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lunes, 11 de agosto de 2014

El origen del miedo (I)

Quizá creamos que la fuente de toda disputa este plano/Planeta entre facciones opuestas se debe al interés de unos, más privilegiados materialmente, por dominar a otros menos favorecidos, o al menos para perpetuar cualquier desigualdad ya existente. Pero eso no dejaría de ser una perspectiva un tanto maniquea, en cuya adhesión se ha fundamentado la llamada lucha de clases, aceptada desde el advenimiento del marxismo. En el fondo esta lucha estaba destinada a perpetuar precísamente las desigualdades que afirmaba combatir. Para que alguien necesite someter a otro, es preciso que esa intención esté arraigada en la desconfianza. Y quien desconfía de alguien, necesita fabricar argumentos sostenibles mediáticamente con los que sustentar sus ocultas y verdaderas acciones dominadoras.

Detrás de la falta de confianza se esconde ineludiblemente el secretismo, la tendencia planificada a ocultar algo cuyo alumbramiento desestabilizaría el statu quo imperante.

Cuando sientes confianza en alguien todos los acuerdos son posibles, pero si hay desconfianza puedes apostar la vida a que alguna de las partes (si no ambas) tiene algo que ocultar. Y quien algo oculta siente vergüenza, habitualmente maquillada con los ropajes del orgullo, ese recurrente comodín al que nos hemos acostumbrado a apelar cuando nos sentimos entre la espada y la pared.

Hay muchas emociones involucradas en la olla diaria de la convivencia, y la madre de todas ellas, la raíz que engloba todos los ocultamientos y censuras, la que no entiende de razonamientos o análisis es una y muy clara: el miedo. Pero ¿Miedo a qué?

Ya sé, dirás que no tienes miedo. Y mentirás. Y agradecerás que te llame mentiroso porque es mejor que llamarte psicópata. Todos tenemos miedo. Si no seríamos unos alegres suicidas (por no hablar del dolor que probablemente ocasionaríamos al exponer a seres queridos a situaciones de riesgo real). Pero hay dos tipos de miedo. El miedo a lo conocido, mejor dicho lo recordado/consciente y el miedo a lo olvidado/inconsciente. La diferencia entre ambos es básicamente una. El miedo a lo que conoces no "desata" tu violencia. Esa respuesta es solo propia de quien no comprende algo y reacciona con lo último que le queda, como los gatos acorralados.

El miedo ante el riesgo conocido, ergo asumible, te permite adaptarte a las circunstancias. Es un mecanismo que alerta acerca de las amenazas reales, poniendo automáticamente en marcha un mecanismo propicio de supervivencia ("el cielo se oscurece y se avecina un vendaval=me refugio"; "un virus irrumpe en mi aparato digestivo=relajo mi dieta y permito que mi sistema inmunológico se ponga en funcionamiento sin obstaculizarlo", etc...). Si estás convaleciente, no tienes miedo, simplemente estás tomando medidas para reajustar tu cuerpo físico al entorno.

Pero hay un miedo que derriba, en lugar de fortalecer, tus defensas naturales. El miedo a lo desconocido, mejor dicho, a lo olvidado, pues nada es desconocido, tan solo vamos recordando, poco a poco, lo que siempre hemos sabido pero una vez "decidimos" olvidar...)

El miedo a lo olvidado es muy poderoso y se nutre de todas las pequeñas circunstancias que la vida te presenta. ¿Pero por qué se nutre? ¿Por qué necesita crecer? Muy sencillo, porque en un nivel profundo de tu psiquis deseas reactivar tu memoria. El miedo a lo desconocido es un mecanismo natural para adquirir conocimiento. Un mecanismo que acepta el riesgo en su decidida búsqueda de pistas en el camino, símbolos que despejen la confusión inicial y rescaten el "recuerdo madre", un episodio o conjunto de ellos que son responsables de la activación de la sensación de desamparo que inunda la cotidiana exstencia. Por paradójico que suene (y por mucho que nos inflemos a azúcares refinados y alcohol (via habitual de escape de las personas depresivas) o a alimentos con exceso de sodio (propio de las personas coléricas), en el fondo no queremos olvidar sino recordar.

