel ante el que permanece tan inconsciente como frente a los sentimientos reprimidos. La persona simplemente se torna fácilmente susceptible, sobrepasada, cansada en apariencia por lo acontecimientos externos presentes, cuando en realidad está sobrepasada por recuerdos de un pasado, lejano y paradójicamente tan...presente, al que está ineludiblemente ligada. Recuerdos que pugnan por hallar una salida.

sigue en parte II

Arthur Janov
http://www.arthurjanov.com/


sábado, 19 de noviembre de 2011

La clave está en el corazón

02:45 AM
Hace escasas horas que tuvo lugar la presentación de los diversos terapeutas y colaboradores del nuevo Centro por y para el Ser. Un acontecimiento ciertamente conmovedor en su fondo y en su forma puesto que una potente vela sanadora se ha encendido en la ciudad de Inca esta noche, una columna de energía que tiene como tarea anclar un potente rayo de luz en la amada madre Tierra. Todos los que estábamos presentes fuimos conscientes de la imperiosa necesidad de contribuir inminentemente a elevar la frecuencia vibratoria de las energías que nos rodean para aliviar al planeta, y a nosotros con él, de las pesadas cargas con las que ahora amismo está lastrada, en la pretendida e imparable 'ascensión' hacia una modalidad más liviana, menos…densa. Sobre densidades hablaré en otra ocasión.

Personas muy preparadas en sus dominios y muy conscientes de su papel en estos momentos de su existencia en la Tierra, aportaron su perspectiva acerca del inequívocamente dramático momento por el que los actores del gran teatro del mundo estamos pasando y de la intransferible importancia de cada uno de nuestros personales papeles en el proceso señalado. Todos y cada uno de nosotros 'tenemos' una genuina e intransferible aportación que realizar, un trabajo ineludible que hacer, que nadie más puede hacer por nosotros.

Mucho tiempo de mi vida he pasado devanándome los sesos tratando de averiguar cuál es esa tarea específica que personalmente tengo encomendada, a la que me 'comprometí' a realizar en 'esta vida' (todos los que estuvisteis presentes sabéis a qué me refiero). ¿Qué debo hacer? ¿Dónde debo estar? ¿Qué debo decir? ¿Cómo? ¿Cuándo?…
Percutir insistentemente en este particular me produjo un lento y paulatino viaje de no retorno hacia lugares hasta entonces ignotos de mi, esferas de dominio de mi Ser que comenzaban a sacudir las estructuras, los esquemas y, en definitiva, los juicios a priori que constituían la estructura básica de mi mente. Tantas y tantas cosas que había dado por sentado sin jamás cuestionarme se empezaban a tambalear. La conmoción empezó a adueñarse de mi 'día a día', mientras el mundo a mi alrededor continuaba impasible y aparentemente conectado al mismo cómodo piloto automático al que me había sometido yo mismo.  Al menos así me lo parecía.  Poco a poco y sin apenas darme cuenta percibí que mi vinculación con mi acostumbrado entorno empezaba a fracturarse, que los 'amigos' que siempre había frecuentado se distanciaban y que las rutinas dejaban de ser la norma. En realidad era yo quien me estaba alejando, sin ser muy consciente, de todos ellos. Ya no me reía de las mismas cosas, me aburrían las mismas y repetitivas conversaciones...ya no compartía el 'modo' de ver la vida, el mundo. Sencillamente yo ya no 'encajaba' en el esquema de las cosas que siempre di por sentado. Y eso incluía a todo mi entorno conocido. Todo estaba en cuestión. Relaciones sentimentales rotas, trabajos perdidos, hasta el aparato digestivo empezó a convulsionarse y decir 'basta'. Y era doloroso. Muy doloroso a veces, porque por paradójico que suene, una parte de mi seguía resistiéndose al cambio. Una parte que aprendí a identificar como mi ego, gracias a lecturas y a un proceso de diálogo introspectivo (no usaré el término 'meditación' por lo masticado que está siendo). Esa 'parte de mi' ya no toleraba los viejos regímenes y las acostumbradas servidumbres. Sin muy bien saber cómo me ví envuelto en un proceso de revisión de mi pasado. Desde la actual perspectiva fue como si mi tren descarrilara. De hecho tuve dos accidentes de circulación en pocos meses, uno de los cuales debería haberme evacuado de este mundo instantáneamente, en virtud de lo traumático de las circunstancias. Sin embargo salí ileso del mismo. También fui diagnosticado hace dos años de un tumor en la vejiga que a las pocas semanas había desaparecido sin dejar ni rastro. Sin duda no había llegado mi momento de partir. Desde entonces he alimentado la profunda y sobrevenida convicción de que nada sucede por casualidad, de que todos los acontecimientos están íntimamente sincronizados, causalizados, de que no existe el 'azar' en ninguno de los procesos vitales. Todo está íntimamente interligado hasta límites insospechados.

