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martes, 22 de noviembre de 2011

Y la ira qué?

Cuando somos testigos del evidente el malestar (ira, cólera,…) en una persona, tendemos comúnmente a minimizar dicha expresión, ya sea disuadiéndola con comparaciones recurrentes ("no sé de qué te quejas, fíjate que hay otros que están peor que tu, etc…") o censurándola directamente condimentándola con improperios ("Basta ya. Eres un quejica"). Esta es una actitud notoria entre los adultos para con los niños. Cuando se quejan porque no quieren comer les decimos "fíjate que hay niños que se mueren de hambre en Africa", cuando lloran porque se han hecho daño "no pasa nada, ya verás, pronto se curará", etc. A nadie se le ocurre que la expresión de cualquier emoción, por pequeña que se muestre, sea legítima. Me dice MariLuz, una vecina que lo que pasa es que no queremos verles sufrir. Por la boca muere el pez. Acabas de dar en el clavo, le digo. Somos nosotros los que tememos verles sufrir. No les disuadimos/censuramos sino para evitar nuestro propio sufrimiento contenido. Por eso les enseñamos a que repriman, por medio de argumentos intelectuales, la expresión de sus emociones. ¿Por qué? No estamos preparados para presenciar dichas expresiones porque no se nos permitió a nosotros mismos expresarlas libremente a su debido momento. Luego no toleramos el lamento ajeno. De ahí nuestra insensibilidad. Y la cadena se extiende generación tras generación.
Es obvio que la actual coyuntura socio-política, que no es sino la consecuencia de un olvido de nuestra naturaleza eterna y nuestros orígenes divinos, está yendo acompañada de un descalabro emocional colectivo e individual. Ignoramos si eso es la causa o la consecuencia, quizá un poco de ambas.
Pareciera que todas las estructuras de la pretendida estabilidad social (falsa a todas luces) hubiera estado pendiente de un hilo –el eufemísticamente llamado 'estado del bienestar'. Un hilo que ahora ha sido brutalmente seccionado. En realidad eso ha venido ssucediendo cíclicamente a lo largo de la historia. Lo que sucede es que la memoria humana tiende indefectiblemente a la amnesia. Los libros de historia están llenos de erratas e intencionadas manipulaciones. Recuerda que la historia la escriben los que ganan las guerras, y éstos siempre son los mismos… Ahora la caja de Pandora se ha vuelto a abrir y todos empiezan a correr de aquí para allá como pollos descabezados.

Todos queremos vivir en paz. Y sin embargo todos contribuimos a la violencia. Cada uno desde su púlpito particular. Hay violencia y tristeza a partes iguales en las comidas familiares, en la cola de la oficina de empleo, en la del supermercado, en la del banco, en el semáforo…en las barras de los bares, en la sala de espera del dentista, hasta en los cumpleaños de los niños…Hay ganas de reprochar y ganas contenidas de llorar…

Ya lo sabemos, quien juzgue será juzgado. Y no ya porque se trate de un vaticinio o una  amenaza, sino porque se trata de la infalible consecuencia de la sagrada y universal ley de causa-efecto. Toda acción va seguida, tarde o temprano, por una reacción de similar (o incluso mayor) magnitud. Así funciona el Cosmos, el Universo, la Creación, llámalo como más te plazca.
Es obvio y de sentido común que el pensamiento positivo– 'yo puedo', 'yo valgo', 'me lo merezco', etc…– conduce ineludiblemente a acciones positivas y a un carácter positivo. Siempre que se manifieste desde una auténtica y creciente convicción. A todos nos han hablado del poder de las autoafirmaciones positivas, pero…qué hay de la patente rabia y de su consecuente ira, de la violencia? ¿Acaso no es ese un estado del alma a tener en cuenta? ¿No es la rebeldía un carácter forjado en algún oscuro horno? Siendo la personalidad rebelde, y las acciones que se derivan de ese carácter, fruto de un pensamiento pleno de convicción (por ejemplo: el sistema está corrupto), ¿no podríamos decir que considerarse a si mismo indignado es consecuencia de estar convencido (en la creencia inconsciente por supuesto) de que no se es digno? Ningún Ser Humano tiene razones fehacientes para considerarse indigno a menos que un pensamiento tal haya arraigado fuertemente en la mente. Es fácil invocar la presencia del pensamiento positivo desde la fe en el ser humano, pero si el pensamiento es obstinadamente autodestructivo, ¿habrá que condenar al sujeto pensante y dar por perdida su reinserción en la vía positiva o será mejor acaso descubrir el origen de tal pensamiento el foco de tan arraigada creencia?
Siendo los terremotos fenómenos naturales e inevitables ¿Acaso la sismología no es una rama de la geofísica encaminada a:
1) El estudio de la propagación de las ondas sísmicas por el interior de la Tierra a fin de conocer su estructura interna.
2) El estudio de las causas que dan origen a los temblores.
3) La prevención de daño.

¿De dónde proviene pues el pensamiento autodestructivo del hombre?¿Cuáles son sus causas? Quizá el verdadero origen de la indignación se halle en una esfera mucho más cercana que la apuntada incansablemente por los titulares de los medios de masas...Éstos no estarían sino atizando las brasas, reavivando los rescoldos de heridas antiguas.
Sin duda que todos sabemos ya a estas alturas de la existencia de agentes financieros (Goldman Sachs, Merryl Lynch, etc.) detonantes del colapso intencionado del sistema crediticio en el que estaba basado el sistema financiero mundial. Pero quedarse en ese estadio de comprensión, incluso llegando a detectar las intenciones ocultas tras dicho derrumbe, planes eugenistas incluidos, y creer que la solución pasa por 'juzgar al mensajero' (por inconsciente que éste sea de su papel) lamentablemente, conduce a pasar por alto el verdadero vórtice de la situación. La violencia (verbal o física) es un virus que todos hemos transmitido. Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra…
La grandeza del ser humano radica en su capacidad de tomar Consciencia de su error de percepción y cambiar el rumbo de su deriva. 


Discúlpate por el daño que te has causado en tu ignorancia, por las heridas ocasionadas a tu integridad.Tienes 'la sartén por el mango'. Siempre la has tenido. Simplemente AHORA estás despertando a ese poder. Un poder llamado Amor.

Se conoce como Tregua de Navidad a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio Alemán y las tropas británicas estacionadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la navidad de 1914. Sigue…

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