Huir del miedo (negarlo) es la prueba de que lo "tenemos". Digamos que estamos programados para activar la solución aunque parezca que huimos de ella. El miedo a lo desconocido paraliza bien toda capacidad de respuesta (incluida la risa) o bien desata, como decimos, un frenético y desproporcionado despliegue de medios para impedir que tal amenaza fructifique. Temer a algo intangible (la suciedad doméstica, la inseguridad ciudadana, un atentado terrorista, el hambre, un meteorito, el alzheimer...), que en pura lógica no pone en peligro nuestra subsistencia ahora, es la prueba de que hubo una vez un evento, olvidado obviamente, que sacudió inesperadamente nuestra capacidad de salvaguarda. Un evento vinculado al abandono emocional, el confinamiento o abiertamente a una agresión física en una etapa de nuestra existencia lo suficientemente frágil como para no estar lo suficientemente provistos de las adecuadas defensas (la mayor de ellas precisamente la confianza). Una etapa que naturalmente ya habrás ubicado en el tiempo: la infancia.

 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Consciencia Crística

Probablemente reconozcas que, con más frecuencia de la que desearías, te ves afectado por situaciones que te sobrepasan en el día a día. Temas de trabajo (o falta de él), relaciones familiares difíciles (por no decir insostenibles) entre padres-hijos o entre hermanos, frustraciones personales, pagos de impuestos-multas, desacuerdos/desencuentros con tu pareja, los vecinos, organismos oficiales…Incluso es posible que tu indignación esté también ahora enraizada en los casos de corrupción de cargos públicos, manipulaciones de la información en los medios, etc., etc. que los medios masivos de comunicación se encargan diariamente de difundir…por no hablar de todas las mentiras que te contaron y tomaste en su momento como verdades incontestables y ahora provocan el colapso de los esquemas mentales en los que tenías basada (¿apuntalada?) tu existencia. En fin ya sabes.


En este mundo de dualidades donde solemos comprender los conceptos en virtud de sus antagonistas (bueno-malo, justo-injusto, día-noche, frío-calor, graande-pequeño, tarde-temprano, etc…) también me he dado cuenta de que existen formas de clasificar a las personas en función de sus ideología (progresismo-conservadurismo, católicos-protestantes, creyentes-ateos, dogmáticos-nihilistas, etc.


No comprender las razones de los conflictos diarios que te rodean (y parecen repetirse y perseguirte allá donde vayas, incluso estando de vacaciones), conduce a dos tipos básicos de respuesta:


1. Violencia física.
Te dejas arrastrar incontroladamente por las emociones provocadas por las energías derivadas de determinadas situaciones (celos/envidia, rabia, dolor físico, censura…) desembocando el episodios de violencia física, ataques de ira. A este grupo pertenecen las personas que, por fortuna para ellas, no han tenido acceso a una instrucción intelectual. Son personas a las que etiquetamos como 'primitivas' o 'básicas', faltas de 'sentido del humor', gente que no entiende los chistes de doble sentido, personas muy afectas a los instintos básicos (tribalidad, protección del clan…) que solo se enfrentarán a un agente de la autoridad si se percatan de que tienen posibilidades de derribarle (de otro modo tratarán de ganarse su amistad). Jamás tratarán de interponer un recurso ante una multa porque no comprenden que la autoridad que ostentan los poderes públicos emana de ellos mismos como ciudadanos.


2. Represión/Negación.
Son personas que, debido al nivel de instrucción intelectual por el que se vieron influidos en su juventud, se han censurado la expresión de los sentimientos. Aprendieron a censurarse por medio de recursos que aprendieron de su entorno familiar y pedagógico: ironía, sarcasmo, personas que anclan sus percepciones desde el empirismo únicamente constatable científicamente por medio de dispositivos tecnológicos. Suelen reirse de todo lo que rime con esoterismo


Todos tienen miedo, miedo a lo desconocido. Tan solo tienen formas diametralmente opuestas de sublimarlo.