¿Qué hacer pues? La respuesta a esta pregunta se ha ido licuando en la misma medida que he perseverado en cuestionarme todo, desde los acontecimientos más triviales hasta cuestiones más vastas como el mismo sentido de la vida. ¿Qué hago aquí? ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿He existido siempre? Puesto que soy indiscutible creador de mi circunstancia en virtud de las decisiones que constantemente tomo ¿fui, a su vez, creado por alguien/algo? ¿Sucedió eso en algún 'momento'?. Desde el momento en que eres capaz de mirarte al espejo y plantearte estas cuestiones sin miedo al ridículo, el escenario de tu vida cambia de escenografía. Todo empieza a cobrar una nueva perspectiva. Mágicamente el vórtice de convulsión que me estaba embargando empezó a 'enviarme' nuevos encuentros, nuevos eventos, ritmos y herramientas que hicieron pivotar mi modo de operar.

Dicen los sabios que para que cualquier civilización pueda avanzar debe conocer su pasado, y así aprender de él. El mismo Solón que "una equivocación no se convierte en perdurable error a menos que no se acepte corregirlo". Equivocarse es de humanos. Disculparse es de sabios.

Mi cometido en la dinámica del Centro fue el de Coordinar una de las actividades que sus fundadores pretendían ofrecer: un banco de tiempo. Hace 5 años tuve un sueño.  Recuerdo haberme despertado con un sentimiento muy diáfano. Tenía que  hacer una publicación de 'buenas' noticias. Sentí que mi 'cometido' era sembrar la semilla de la fe en la buena voluntad, empezando por el más inmediato. Tras varios esbozos y tentativas la Providencia me hizo, sentado una noche frente al televisor, conectar con un programa donde se difundía la dinámica de los intercambios de favores (servicios, decían) entre personas. Pocas cosas me solían ya por entonces llamar la atención en los medios. La conmoción del colapso de las Torres del World Trade Center en septiembre de 2001 me había lamentablemente 'anestesiado'. Pero curiosamente conocer la existencia de una dinámica –germinal por entonces en España– conocida como Bancos de Tiempo me devolvió la fe en el ser humano, y me impulsó a crear uno. Y así se sembró la semilla de HOY por TI. Desde sus albores muchos fueron los momentos de alegría (y algunos también de conmoción). Coordinar y gestionar en solitario los teóricos protocolos que, librado por expreso deseo a mi intuición, era necesario establecer para que el proyecto viese la luz y echase a rodar con una mínima fiabilidad, fue sin duda estimulante. Siempre me han atraído los proyectos innovadores, las causas en apariencia perdidas. Todo lo que aparenta ser, dificultoso, inviable o es percibido generalmente como utópico lo percibo invariablemente como una llamada a la creatividad. ¿Será una pulsión por hallar una vía original de expresarme? ¿mi luna en Sagitario?. La cuestión es que éste, sin duda, era un proyecto innovador. Y aunque con el tiempo debo reconocer que ha sido desgastante en más de un sentido, también eso me ha enseñado que las cosas en la vida que nacen de la ilógica intuición no tienen necesariamente que estar intrínsecamente engrasadas, fluyendo apaciblemente tal como mi mente –de nuevo la mente…– siempre especulaba. Al menos en el principio ¿Acaso las mujeres, salvo excepciones, dan a luz de forma placentera? Por no hablar de lo traumático que supone para un ser humano el mismo hecho de nacer. El colosal potencial que albergamos debe pasar, para condensarse en esta esfera tan 'compacta' , este dominio de experiencia que llamamos la vida en la Tierra, por el embudo de un estrecho canal uterino. Un parto que en muchos casos –por no decir siempre– deja una huella indeleble.