Pero existe una tercera vía. La síntesis de los opuestos. Esa delgada linea por la que camina quien es capaz de amarse tanto a si mismo que brindarse a los demás desinteresadamente no le supone un dispendio sino un enriquecimiento, la lógica consecuencia del estado del alma en que se halla. Hace 2000 años llamaron a ese estado 'Krystos'. Fue anunciado por un hombre que sentía un profundo amor por todos los seres vivos  sin distinción. Un hombre que afirmó que había que ofrecerle la otra mejilla a quien te ofendiese, en el acto más sublime de amor. Luego vinieron otros que predicaron la no-violencia. También acabaron con ellos…A Jeshua lo crucificaron porque su mensaje desestabilizaba al sanedrín, el establishment hebreo imperante en la provincia de Judea. Alguien que apelaba a transitar por esa delgada linea desde la que se observan los opuestos, pero que nada tiene que ver con ellos.


¿Cómo se alcanza ese estado de Consciencia Crística?
Todos queremos salir de la rueda, de la vorágine de emociones, pero una y otra vez nos vemos enfrentados a todo aquello de lo que huimos. ¿No te gustan las lentejas? Ahí tienes dos platos', parece decirnos la vida. Tenemos una pulsión inconsciente para atraer todo aquello que nos sacude. Será que algo tenemos que aprender de ello. Acción-reacción, causa-efecto…todo tiene un origen. Las emociones también son reacciones a una acción:
· Me agredes? Te agredo. 
· Me humillaron? Me busco (atraigo) inconscientemente a alguien (pareja) en quien poder descargar mi antigua frustración, sin saber que esa persona será un reflejo de todo eso de lo que huyo y que hará conmigo lo mismo que yo haga con él. Nuestra relación derá de atracción-repulsión. Atracción porque deseamos que alguien encaje con (satisfaga) nuestras necesidades no resueltas, y odio porque eso nunca sucederá. Nada se completará desde el exterior.
· Me abandonaron y obviamente no sé estar ahí cuando me necesitan, por mucho que intelectualmente sepa que debo estar. Algo en mi se resiste a hacer por otros lo que nunca nadie hizo por mi. Pero como no quiero recordarlo, ignoro las razones de mi comportamiento. Es la pasión inconsciente de ley universal de atracción. Causa y Efecto. Claro que puedo atraer lo que deseo. Y eso es lo que ocurre. ATRAIGO TODO LO QUE ME HACE DAÑO en un impulso inconsciente por resolver situaciones pasadas. Incluso buscando todo eso que 'creo' que me merezco (unas vacaciones relajantes que nunca acaban siendo eso, relajantes…y lo hago porque en ello mi inconsciente busca escapar a la doliente realidad del estado perturbado en que se halla mi mente. Donde quiera que vaya siempre acabo encontrándome a alguien o algo que me pone los pies en Tierra. Será que en algo estoy contribuyendo. Quizá deba rendirme a la evidencia de que mis desgracias no las crea el mundo externo sino que llevo incorporado su patrón en mi interior y lo voy reproduciendo sin darme cuenta allá donde vaya. ¿cómo salgo de esta espiral?


"Debo haber decidido equivocadamente porque no estoy en paz.
Yo mismo tomé esa decisión, por lo tanto puedo tomar otra.
Y quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz.
No me siento culpable porque el Espíritu Santo*, si se lo permito, anulará todas las consecuencias de mi equivocada decisión.
Elijo permitírselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí."


* la porción de la mente de Dios que Él me confió y encomendó



· Me manipularon y no puedo evitar construir estrategias para obtener lo que deseo…


No conozco a nadie que pueda evitar devolver las afrentas (insultos, críticas, juicios, agresiones físicas…) Todos estamos prestos a defendernos. Porque eso es lo que hemos aprendido. A defendernos. pero esa actitud es paradógicamente la que nos denigra y va matándonos poco a poco. Porque contribuye a contagiar esa energía allá donde vayamos. Nuestro miedo ha generado la violencia que genera miedo en otros…