La técnica pictórica de la acuarela, que empecé a aprender a los 13 años (¿quieres ver mi blog ad hoc?) me puso, hoy soy consciente de ello, sobre la senda de la comprensión de la multiplicidad de esferas de dominio del Ser. Aplicar y entender los efectos de las transparencias de las diferentes capas de pigmentos aplicadas sobre un papel tensado me ayudó a comprender (mejor dicho, a recordar) que estamos compuestos de algo más que este cuerpo físico que percibimos con nuestros sentidos físicos. Que existen capas (niveles) de esencia 'por encima' –y de modo muy influyente– del que vemos con los ojos.
El nivel mental y el nivel emocional son dos herramientas imprescindibles que nos han sido concedidas para poder manejarnos en el entorno de este mundo. Y que junto con el cuerpo físico forman una tríada energética y vibratoria que se deriva de una Fuente inagotable e inalterable –ahora lo sé– que no tiene principio ni fin, que nunca 'muere' pues no está regida por el tiempo cronológico ni condicionada por el espacio, coordenadas ambas que únicamente rigen en los mundos a los que Platón denominó 'sensibles', para diferenciarlos de los mundos inteligibles, los captables por la inteligencia creativa. Y esa inteligencia creativa y eternamente perdurable que me/nos anima y a la que estoy/estamos ineludiblemente conectados me sugiere que la tarea esencial de todo ser humano,  la finalidad de tu contrato de vida, no radica no tanto en 'hacer' algo, tanto como en (volver a) sentir, en conectar con los sentimientos, la fuerza genuina que brota instantáneamente en los momentos mágicos, La voz de la intuición, que desencadena, si es escuchada, los más portentosos eventos y genera las más delicadas y sincrónicas circunstancias sobre las que pivotan los golpes de timón que gobiernan nuestra navegación y, por extensión, la nave colectiva de la humanidad llamada civilización, de la que ineludible y maravillosamente formamos parte, nos está diciendo desde el mismo momento en que aparecemos en la escena que algo imparable está sucediendo. Algo que ningún experto en cifras macroeconómicas acertará nunca a desentrañar.

Como los granos de azúcar de un terrón cúbico, que un día impactaron y se desparramaron sobre la mesa de trabajo de un genial repostero, cíclicamente estamos destinados a reaglutinarnos. Ya lo dijo Einstein. Nada se crea (nace) ni se destruye (muere). Cuando los granos están dispersos, se disponen a poner proa a nuevos destinos, a descubrir nuevas fronteras, explorando nuevos confines. Durante la dispersión (diáspora, éxodo) los granos errabundos se asociaron en familias, etnias, razas, pueblos, naciones, creando fronteras tras las que proteger su identidad, agrediendo, desagraviando honores mancillados, contestando afrentas recibidas…murallas tras las que partapetarnos, en la convicción de que el mundo ahí afuera constituía una sempiterna amenaza, todo tratando de adaptarnos a una experiencia, un entorno hostil (al principio sin duda), al que fuimos paulatinamente adecuándonos por medio de nuestra innata creatividad, hasta (creer) dominarlo.

Cuando se reaglutinan los granos de azúcar (proceso que estamos culminando ahora), recogemos bártulos, recortamos gastos superfluos e innecesarios (aunque duela desapegarnos de ellos y de la convicción de que nos son imprescindibles). Quienes operan los recortes, quienes realizan (sin darse cuenta) la sucia tarea de arrancarnos de los asfixiantes brazos de nuestros apegos, de desmontar nuestros principios, son aquellos a quienes llamamos corruptos. Interpretan un rol desagradable, pero al que libremente se comprometieron. Mientras tanto les agradecemos invirtiendo nuestras energías en restañar nuestras heridas, las del obligado guerrero en que nos convertimos. Ellos nos despojan de las oxidadas armaduras, dejando a la vista las heridas del alma que el aire limpio que invade esta nueva era va ayudar a sanar. Y lo hacen sin darse cuenta del papel que tienen, in-conscientemente. Re-conocer las heridas abiertas y suturarlas con el único hilo que sana: el amor por lo que hemos sido individual y colectivamente, para que puedan cicatrizar, es esa tarea a la que me refería al inicio. Una tarea sin duda, dolorosa. Nadie dijo nunca que no lo sería. Pero no hay otro camino para la sanación. Es el camino para la libertad. El camino para volver a reir en plena y consciente libertad. ¿Queda otra alternativa? Sí: negar la herida con las oscuras gafas del orgullo: el rencor y la cólera. ¿La consecuencia? seguir sangrando...perpetuar el reinado del ego sobre la mente, consagrar la esclavitud del miedo...seguir sosteniendo los pilares de la prisión de la mente...en definitiva, seguir sufriendo.

"Aprende a liberarte de aquello que precísamente más perder temes, pues el miedo a la pérdida el camino hacia el lado oscuro es. El apego a los celos conduce".
Maestro Yoda (Star Wars III)




Pero incluso para eso tienes perfecta libertad. Lo creas o no, seguir encabronado es una decisión tomada libremente y que, como tal, debe serte respetada (lo que expone, sobre el tapete, a los falsos profetas, los que se entronan a bombo y platillo, desde los púlpitos del poder –concedido o no en las urnas, da igual– como salvadores de la opresión, los mismos que te 'recortan'). Una libre decisión que atiende a tu propia voluntad, la que habita simultáneamente en un dominio tuyo (densidad, dimensión) 'superior' desde el que tomas todas tus decisiones.