Los políticos escenifican cada día en la escala que televisión ofrece el teatro de las vanidades que impera a nivel de la calle. Y al mismo tiempo saben que el objetivo de ambos, por opuestos que se muestren en la escena política, eres tú. Es tu mente la que está en juego. Es el grado de permeabilidad a las bajas frecuencias, que cada día licuan los que manipulan lo que percibes con los sentidos, lo que va a determinar tus posibilidades de liberarte de tu papel en este gran teatro del que ellos son los gestores.
Tu no deseas odiar ni sentir rencor. Deseas amar, estar en Paz, alcanzar el equilibrio. Por eso haces cursos de Yoga, de Reiki, por eso cuidas tu nutrición discriminando lo que ingieres…pero hay cosas que te devuelven a la cruda realidad cuando más crees que estás en la senda de la liberación. Cosas como un compromiso familiar, la denuncia de un vecino por filtraciones de humedad, una inflamación cutánea de tu hijo, etc…circunstancias que ponen a prueba tu pretendido estado de ataraxia. Experiencias que te sacan de tus casillas y que invariablemente te conectan con el terreno ignoto de las emociones, ese universo que tan doloroso y penoso.
Para alcanzar el estado del Buda en esas situaciones tensas, hay que entrenarse. Para saber estar aquí y ahora como dice Eckart Tolle, hay que comprender la influencia de la ley de causa-efecto, hay en definitiva que estar congraciado con el pasado, para poder estar libre de las expectativas que el ego pone en el futuro.





DIOS EXISTE - ENTREVISTA RAFAEL LÓPEZ-GUERRERO from ALISH on Vimeo.






¿Y qué hay que hacer para congraciarse con el pasado?
Ante todo no negarlo. Es esencial. Reconocer que nuestros actos inconscientes están profundamente arraigados en la experiencia grabada a fuego en la infancia (incluso en la vida in utero).
Luego viene la parte más difícil: activar los resortes del cuerpo emocional. Es decir zambullirse, a través de las emociones, en el mundo de los sentimientos secuestrados, todo ese abanico de verdades que traías cuando viniste al mundo y que inevitablemente tuviste que dejar de lado porque no encajaban con el esquema de las cosas que te encontraste. Aceptar esto es re-vivir el proceso y permitir que sea expresado tal como hubieras deseado entonces. Por supuesto que esto precisa de una paulatina liberación de la vergüenza en presencia de una persona capaz de contenerte emocionalmente, es decir, ser testigo de tu catarsis y no emitir ningún juicio al respecto, incluso provocarla y saber gestionarla para que el vacío que te atrevas a exponer sea colmado con energías de armonía y amor tras la tormenta.


"Han sido muchos los sanadores que no se curaron antes a sí mismos. No movieron montañas con su fe porque su fe no era absoluta. Algunos de ellos ocasionalmente curaron enfermos, más no resucitaron a ningún muerto. A menos que el sanador se cure a sí mismo, no podrá creer que NO HAY GRADOS DE DIFICULTAD en la consecución de los milagros. No habrá aprendido que toda mente que Dios haya creado es igualmente digna de ser sanada porque Dios la creó totalmente íntegra. Se te pide simplemente que le devuelvas a Dios tu mente tal como Él la creó. Dios te pide únicamente lo que él te dio, sabiendo que MEDIANTE ESA ENTREGA SANARÁS. La cordura no es otra cosa que plenitud, y la cordura de tus hermanos es también la tuya. La Voz que habla por Dios se encuentra en ti. Dios te encomendó su espíritu y te pide ahora que tu le encomiendes el tuyo. Él fue quien confió en ti en primera instancia. Desde entonces ha esperado a que te decidas a recordar de donde procedes. Dios quiere que tu espíritu esté en paz porque tú pocedes de una misma mente y de un mismo espíritu con él. Tuya es la responsabilidad de regresar a él con la porción de Su mente que te entregó. Solo así podrás obrar milagros."






Un Curso de Milagros. (cap. VII)


Quien tenga ojos para ver que vea.
Quien tenga lágrimas para llorar que llore.
Quien tenga corazón para amar (sentir), que ame (sienta).