La arrogancia es hija del espanto, del miedo al abandono. Mejor dicho, al dolor por el abandono. Y descartarla de nuestra dieta –y eso es muy aconsejable– solo es posible enfrentando a la realidad del miedo que la gestó. La valentía, coraje y determinación capaces de abanderar esa energía y recuperar la confianza en nuestra eterna naturaleza, necesarios para cambiar de dieta mental, solo la hallarás en la energía del niño/a interior que portas, incorrupto/a (aunque asustado) al transcurso de tu epopeya, en tu corazón. Restituir el diálogo interno con el niño que fuiste es tu liberación. Despertar de la pesadilla y convertirla en un sueño lúcido es nuestra gran responsabilidad.

Hagas lo que hagas lo único que importa es si tus actos están impulsados por tus sentimientos, por tu intuición, o por tus emociones, esos 'estallidos de incomprensión' –como bien los definía el maestro Jeshua. Si son tus sentimientos los que inspiran y canalizan tus actos –y de eso te darás perfecta cuenta porque entre otras cosas se te erizará el vello cutáneo– estás en la senda de la ascensión a niveles más vastos de comprensión y experiencia, que es precísamente aquello a lo que aspiras.

Aceptar recibir y retribuir al universo...dar y recibir y volver a dar, en una danza armónica y aleccionadora donde sin duda podemos cometer equivocaciones (y las hemos cometido), que se diluyen fácilmente pidiendo disculpas y asumiendo la responsabilidad de permanecer alerta ante una nueva tentación que pretenda desestabilizar el nivel de equilibrio logrado.
Tal como quieres que se piense de ti, así piensa de los demás. Sin prejuicios, sin etiquetas, sin a prioris. Siente con el corazón y estarás en ambientes inspirados por el corazón. Solo así tus actos estarán en armonía con tu eterna esencia.

–¿Y qué hago con la tristeza, con la rabia cuando aparecen?

– Si tus obras son fruto de actitudes incontroladas, de re-acciones ante eventos o circunstancias externas a ti (noticias en los medios, chismorreos, habladurías, y en definitiva cualquier tipo de agresión o persuasión por parte de agentes externos) te verás abocad@ a una espiral de desasosiego de la que puedes caer fácilmente preso. Permanecer cauto y alerta ante las 'tentaciones' tanto de tus diferentes personalidades (egos) como de tus pasiones (instintos) emotivas es la clave para no ser víctima de ninguna deriva adictiva. La clave está en el corazón. Si percibes bloqueos  (pereza, vergüenza, indignación, desesperación, ira, rebelión, violencia…), a la hora de manifestar tus sentimientos, si no consigues conectar con la inspiración, si –a tu pesar– le fallas a tu intuición más de la cuenta, entonces encomiéndate a Dios y pídele que te acompañe por la oscura senda que te señalan tus emociones. Observa, acepta y déjate guiar por tus sin duda genuinos estallidos de incomprensión. Pídele al Cosmos que te mande un guía capaz de iniciarte, conducirte y contenerte en el viaje a tu particular 'noche oscura del alma'. Alguien que comprenda las penalidades que te atenazaron y de cuyo dominio aún permaneces inconscientemente esclavizado. Alguien que te ayude a identificarlas en su origen y a exorcizarlas. Alguien que te enseñe a descubrir la divinidad en ti, que te enseñe el arte del perdón, que te ayude a perdon-arte. No esperes a que las filtraciones alcancen la esfera de tu cuerpo físico. No es necesario llegar a ese extremo, aunque, llegado el caso, los dolores físicos, si son tenidos en cuenta, te conectarán rápidamente con las heridas abiertas del cuerpo emocional, sin necesidad de intermediarios. Se trata de ti. No lo olvides. Una vez abrazadas y suturadas las heridas anteriormente abiertas, la parte inconsciente de nuestra memoria se fusiona con los recuerdos conscientes y la mente deja de ser la cueva de truhanes y ladrones que des-conocías.
Recuerda que cuando el alumno está preparado, aparece el maestro.

martes, 4 de octubre de 2011

El Fin de un ciclo





De nuevo, lo crucial es permitirnos volver a sentir. Los sentimientos y su libre expresión por parte de una masa crítica suficiente de la población, son la clave para que la transición que estamos presenciando se produzca de un modo más pacífico. Todo confluye hacia una palabra que nos ha producido escozor durante toda la vida: Responsabilidad. Responsabilidad para con nosotros mismos, nuestro potencial en conexión con la incontestable verdad de que somos seres eternos, perfectos y llenos de luz.